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 El verdadero responsable del terrorismo
internacional / Medio siglo de terrorismo estadounidense contra
Cuba
por Salim Lamrani*
En su intervención durante la mesa redonda
sobre la creación del terrorismo internacional, en ocasión
del coloquio Axis for Peace 2005, Salim Lamrani hizo un balance
de las acciones secretas de Estados Unidos contra Cuba. Se trata
de un ejemplo que demuestra de manera indiscutible que Washington
practica el terrorismo internacional –actualmente y desde
hace mucho– aunque finge combatirlo.
Conferencia Axis for Peace 2005
Intervención de Salim Lamrani durante la mesa redonda
«Injerencia mediante la amenaza terrorista». De derecha
a izquierda aparecen Salim Lamrani, Zeina Fayad, Philip Berg y
Webster Tarpley.
El caso de Cuba tiene un carácter excepcional y único
en la historia del terrorismo internacional. Desde 1959 y hasta
nuestros días, Cuba ha sido víctima de una intensa
campaña de terrorismo, de sabotajes, de una invasión
armada, de una amenaza de guerra nuclear, de sanciones económicas
extremadamente severas y de una implacable agresión política,
mediática y diplomática [1].
Terrorismo internacional y sabotaje económico
Los documentos oficiales estadounidenses hoy desclasificados demuestran
que entre octubre de 1960 y abril de 1961 la CIA introdujo en Cuba
75 toneladas de explosivos, durante 30 misiones aéreas clandestinas,
y 45 toneladas de armas y explosivos, durante 31 infiltraciones
marítimas. La CIA realizó, durante ese corto período
de 7 meses, 110 atentados dinamiteros, colocó 200 bombas,
descarriló 6 trenes, quemó 150 fábricas y ocasionó
800 incendios de plantaciones.
Entre 1959 y 1997, Estados Unidos realizó 5,780 acciones
terroristas contra Cuba –804 de ellas son actos terroristas
de gran envergadura, entre ellos 78 bombardeos contra la población
que dejaron miles de víctimas.
Los atentados terroristas contra Cuba han costado la vida a 3 478
cubanos y dejado inválidos para siempre a 2,099 personas.
Entre 1959 y 2003, hubo 61 secuestros de aviones y barcos. Entre
1961 y 1996, 58 ataques a partir de vehículos marítimos
afectaron 67 objetivos económicos así como a la población.
La CIA ha dirigido y apoyado 299 grupos paramilitares conformados
por 4,000 individuos. Estos son responsables de 549 asesinatos y
han dejado miles de heridos.
En 1971, la agresión biológica provocó el
sacrificio y destrucción de medio millón de cerdos.
En 1981, la introducción del dengue hemorrágico provocó
344 203 víctimas y 158 fallecimientos, entre estos los de
101 niños. El 6 de julio de 1982, se registraron 11 400 casos
en un solo día.
La gran mayoría de estas agresiones fueron preparadas en
La Florida por la extrema derecha de origen cubano organizada y
financiada por la CIA.
Impunidad para los terroristas
Luis Posada Carriles [2], considerado por el FBI como «el
peor terrorista del hemisferio», goza de una enorme impunidad.
Se encuentra actualmente bajo la protección de la administración
Bush, aún siendo responsable de numerosos atentados. Venezuela
sigue exigiendo su extradición. Posada Carriles es el autor
del sangriento atentado cometido en Barbados contra un avión
civil, en octubre de 1976, que costó la vida a 73 personas.
Orlando Bosch, otro terrorista notorio, es responsable de decenas
de atentados. El 23 de junio de 1989, el Departamento de Justicia
declaró en un informe que la presencia de Bosch en Estados
Unidos era inadmisible. Poco después, luego de haber sido
duramente condenado por la justicia por actos de terrorismo, Bosch
fue amnistiado por el presidente Bush padre. Actualmente, se pasea
tranquilamente por Miami y aparece en diferentes medios de difusión
ante los cuales declara que aún sigue preparando atentados
contra Cuba.
El
caso de los Cinco
El 16 y el 17 de junio de 1998, el gobierno cubano invitó
a dos importantes responsables del FBI para entregarles numerosos
documentos que probaban la peligrosidad de 40 personas profundamente
implicadas en el terrorismo y que residen en La Florida. Hasta hoy,
y a pesar de las pruebas de que disponen, las autoridades estadounidenses
no han hecho nada respecto a ninguna de esas personas.
Tres meses más tarde, el 12 de septiembre de 1998, el FBI
arrestó a cinco cubanos: René González Sehweret,
Ramón Labañino Salazar, Fernando González Llort,
Antonio Guerrero Rodríguez y Gerardo Hernández Nordelo,
quienes, arriesgando sus vidas, habían logrado impedir la
realización de cerca de 170 atentados contra Cuba al advertir
a tiempo al gobierno de La Habana.
Un juicio inicuo
Los Cinco fueron acusados de espionaje. Sin embargo, la acusación
no les fue notificada formalmente hasta cuatro días después
de su arresto y luego del desencadenamiento de una enorme campaña
de prensa que los condenaba de antemano aún cuando el proceso
judicial ni siquiera había comenzado.
El 14 de septiembre de 1998, el Gran Jurado de La Florida los acusó
de haberse infiltrado en los grupos terroristas. Más tarde,
viendo que se trataba de un cargo insostenible desde el punto de
vista jurídico, el Jurado cambió de método
y acusó a los Cinco de 26 cargos, siendo el más grave
el primero (18 usc 371) que se refiere a una conspiración
para cometer delitos contra Estados Unidos. En el segundo cargo
se habla de espionaje. El tercero acusa a Gerardo Hernández
de homicidio voluntario, haciendo referencia a los hechos del 24
de febrero de 1996, cuando un avión en que se encontraban
cuatro miembros de la organización terrorista Hermanos al
Rescate fue abatido después de haber violado repetidas veces
el espacio aéreo cubano. El fiscal no pudo presentar la menor
prueba en apoyo de estos tres cargos. Los otros 23 son acusaciones
menores referentes al uso de identidades falsas, de no estar registrados
como agentes de una potencia extranjera. Estas no fueron rechazadas
por la defensa.
Desde el día que fueron arrestados y hasta el 3 de febrero
de 2000, o sea durante 17 largos meses, los Cinco fueron mantenidos
en celdas de aislamiento, sin contacto con otros detenidos. Fueron
confinados en calabozos durante todo ese tiempo sin contacto con
el exterior.
Ante la imposibilidad de probar que hubiesen cometido algún
acto de espionaje, el tribunal acusó a los Cinco de conspiración
con vistas a cometer actos de espionaje.
Un tribunal parcializado
Durante el juicio, el fiscal invocó la ley de procedimiento
para la información clasificada que permite mantener las
pruebas en secreto y no presentarlas a la defensa, aún siendo
estas utilizadas contra los acusados. Viendo que su acusación
era inconsistente, el fiscal repitió tres veces, con desmesurada
vehemencia, que los Cinco habían venido a Miami «para
destruir los Estados Unidos».
Los argumentos que demuestran que los Cinco no realizaron actividades
de espionaje no fueron presentados por la defensa sino por militares
estadounidenses de alto rango: el contralmirante Eugene Carroll,
de la Marina de Guerra de Estados Unidos; el general de división
Edwards Breed Atkeson, del Ejército de Estados Unidos, y
el teniente general James R. Clapper, de la Fuerza Aérea
de Estados Unidos.
Para justificar el cargo de conspiración para realizar actos
de espionaje, el fiscal utilizó el hecho que Antonio Guerrero
trabajaba en un taller metalúrgico de la base de entrenamiento
del ejército de Boca Chica. La defensa interrogó a
los altos responsables militares:
Pregunta de la defensa al contralmirante Eugene Carrol sobre
Boca Chica: «¿Qué informaciones sobre la táctica
y los entrenamientos de la marina de guerra de Estados Unidos
podría resultar de utilidad para el ejército cubano?»
Respuesta: «Que yo sepa, ninguna».
Preguntas al general Atkeson: «¿Existen diferencias
entre nuestra relación con el Pacto de Varsovia y la Unión
Soviética, y nuestra relación con Cuba?»
Respuesta de Atkeson: «Sí, existen diferencias».
Pregunta: «¿Cuáles son esas diferencias?»
Respuesta: «Los cubanos no constituyen una amenaza para
nosotros» (Recordemos la histeria del fiscal: «Vinieron
a destruir los Estados Unidos»).
Pregunta: «¿Qué relación hay entre
el temor a ser atacado y la búsqueda de información?»
Respuesta: «Pienso que ellos utilizan sus servicios de inteligencia
para descubrir si nosotros estamos realmente preparándonos
para atacarlos».
Pregunta: « Durante el examen que usted hizo de los documentos,
¿encontró usted documentos clasificados como secretos?».
Respuesta: «No».
Pregunta: «¿Encontró usted instrucciones
para que los agentes buscaran documentos que pudiesen perjudicar
a Estados Unidos?».
Respuesta: «No».
Preguntas al teniente general Clapper: «¿Está
usted de acuerdo en decir que el acceso a una información
pública no constituye un acto de espionaje?».
Respuesta: «Sí».
Pregunta: «Usted, con su experiencia en cuestiones de
inteligencia, ¿clasificaría a Cuba como una amenaza
militar para Estados Unidos?
Respuesta: « En lo absoluto. Cuba no representa una amenaza».
Pregunta: «¿Encontró usted alguna prueba
que indicara que Gerardo Hernández trataba de obtener informaciones
secretas?».
Respuesta: «Que yo recuerde, no».
Pruebas inexistentes
En lo tocante a Gerardo Hernández, acusado de asesinato,
el fiscal reconoció que «vistas las pruebas presentadas
durante el proceso, probar la implicación de Gerardo Hernández
constituye un obstáculo imposible para Estados Unidos».
Sin embargo, el jurado encontró a Gerardo Hernández
culpable de asesinato, a pesar de que el propio fiscal había
confesado su incapacidad para probar dicho cargo. No existe equivalente
alguno en la historia de la justicia estadounidense. Los Cinco fueron
condenados a largas penas a pesar de que fue imposible probar ninguno
de los cargos. En realidad, se trataba de un juicio político.
Penas extremadamente largas
Gerardo
Hernández Nordelo recibió una sentencia de dos penas
de cadena perpetua más 15 años de prisión.
Ramón Labañino Salazar fue condenado a cadena perpetua
más de 18 años de prisión. Antonio Guerrero
Rodríguez fue condenado a cadena perpetua más 10 años
de prisión. Estas tres personas tendrían que acabar
sus días en prisión y renacer de nuevo para cumplir
sus condenas, con excepción de Gerardo Hernández que
necesitaría tres vidas para estar en paz con la justicia
estadounidense. En cuanto a Fernando Fernández Llort, este
acusado fue condenado a 19 años de prisión y René
González Sehweret a 15 años. En total, los Cinco fueron
sentenciados a cuatro penas de cadena perpetua más 77 años
de prisión.
Numerosas violaciones jurídicas fueron cometidas durante
el proceso
Las violaciones jurídicas cometidas contra los Cinco son
extremadamente numerosas:
- No tuvieron acceso inmediato a un abogado después de ser
arrestados.
- Tuvieron que esperar más de dos días antes de disponer
de una representación jurídica.
- Fueron interrogados durante largas horas fuera de la presencia
de sus abogados.
- Fueron mantenidos 17 meses en régimen de aislamiento, lo
cual constituye una violación de las reglas penitenciarias
que prevén la aplicación del régimen de aislamiento
únicamente en el caso de asesinos y por un máximo
de 60 días.
- 20,000 páginas de pruebas presentadas contra ellos fueron
mantenidas en secreto.
- No pudieron tener contacto con sus abogados para la preparación
de su defensa.
- Varios testigos de cargo fueron amenazados de que serían
acusados como cómplices si revelaban informaciones a la defensa.
- El proceso se realizó en Miami, a pesar del ambiente extremadamente
politizado que existe en esa ciudad en cuanto a todo tema que tenga
que ver con Cuba.
- Antes del comienzo del juicio, se desató una violenta campaña
de propaganda en la que se acusaba a los Cinco de espionaje. Según
un sondeo realizado en aquel momento, el 79% de las personas consultados
admitieron estar predispuestas en contra de los acusados.
- Los miembros del jurado fueron amenazados de muerte en acusa de
que se les ocurriera absolver a los acusados, como lo demuestran
varios artículos de la prensa local [3].
- El jurado dio pruebas evidentes de estar parcializado. Lo integraban
12 miembros. El presidente del jurado había declarado que
estaba contra «la dictadura de Fidel Castro». Los otros
11 tenían opiniones similares.
Grupúsculos terroristas protegidos
Además de constituir una acción política contra
Cuba, el juicio tenía como objetivo proteger a las organizaciones
terroristas, como lo demuestran las declaraciones surrealistas de
la jueza Joan A. Lenard. El fiscal le propuso a René González,
condenado a 15 años por haberse infiltrado en los grupos
terroristas, que prestara un testimonio falso contra sus compatriotas
a cambio de la liberación. Este se negó categóricamente.
La jueza expresó su «preocupación porque ese
acusado, después de haber cumplido su condena, retomará
sus actividades». La jueza agregó entonces a la condena
de 15 años la «condición especial adicional
de prohibirle relacionarse con individuos o grupos terroristas,
miembros de organizaciones que prediquen la violencia, figuras del
crimen organizado o visitar lugares específicos frecuentados
por éstos». El tribunal reconoce explícitamente
que Miami es refugio de «individuos o grupos terroristas»
y que nada se hace al respecto, aunque el presidente Bush le ha
declarado la «guerra al terrorismo».
Condenas anuladas y detenciones arbitrarias
En abril y mayo de 2003, la defensa comenzó el proceso de
apelación ante la Corte de Atlanta. El 27 de mayo de 2005,
el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de las Naciones
Unidas declaró que la detención de los Cinco es arbitraria
y violatoria del Derecho Internacional. El 9 de agosto de 2005,
la Corte de Apelación del Onceno Circuito de Atlanta anuló
el juicio realizado en primera instancia y desde entonces los Cincos
no sólo están encarcelados injustamente sino que también
están encarcelados ilegalmente.
Casos de tortura sicológica y moral
Varias formas de tortura sicológica y moral han tenido lugar
en contra de las familias de los Cinco. Olga Salanueva, esposa de
René González, y su hija Ivette no han podido visitar
nunca al prisionero. Adriana Pérez O’Connor, esposa
de Gerardo Hernández, no ha podido visitar todavía
a su esposo. Hace cerca de ocho años que estas mujeres no
han podido ver a sus cónyuges. El trato que se le ha dado
a Adriana constituye realmente un caso de tortura sicológica.
El 25 de junio de 2002, después de cinco años de espera,
se le otorgó una visa para visitar a su esposo, entonces
detenido en Los Ángeles. Pero a su llegada a Estados Unidos,
Adriana fue arrestada por el FBI, interrogada durante 11 horas y
expulsada hacia Cuba.
Para justificar tales iniquidades, el gobierno de Estados Unidos
ha declarado que Olga Salanueva y Adriana Pérez no pueden
obtener la visa porque ambas representan una amenaza para su seguridad
nacional. Hasta la pequeña Ivette, de ocho años, que
no conoce aún a su padre, representa un grave peligro para
la seguridad nacional de Estados Unidos, según el Departamento
de Estado.
Para obstaculizar las visitas consulares a los Cinco, estos últimos
han sido situados en prisiones que se encuentran en los cuatro extremos
del país: Gerardo Hernández, en California; Antonio
Guerrero, en Colorado; Fernando González, en Wisconsin; Ramón
Labañino, en Texas, y René González, en Carolina
del Sur.
La legislación estadounidense y el derecho internacional
son pisoteados
El juicio contra los Cinco viola la Constitución de Estados
Unidos, las Regulaciones del Buró Federal de Prisiones, la
Declaración sobre la Protección contra la Tortura
y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, la Convención
de Viena sobre los Derechos Civiles y Políticos, la Convención
sobre los Derechos del Niño, las Reglas Mínimas de
la ONU sobre el Trato a Prisioneros y la Convención Americana
de Derechos Humanos.
El doble rasero de los medios internacionales
Washington otorga refugio en su territorio a grupúsculos
terroristas que desarrollan una guerra implacable contra la Revolución
Cubana. Esas entidades fascistas actúan abiertamente y con
toda impunidad ya que han gozado históricamente del apoyo
de la Casa Blanca. El episodio de Luis Posada Carriles, quien se
encuentra en Estados Unidos desde mediados de marzo de 2005, a pesar
de que los tribunales estadounidenses le prohibieron la estancia
en el territorio de ese país a causa de sus actividades terroristas,
ha puesto nuevamente en evidencia la mentira que constituye la «guerra
contra el terror».
Sin embargo, el doble rasero que Estados Unidos aplica en su «lucha
contra el terrorismo», que en realidad no es sino un subterfugio
que esconde sus aspiraciones hegemónicas, se extiende también
a los medios internacionales que avalan, asimilan y aplican la doctrina
del «terrorista bueno y el terrorista malo». Los medios
internacionales se hacen así cómplices de una maniobra
global y ratifican de hecho los planes imperialistas estadounidenses.
Ese complot mediático salta a la vista. ¿Cómo
es posible que en pleno auge de la «guerra contra el terrorismo»
las transnacionales de la información y de la difusión
no aborden el caso de Cuba, el país que ha sido y es víctima
de la campaña terrorista más larga y feroz de la historia
moderna?
¿En nombre de qué amnesia ideológica se ha
abstenido la prensa internacional de recordar, luego de los ataques
del 11 de septiembre de 2001, el sangriento atentado cometido el
6 de octubre de 1976 contra un avión comercial de Cubana
de Aviación en Barbados cuando se trata de uno de los primeros
actos de terrorismo aéreo de la historia? ¿Cómo
puede concebirse que en momentos en que Estados Unidos alberga y
protege a Luis Posada Carriles, los medios internacionales prefieran
otorgar amplia cobertura a la reunión de un grupito de «disidentes»
cubanos financiados y controlados por Washington, como demuestran
los propios documentos del Departamento de Estado norteamericano?
El tratamiento mediático del problema del terrorismo confirma
no sólo el doble discurso actual sino también la falsedad
de la «guerra contra el terror». Si la «lucha
contra el terrorismo» tuviera algún fundamento, el
conjunto de los medios internacionales denunciaría la implacable
campaña terrorista que los sucesivos gobiernos estadounidenses
desencadenaron contra el pueblo cubano desde 1959. La censura del
terrorismo contra Cuba, de lejos la más sofisticada, ilustra
claramente la duplicidad de la prensa occidental.
La selectividad probada de los medios no hace más que resaltar
más fuertemente aún la atmósfera doctrinal
reinante en las redacciones del mundo entero. El escándalo
de los cinco ciudadanos cubanos encarcelados en Estados Unidos es
ejemplar. Si las sociedades occidentales fuesen intelectualmente
libres, denunciarían el trato cruel e inhumano dado a los
Cinco. Sin embargo, ese escándalo judicial ha sido totalmente
suprimido de los espacios de los medios dominantes.
Las noticias tienen que atravesar un filtro ideológico que
demuestra cuán profundamente arraigados están los
fundamentos del autoritarismo en las estructuras de los medios internacionales.
En realidad, la prensa, que se supone debe ofrecer una información
fidedigna, no es más que una herramienta de control del pensamiento
y de las ideas ya que descarta sistemáticamente debates tan
importantes como el basamento y la legitimidad de una guerra terrorista
emprendida contra una nación que escogió el camino
de la independencia y la autodeterminación. Simplemente no
se habla de los temas fundamentales, como el derecho de Cuba a defenderse
contra las constantes agresiones.
La prensa francesa llevó la indecencia al extremo de calificar
a Luis Posada Carriles de «combatiente anticastrista»,
de «acusado de terrorismo» o, en lo que es el colmo
de la hipocresía, de «ex terrorista». ¿Existe
acaso la prescripción en materia de terrorismo? Nadie denuncia
ese crimen semántico, lo cual demuestra que las barreras
doctrinales funcionan a la perfección. ¿Qué
pasaría si Osama Bin Laden fuese calificado de «anti
Bush», de «acusado de terrorismo » o de «ex
terrorista»? El escándalo que desatarían tales
calificativos estaría a la altura de la complicidad de los
medios sobre el tema de Posada Carriles.
De cierta manera, los grandes grupos de prensa se hacen cómplices
del terrorismo ya que para ellos los sangrientos hechos contra Cuba
no revisten importancia alguna. En la medida de lo posible, los
horrores cometidos en nombre de una aversión antirrevolucionaria
se mantienen en silencio. Y cuando es imposible seguir ocultándolos,
se les minimiza y los criminales responsables son mediáticamente
absueltos con toda impunidad, como lo demuestran los términos
utilizados para referirse al peor terrorista del continente americano.
La prensa acepta tácitamente justificar determinado tipo
de violencia y denunciar lo que ella misma califica de terrorismo
arbitrario. Todo dependen de quién sea la víctima:
si es europea o estadounidense, los responsables son criminales
sin Dios ni ley; si la víctima es cubana, los responsables
se convierten en personas «acusadas de terrorismo»,
en «anticastristas» o en «ex terroristas».
La opinión pública es el blanco primordial de esta
tiranía mediática.
El marco ideológico establecido dentro de los propios medios
censura las razones verdaderas. De esa forma, la prensa, propiedad
de los grandes grupos económicos y financieros, presenta
características despóticas que constituyen un peligro
para el porvenir de la humanidad.
*Salim
Lamrani: Periodista, investigador de la Universidad Denis-Diderot
en París y está especializado en las relaciones de
Cuba y Estados Unidos.
[1] Del mismo autor y sobre el mismo tema ver: Salim Lamrani (edited
by), Superpower Principles: U.S. Terrorism against Cuba (Monroe,
Maine: Common Courage Press, 2005); Salim Lamrani (bajo la dirección
de), Washington contre Cuba: un demi-siècle de terrorisme
et l’affaire des Cinq (Pantin: Le Temps des Cerises, 2005);
Salim Lamrani (editor), La guerra contra el terrorismo y el caso
de los Cinco (Barcelona: El Viejo Topo, 2005); Salim Lamrani (compilador),
Terrorismo de Estados Unidos contra Cuba. El caso de los Cinco
(La Habana: Editorial José Martí, 2005).
[2] «Les confessions de Luis Posada Carriles», Voltaire,
14 de junio de 2005.
[3] El Nuevo Herald, «Miedo a ser jurado en juicio de espías»,
2 de diciembre del 2000
http://www.voltairenet.org/article131916.html
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