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 Concepciones pedagógicas
de Herminio Almendros
Por Lic. Tania Bess Reyes y Yaritza Aldana Aldana
Herminio Almendros, uno de los más grandes estudiosos de
la lengua española, un escritor prestigioso y un pedagogo
ejemplar compartió durante sus años de trabajo en
Cuba con dos holguineros que supieron tomar su maravilloso ejemplo.
Elsa y William Cruz constituyen hoy maravillosas fuentes de transmisión
oral del conocimiento sobre la vida profesional de Herminio Almendros.
Ella, una excelsa educadora que impartió clases de enseñanza
de la lengua materna fue su compañera de trabajo y amiga
personal; él, actualmente profesor de lengua materna fue
su estudiante. Ambos tienen cariñosos recuerdos y muy buen
criterio sobre su labor educativa, basados en las ideas de Almendros
con respecto a la enseñanza y que debieran ser objeto de
análisis por los actuales educadores.
Opina Elsa Cruz que: “era muy humano, de las pocas personas
que saben enseñar, siempre tuvo buenas relaciones humanas
con sus compañeros, era muy afable“.
Decía que “a un alumno nunca se le podía dar
cero en una calificación: su respuesta había que analizarla,
valorarla, porque algo tenía que tener positivo y había
que ver el estado de ánimo, pues, quizás no fuera
desconocimiento.” Criterio que se tiene en cuenta actualmente
en Cuba con las transformaciones actuales en la enseñanza
en que se prioriza el aprendizaje del estudiante
Cuenta también que para él “el maestro debía
darle gran importancia a su autopreparación y autosuperación
después de graduado, esto era más importante que los
años en la carrera” y, en realidad, los maestros deben
tener como premisa el estudio constante, pues, este es la base de
su desarrollo y la garantía de la actualización del
conocimiento.
Por otra parte escribió que “para la enseñaza
del idioma había que partir de la lengua materna, de lo que
el alumno supiera por haberlo aprendido en la casa, en la comunidad,
porque, de buenas a primera, el maestro no podía transformarle
el conocimiento.” Realmente, este es el medio donde el alumno
se desenvuelve cotidianamente, por lo que es el que más influye
en él. Sería descabellado no otorgarle la importancia
que tiene. Además, la enseñanza de la lengua debe
ser muy práctica y si los hablantes se expresan constantemente
en forma escrita y oral, con predominio de esta última, cómo
se va a pretender enseñarle reglas sin saber si responden
a las necesidades del alumno.
Con respecto a los estudiantes decía que: “al alumno
no debía decírsele nunca está mal sino vamos
a ver cómo se escucha mejor.” Ciertamente, los tiempos
en que se pensaba que las letras entran con sangre, quedaron atrás.
Los nuevos tiempos han demostrado que la educación es una
obra de paciencia e infinito amor. Cuando se trabaja con la subjetividad
del estudiante los resultados son positivos. No se puede olvidar
jamás que primero que todo son seres humanos.
Para
Elsa Cruz, Herminio Almendros se ganaba el cariño de los
maestros porque para señalar algo lo hacía con justeza
y delicadeza, de tal forma que todos reconocían su error,
era un buen pedagogo, un metodólogo muy exigente que en un
análisis de una clase era muy profundo y analizaba lo metodológico,
lo cognoscitivo, por lo que pudiera aportar experiencia más
o menos para el alumno” y tenía razón porque
el alumno es la esencia del trabajo del maestro, así que
todo su pensamiento debe estar encaminado al bienestar de este.
Cuenta William Cruz que Herminio Almendros “era un excelente
profesor de lengua, cautivaba con su lectura, concebía el
estudio gramatical no como doctrina sino como elemento eficaz para
el dominio de la lengua. Escribió muchos libros con intención
gramatical, a los cuales posteriormente criticó severamente,
aludiendo que “lo había hecho por necesidad económica”.
En lo personal considera que “era una excelente persona,
comunicativo, cordial, educado, capaz. Entre las tantas cosas que
aprendí de él, aprendí a revisar una composición
en el sentido integral de la palabra, también aprendí
que cualquier acto de la palabra cuando es propia es un hecho creador.”
Por otra parte, Elsa Cruz pudo intercambiar con el maestro un poco
más a través de cartas. Narra que al pedírsele
una autobiografía expresó: “Las biografías
se hacen de personas notables y yo soy un hombre humilde, sin especiales
méritos. ¿Cómo voy a hacer una biografía
de mí? Eso sería una pretensión que repugna
a mi ánimo”. No obstante le envió algunos datos:
“Tengo 75 años. Nací en España, pueblo
manchego, me dediqué desde joven a la enseñanza en
sus distintos niveles. Escribí algún libro para muchachos
en cuestiones pedagógicas. En el año 1939, inmediatamente
después de la guerra y el triunfo del fascismo pude llegar
a Cuba en calidad de exiliado. Aquí he trabajado siempre
en la enseñanza. Siento el honor de haber trabajado unos
años como profesor de la Universidad de Oriente. Llevo en
Cuba cerca de 40 años, la mayor parte de ellos como ciudadano
cubano (desde 1930). También aquí he publicado libros
para niños pequeños y mayores, así como, temas
educacionales y pedagógicos.
De su vida familiar le contó:
“No sé si le dije que hice un viaje a España
con María a ver a nuestra familia. Muy buen viaje. Tuvimos
la satisfacción de ver a nuestros familiares, y yo la muy
honda de verlos en mi entrañable lugarcito manchego. Esto
hace ya más de un año.”
Ahora tenemos en casa un nietecito de 6 años que ya va a
la escuela. Es una preocupación, pero es una gozosa compañía.”
Ya contaba 75 años y todavía se preocupaba por seguir
aportando a la enseñanza y por seguir escribiendo, independientemente
de su atención a la familia. Indudablemente, Herminio Almendros
fue uno de esos pedagogos selectos con que pudo contar la obra de
la Revolución Cubana, un ejemplo de solidaridad, un maestro
en todos los momentos de su vida, cuyas enseñanzas trascienden
las fronteras de su país, pues, sus ideas pedagógicas
tienen carácter universal.
Enviado por sus autoras
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HERMINIO ALMENDROS
Jesús Gómez Cortés
Herminio Almendros (Almansa, 1898-La Habana, 1974)
[…] cursará estudios de magisterio en Albacete y Alicante,
hará el servicio militar en África en plena escalada
bélica en Marruecos, continuará su formación
en la selectiva Escuela de Estudios Superiores del Magisterio de
Madrid, donde terminará como número uno de su promoción,
frecuentará el Ateneo y se embeberá del ambiente intelectual
de la capital, asumiendo los ideales de la Institución Libre
de Enseñanza; obtendrá su primer destino profesional
en Villablino (León) como director de un centro de la Fundación
Sierra Pambley, dependiente de la I.L.E.; allí se casará
con María Cuyás, una alumna de la misma Escuela de
una promoción posterior a la suya; en 1929, obtienen destinos
como inspectores de enseñanza primaria en Lérida;
tras un fugaz paso por Huesca, ambos terminarán como inspectores
en Barcelona, donde colaborará con la recién creada
Sección de Pedagogía de la Universidad de Barcelona
apostando decididamente por la introducción y difusión
de la pedagogía Freinet: su libro La imprenta en la escuela
(1932) fue la primera obra que se publicó sobre estas técnicas
en lengua no francesa; en 1936, será nombrado inspector-jefe
y participó en el proyecto del "Consell de l’Escola
Nova Unificada" que estructuraba todos los niveles educativos
desde preescolar hasta la Universidad; en enero de 1939, atravesará
los Pirineos en dirección a Francia acompañado por
el filósofo José Ferrater Mora, con quien tenía
una entrañable amistad; fue acogido por la familia de Freinet
pero las precarias circunstancias del momento le impulsan a marchar
de nuevo.
Por mediación de su íntimo amigo Alejandro Casona
partirá hacia Cuba. […] en 1952 se doctora por la Universidad
de Oriente en Santiago, con una tesis titulada La inspección
escolar y pasó a trabajar como asesor en el Ministerio de
Educación cubano; la dictadura de Batista supuso perder su
puesto, pero es contratado por la UNESCO y destinado a la Escuela
Internacional de la Organización de Estados Americanos, ubicada
en Rubio (Venezuela). Regresó a Cuba unos días antes
del triunfo de Fidel Castro; el nuevo ministro de educación,
Armando Hart, le nombró su principal asesor como Director
General de Educación Rural; posteriormente fue delegado de
la Editora Nacional y Director de la Editora Juvenil. Desde este
puesto impulsó la publicación de libros de lectura
para niños en los que supo conjugar el atractivo de la historia
con la calidad literaria y la intencionalidad educativa. El valor
literario de la obra de Almendros es tal que el paso del tiempo
no ha disminuido su atractivo e interés; por otro lado, el
aprendizaje de la lengua como instrumento de comunicación,
fue uno de los temas que más le preocupó. Su trayectoria
como escritor es de carácter enciclopédico: publicó
más de 40 obras, sin contar varios centenares de artículos
periodísticos y prólogos de libros; pero de entre
toda ésta fecunda labor, los libros de divulgación
sobre José Martí -el padre de la independencia cubana
en el 98-, junto a los libros de lectura infantiles, le proporcionaron
fama en toda la América Latina; en 1981, en una encuesta
entre los alumnos de enseñanza secundaria cubanos, Herminio
Almendros era el tercer escritor más conocido en una lista
encabezada por Julio Verne e Isaac Asimov.
Fragmentos del trabajo: HERMINIO ALMENDROS y la Generación
del 27. Almansa, por Jesús Gómez Cortés
Imágenes tomadas del mismo trabajo:
Herminio Almendros con Sartre Cuba 1960
Herminio Almendros Habana 1940
Fuente: http://www.jccm.es/edu/ies/halmendros/elcentro.htm
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