..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.130, Viernes, 30 de junio del 2006

 

Fidel Castro y la irreversibilidad del socialismo
Por Miguel Limia David

El pueblo cubano está viviendo una experiencia vital profundamente contradictoria y muy singular. Brega por salir del subdesarrollo económico construyendo una sociedad sobre principios solidarios y de equidad social creciente en el espíritu del humanismo de Marx y de José Martí. Provoca las valoraciones más contradictorias y diversas, pero se mantiene firme en sus intenciones después de más de cuarenta años de agresiones del vecino del Norte.

Esto se hace sin prototipo de referencia, sin “modelos” generales y abstractos pretendidamente aplicables a cualquier país, situación o época. El tan llevado y traído socialismo no es una sociedad de llegada, aun cuando sea posible establecer estadios en el avance del proyecto emancipatorio y un conjunto de pautas de idealidad que lo distinguen -cuando es verdadero y no frase engañosa—, como superación civilizatoria crítica y constructiva de la modernidad capitalista.

Es un imposible epistemológico definir “el modelo” de una sociedad como sistema complejo que se autodesarrolla, antes de construirla, de vivirla. Marx, Engels y Lenin sólo dejaron indicaciones generales sobre la sociedad futura y propusieron vías y métodos para su conquista a partir de la experiencia histórica que conocieron; no intentaron sustituir a las generaciones futuras en la solución de sus propios problemas, aunque sí exigieron con razón que al socialismo había que estudiarlo como una ciencia, que no podía omitirse el conocimiento íntegro de su teoría y experiencia histórica. Exigieron un enfoque transdisciplinario de auqella teoría política que pretenda servir de guía a este proceso. Hoy esto es más importante que nunca. El papel de la ciencia es otro que el de construir modelos abstractos: ha de ser esencialmente crítico diagnosticador y prospectivo, para proporcionarle a la acción práctica el asidero que necesita a fin de no ser sólo intentos pragmáticos de prueba y error.

La ciencia ha de apoyarse en el estudio concreto de los fenómenos concretos, en el contexto del cambio ininterrumpido de las condiciones internas y externas del organismo social, a partir de la experiencia histórica acumulada. Sólo sobre esta base puede trazar ideas fértiles y convertirse en un conocimiento válido para la toma de decisiones políticas. Al menos es ésta la modesta experiencia que en su nexo con la política proporciona la ciencia social y humanística cubana contemporánea, a la que no le es ajena en sus proyectos de investigación desde hace muchos años, ninguna esfera ni problemática clave de la sociedad cubana actual. Téngase en cuenta que los programas nacionales de investigación en las ciencias sociales fueron organizados en Cuba ya desde la segunda mitad de los años 80, a fin de dar respuesta a las contradicciones del desarrollo del país.

Hay verdades que hoy vuelven a renacer en América Latina

Hay verdades que hoy vuelven a renacer en América Latina después de muchos años de discurso neoliberal. Vuelve a notarse que la construcción socialista genuina es un resultado del ejercicio de la libertad humana portada por el pueblo, los trabajadores, los humildes, los humillados, los tradicionalmente excluidos, a partir de orientaciones estratégicas medulares encaminadas a la superación de la lógica “civilizatoria” del capital y definidas en el sentido de la emancipación social y la dignificación personal. Nunca se da sobre una tabula cultural rasa, sino que entronca y nace de la historia política y cultural espiritual que le precede en cada experiencia específica. Abarca de manera práctica y teórica todos los aspectos de la vida social y de la relación con el entorno; por eso ninguno de los problemas que involucra son únicamente de carácter local: relaciones de propiedad, recursos energéticos, suelos, contaminación ambiental, derechos y deberes personales y colectivos, proyectos y sentidos de vida, democracia, políticas sociales, relación ciencia-política, valores, relación dirigentes-dirigidos, líder-masa, estabilidad-cambio, etc.

El despliegue de esta iniciativa creadora es una empresa sumamente difícil porque se realiza en un mundo cada vez más sujeto a la incertidumbre global de todo tipo: energética, ecológica, económica, financiera, política, social. Las tareas emancipatorias y de crecimiento social y personal necesitan ser definidas y redefinidas constantemente, en la medida en que cambian las múltiples y disímiles circunstancias internas y externas de la actividad social, incluidos sus sujetos masivos y personales. Ellas no se pueden presuponer como una constante, hay que determinarlas en la propia trama de la vida, no desde una mesa y tecnoburocráticamente, sino con la voz del pueblo, de la gente concreta, sujeto real de la voluntad soberana que decide producir y reproducir las relaciones sociales en una dirección determinada y no en otra. No son “metas” establecidas de antemano por la gente ilustrada, por los “intelectuales orgánicos”. Constantemente aparecen nuevos matices y asuntos que necesitan ser resueltos, por demás, en condiciones de gobernabilidad. En el mundo del imperialismo global y de la hegemonía indiscutida de Estados unidos, una revolución sigue valiendo todavía en la medida en que es capaz de defenderse, no es un ejercicio académico ni un experimento ideal.

El amor por los "modelos" es una enfermedad infantil del socialismo

El amor por “los modelos” es una enfermedad infantil del socialismo, es propio de su enfoque desde la perspectiva histórica de quienes se preparan o imaginan prepararse para la conquista del poder. Sólo que ya el socialismo en el mundo es un fenómeno con demasiada historia como para seguir permitiéndose tal sarampión. Empezó con la Comuna de París. Ahora bien, cuando el poder político se ha conquistado por los trabajadores y oprimidos, y ha trastocado a fondo toda la vida cotidiana, creando una nueva calidad social, entonces se exige un cambio de perspectiva: se trata en esas condiciones de entender a fondo la nueva cotidianidad y descubrir las vías para continuar la obra emancipatoria sobre la base de la participación creciente de sujetos modificados. La especificidad de este asunto no se puede establecer por vía deductiva ni a partir de los criterios de “expertos”. Es materia de discusión y decisión de las masas populares y las personas concretas involucradas en la construcción de la nueva sociedad.

Aferrarse al viejo enfoque no sólo implica una elevada dosis de ineficiente e ineficaz autoritarismo gnoseológico, sino una pérdida efectiva de la fe en la capacidad creadora de las masas y de su condición de verdadero sujeto de la historia. Dicho de otro modo, hay que notar que en el asunto de la producción de la ideología socialista en el proceso de tránsito al socialismo a partir de una determinada teoría científica, cambia no sólo el contenido de las tareas, sino también los ejes de referencia axiológicos de las masas populares, la estructura de la personalidad de los individuos y la naturaleza misma del modo de generarla y de socializar en ella a la personas. El educador necesita ser educado: en la práctica revolucionaria se modifican las circunstancias y las personas mismas. La gente deviene cada vez más portadores ideológicos de su propia voz en “su propia” obra redentora.

Esta construcción no es misión simple y de una sola lectura dentro y fuera del país; en un mundo donde, a pesar de la crisis civilizatoria que a todos nos amenaza e involucra, la noción de “lo normal” está signada por el individualismo y la desigualdad, reforzada además en esta condición por la debacle del “socialismo real” eurosoviético. Sin embargo, las izquierdas ya no están como hace diez años, hoy se desatan nuevos procesos revolucionarios por vías y métodos impensados e impensables a partir de las premisas cosmovisivas y metodológicas del pensamiento socialista tradicional.

Precisamente a principios de los 90 este desmontaje arrojó de golpe la isla a las “realidades” del mercado capitalista mundial y sus mecanismos de dominación. La confluencia de complejas contradicciones del desarrollo interno —cuya solución se estaba implementando en aquellos momentos en el marco de “la rectificación de errores y tendencias negativas”—, con el impacto de la reorganización global de las relaciones internacionales, desató una profunda crisis económica que resquebrajó los fundamentos más elementales de la vida cotidiana, engendrando múltiples procesos de desintegración social. Esta etapa de la vida de la sociedad cubana ha sido designada políticamente con el término de “periodo especial”, e implicó una lucha a brazo partido por sobrevivir como proyecto histórico e identidad específicos.

Por su parte, el gobierno norteamericano empleó esta coyuntura para arreciar la asfixiante política de bloqueo económico, comercial y financiero, así como para alentar los ataques terroristas contra el país. Muchos confiaron en que el socialismo cubano sería liquidado desde dentro, dada la enorme presión ejercida desde fuera; algunos lo temieron, y otros hicieron todo lo que estaba a su alcance para que sobreviviera. Hoy es un hecho que la obra revolucionaria del pueblo cubano no sólo se defendió sino que ha empezado a sobrepasar la crisis económica. Mucho le ha debido a la solidaridad internacional, a la que se ejerce en silencio y a la que se hace en público. Explicitar cómo esto ha sido posible requiere otro espacio y ocasión.

La sociedad alternativa se construye a 90 millas y en contra de la voluntad del imperialismo

Hay un detalle esencial que no por estable y sostenido se puede obviar. La sociedad alternativa a la que impone la globalización capitalista actual se está haciendo a 90 millas y en contra de la voluntad del imperialismo más poderoso y rico de toda la historia de la humanidad. No es por temeridad sino porque la isla no se puede mover de su lugar geográfico y las apetencias imperialistas norteamericanas sobre el país comenzaron casi a la par con la formación de la nacionalidad.

El proceso de conquista de la independencia nacional y de la emancipación social y personal en Cuba ha implicado, por necesidad estructuralmente condicionada, afectar de manera radical no sólo los intereses de las clases internas poseedoras de los medios de producción fundamentales, sino asimismo los de la oligarquía norteamericana, cuyo papel medular en la condición capitalista neocolonial de la sociedad cubana desde comienzos del siglo XX hasta 1959 es bastante conocido. En consecuencia, esta experiencia ha adquirido una connotación simbólica sumamente incómoda para los designios estratégicos de los halcones de la ex metrópoli imperial.

El impacto producido por el “período especial” sobre las condiciones de vida y los estados de ánimo de la población, sus valores, proyectos de vida, estructura de clases, generacional y racial, ha sido muy sensible y marcado. En general todo el sistema de la actividad y la estructura sociales se ha visto reconfigurado y reestructurado en estos últimos años. El reajuste económico implementado para garantizar la sobrevivencia y lograr salir de la crisis en condiciones de gobernabilidad, ha implicado costos sociales de consideración tanto en el plano objetivo como en el subjetivo. Sin embargo, la estrategia implementada se hizo sobre la base de un diagnóstico popular que reconstruyó el consenso, por lo que la política desarrollada a partir de ella asentó su capacidad de detener con rapidez la caída del PIB en un amplio y legítimo apoyo del pueblo. Las consecuencias negativas de la crisis se repartieron entre todos. El caro precio se pagó en defensa de los valores fundamentales que han llevado al pueblo al poder.

De este modo y dicho en forma corta, se han modificado la estructura de clases del país, los sectores económicos tradicionales y múltiples identidades colectivas que se venían configurando por más de 200 años. Me refiero a la industria azucarera en particular, que genera no simplemente una producción, sino un modo de vida. El período especial ha producido además nuevas identidades colectivas, como por ejemplo las asociadas al turismo y los trabajadores de ese sector, los trabajadores de la ciencia, de los servicios, los trabajadores por cuenta propia y los jóvenes integrados a las cinco grandes líneas que abarcan los más de 180 programas sociales de la revolución que actualmente se implementan dentro del contexto de la denominada Batalla de Ideas.

Estos cambios han calado profundamente en la sociedad. Su fisonomía hoy es muy diferente a la que presentaba en la década de los 80. Además, se han producido transformaciones muy significativas en la relación igualdad-desigualdad, en la consideración del mérito social. Todo esto interroga a la ideología y a la psicología sociales cada día, ya que se refracta directamente en la vida de los individuos, en su ubicación laboral, vivienda, salarios y proyectos de vida.

En consecuencia, existen grupos de la población que se perciben a sí mismos como pobres, pues aunque esta pobreza no presenta las mismas características que en otro país de América Latina, las personas en Cuba no se comparan en su calidad de vida con América Latina, sino con estadios precedentes de la sociedad cubana revolucionaria, y miden su calidad de vida acorde a las altas expectativas que les ha creado la propia Revolución.

Además se han potenciado contrastes entre territorios y dentro de las grandes ciudades. De aquí surgen grandes retos ante la Revolución Cubana, sobre todo en el asunto de la distribución de la riqueza, en el tema de la relación igualdad-desigualdad, la equidad y la justicia sociales. En las estrategias espontáneas de sobrevivencia frente a la crisis se ha manifestado un énfasis creciente en lo personal, lo individual, respecto a los medios colectivos, sociales e institucionales, para satisfacer los proyectos de vida.

Como parte de los procesos de desintegración objetivamente condicionados durante la crisis, ha ocurrido un crecimiento del delito, las ilegalidades y la corrupción, con expresión individual y colectiva en determinados sectores importantes del país.

La sociedad cubana es penetrada sistemáticamente por la ideología liberal, no como un panfleto político, sino a partir de la cultura de la imagen, de la cultura del placer, de la recreación; a través de símbolos que empujan a conductas hedonistas, consumistas, centradas en la satisfacción del placer. Esa orientación es una vía para transformarse en persona del mercado, para permanecer prisionero de la red del mercado, para la inactividad social por descomprometimiento con lo público, para el aislamiento individual y la degradación personal.

Hoy se enfrenta esa realidad

Hoy se enfrenta esa realidad. El hedonismo golpea, se dirige particularmente a los jóvenes desde los medios de comunicación masiva globalizados y los programas radiales y televisivos que nos llegan de Miami, a través de las películas, las novelas, el cable o la antena, etc.

En la medida que se ha ido produciendo el restablecimiento de la economía se ha ido transitando al perfeccionamiento de la política social, a fin de hacer frente con éxito a las principales consecuencias negativas del periodo especial. Los resultados favorables no se han hecho esperar en términos de aumento de las pensiones, de los salarios, de atención especial a los grupos de riesgo, de perfeccionamiento de la atención médico-sanitaria, de elevación de los indicadores de salud, etc.

Es en este contexto de salida de la crisis de los 90 que ocurre el discurso de Fidel Castro el 17 de noviembre de 2005 en el Aula Magna de la Universidad de la Habana. La pregunta que formuló había sido ya planteada en las ciencias sociales del país. Se refiere a un asunto de trascendencia estratégica: las condiciones de la irreversibilidad histórica de la Revolución en los planos económico, político, social, cultural y militar. Ahora devenía debate político público y adquiría matices sumamente importantes.

La discusión principal de este tema desatada a raíz del discurso de Fidel se ha dado en el eje fundamental de la sociedad civil cubana contemporánea, en todos los colectivos laborales del país. Ha sido una discusión viva y directa, franca y desembozada, encabezada por la Central de Trabajadores de Cuba en el marco del rescate de las mejores tradiciones sindicales y bajo la denominación de “Lázaro presente”. Con ello la CTC reedita una experiencia democrática que implementó a inicios del periodo especial: la canalización del potencial crítico de todos los trabajadores en función del diagnóstico social, de la definición de la agenda política y las soluciones a los problemas del desarrollo. Este ejercicio de democracia directa sindical ha puesto en evidencia las formas de manifestación y las diversas condicionantes de las deformaciones, ilegalidades, corrupción y delitos que tienen lugar actualmente en la sociedad, con el fin de hacerles frente y erradicarlas. El delito y la corrupción erosionan la propiedad social y socavan los fundamentos ideológicos-políticos del poder revolucionario. Es un fenómeno que trasciende por sus implicaciones los aspectos legales y éticos. Su enfrentamiento organizativo e ideológico resulta estratégico y para ello se requiere la línea de masas.

El impacto fundamental del discurso en la población ha sido la elevación de la agudeza crítica frente a la conducta, relaciones y actividad cotidianas. La libertad se ejercita y defiende cada día, no es regalada. Las cuotas de poder revolucionario son para ser usadas en ese carácter, no para convivir con lo mal hecho y que a todos daña, ya sea resultado de contradicciones “estructurales o coyunturales”. Para la irrepetible vida de cada uno y una no importa de cuál fuente surjan, sino que existen. No se puede sobrevivir a cualquier costo, mucho menos poniendo en riesgo la calidad esencial de la sociedad y de la persona. Es imposible permanecer acrítico frente a la cotidianidad, frente a los resultados de la actividad social y personal.

La revolución, si es verdadera, ha de ser un proceso emancipatorio y dignificador ininterrumpido. A ello se refería Marx en “18 Brumario de Luis Bonaparte”. La construcción socialista no consiste en crear un nuevo régimen de dominación. Es decir, el discurso de Fidel ha producido una elevación de la autoconciencia de los propios errores y de la necesidad de defender consecuentemente la libertad conquistada y sus premisas todos los días.

Por eso sí marca un punto de inflexión en los procesos de desarrollo de la sociedad cubana. Ha implicado que la dirección de la Revolución alerta al pueblo del carácter sistémico e interno de las principales deformaciones que pueden conducir al fracaso de la misma. El aldabonazo es estridente pero está justificado. En este sentido es la continuación del proceso de valoración de los problemas internos que afectan al socialismo y pueden dar al traste con él, inherente a la revolución cubana en todas sus etapas de desarrollo. Debe notarse que en esta ocasión ha propiciado un cambio de actitud de la política frente a las ciencias sociales en general, a su inclusión incrementada en la toma de decisiones para resolver los problemas cotidianos estratégicos y coyunturales que confronta la población.

El autor del artículo es presidente de la Comisión Nacional de Ciencias Sociales del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba (CITMA).

Fuente: Revista Sudestada

Tomado de Por Cuba, Boletín especial de CUBARTE, Año 4 Número 48, 23 de Junio del 2006




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