..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.130, Viernes, 30 de junio del 2006

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Entrevista a la Lic. Mariela Castro, Directora del Centro Nacional de Educación Sexual
Por Alina Pérez Martínez

Por la importancia de este centro en el devenir social de nuestra Patria, hemos querido presentar a Uds. esta reciente entrevista a la Lic. Mariela Castro, quien impulsa un proyecto de ley para reconocer los derechos de los transexuales, que, de aprobarse, convertiría a Cuba en el país más avanzado de América Latina en cuestiones de género... Según mencionara en otra entrevista que le realizara Reuters, “Su objetivo es hacer realidad la revolución en estos aspectos de la vida que no se han tocado por históricos prejuicios y que, poquito a poco, se están abordando," dijo la sexóloga de 43 años.
"Tratamos de que los principios humanistas (de la revolución) incluyan estas cosas de las que no se habla y -por lo tanto- no existen," comentó en el patio de una antigua mansión de La Habana donde tiene sus oficinas el Centro Nacional de Educación Sexual.

En esta entrevista la Lic. Castro expresa su opinión sobre la sexualidad humana, el concepto de sexo responsable, y el VIH

1. ¿Qué papel juega el conocimiento de los individuos sobre la sexualidad humana en la adopción de una sexualidad responsable?

Los conocimientos son siempre necesarios en cualquier circunstancia de la vida. Cuando se trata de aprender a protegerse y proteger a otras personas de algunas amenazas para la salud y la vida, no es suficiente recibir una educación sexual que proporcione información adecuada, basada en argumentos científicos, también es oportuno crear diferentes espacios educativos, en los que las personas puedan elaborar sus propias vivencias, sus inquietudes, analizar sus errores, sus decisiones, sus dudas, aspiraciones, sentimientos y emociones. Estos aprendizajes, sin duda, serán elementos importantes de referencia y análisis para tomar cualquier decisión. Por eso, aportar información sobre sexualidad responsable no constituye un aporte educativo en sí mismo, las personas, necesitan dialogar, reflexionar en grupos de su misma edad o con los mismos intereses en el tema para comprender aspectos importantes de su vida y su sexualidad. Consultar a profesionales que les puedan proporcionar otros elementos de análisis, también contribuye a que los conocimientos devengan verdaderos recursos de conciencia y de conducta responsable.

2. ¿Qué debe hacer la familia en relación con la educación sobre sexo seguro y protegido desde la niñez y en la adolescencia?

La respuesta a esta pregunta está contenida en la primera, aunque considero necesario apuntar que la educación es un proceso constante, que se inicia con el nacimiento y finaliza con la muerte.

Los seres humanos tenemos la posibilidad de aprender en todo momento. En la familia, especialmente las madres y los padres, tienen la responsabilidad de educar a sus hijas e hijos y este proceso también contribuye a su propia educación.

Las contradicciones que aparecen durante la cotidianidad del proceso educativo, sitúan a la familia frente a nuevos problemas y conflictos ante los cuales tratan de encontrar las mejores soluciones que ayuden a crecer a sus hijos e hijas. En esta búsqueda los adultos también se reorganizan, a veces se equivocan y aprenden. La tarea es muy difícil. La escuela hace sus contribuciones especiales, las instituciones de salud también, pero el espacio educativo y afectivo que proporciona la familia es insustituible, por eso, buscar ayuda profesional cuando se tienen inquietudes como madre y como padre, es muy valioso porque ayuda a disminuir tensiones, a encontrar otros puntos de vista, a elaborar mejor las contradicciones, a identificar cuáles son los límites que ayudan a crecer, a visualizar los problemas y los cambios que sean necesarios realizar.

La sexualidad abarca toda la existencia humana, desde las células de nuestro cuerpo hasta las actividades más complejas y los conocimientos más sofisticados que seamos capaces de adquirir y producir. Con los cambios de la pubertad, las hijas y los hijos adquieren la capacidad natural de procrear, pero la sexualidad no se reduce únicamente a su función reproductiva, luego para comenzar a educar no hay que esperar que la pubertad nos tome por sorpresa. Si aspiramos a garantizar salud reproductiva, es necesario atender la salud sexual dentro de una concepción integral de salud en todas las edades. Esto se logra con una adecuada y permanente educación.

Las niñas y los niños, adolescentes y jóvenes deben conocer las hermosas semejanzas y diferencias de sus cuerpos sexuados, sus inmensas posibilidades de placer cuando se tratan cuidadosamente, pero también de dolor y malestar cuando se descuidan y maltratan, sus posibilidades para convertirse en hombres y en mujeres que cuando lo deseen y tengan las condiciones necesarias pueden ser madres y padres, lo que lleva implícito una gran responsabilidad.

No se trata de atemorizar, sino de ayudar a descubrir lo bien que se la pueden pasar cuando asumen las responsabilidades que les corresponden por los cambios de su edad, las responsabilidades que adquieren en sus relaciones sociales, afectivas, familiares, de amistad, de compañeras y compañeros.

3. ¿Cómo influyen, en la conducta sexual de los seres humanos, las infecciones de transmisión sexual como verdadera epidemia mundial en la no se conoce forma alguna de prevención que no dependa de la conducta de los individuos y al enfrentarse, los adolescentes y jóvenes, a una nueva realidad que no vivieron generaciones anteriores? ¿Se prolongará la edad de inicio de las relaciones sexuales a causa del SIDA? El número de parejas sexuales y las prácticas sexuales, se modificarán?

Las situaciones nuevas que requieren cambios de creencias, hábitos y costumbres, generalmente provocan resistencia y la tendencia a buscar alternativas o justificaciones para no elaborar los cambios, por eso ha sido tan difícil convencer sobre la necesidad de tomar algunas precauciones que eviten la infección por VIH.

En la medida en que se adquiere más información acerca de esta alarmante realidad que afecta la salud y la vida de las personas, y sus consecuencias están cada vez más cerca, —ya sea en la vecindad, en los centros de estudio o de trabajo, en un(a) familiar o amigo(a)—, finalmente las personas comienzan a preocuparse por modificar sus comportamientos sexuales: Aumenta su interés por adquirir preservativos de calidad y su uso adecuado, crece el cuidado en las relaciones sexuales al tener en cuenta todas las medidas que disminuyen el riesgo de infección y se trata de buscar estabilidad en las parejas, lo que resulta, a veces, muy difícil, principalmente en las edades más jóvenes.

Todavía no disponemos de suficientes elementos como para confirmar que se prolongue la edad de inicio de las relaciones sexuales, pero sí se ha podido comprobar que en muchos(as) jóvenes y adultos, aunque disponen de información, no se preocupan por tomar medidas de prevención.

4. Se impone la necesidad del uso de barreras mecánicas como el condón para garantizar relaciones sexuales protegidas. ¿En el futuro las relaciones sexuales serán cada vez más mediadas por el látex o barreras artificiales? ¿Qué consecuencias trae esta realidad para los seres humanos?

No sé si en el futuro las relaciones sexuales van a estar mediadas por el látex, creo que depende de muchas circunstancias, por ejemplo, del desarrollo científico y tecnológico, de si persiste el interés por crear y producir otros medios de protección, de que se logre no sólo la vacuna preventiva sino también la curativa, etcétera, pero mientras no existan otras alternativas, o se recurre a la abstinencia, o a conductas eróticas que no ofrezcan peligros de infección, o se tratan de lograr relaciones estables de pareja y se le da un mayor valor a la fidelidad, o se deciden por el uso del preservativo, o se combinan todas estas alternativas en las situaciones que lo requieran.

El preservativo es una vieja fórmula anticonceptiva y además la única que protege del contagio por infecciones de transmisión sexual y del VIH, por eso ahora, frente al crecimiento acelerado de la pandemia del SIDA y otras características por las que se considera una gran amenaza para nuestra especie, se divulga la necesidad de su uso.

¿Las consecuencias para el ser humano? Si desean sobrevivir: adaptarse, crear, aprender y explorar las inmensas posibilidades del placer en las nuevas condiciones que lo limitan y potencian.

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¿Cómo debe enfrentarse la sociedad a la diversidad de opciones para orientar la sexualidad y particularmente a los homosexuales o bisexuales y a los individuos afectados por alguna enfermedad trasmitida por vía sexual?

La orientación sexual se refiere a las parejas eróticas/amorosas/afectivas que la persona prefiere. Los términos heterosexual, homosexual y bisexual se emplean mejor como adjetivos, y no como sustantivos y se aplican más bien a los comportamientos, no a las personas. Sin embargo, en el uso común, frecuentemente se refieren a la persona como homosexual o heterosexual y además, existe la tendencia a referirse a sí mismas de igual forma.

El término homosexual se utiliza para calificar el comportamiento de aquellas personas cuyas actividades sexuales son exclusiva o casi exclusivamente con otra del mismo sexo, el término heterosexual para la conducta de las personas cuyas parejas eróticas son siempre o casi siempre del otro sexo y bisexual cuando la conducta sexual, con mayor o menor frecuencia, es con miembros de ambos sexos.

En los últimos siglos y por diversas razones, diferentes culturas han ideologizado la sexualidad, para manipular y esquematizar el comportamiento sexual, en función de los intereses económicos de las clases dominantes. Así fueron imponiendo criterios, leyes, creencias y costumbres, legitimados por la autoridad de las ciencias y las religiones.

La historia de la cultura occidental, está llena de evidencias. Se utilizaron inimaginables argumentos para excluir a la mujer de cualquier forma de poder público. Por ejemplo, en la edad media, para arrebatar el poder del saber a las mujeres inventaron a las “brujas” y les impidieron participar en la construcción del saber científico. Así establecieron que su rol principal estaba destinado, de manera natural y exclusiva a la procreación. Estas historias son muchas y más complejas, pero lo que trato de comunicar es que, han ejercido poderosas influencias sobre nuestras conciencias, aún en la actualidad. Hasta en los diccionarios modernos se aprecian notables diferencias discriminatorias entre los conceptos de hombre y de mujer.

Derivado de esta despiadada lucha por el poder que redujo la significación y condición social de la mujer, el sexo se consideró “normal” sólo cuando estaba destinado a la procreación dentro del matrimonio, por lo que sólo debía ocurrir en una relación estrictamente heterosexual.

Las relaciones homosexuales fueron interpretadas como “perversas”, pues no respondían a los criterios dominantes, además se extendió la falsa creencia de que los homosexuales eran “hombres con alma de mujer”, o “enfermos mentales” o “invertidos” y por ello, se consideraban menos importantes y eran objeto de burlas y de castigos tanto físicos como morales.

Las mujeres y los hombres que no respetaran las normas establecidas para cada sexo, por los grupos en el poder, eran “locas(os)” o “perversas(os)” por tanto “peligrosas(os)”, razones suficientes para justificar la tortura, el destierro, la reclusión o la muerte, muchas veces ejemplarizantes.

En una sociedad motivada por el rescate de la dignidad humana, las viejas creencias que sirvan para legitimar la exclusión social y cualquier forma de discriminación, sólo por ser injustas deben ser superadas. Una herencia cultural en la que la sexualidad está cargada de tantos significados de “peligrosidad” y de adjetivos peyorativos para las mujeres y las conductas homosexuales, tiende a reproducir siempre las mismas injusticias. Tenemos el deber ético de analizar todo lo que se nos ha depositado como “normal” para crear nuevos significados que nos permitan reconstruir la historia sin discriminaciones.

Los mismos mecanismos irracionales de rechazo a las personas por su sexo, color de la piel, nacionalidad, clase social u orientación sexual, se reproducen frente a los(as) enfermos (as) de SIDA o personas que se han contagiado por el VIH.

Estar enfermo(a) de SIDA o infectado(a) por VIH, no es una inmoralidad, ni debe ser motivo de vergüenza, ni de rechazo social. Se conocen las vías de transmisión y se ha demostrado que podemos convivir con esta como con muchas otras enfermedades contagiosas, y evitar su propagación. Cualquier persona enferma necesita el apoyo de su comunidad, de su familia, de sus compañeros(as) de trabajo y de la sociedad en general.

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Temas como la fidelidad, los conflictos de roles, los condicionamientos de género, y los tabúes culturales, salen a relucir en muchas parejas ante la propuesta de las relaciones sexuales seguras. ¿Cómo se enfrenta, desde el punto de vista ético, el sexo seguro en la pareja? ¿Hasta dónde la necesidad del sexo seguro genera un nuevo debate en estos vínculos o más bien viene a sacar a flote viejos y conocidos conflictos de las relaciones mediadas por el sexo?

La pandemia del SIDA y las campañas de promoción de salud sexual, propician cada vez más, que se asuman actitudes conscientes y responsables con la propia sexualidad. Esta nueva situación condiciona el comportamiento sexual en la búsqueda de la pareja y en las relaciones que se establecen dentro de ella, poniendo en crisis los juegos de poder que siempre tienen lugar en las relaciones mediadas por el sexo.

La fidelidad es un valor que protege, con toda seguridad, pero desde el punto de vista ético, la sinceridad y transparencia es lo único que puede proporcionar seguridad en las relaciones sexuales, aún cuando no estén presentes los sentimientos de fidelidad. Respecto a la pandemia del SIDA, el problema no es ser o no fiel, sino protegerse dentro y fuera de la relación, en todas las circunstancias.

Puede ser suficiente equivocarse una vez para contagiarse por VIH. Algunas personas cuando comienzan una relación que parece ser estable, dejan de protegerse inmediatamente y con ello ponen en riesgo su salud; otras esperan unos meses o un año para hacerlo, después de comprobar que no han adquirido el virus.

Cuando en una relación, uno de sus miembros o ambos son portadores del VIH, siempre deben protegerse para evitar el contagio o la reinfección.




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