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 Hacia una nueva organización
popular dentro de la revolución bolivariana
Por Jorge Peñaloza
Confrontación de modelos organizacionales,
ante la necesidad de una urgente respuesta. Un tema para la Educación
Popular
“Padre Santo protege tu mismo a los que me has confiado para
que sean uno como nosotros (...) No te ruego que los saques del
mundo, sino que los protejas del malo (...) Que sean todos uno,
como tú Padre estás conmigo y yo contigo, que también
ellos estén con nosotros, para que el mundo crea que tú
me enviaste. Yo les he dado a ellos la gloria que tú me diste,
la de ser uno como lo somos nosotros, yo unido con ellos y tu conmigo,
para que queden realizados en la unidad”.
Oración de Jesús por la unidad
Como siempre podrá parecer extraño que haya escogido
este texto para comenzar este artículo, pero me parece importante
definir nuestro punto de partida o al menos hacia donde pretendemos
llegar, en nuestro caso. Son ellas nuestras utopías, nuestros
proyectos de vida. Hacia allí apuntamos.
Habiendo hecho esta aclaratoria tengo que señalar que unidad
no necesariamente es sinónimo de uniformidad, como en algunas
oportunidades se ha pretendido entender, inclusive tomando como
contexto la lectura anterior, sino más bien de organización,
de coherencia en la diversidad, de puesta en común de distintos
puntos de vista que buscan un fin similar que se quiere lograr.
El mismo Jesús que comprende cuan difícil es lograr
este objetivo, hace esa oración como planteamiento de lo
que se quiere alcanzar.
Recientemente leímos con gran interés, un artículo
escrito por el teólogo argentino Rubén Drí,
comparando en el sentido religioso a la revolución Bolivariana
con una nueva Galilea, en el sentido de mirarla como nuevo lugar
esperanzador en este caminar que hoy tenemos en América Latina
e invitaba ir a Venezuela, no como lugar geográfico específicamente,
sino como punto de referencia para analizar lo que está ocurriendo
en nuestro continente.
Uno de los participantes en el VI Foro Social Mundial, en el tema
dedicado a la “contribución de la Educación
Popular Latinoamericana a los procesos de formación política”,
el educador popular / historiador chileno Mario Garcés, nos
apuntaba, si mal no recuerdo, una interrogante de gran actualidad
para quienes participamos dentro de estos procesos de cambio. Preguntaba
entre otras cosas, ¿Qué tiene que ver la educación
popular con la subjetividad?, entendiendo por subjetividad la capacidad
de ser asumidas vitalmente una serie de proposiciones y representaciones
que se tienen acerca del mundo. En base a esas concepciones surge
nuestra acción de forma colectiva sobre esa misma realidad.
Haciendo caer en cuenta que no basta con una simple concientización
racional sobre la misma, si eso no produce en nosotros cambios internos
en nuestra manera de vivir y de ser . En este sentido las organizaciones
populares son un espacio privilegiado para lograr ese objetivo de
la educación popular.
Una cosa es la asunción del poder como producto de una lucha
y anhelo de muchos de nuestros pueblos durante varias décadas,
como es el caso de lo que ha ido ocurriendo, en países como
Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia, Chile y hasta Venezuela, sobre
todo por gobiernos de pro-izquierda y otra, el que verdaderamente
el pueblo se convierta en hacedor, partícipe y creador de
ese poder popular. Porque, querámoslo o no, con todos nuestros
buenos deseos por el cambio, siguen dándose en medio de nuestras
realidades cotidianas, mecanismos y métodos de relación
que mantienen las mismas formas de dominio y control a las cuales
nos enfrentamos anteriormente.
El pueblo quiere y desea participar, pero muchas veces, en su interior
o a su alrededor, siguen presentes esquemas y paradigmas de quienes
nos han sometido hasta el momento y que se han introyectado entre
nosotros como propios.
No estoy descubriendo nada nuevo, pero lo que quiero hacer caer
en cuenta es que dentro de nosotros /as siguen funcionando formas
de vivir y pensar que no nos permiten asumir plenamente los nuevos
planteamientos que se están dando y esto dificulta los procesos
revolucionarios.
No basta por ejemplo, que en el caso venezolano, nuestro Presidente
proponga, con toda buena intención, que se organice tal o
cual estructura organizativa, mientras por un lado exista esa mentalidad
anterior o como también sucede, que tras la búsqueda
de recursos económicos, prometidos para esas organizaciones,
sean estas secuestradas por algunos organismos públicos,
gobernaciones o alcaldías, que buscan otros fines y no el
de la organización popular.
Nosotros no llegamos a este momento histórico por pura casualidad,
sino como fruto de una larga lucha, social, política, cultural
y económica. En muchos lugares de nuestras comunidades se
fueron constituyendo “escuelas de participación social”,
donde se insistía con mucha fuerza en la búsqueda
del logro de esos espacios de poder, donde se decidían las
políticas a seguir tanto locales, como regionales, nacionales,
vistos muchas veces en la insistencia de las luchas reivindicativas.
En muchos de estos espacios, por la característica de los
conflictos que se vivían con quienes tenían el poder
en sus manos, los liderazgos fueron ejercidos de forma conflictiva,
para poder enfrentarlos. En estas circunstancias algunas veces no
se estaba claro quien era el aliado /a y quien el enemigo.
Fue tanto el tiempo que se pasó y el esfuerzo que se gastó
en este tipo de enfrentamiento, que en muchos espacios reflexivos,
no se pensó que eso pudiera llegar a ser una realidad y no
solo eso, sino que llegara a ser planteado el que desde las mismas
comunidades se viera la posibilidad de gerenciar los recursos que
por parte del Estado comenzaban a llegar. En pocas palabras, la
gran mayoría de nuestras organizaciones populares no estaban
preparadas para esto y en muchas el modelo conocido, era ese mismo
modelo que se criticaba y enfrentaba, el modelo capitalista-rentista,
sin tener otro punto de referencia. Solo en algunos casos, algunas
organizaciones y cooperativas, habían ido desarrollando,
esquemas propios, producto de la búsqueda colectiva de pequeñas
comunidades que fueron estableciendo otra forma de organización,
pero como tal no eran muchas. Tengo que hacer la acotación
que este problema planteado llegó hasta gran cantidad de
las mismas cooperativas, quienes en la mayoría de los casos,
salvo con las excepciones señaladas anteriormente, se manejaron
bajo una forma de relación capitalista. Esto es importante
señalarlo, porque mucha de la formación que se ha
estado dando a nivel de cooperativas, ha seguido manteniendo esta
misma forma organizacional, con algunas ligeras modificaciones que
no tocan fondo.
La situación planteada pareciera ser oscurecedora, pero
creo con toda crudeza, que es necesario y urgente plantearnos desde
distintos lados lo que está ocurriendo con los movimientos
y organizaciones populares. No intento, ni pretendo tener la última
palabra, simplemente quiero hacer de provocador para generar una
discusión al respecto.
LA VITAMINOSIS DE ORGANIZACIONES POPULARES
Verdaderamente las organizaciones populares son muy importantes,
por lo que significan como espacio de encuentro, de relación
y búsqueda de soluciones colectivas a los problemas que nos
aquejan continuamente como comunidades, tanto a nivel económico,
social, político y cultural. Lo malo es cuando se buscan
crear organizaciones comunitarias que no han partido desde las necesidades
reales sentidas por las propias comunidades o simplemente porque
está de moda pertenecer a ellas. Con el agravante señalado
anteriormente sobre el uso de los recursos como último fin,
para organizarlas.
Sigo planteándome en este momento la pregunta hecha por
Mario Garcés, atreviéndome a afirmar junto a él
que si el método de trabajo y planteamiento de las organizaciones
populares, como espacio de educación del pueblo, no busca
transformar esta realidad de injusticia que vivimos, continuaremos
generando las mismas relaciones de dominio, de las cuales queremos
salir.
La cosa no está tanto en crear muchas organizaciones en
nuestros barrios, sino que las que sean fundadas, sean capaces de
responder a las necesidades vitales de quienes las necesitan y puedan
contribuir al crecimiento personal y colectivo de quienes participan
en ellas. A mi manera de ver hemos estado arrancando por el lado
inverso, con todo respeto a las buenas intenciones que puedan tenerse
muchas veces desde quienes las proponen. Por esta vía lo
que hacemos es producir más conflictos y enfrentamientos
entre la misma comunidad, sin que se origine una verdadera organización,
produciendo un malestar que funciona como una especie de “vacuna”
contra todo aquello que signifique trabajo en grupo, búsqueda
del bien común, etc. Algo parecido a lo que ocurre cuando
nos conseguimos con una persona en un estado débil por desnutrición
y sin control médico le empezamos a dar unas vitaminas. Puede
ser que se produzca el efecto contrario al que se quiere lograr
y sea peor el remedio que la enfermedad.
EL CASO PAVIA
Quisiera presentar en pequeño, en este momento, una situación
típica, de lo anteriormente planteado, que pudiera estar
ocurriendo en otras partes del país, o en América
Latina, siempre a manera de ejemplificación y en la espera
de buscar nuevas luces al respecto.
Pavia es una comunidad semirural, semiurbana, ubicada a las afueras
de Barquisimeto, en Venezuela; con una población aproximada
de 11 mil habitantes, muchos venidos de campos cercanos o de la
misma ciudad, con un estrato socio-económico en su mayoría
muy pobre.
Durante muchos años esta comunidad se caracterizó
por ser muy luchadora en la búsqueda y rescate del derecho
a la tierra. Los vecinos se fueron organizando en lo que significó
una ocupación selectiva de los espacios para poder vivir
y por otro lado el enfrentamiento contra los supuestos “derechantes”
(dueños) de estas tierras. La comunidad tenía líderes
muy capaces, surgidos de ella misma, que iban siendo punto de apoyo
para los vecinos, en momentos muy fuertes, algunos /as de los /as
cuales estuvieron presos /as varias veces por este tipo de acción
comunitaria. Como organización vecinal, sus lideres participaban
junto a otras comunidades con similares características,
de una red de organizaciones vecinales que buscaban un fin parecido.
Era por decir así, “una escuela popular” con
mucha importancia y un punto de referencia no solo a nivel local,
sino también nacional.
La cosa fue cambiando en el momento que habiéndose logrado
muchas de sus luchas reivindicativas, comenzó a llegar a
la comunidad, la posibilidad por parte de algunos entes del Estado,
de consolidarlo como barrio y la posibilidad de que llegaran los
servicios básicos tan anhelados (Electricidad, agua, empotramiento
de aguas servidas, servicio de salud, etc). En ese momento nos encontramos
con que esta organización vecinal, que había luchado
durante muchos años por el logro de todos esos beneficios,
no se había preparado para lo que significaba trabajar unidos
y sobre todo administrar juntos, en una estrategia conjunta, los
recursos que estaban por llegar y en torno a eso planificar los
proyectos a seguir. Por otro lado, se trasladaron los conflictos
tenidos con anterioridad con varios organismos públicos y
privados, con los cuales se enfrentaron, al interior de la propia
organización, viendo por todos lados “posibles enemigos”
y pocos aliados. Unido a esto afloró la búsqueda por
el control del poder de parte de los líderes mas connotados
de la comunidad, lo que dificultó más la relación
de trabajo y organización.
La urgencia de necesidad de respuestas inmediatas a problemas concretos
que iban apareciendo, unido a lo anteriormente señalado,
no permitió que se generara una mayor participación
por parte del resto de la población, como era de esperar.
La acción del organismo público encargado de llevar
adelante el levantamiento de algunos proyectos, llegó a su
término. Sin embargo, no se pudo concretar lo de la organización
y por tanto la ejecución de los mismos, aún cuando
se registró una asociación civil comunitaria para
estos fines.
Sin haber tenido la capacidad, ni el interés político
para reflexionar acerca de lo ocurrido, se cayó en algunas
oportunidades en acusaciones mutuas, que más bien hacían
más daño a la deteriorada organización. En
esas circunstancias a partir de las propuestas organizacionales
del Presidente, comenzaron a llegar a esta comunidad distintas proposiciones
organizacionales, entre ellas:
1. Las Mesas Técnicas de agua ( para abordar la problemática
de la distribución del agua en la zona)
2. Las UBES (Unidades de Batalla Electoral) como organización
para las elecciones.
3. Los CTU (Comités de Tierra Urbana) para la organización
del problema de la tenencia de la tierra.
4. Las Mesas Técnicas de energía para abordar el
problema de la electricidad y otros en las comunidades.
5. Las radios comunitarias como una forma de expresión
popular de la comunidad.
6. Últimamente se está abordando el tema de los
CONCEJOS COMUNALES como una forma de articular las demás
organizaciones.
¿Qué ocurrió entonces en esta comunidad?
Teniendo el antecedente anteriormente expresado y la no participación
de la comunidad, salvo muy pequeños grupos, este tipo de
organización no ha calado en la comunidad, o al menos hasta
el momento, no ha tenido esa capacidad, sobre todo por que quienes
las han estado promoviendo están deslegitimados como líderes
en la misma. Por eso, cada vez que se ha realizado una nueva convocatoria,
se han caído en contradicciones internas que más bien
generan un descontento, por parte de quienes participan en este
tipo de actividad.
En medio de esta situación nos planteamos varias interrogantes:
¿Es que esta comunidad es apática y ya no puede cambiar?
¿Sirven o no este tipo de organizaciones planteadas por parte
del Estado? Si hay debilidad, ¿Dónde está la
debilidad de este tipo de planteamiento? ¿Cómo y de
qué manera afrontar para poder motivar de nuevo a la comunidad
ante situaciones propuestas por este tipo de organizaciones?
Hay que hacer la salvedad de que en muchos lugares de Venezuela
varias de estas formas organizativas han tenido éxito en
las comunidades. Nos preguntamos inmediatamente: ¿Bajo qué
circunstancias? ¿Qué elementos ha habido en el contexto
que favorecieron a que se obtuvieran esos resultados? Retomando
a Garcés nos preguntamos ¿Cómo generar una
nueva forma de educación popular que tome en cuenta esta
realidad y la aborde bajo un nuevo esquema o paradigma, con nuevos
aportes, que contribuyan a propiciar una mayor participación
de la población? ¿Cómo romper con esos viejos
esquemas y como incorporar elementos subjetivos de quienes participan,
es decir del pueblo, en esta nueva visión?
CONVOCANTES O CONVOCADOS
Hasta no hace poco teníamos claro quien convocaba y quienes
eran los convocados. Al menos se pensaba que quien convocaba debía
reunir una serie de requisitos, un perfil para poder ser identificado
como tal. Muchos de nosotros /as, por la experiencia vivida, nos
considerábamos entre esos /as “privilegiados /as”
que sabíamos cuando convocar o no.
Resulta que las cosas han ido cambiando y los paradigmas no son
los mismos, prueba de esto es lo que hemos venido analizando hasta
el momento. Participamos en este nuevo momento en otro tipo de convocatoria
a la que no estábamos acostumbrados o al menos todavía
no terminamos de ubicar.
Pura, una amiga religiosa de muchos años de lucha social,
con quien compartimos algunas reflexiones al respecto, nos hizo
caer en cuenta de esta situación, al afirmar que hoy los
convocantes no somos necesariamente nosotros y eso tenemos que tenerlo
claro. El ser convocantes nos daba la “luz” de que se
debía hacer, cómo se debía hacer, quienes lo
iban a hacer, en qué tiempo se debía hacer y los resultados
que se debía obtener.
El problema surge cuando hoy nosotros somos convocados por nuevos
actores sociales y tenemos que participar como cualquier otro /otra
vecino /na, en el tipo de organización comunitaria que se
pretende lograr para un determinado fin. Esto lo traigo a colación
porque está ocurriendo una cosa muy interesante, al menos
en el caso de la comunidad a la cual he hecho referencia y que no
quiero dejar pasar por alto: La convocatoria está surgiendo
de personas que están participando en algunas de las misiones
educativas, en especial, en este caso, en la Misión Rivas(estudiantes
adultos de bachillerato), quienes hasta el momento no habían
tenido incidencia en el barrio y que motivados por lo que han ido
descubriendo en sus estudios, han comenzado a convocar a la comunidad,
en una búsqueda por ver si se des-tranca la situación
anteriormente planteada. A esta iniciativa se han ido uniendo otros
/as vecinos /as que se sienten “tocados” por la misma
situación. En esas circunstancias no solo han reflexionado
a nivel interno de sus grupos de estudio, sino que además
han comenzado a invitar a los demás a participar en espacios
de reflexión donde se propicie la participación de
todos los que se sientan llamados /as.
Inmediatamente surgen otras interrogantes: ¿Cómo
poder apoyar en esta nueva circunstancia? ¿Qué herramientas
usar para participar junto a los vecinos y propiciar la verdadera
participación, sin convertirnos en obstáculo, sino
más bien en provocadores de nuevas acciones? ¿cómo
facilitar el entendimiento y la internalización de que las
diferencias no nos hacen daño, sino más bien nos enriquecen
para la acción que se quiere realizar? ¿Cómo
contribuir a descubrir juntos /as el objetivo de lo que se quiere
alcanzar sin pretender ser nosotros /as la última palabra?
¿Cómo unir esfuerzos al respecto? Finalmente, ¿Cómo
aprender a “escuchar” sin tener nosotros bajo la manga,
ya una respuesta lista?
La democracia participativa y protagónica no es algo que
se logra como “soplar y hacer botellas”. Exige de nuestra
parte una sencillez de vida, un reconocer que no tenemos toda la
“verdad” con nosotros /as y que se hace necesario conseguirla
en colectivo. Es descubrir los nuevos actores que están apareciendo
en escena, como lo que ha ocurrido por ejemplo en el caso boliviano
con Evo y el movimiento indígena.
Siento que hay un gran trabajo que se puede hacer desde la Educación
Popular, al menos en el caso venezolano, es replantearnos este nuevo
momento que nos toca vivir y juntos empezar a compartir experiencias
que nos ayuden a ver nuevas salidas, hacia el modelo que buscamos
como país y como continente: El socialismo del siglo XXI.
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