..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.128, Viernes, 16 de junio del 2006

 

Una Crítica A Steve Forbes Y Una Historia De Dinero
Por Jorge Gómez Barata

Julio Verne inventó la fortuna de la Begún para tejer un capitulo del eterno enfrentamiento entre el bien y el mal, indagar sobre la ambigüedad de la naturaleza humana y extraer una lección moral acerca del uso del dinero.

Nada de lo que interesaba a Verne es importante para Steve Forbes, si así fuera, en lugar de mentir acerca de los millones que atribuye a Fidel Castro, hubiera explicado en qué y cómo gasta el presidente cubano los recursos que, en funciones de su cargo, administra.

Un hombre del que fui amigo y que, a su vez había conocido a Fidel Castro, siendo su maestro, me contó algunas anécdotas acerca de tan ilustre discípulo. Entre las muchas virtudes que le reconocía, mencionó un defecto: “Detesta el dinero, si tuviera mucho -sentenció -, haría lo mismo que el doctor Sarrasin”.

Ángel Fernández Varela, que en Cuba había sido Representante a la Cámara, estuvo en la Constituyente de 1940 y fue director del diario Información, en su condición de profesor del Colegio de Belén intentó, a su juicio con éxito, enseñar Economía Política a Fidel Castro, cuando el Jefe de la Revolución era discípulo de los jesuitas, me contó que mientras trataba de explicar el arte de ganar dinero por medio de los negocios, Fidel siempre sabía como gastarlo. Un día -me refirió Ángel- Fidel le preguntó: ¿Es la caridad un negocio?

Aprovechando que Ángel buscaba con la vista a un camarero, perdí una magnifica oportunidad de quedarme callado y, creyendo que se trataba de un personaje de la sociedad cubana de los cincuenta, le pregunté: - ¿Quién es el doctor Sarrasin?

-Sarrasin -me contó Ángel- es el protagonista de una novela titulada “Los 500 Millones de la Begún” en la que Julio Verne cuenta la historia de un médico que en la Francia del siglo XIX heredó una fortuna de 500 millones. El médico, un hombre honesto y desinteresado que, en el ejercicio de su profesión, en contacto con el dolor y la muerte adquirió conciencia de la fragilidad de la vida y por ello miraba con cierto desdén a la riqueza material, apenas dio importancia al legado hasta que concibió la idea de usar aquel capital para diseñar y edificar una ciudad modelo. Para armar la historia, Verne inventó otro personaje, un malo, frío, ambicioso y calculador espécimen que, al probar que también era pariente del muerto, le arrebató la mitad de la fortuna y la usó para un proyecto diametralmente opuesto al suyo.

Villa Francia como llamó el doctor Sarrasin a la comunidad modelo que concibió, fue edificada con arreglo a los más avanzados criterios urbanísticos, un lugar bello, fresco y saludable, un entorno ideal para la convivencia, la paz y la plena realización de seres humanos compasivos, solidarios y felices, que revelarían allí sus mejores cualidades.

El revés de Villa Francia era la Ciudad del Acero, creada con la otra mitad de la misma herencia por el señor Schultze.

Mientras Verne nombró Francia a su sueño, revelando lo que aspiraba para su Patria, acudió al acero como metáfora para bautizar el proyecto del adversario, asociando las malvadas intenciones de su codicioso creador con la dureza, la inflexibilidad y la frialdad del metal con que se hacen las armas.

Mientras Sarrasin utiliza el dinero para crear un ambiente en el que hombres y mujeres libres, sanos y asistidos, vivan muchos años en armonía entre si y con la naturaleza, el objetivo de Schultze es el poder, la guerra y la conquista, vanidades a las que sacrifica la miserable existencia de los habitantes de la Ciudad del Acero.

Aunque muchas veces recuerdo a Ángel, lamento no haber compartido más con él y conservo frescos los asuntos de que hablamos, había desterrado a un rincón de la memoria aquella conversación en la él recrea la historia ideada por Verne y que entraña una profunda reflexión filosófica que, al asociarla a su altísimo concepto de Fidel, posiblemente encontró el impacto que el autor procuraba. Si el doctor Sarrasin no hubiera sido creado por Verne, hubiera podido construirse tomando a Fidel como modelo.

Julio Verne forma parte de las elites de sabios del siglo XIX a las que el capitalismo asombró con su colosal revolución tecnológica y escandalizó por los extremos de miseria e injusticia a los que la codicia puede conducir. La suya fue una de aquellas mentes avanzadas que clamaron por unir la ciencia a la justicia social y quisieron utilizar el dinero y el poder para construir felicidad y murieron con la certeza de haber arado en el mar.

Víspera de su muerte, Julio Verne escribió a un amigo: “Cada vez veo peor y he perdido un oído; gracias a esto sólo escucho la mitad de las tonterías y mezquindades que corren por el mundo”.

Alégrese maestro por haberse perdido las de Forbes.

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