..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.129, Viernes, 23 de junio del 2006
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Asignatura Desaprobada

Aunque ustedes no lo crean, amables lectores, existe en la lejana Suecia un pujante y multitudinario movimiento de masas contrario a la Revolución cubana que aprovecha cualquier oportunidad para hacer acto de presencia en las calles, paralizar el tránsito con el desfile de sus partidarios y demostrar la fuerza arrolladora conque cuenta para acabar con “el régimen” de la isla. Tal movimiento de masas, que haría palidecer de envidia al peronismo en sus días gloriosos, responde al nombre de “Miscelánea de Cuba”, y nada tiene que ver tal nombre, aunque lo parezca, con un manual acerca del manejo de activos fijos tangibles.

En la última demostración pública realizada en Estocolmo, el pasado 18 de marzo, la frondosa “Miscelánea de Cuba” ha logrado que una cifra record de simpatizantes respondiera a su toque de rebato: cinco personas, incluyendo al fotógrafo que tomó las instantáneas, que a su vez, fue uno de los redactores del texto de las cartas entregadas en el Ministerio de Relaciones Exteriores sueco y en la Embajada de Cuba. Se entiende que ellos mismos calificasen aquella prueba de su poder de convocatoria, con verbo que trae ecos de alguna crónica social del Conde Kostia, como “indómito bregar por la libertad y la democracia de nuestro pueblo”.

Suponemos que estos esforzados paladines de la libertad, estos valientes cruzados de la democracia, que luchan tan valientemente por sus ideas desde… Suecia, hayan aprovechado el encuentro de ese día, en un país donde nadie conoce a su vecino y la gente se da los buenos días por e mail, para curarse en salud del ridículo espantoso cometido apurando algunas copas libertarias en el bar más cercano y degustando unas picaditas de embutidos democráticos. Seguramente, para no desdecir de la herencia política a la que pertenecen, para repartirse también algunas carteras ministeriales en la Cuba post Castro a la que, ¿quién lo duda?, acababan de acercar con un gesto tan patriótico y viril.

La carta depositada en el buzón de la Embajada cubana(a ese gesto prosaico se redujo el show), fue publicada en la web de esta versión sueca de los micro-nano- grupúsculos que pretenden imponer sus criterios a millones de cubanos revolucionarios de la isla. El texto es un delirante balbuceo con ínfulas conminatorias que recuerda la verba de Cantinflas. Para que así conste en el Currículum Vitae de sus redactores, Alexis Gainza Solensal y Julio González Mendinueta, émulos de Saco y Mañach, esta joya que haría palidecer de envidia a Jorge Luis Borges y Lezama Lima merece ser llevada al Libro de Records Guinnes: ningún otro texto en la historia de la Humanidad, desde las tablillas de arcilla de Mesopotamia hasta “El Código Da Vinci” ostenta más adjetivos por milímetro cuadrado. Una pequeña muestra puede hallarse en el momento climático de la carta, cuando con la galanura de Errol Flint en “El Capitán Blood”, sus redactores asoman un posible perdón al Embajador cubano, si antes abjura de rodillas, en alguna plaza sueca, de sus extravios revolucionarios:

“Quizás- escriben estos inspirados vates-, cuando la capa blanca que eclipsa las pupilas de los cubanos se desvanezca en los aires frescos del inminente cambio, reciba el perdón de sus compatriotas y alcance la paz con su conciencia.”

Picado por la curiosidad, después de toparme con este botón de la mejor literatura política que puede comprarse con el dinero de los contribuyentes norteamericanos, seguí navegando por “Revista de Asignaturas Cubanas” ) la web que anima este nutrido grupo, y pude comprobar los efectos deletéreos del clima frío sobre los nacidos en el trópico, señaladamente, la bárbara manera en que aniquila su capacidad defensiva contra el ridículo. Lo de menos es que combatan a la Revolución: hay quien lo sabe hacer con gracia y cubania, hasta con brillantez. Lo imperdonable en Cuba, y para los verdaderos cubanos, desde la época de José Miguel Gómez, y quizás desde antes, es ser pesado y creerse simpático, ser sangrón y soñarse ocurrente, estar vacío y presumir de profundidad doctoral, ser un pobre diablo y venderse como la mayor eminencia académica, el Fénix de los ingenios criollo transplantado a otras latitudes.

Dispuestos a beber hasta el final el mejunje de la “Miscelánea”, nada mejor que asomarse a su “Quiénes somos”. Así, por ejemplo, Mae Luiz Orrego, “Encargada de Relaciones Públicas”, ostenta por todo aval que “ejerce (sic) estudios de Ciencias Políticas y funje (sic) como Presidenta del Comité Internacional de las Juventudes Liberales Suecas” (¡Pa´ su escopeta!); Alexis García Solenzal, siempre en pose de play boy bitongo, se autotitula “publicista”, pero no nos dice dónde se graduó, lo cual no le impide autocoronarse “Director” de las otros cuatro misceláneos; Pedro Alvarez Peña confiesa haber empezado tres carreras universitarias en tres ciudades distintas, La Habana, San Petersburgo y Borlänge, sin acabar ninguna: con ejemplar candidez intenta hacernos creer que luchará tenazmente “por la democracia en Cuba”, haciendo gala de la misma constancia exhibida durante sus estudios; de Luis Manuel Couso, “camarero, bailarín y pedagogo” ( ¡Pa´ su escopeta!) de cabeza minúscula y rostro lombrosiano, se afirma que “En escandinavia (sic, con minúscula) cavalgando (sic, con uve)” desarrolla una fecunda labor que conjuga “el arte con el periodismo”.Por último, para cerrar con broche de oro esta Corte de los Milagros de la contra cubana, un personaje escapado de alguna novela de Stevenson, el “Redactor” Julio González Mendinueta, cuya descripción incluye acusaciones contra sus enemigos políticos, por ser “enviados de Satanás”, y contra Suecia, “país que lo acoge con sus brazos abiertos, pero que inexplicablemente merma sus posibilidades creadoras”, lo cual lo llevó a “ un estado hipocondríaco”, jamás imaginado en alguien que acaba de llegar al Paraíso. Para alargar el culebrón, se afirma que la situación lo “llena de remordimientos,…de dolor, sufre inmensamente por la imperfección del ser humano (cual un Zaratustra redentor nacido, por error, en Placetas)... En ciertos instantes, la salvación es prácticamente imposible. Y a lo lejos… (aquí entra un redoblante circense y se escuchan los clarines de los arcángeles), en la tenue luz de la oscuridad de la noche, brilla un pequeño manuscrito en la extendida mano de un amigo: era el centellear de “Miscelánea de Cuba”. Es de suponer que en este momento, cae el telón, vuelan las flores, los fuegos artificiales surcan los cielos y sobre las nubes, con letras de fuego, Bush le señala a Mendinueta el horrendo logotipo de la “Miscelánea”, mientras proclama, con estentórea voz: “¡Bajo este signo vencerás!”

Recorrer los callejones de esta web permitió que nos reencontrásemos con un viejo conocido, el inefable Ramón Humberto Colás, autor de “El infiernillo de Castro”, publicado por “Miscelánea” en su número 2, año III. En este texto Colás compite con la revista “Forbes” a ver quién se cubre con una dosis mayor de ridículo: ambos apelan a sensacionales “revelaciones” anunciadas como si fuesen una sinfonía desconocida de Bethoven. Ambos terminan brindando la única melodía posible: la de vulgares saltimbaquis, a mitad de camino entre la trompetilla y el vacile.

A quienes trabajamos en la Biblioteca Nacional “José Martí” de La Habana el bodrio de Colás, fast food para suecos, nos ha sacado las lágrimas a los ojos,…de pura risa. Pocas veces, en los últimos tiempos, hemos podido tener a mano un ejemplar más elocuente que este de la desesperanza de una contrarrevolución, como la cubana, que ha sido derrotada en toda la líneas y sabe que se le acaba el tiempo de vivir a costa del yanqui con el cuento de “el inminente fin de Fidel”. Colás nos regala un sainete más, digno de aquel teatro bufo de “Los negros catedráticos”, donde unos improvisados bozales, que se comunicaban a duras penas en castellano, pero que pretendían remedar los modales de los amos (más o menos como cuando aparece en las fotos aferrado al hijito de Más Canosa), “disertaban” sobre todas las materias… de las que desconocían hasta lo más elemental.

Gracias a Colás, los trabajadores de la Biblioteca Nacional hemos descubierto que jamás, sin un permiso del Director, hemos estado en los pisos 13 y 14 de la institución. Eso nos ha parecido raro, toda vez que no menos de 20 personas trabajan permanentemente en ambos pisos, sin contar las decenas que los visitan diariamente, cuando les viene en gana. Gracias a Colás nos enteramos que algo misterioso y terrible se esconde allí, a pesar de que durante todo el día, en horario de trabajo, las puertas de ambos locales permanecen abiertas, de par en par. Gracias a Colás sabemos ahora que a nadie le es permitido entrar en aquellos recintos, salvo a los elegidos, por lo tanto, los tres últimos extranjeros que trabajaron durante semanas allí, un norteamericano, un español y un alemán, debieron ser imágenes virtuales, holografías de la Seguridad del Estado para engañarnos.

Dice Colás que allí “el poder diabólico” al que los bibliotecarios cubanos nos entregamos, esconde los “libros prohibidos” de autores como Leví Marrero, Raúl Rivero, Padilla, Sartre, Octavio Paz, Kundera, Tocqueville, Cabrera Infante y Mañach: Nos parece raro, porque tales autores forman parte de las colecciones públicas de la Biblioteca Nacional y sus obras están en nuestros catálogos. Lo han comprobado periodistas, investigadores y bibliotecarios llegados de todo el mundo, incluyendo la Sra Susane Seidelin, Directora del Comité de Libre Acceso a la Información de IFLA, cuando nos visitó con las listas de autores “malditos” que le entregase el indescriptible Robert Kent. Su reporte aparece en la web de IFLA, para los que insisten en “hacerse los suecos”.

Ante una acusación semejante corresponde al acusador aportar las pruebas fiscales, pero por favor, Sr Colás, más sustancia en la sopa y un poquito, al menos, de respeto a si mismo.

La apoteosis del camelo de Colás se alcanza en el siguiente pasaje, por votación unánime, el más hilarante de todos, gracias al cual ha entrado ya en nuestros corazones, disputando su puesto a Búster Keaton:

“Los viejos periódicos nacionales no están en la hemeroteca para uso del público. Estos han escalado varios pisos cargados por una falange de inquisidores verdeolivo o usando la guayabera policial: Objetivo: borrar parte de la historia de una isla gobernada por granadas y bayonetas.”

Este embuste del Sr Colás, exiliado político que salió “huyendo” de Cuba por Rancho Boyeros, con pasaporte en regla y familia, sin que nadie lo molestara, bibliotecario que no lee, independiente a sueldo del gobierno yanqui, tiene algunos inconvenientes que lesionan su credibilidad: si los periódicos de antes de 1959 han sido escamoteados por una “falange verdeolivo” que nunca nadie ha visto, ¿qué lee tanta gente en la Sala general cada día?¿ Cuáles son los registros que aparecen el “Catálogo Colectivo de la prensa periódica” que pueden consultarse on line en la web de la Biblioteca Nacional?. Esta especie calumniosa fue esgrimida antes, con curiosa sincronización, por un académico español, habitual de la esquina anticubana. Llegó, incluso, a publicar la acusación, bajo firma, en “El País”. De visita en Cuba y en la Biblioteca Nacional, fue desafiado a recorrer los almacenes de la colección, a entrevistarse con bibliotecarios y usuarios, a investigar en nuestros archivos de servicios. Balbuceante y sudoroso (hay testigos), declinó hacerlo, reconociendo, al menos en privado que se había equivocado.

Si cinco gatos vanidosos y un texto mendaz es todo lo que los misceláneos tienen contra la Revolución, es lógico pensar que esta disfrutará de cien años más de buena salud.

Pobrecitos: a esta altura del juego no han aprendido nada.

Pero seamos piadosos ante la exhibición de las miserias del prójimo. Perdonemos, con espíritu caritativo, las flaquezas de quienes necesitan las picaditas de buen embutido sueco, sin doblar el lomo, ni sudar, y quieren beber abundantemente en los bares, como hacía Colas en las Tunas, a costa de los contribuyentes que cosechan el maíz en Dakota o Idaho, de los obreros de las fábricas de autos en Detroit, o de los que limpian el metro de New York.

A fin de cuentas, ¿qué de raro tiene que cinco gatos, que se creen con el derecho divino de ser acatados por el pueblo que dejaron atrás, pretendan vivir del sudor y el trabajo del mundo entero?

Ángel de la Guardia




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