..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.127, Viernes, 9 de junio del 2006
Libro de visitas
 

La cosecha de los canallas

Nada más feroz que una contrarrevolución con las manos libres para vengarse. Nada más cruel e inhumano que el instinto desatado de estas bestias cuando se ceban en oponentes indefensos. La Historia está llena de ejemplos aterradores de lo que significa la vuelta de los desplazados decididos a dar un escarmiento a los rebeldes.

La reacción Termidoriana y la Vendeé, sedientos de venganza, implacables contra los revolucionarios franceses. Las tropas de Thiers asesinando a más de treinta mil comuneros apoyadas por los cañones del ejército prusiano y reduciendo a ruina los barrios revolucionarios de París. Los nazis imponiendo a sangre y fuego su dominio sobre el pueblo alemán y en los territorios ocupados. En los años 60, un millón de comunistas asesinados en Indonesia por la derecha fascista. Cien mil guatemaltecos muertos por la reacción que durante varias décadas asoló al país tras el derrocamiento de Jacobo Arbénz. Treinta mil desaparecidos en Argentina. Pinochet bombardeando el Palacio de la Moneda, quemando libros en las calles, cortando las manos a Víctor Jara, torturando y matando por doquier tras el derrocamiento de Allende….

El 18 de julio de 1936 el alzamiento de unos militares fascistas en España, apoyados por Hitler y Mussolinni, provocó el inicio de la Guerra Civil. Su resultado: cientos de miles de republicanos y defensores de la Constitución muertos en combate o asesinados, torturados y prisioneros en los campos franquistas de concentración, la destrucción de la República que había triunfado en las urnas, la inmolación de Lorca, el destierro de Juan Ramón Jiménez, Machado, María Zambrano, Altolaguirre, Max Aub y otros miles…

La Segunda República había triunfado para extirpar a la España negra, la del oscurantismo y las injusticias, la misma que mantenía a buena parte del pueblo en las condiciones de sufrimiento y desesperanza que muestra El Soguilla, un simple obrero español, en esta imagen de 1925:

Cuando los traidores se alzaron en Madrid contra las autoridades que habían jurado defender, uno de ellos, el general Fanjul, se atrincheró con 1500 sublevados en el Cuartel de la Montaña esperando refuerzos, que nunca llegarían. Sitiados por tropas leales a la República y por milicianos populares pobremente armados, los amotinados fingieron rendirse el 20 de julio, y ametrallaron a mansalva a la multitud que avanzaba a tomar el Cuartel. La imagen muestra, como si se tratara de la Comuna de París o Yakarta, el fruto de esta traición redoblada:

Transcurridos tres años de dura lucha, abandonada la República española por todas las democracias europeas, casi inermes ante la maquinaria fascista que debutaba en los campos de batalla, los franquistas entraban en Madrid. Unas monjas, en flagrante olvido de los Mandamientos y sus votos, hacen el saludo franquista a la turba vengativa de la Falange, los burgueses horrorizados por la Revolución y los quintacolumnistas arteros que salían de sus cubiles a festejar:

La Historia no olvida, no permite que olvidemos sus lecciones. Para la Cuba revolucionaria, para su pueblo abnegado y rebelde, afilan en las sombras sus cuchillos los que piden “tres días de licencia para matar”, como el patético Agustín Tamargo, alabardero de los paramilitares batistianos de Rolando Masferrer, camaján que amenaza senilmente desde Miami, mientras ruega a los yanquis para que invadan su patria y masacren a sus compatriotas, como hacen día a día en Irak.

Nos amenazan con la cosecha de los canallas. Pero a diferencia de lo ocurrido hace setenta años con la República española, ni estamos solos, ni desunidos, ni inermes, ni pobremente armados.

¿Tendrían valor suficiente estos invertebrados, y se pondrían en la vanguardia de la invasión con la que sueñan?

La Historia aporta otra lección inolvidable: mientras más canallas, más cobardes; mientras más odian al pueblo, más le temen. En ello también radica la fuerza de las revoluciones.

Angel de la Guardia




© Biblioteca Nacional "José Martí" Ave. Independencia y 20 de Mayo. Plaza de la Revolución.
Apartado Postal 6881. La Habana. Cuba. Teléfonos: (537) 555442 - 49 / Fax: 8812463 / 335938