..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.114, Viernes, 10 de marzo del 2006

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Hacia una nueva organización popular dentro de la revolución bolivariana
Por Jorge Peñaloza

Confrontación de modelos organizacionales, ante la necesidad de una urgente respuesta. Un tema para la Educación Popular

“Padre Santo protege tu mismo a los que me has confiado para que sean uno como nosotros (...) No te ruego que los saques del mundo, sino que los protejas del malo (...) Que sean todos uno, como tú Padre estás conmigo y yo contigo, que también ellos estén con nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado a ellos la gloria que tú me diste, la de ser uno como lo somos nosotros, yo unido con ellos y tu conmigo, para que queden realizados en la unidad”.

Oración de Jesús por la unidad

Como siempre podrá parecer extraño que haya escogido este texto para comenzar este artículo, pero me parece importante definir nuestro punto de partida o al menos hacia donde pretendemos llegar, en nuestro caso. Son ellas nuestras utopías, nuestros proyectos de vida. Hacia allí apuntamos.

Habiendo hecho esta aclaratoria tengo que señalar que unidad no necesariamente es sinónimo de uniformidad, como en algunas oportunidades se ha pretendido entender, inclusive tomando como contexto la lectura anterior, sino más bien de organización, de coherencia en la diversidad, de puesta en común de distintos puntos de vista que buscan un fin similar que se quiere lograr. El mismo Jesús que comprende cuan difícil es lograr este objetivo, hace esa oración como planteamiento de lo que se quiere alcanzar.

Recientemente leímos con gran interés, un artículo escrito por el teólogo argentino Rubén Drí, comparando en el sentido religioso a la revolución Bolivariana con una nueva Galilea, en el sentido de mirarla como nuevo lugar esperanzador en este caminar que hoy tenemos en América Latina e invitaba ir a Venezuela, no como lugar geográfico específicamente, sino como punto de referencia para analizar lo que está ocurriendo en nuestro continente.

Uno de los participantes en el VI Foro Social Mundial, en el tema dedicado a la “contribución de la Educación Popular Latinoamericana a los procesos de formación política”, el educador popular / historiador chileno Mario Garcés, nos apuntaba, si mal no recuerdo, una interrogante de gran actualidad para quienes participamos dentro de estos procesos de cambio. Preguntaba entre otras cosas, ¿Qué tiene que ver la educación popular con la subjetividad?, entendiendo por subjetividad la capacidad de ser asumidas vitalmente una serie de proposiciones y representaciones que se tienen acerca del mundo. En base a esas concepciones surge nuestra acción de forma colectiva sobre esa misma realidad. Haciendo caer en cuenta que no basta con una simple concientización racional sobre la misma, si eso no produce en nosotros cambios internos en nuestra manera de vivir y de ser . En este sentido las organizaciones populares son un espacio privilegiado para lograr ese objetivo de la educación popular.

Una cosa es la asunción del poder como producto de una lucha y anhelo de muchos de nuestros pueblos durante varias décadas, como es el caso de lo que ha ido ocurriendo, en países como Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia, Chile y hasta Venezuela, sobre todo por gobiernos de pro-izquierda y otra, el que verdaderamente el pueblo se convierta en hacedor, partícipe y creador de ese poder popular. Porque, querámoslo o no, con todos nuestros buenos deseos por el cambio, siguen dándose en medio de nuestras realidades cotidianas, mecanismos y métodos de relación que mantienen las mismas formas de dominio y control a las cuales nos enfrentamos anteriormente.

El pueblo quiere y desea participar, pero muchas veces, en su interior o a su alrededor, siguen presentes esquemas y paradigmas de quienes nos han sometido hasta el momento y que se han introyectado entre nosotros como propios.

No estoy descubriendo nada nuevo, pero lo que quiero hacer caer en cuenta es que dentro de nosotros /as siguen funcionando formas de vivir y pensar que no nos permiten asumir plenamente los nuevos planteamientos que se están dando y esto dificulta los procesos revolucionarios.

No basta por ejemplo, que en el caso venezolano, nuestro Presidente proponga, con toda buena intención, que se organice tal o cual estructura organizativa, mientras por un lado exista esa mentalidad anterior o como también sucede, que tras la búsqueda de recursos económicos, prometidos para esas organizaciones, sean estas secuestradas por algunos organismos públicos, gobernaciones o alcaldías, que buscan otros fines y no el de la organización popular.

Nosotros no llegamos a este momento histórico por pura casualidad, sino como fruto de una larga lucha, social, política, cultural y económica. En muchos lugares de nuestras comunidades se fueron constituyendo “escuelas de participación social”, donde se insistía con mucha fuerza en la búsqueda del logro de esos espacios de poder, donde se decidían las políticas a seguir tanto locales, como regionales, nacionales, vistos muchas veces en la insistencia de las luchas reivindicativas. En muchos de estos espacios, por la característica de los conflictos que se vivían con quienes tenían el poder en sus manos, los liderazgos fueron ejercidos de forma conflictiva, para poder enfrentarlos. En estas circunstancias algunas veces no se estaba claro quien era el aliado /a y quien el enemigo.

Fue tanto el tiempo que se pasó y el esfuerzo que se gastó en este tipo de enfrentamiento, que en muchos espacios reflexivos, no se pensó que eso pudiera llegar a ser una realidad y no solo eso, sino que llegara a ser planteado el que desde las mismas comunidades se viera la posibilidad de gerenciar los recursos que por parte del Estado comenzaban a llegar. En pocas palabras, la gran mayoría de nuestras organizaciones populares no estaban preparadas para esto y en muchas el modelo conocido, era ese mismo modelo que se criticaba y enfrentaba, el modelo capitalista-rentista, sin tener otro punto de referencia. Solo en algunos casos, algunas organizaciones y cooperativas, habían ido desarrollando, esquemas propios, producto de la búsqueda colectiva de pequeñas comunidades que fueron estableciendo otra forma de organización, pero como tal no eran muchas. Tengo que hacer la acotación que este problema planteado llegó hasta gran cantidad de las mismas cooperativas, quienes en la mayoría de los casos, salvo con las excepciones señaladas anteriormente, se manejaron bajo una forma de relación capitalista. Esto es importante señalarlo, porque mucha de la formación que se ha estado dando a nivel de cooperativas, ha seguido manteniendo esta misma forma organizacional, con algunas ligeras modificaciones que no tocan fondo.

La situación planteada pareciera ser oscurecedora, pero creo con toda crudeza, que es necesario y urgente plantearnos desde distintos lados lo que está ocurriendo con los movimientos y organizaciones populares. No intento, ni pretendo tener la última palabra, simplemente quiero hacer de provocador para generar una discusión al respecto.

LA VITAMINOSIS DE ORGANIZACIONES POPULARES

Verdaderamente las organizaciones populares son muy importantes, por lo que significan como espacio de encuentro, de relación y búsqueda de soluciones colectivas a los problemas que nos aquejan continuamente como comunidades, tanto a nivel económico, social, político y cultural. Lo malo es cuando se buscan crear organizaciones comunitarias que no han partido desde las necesidades reales sentidas por las propias comunidades o simplemente porque está de moda pertenecer a ellas. Con el agravante señalado anteriormente sobre el uso de los recursos como último fin, para organizarlas.

Sigo planteándome en este momento la pregunta hecha por Mario Garcés, atreviéndome a afirmar junto a él que si el método de trabajo y planteamiento de las organizaciones populares, como espacio de educación del pueblo, no busca transformar esta realidad de injusticia que vivimos, continuaremos generando las mismas relaciones de dominio, de las cuales queremos salir.

La cosa no está tanto en crear muchas organizaciones en nuestros barrios, sino que las que sean fundadas, sean capaces de responder a las necesidades vitales de quienes las necesitan y puedan contribuir al crecimiento personal y colectivo de quienes participan en ellas. A mi manera de ver hemos estado arrancando por el lado inverso, con todo respeto a las buenas intenciones que puedan tenerse muchas veces desde quienes las proponen. Por esta vía lo que hacemos es producir más conflictos y enfrentamientos entre la misma comunidad, sin que se origine una verdadera organización, produciendo un malestar que funciona como una especie de “vacuna” contra todo aquello que signifique trabajo en grupo, búsqueda del bien común, etc. Algo parecido a lo que ocurre cuando nos conseguimos con una persona en un estado débil por desnutrición y sin control médico le empezamos a dar unas vitaminas. Puede ser que se produzca el efecto contrario al que se quiere lograr y sea peor el remedio que la enfermedad.

EL CASO PAVIA

Quisiera presentar en pequeño, en este momento, una situación típica, de lo anteriormente planteado, que pudiera estar ocurriendo en otras partes del país, o en América Latina, siempre a manera de ejemplificación y en la espera de buscar nuevas luces al respecto.

Pavia es una comunidad semirural, semiurbana, ubicada a las afueras de Barquisimeto, en Venezuela; con una población aproximada de 11 mil habitantes, muchos venidos de campos cercanos o de la misma ciudad, con un estrato socio-económico en su mayoría muy pobre.

Durante muchos años esta comunidad se caracterizó por ser muy luchadora en la búsqueda y rescate del derecho a la tierra. Los vecinos se fueron organizando en lo que significó una ocupación selectiva de los espacios para poder vivir y por otro lado el enfrentamiento contra los supuestos “derechantes” (dueños) de estas tierras. La comunidad tenía líderes muy capaces, surgidos de ella misma, que iban siendo punto de apoyo para los vecinos, en momentos muy fuertes, algunos /as de los /as cuales estuvieron presos /as varias veces por este tipo de acción comunitaria. Como organización vecinal, sus lideres participaban junto a otras comunidades con similares características, de una red de organizaciones vecinales que buscaban un fin parecido. Era por decir así, “una escuela popular” con mucha importancia y un punto de referencia no solo a nivel local, sino también nacional.

La cosa fue cambiando en el momento que habiéndose logrado muchas de sus luchas reivindicativas, comenzó a llegar a la comunidad, la posibilidad por parte de algunos entes del Estado, de consolidarlo como barrio y la posibilidad de que llegaran los servicios básicos tan anhelados (Electricidad, agua, empotramiento de aguas servidas, servicio de salud, etc). En ese momento nos encontramos con que esta organización vecinal, que había luchado durante muchos años por el logro de todos esos beneficios, no se había preparado para lo que significaba trabajar unidos y sobre todo administrar juntos, en una estrategia conjunta, los recursos que estaban por llegar y en torno a eso planificar los proyectos a seguir. Por otro lado, se trasladaron los conflictos tenidos con anterioridad con varios organismos públicos y privados, con los cuales se enfrentaron, al interior de la propia organización, viendo por todos lados “posibles enemigos” y pocos aliados. Unido a esto afloró la búsqueda por el control del poder de parte de los líderes mas connotados de la comunidad, lo que dificultó más la relación de trabajo y organización.

La urgencia de necesidad de respuestas inmediatas a problemas concretos que iban apareciendo, unido a lo anteriormente señalado, no permitió que se generara una mayor participación por parte del resto de la población, como era de esperar. La acción del organismo público encargado de llevar adelante el levantamiento de algunos proyectos, llegó a su término. Sin embargo, no se pudo concretar lo de la organización y por tanto la ejecución de los mismos, aún cuando se registró una asociación civil comunitaria para estos fines.

Sin haber tenido la capacidad, ni el interés político para reflexionar acerca de lo ocurrido, se cayó en algunas oportunidades en acusaciones mutuas, que más bien hacían más daño a la deteriorada organización. En esas circunstancias a partir de las propuestas organizacionales del Presidente, comenzaron a llegar a esta comunidad distintas proposiciones organizacionales, entre ellas:

1. Las Mesas Técnicas de agua ( para abordar la problemática de la distribución del agua en la zona)
2. Las UBES (Unidades de Batalla Electoral) como organización para las elecciones.
3. Los CTU (Comités de Tierra Urbana) para la organización del problema de la tenencia de la tierra.
4. Las Mesas Técnicas de energía para abordar el problema de la electricidad y otros en las comunidades.
5. Las radios comunitarias como una forma de expresión popular de la comunidad.
6. Últimamente se está abordando el tema de los CONCEJOS COMUNALES como una forma de articular las demás organizaciones.

¿Qué ocurrió entonces en esta comunidad?

Teniendo el antecedente anteriormente expresado y la no participación de la comunidad, salvo muy pequeños grupos, este tipo de organización no ha calado en la comunidad, o al menos hasta el momento, no ha tenido esa capacidad, sobre todo por que quienes las han estado promoviendo están deslegitimados como líderes en la misma. Por eso, cada vez que se ha realizado una nueva convocatoria, se han caído en contradicciones internas que más bien generan un descontento, por parte de quienes participan en este tipo de actividad.

En medio de esta situación nos planteamos varias interrogantes: ¿Es que esta comunidad es apática y ya no puede cambiar? ¿Sirven o no este tipo de organizaciones planteadas por parte del Estado? Si hay debilidad, ¿Dónde está la debilidad de este tipo de planteamiento? ¿Cómo y de qué manera afrontar para poder motivar de nuevo a la comunidad ante situaciones propuestas por este tipo de organizaciones?

Hay que hacer la salvedad de que en muchos lugares de Venezuela varias de estas formas organizativas han tenido éxito en las comunidades. Nos preguntamos inmediatamente: ¿Bajo qué circunstancias? ¿Qué elementos ha habido en el contexto que favorecieron a que se obtuvieran esos resultados? Retomando a Garcés nos preguntamos ¿Cómo generar una nueva forma de educación popular que tome en cuenta esta realidad y la aborde bajo un nuevo esquema o paradigma, con nuevos aportes, que contribuyan a propiciar una mayor participación de la población? ¿Cómo romper con esos viejos esquemas y como incorporar elementos subjetivos de quienes participan, es decir del pueblo, en esta nueva visión?

CONVOCANTES O CONVOCADOS

Hasta no hace poco teníamos claro quien convocaba y quienes eran los convocados. Al menos se pensaba que quien convocaba debía reunir una serie de requisitos, un perfil para poder ser identificado como tal. Muchos de nosotros /as, por la experiencia vivida, nos considerábamos entre esos /as “privilegiados /as” que sabíamos cuando convocar o no.

Resulta que las cosas han ido cambiando y los paradigmas no son los mismos, prueba de esto es lo que hemos venido analizando hasta el momento. Participamos en este nuevo momento en otro tipo de convocatoria a la que no estábamos acostumbrados o al menos todavía no terminamos de ubicar.

Pura, una amiga religiosa de muchos años de lucha social, con quien compartimos algunas reflexiones al respecto, nos hizo caer en cuenta de esta situación, al afirmar que hoy los convocantes no somos necesariamente nosotros y eso tenemos que tenerlo claro. El ser convocantes nos daba la “luz” de que se debía hacer, cómo se debía hacer, quienes lo iban a hacer, en qué tiempo se debía hacer y los resultados que se debía obtener.

El problema surge cuando hoy nosotros somos convocados por nuevos actores sociales y tenemos que participar como cualquier otro /otra vecino /na, en el tipo de organización comunitaria que se pretende lograr para un determinado fin. Esto lo traigo a colación porque está ocurriendo una cosa muy interesante, al menos en el caso de la comunidad a la cual he hecho referencia y que no quiero dejar pasar por alto: La convocatoria está surgiendo de personas que están participando en algunas de las misiones educativas, en especial, en este caso, en la Misión Rivas(estudiantes adultos de bachillerato), quienes hasta el momento no habían tenido incidencia en el barrio y que motivados por lo que han ido descubriendo en sus estudios, han comenzado a convocar a la comunidad, en una búsqueda por ver si se des-tranca la situación anteriormente planteada. A esta iniciativa se han ido uniendo otros /as vecinos /as que se sienten “tocados” por la misma situación. En esas circunstancias no solo han reflexionado a nivel interno de sus grupos de estudio, sino que además han comenzado a invitar a los demás a participar en espacios de reflexión donde se propicie la participación de todos los que se sientan llamados /as.

Inmediatamente surgen otras interrogantes: ¿Cómo poder apoyar en esta nueva circunstancia? ¿Qué herramientas usar para participar junto a los vecinos y propiciar la verdadera participación, sin convertirnos en obstáculo, sino más bien en provocadores de nuevas acciones? ¿cómo facilitar el entendimiento y la internalización de que las diferencias no nos hacen daño, sino más bien nos enriquecen para la acción que se quiere realizar? ¿Cómo contribuir a descubrir juntos /as el objetivo de lo que se quiere alcanzar sin pretender ser nosotros /as la última palabra? ¿Cómo unir esfuerzos al respecto? Finalmente, ¿Cómo aprender a “escuchar” sin tener nosotros bajo la manga, ya una respuesta lista?

La democracia participativa y protagónica no es algo que se logra como “soplar y hacer botellas”. Exige de nuestra parte una sencillez de vida, un reconocer que no tenemos toda la “verdad” con nosotros /as y que se hace necesario conseguirla en colectivo. Es descubrir los nuevos actores que están apareciendo en escena, como lo que ha ocurrido por ejemplo en el caso boliviano con Evo y el movimiento indígena.

Siento que hay un gran trabajo que se puede hacer desde la Educación Popular, al menos en el caso venezolano, es replantearnos este nuevo momento que nos toca vivir y juntos empezar a compartir experiencias que nos ayuden a ver nuevas salidas, hacia el modelo que buscamos como país y como continente: El socialismo del siglo XXI.




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