..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.113, Viernes, 3 de marzo del 2006

Libro de visitas

 

Si Moreno no hubiera desaparecido la historia argentina sería otra, muy diferente

Un remedio mal administrado precipita el fin de Mariano Moreno

De Vida y memorias del Dr. D. Mariano Moreno,
por su hermano D. Manuel Moreno. Imprenta de J. M'Creery, Londres:
1812. Ejemplar conservado en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires.

Recién concluíamos la lectura de la obra “Quién mató a Mariano Moreno”, del ingeniero Manuel Vila. Nos apasionó la vida de este prócer argentino, cuya figura es poco conocida en nuestro ámbito. Dado que el próximo 4 de marzo se conmemora un aniversario de su muerte, queremos presentarles estos trabajos:

En la historia de la Revolución hispanoamericana, pocos hombres políticos tuvieron carreras tan meteóricas como la del argentino Mariano Moreno (1779-1811), secretario de la Primera Junta de Gobierno de Buenos Aires, muerto en alta mar mientras encabezaba la primera misión diplomática de su país a Gran Bretaña. Su hermano Manuel, que lo acompañaba, estuvo junto a él hasta el momento del desenlace, y publicó más tarde en Londres (1812) una biografía del apasionado tribuno.

Desde antes de embarcarse, la salud del doctor Moreno se hallaba grandemente injuriada por la incesante fatiga en los asuntos políticos. Los últimos disgustos abatieron considerablemente su espíritu y la idea de la ingratitud se presentaba de continuo a su imaginación, con una fuerza que no podía menos de perjudicar su constitución física. En vano era que la reflexión ocurría a aliviar las fuertes impresiones causadas en su honor por el ataque injusto de las pasiones vergonzosas de sus contrarios. La extrema sensibilidad le hacía insoportable la más pequeña sombra de la irregularidad absurda que se atribuía oscuramente a sus operaciones.»

El doctor Moreno vio venir su muerte con la serenidad de Sócrates. Ya a los principios de la navegación, le pronosticó su corazón este terrible lance. No sé qué cosa funesta se me anuncia en mi viaje –nos decía con una seguridad que nos consternaba. No pudiendo proporcionarse a sus padecimientos ninguno de los remedios del arte, ya no nos quedaba otra esperanza de conservar sus preciosos días, que en la prontitud de la navegación; mas por desgracia tuvimos ésta extraordinariamente morosa, y todas las instancias hechas al capitán para que arribase al Janeiro [Río de Janeiro] o al Cabo de Buena Esperanza, no fueron escuchadas.

Después de esto, el doctor Moreno se entregó tranquilamente a su duro destino. A las cuidadosas atenciones que le pagaba nuestra amistad y respeto, correspondía con una suavidad admirable, pero con el triste desengaño de que serían sin efecto. En el momento en que escribo estas líneas, todavía las lágrimas que corren de mis ojos vienen a perturbar mi razón; igual tributo pagarán a la memoria de este recomendable ciudadano todos aquellos que están animados de los deseos de la libertad de América.

Su último accidente fue precipitado por la administración de un remedio que el capitán de la embarcación le suministró imprudentemente y sin nuestro conocimiento.

A esto siguió una terrible convulsión, que apenas le dio tiempo para despedirse de su patria, de su familia y de sus amigos. Aunque quisimos estorbarlo desamparó su cama ya en este estado, y con visos de mucha agitación, acostado sobre el piso solo de la cámara, se esforzó en hacernos una exhortación admirable de nuestros deberes en el país en que íbamos a entrar, y nos dio instrucciones del modo que debíamos cumplir los encargos de la comisión, en su falta. Pidió perdón a sus amigos y enemigos de todas sus faltas; llamó al capitán y le recomendó nuestras personas; a mí en particular me recomendó, con el más vivo encarecimiento, el cuidado de su esposa inocente –con este dictado la llamó muchas veces. El último concepto que pudo producir, fueron las siguientes palabras: –¡Viva mi patria aunque yo perezca! Ya no pudo articular más.

Tres días estuvo en esta situación lamentable: murió el 4 de marzo de 1811, al amanecer, a los veinte y ocho grados y siete minutos sur de la línea, en los 32 años, 6 meses y un día de su edad. Su cuerpo fue puesto en el mar, a las cinco de aquella misma tarde, después de haberle tributado las demostraciones compatibles con nuestra situación.

http://www.siicsalud.com/dato/dat024/01726041.htm

**

MARIANO MORENO

Mariano Moreno nació en Buenos Aires el 23 de noviembre de 1777. Su padre, Manuel Moreno y Argumosa, oriundo de Santander (España) llega a Buenos Aires en 1776 y se casa con doña María de¡ Valle, porteña; este matrimonio tiene 14 hijos y Mariano fue el mayor.

Cursó estudios de latín, lógica y filosofía en el Real Colegio de San Carlos. Por dar muestras de estudioso y talentoso el franciscano Fray Cayetano Rodríguez le brindó ' su amistad y puso a disposición la biblioteca del convento. Estudió leyes en la Universidad de Chuquisaca.

En 1801 se casa en Chiquisaca con una joven del Alto Perú y en 1805 nace su primer hijo también llamado Mariano.

De regreso a Buenos en l8O9 escribe un documento de gran notoriedad "La representación de los hacendados", en el que abogaba por la libertad de Comercio.
Este documento se difundió rápidamente por todo el virreinato. Más tarde es nombrado relator de la, Real Audiencia, cargo que desempeñaba en mayo de 1810.
Constituida la Primera Junta de Gobierno, es Moreno el alma de la misma en su carácter de secretario, teniendo también la dirección de los departamentos de gobierno, de guerra y relaciones exteriores.

Organiza los ministerios, abrevia los trámites y duplica las horas de trabajo.
Redacta La Gaceta de Buenos Aires, periódico que nació con el nuevo régimen. Funda la biblioteca pública y se le debe también el establecimiento de una academia de instrucción militar y de matemática para los oficiales, que debían no sólo ser valientes, sino también doctos.

Crea una fábrica de armas y se preocupa asimismo de los intereses de la industria y el comercio. Decreta la rehabilitación de los puertos de la Ensenada de¡ Barragán y de Patagones (Río Negro). Dicta la providencia para el arreglo de los caminos y el adelantamiento de las poblaciones.

Cuando desempeña estas f unciones cuenta sólo con 33 años y es tanto su prestigio que despierta recelos dentro y fuera del gobierno.

Con motivo de la disposición de incorporar a la Junta nueve diputados de las provincias se produjo un desacuerdo, a raíz de¡ cual Moreno, para evitar desconfianzas presenta la dimisión de su cargo "convencido de haber cumplido con su deber".

Saavedra choca fuertemente con su política. A los pocos días de su renuncia la Junta le confía la misión de ir a Inglaterra en calidad de Ministro Plenipotenciario, para cimentar las relaciones de amistad con el gobierno inglés.

El 24 de enero de 1811 zarpa rumbo a Londres y fallece durante la travesía. Su deceso se registra el 4 de marzo de 181 1, al amanecer, en alta mar.

Cuando el Coronel Saavedra, su adversario, se entera de la noticia, dice aludiendo al genio ardiente del extinto y a su sepultura en el mar: "Era menester tanta agua para apagar tanto fuego".

Se supone que las causas de su muerte fueron una lesión cardiovascular de origen reumático.

http://www.portalplanetasedna.com.ar/moreno.htm

En la mencionada obra de M. Vila, se especula sobre la posibilidad de un asesinato político. El prologuista de la obra, Julio Argentino de la Vega, expresa: “Una cosa es cierta: si Moreno no hubiera desaparecido, la historia argentina sería otra, muy diferente” N. del E.




© Biblioteca Nacional "José Martí" Ave. Independencia y 20 de Mayo. Plaza de la Revolución.
Apartado Postal 6881. La Habana. Cuba. Teléfonos: (537) 555442 - 49 / Fax: 8812463 / 335938