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 La Asociación de Bibliotecas
Norteamericanas (ALA), Cuba y los amigos de Kent
En el pasado mes de febrero, este boletín publicó
un artículo
que reflejaba la respuesta del actual Presidente de la Asociación
de Bibliotecas Americanas a una infundiosa noticia de Robert Kent,
en la que celebraba la grosera actitud del escritor rumano Codrescu,
su nuevo acólito.
También de febrero es este artículo
aparecido en el Wall Stret Journal, en que se continúa la
campaña contra ALA. Desafortunadamente, en su honesto empeño
por limpiar la imagen de la Asociación, el Sr. Gorman, defendiendo
la justa y profesional postura de ALA, junto al resto de la comunidad
de bibliotecarios del mundo, refrendada en la Resolución
de Boston 2001 sobre Cuba, equivoca el argumento y parece aceptar
que se trata de bibliotecarios cubanos, y no de falsos bibliotecarios
que representan la agenda política del gobierno de los Estados
Unidos contra Cuba, por lo cual reciben un salario. Al hacerlo se
contradice con lo expresado en su carta a Kent, donde decía
que prestar libros no hace a nadie bibliotecario:
“El Señor Codrescu parece compartir su curiosa
ilusión de que todo el mundo que presta un libro a otra
persona es un "bibliotecario". Pocos piensan igual.”
http://www.bnjm.cu/librinsula/2006/febrero/110/noticias/noti1244.htm
Señora Bibliotecaria
Wall Stret Journal: 10 de febrero de 2006; Página W11
El 10 de marzo caducan nuevamente algunas secciones del Acta
Patriótica. Una cláusula importante es la Sección
215, de las más famosas por la supuesta amenaza que representa
para los patrocinadores de las bibliotecas. Entre todos los panoramas
de horror levantados por los críticos del acta, ocupa un
lugar preponderante el espectro de los agentes federales adentrándose
en las bibliotecas públicas y las librerías para
vaciar las cajas contadoras y revisar los e-mails de los americanos
ordinarios.
Para el registro, la Sección 215 no señala las
bibliotecas, pero relaciona las demandas oficiales para "cosas
tangibles" (incluyendo libros, archivos, papeles, documentos
y otros artículos). No se conoce que la cláusula
haya sido invocada todavía contra una biblioteca; y el
Congreso planea agregar privacidad adicional y garantías
del debido proceso.
Todavía no vemos que la controversia haya terminado, por
lo que este puede ser un buen momento para repasar las credenciales
de algunos de los que más se preocupan acerca del Acta
Patriota y las invasiones de la privacidad, incluyendo la Asociación
de Bibliotecas Americanas. Al oír las conversaciones de
ALA, los bibliotecarios son el último baluarte en la defensa
de nuestras queridas libertades civiles contra los ataques del
gobierno. Dos recientes ejemplos muestran nuevamente que estos
guardianes del bienestar público establecido pueden ser
muy selectivos sobre las personas y derechos que ellos escogen
proteger.
Un ejemplo vino de Newton, Massachusetts, el 18 de enero, después
de que alguien usó una computadora de la biblioteca pública
para mandar un email de amenaza de ataque terrorista a la Universidad
de Brandeis. Muchos edificios escolares fueron evacuados y los
agentes del FBI se apresuraron a la biblioteca esperando rastrear
en tiempo al remitente del email para prevenir un ataque. Una
vez allí, sin embargo, les fue impedida la entrada durante
nueve horas por Kathy Glick-Weil, directora de la biblioteca,
porque no tenían una orden. El alcalde de Newton elogió
después a la señorita Glick-Weil por "proteger
el sentido de privacidad de muchos, muchos usuarios inocentes
de las computadoras", más importante, parece, que
proteger las vidas de muchas, muchas personas inocentes que podrían
haber muerto si la amenaza hubiera resultado ser inminente.
Más revelador que el juicio horrible de un solo bibliotecario
es la lengua viperina de ALA cuando exige defender todas las libertades
de las bibliotecas. Desde 1998, las autoridades cubanas han arrestado
y encarcelado a los ciudadanos que operan las "bibliotecas
independientes", y destruido sus colecciones. A menudo establecidas
en casas, estas bibliotecas proporcionan libros y otras informaciones,
como la Declaración Universal de Derechos Humanos, considerada
delictiva por la dictadura comunista.
Organizaciones de los derechos humanos, incluyendo Amnistía
Internacional, han condenado la represión y llamaron a
la liberación de los bibliotecarios. ALA todavía
se niega a reconocer el sufrimiento de los homólogos cubanos.
Aparentemente acepta la afirmación del gobierno cubano
de que los "disidentes" no califican como bibliotecarios
y de que la libertad de información florece en la isla.
Un gato saltó fuera de la bolsa en la reunión de
ALA en San Antonio, sin embargo, cuando Andrei Codrescu, escritor
de procedencia rumana, condenó a la organización
por abandonar a los bibliotecarios independientes: “¿Es
esta la misma Asociación de Bibliotecas Americanas que
se mantuvo contra la censura y por la libertad de expresión
en todas partes?”. Para añadir insulto sobre injuria
a la ira de los lideres de ALA, una posterior votación
informal en un boletín electrónico sugirió
que el 75% de los bibliotecarios quiere que la organización
respalde a los cubanos.
El domingo, el Presidente de ALA, Michael Gorman, envió
un correo al editor del boletín electrónico para
decir que "estaremos mejor sin esas encuestas". Eso
huele a censura de las mismas personas que nos brindan "Semanas
de libros prohibidos". Una organización que clama
acerca de los escalofriantes efectos de la Sección 215
sobre los usuarios de las bibliotecas, también parece bastante
hipócrita cuando sus propios miembros-lectores son desanimados
de circular sus opiniones abiertamente.
Recordar todo esto en marzo, o en cualquier momento que ALA nos
diga que, sobre el tema de la libertad, los bibliotecarios son
los que más saben.
La Asociación de la Biblioteca Americana responde a
la editorial Wall Street Journal
(CHICAGO) La Asociación de Bibliotecas Americanas (ALA),
el Presidente Michael Gorman y la oficina de Información
Pública, han enviado la siguiente respuesta al artículo
del 10 de febrero del Wall Street Journal:
Estimado Editor:
Su editorial ("Señora Bibliotecaria", del 10
de febrero) groseramente tergiversó a la Asociación
de Bibliotecas Americanas (ALA) en varios temas.
ALA nunca ha dicho que el Acta Patriota Americana señale
a las bibliotecas, más bien esos archivos de la biblioteca
son diferentes de otros "archivos comerciales" dirigidos
por la Sección 215. De hecho, cada estado tiene leyes u
opiniones legales que reconocen la confidencialidad de los archivos
de la biblioteca porque son diferentes. Nosotros siempre hemos
mantenido que esa Sección 215, la cual le permite a las
agencias gubernamentales exigir acceso secreto a los archivos
de las bibliotecas y librerías (y también a los
archivos médicos, educativos, y financieros), es hostil
a los derechos constitucionales básicos.
No tiene sentido simplemente que el FBI pueda pedir archivos,
sin demostrar causa probable o sospecha individualizada, o que
el blanco de la búsqueda esté prohibido revelarlo
a alguien para prevenir cualquier vigilancia verdadera de las
actividades de la agencia.
El editorial promueve el engaño no diciéndoles a
los lectores que el FBI había declarado que no había
peligro inminente cuando la orden fue pedida por la directora
de la Biblioteca Libre de Newton. De hecho, oficiales de la biblioteca
ayudaron a los agentes de la ley a determinar qué computadoras
se podrían haber usado; entonces, de acuerdo con la ley
estatal y la garantía de la Cuarta Enmienda, pidió
una orden judicial antes de entregar las computadoras. El FBI
nunca exigió circunstancias de emergencia que probablemente
no habrían resistido escrutinio judicial. Yo habría
respondido de la misma manera en la puerta de mi biblioteca o
de mi casa.
En cuanto a las acusaciones en lo concerniente a la posición
de ALA con respecto a los bibliotecarios cubanos disidentes, el
Consejo de la escena política de ALA, que comprende a 182
miembros con vistas divergentes, ha adoptado consecuentemente
la misma posición con respecto a Cuba que la Federación
Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias y,
específicamente, ambas organizaciones han pedido al gobierno
cubano "respetar, defender y promover los derechos humanos
básicos definidos en el Artículo 19 de la Declaración
Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas".
No hubo ningún intento por mí o nadie más
por censurar las "encuestas" hechas por nuestro periódico
Bibliotecas Americanas y, de hecho, las encuestas todavía
están haciéndose. Que un periódico nacional
deba usar esas cantidades en chismografía de oficina con
el propósito de crear hechos para sostener un sin caso,
es despreciable.
La mayoría de los más de 66 000 miembros de ALA
son ciudadanos americanos, educados, patriotas y especializados
en el flujo libre de información exacta, en los Estados
Unidos y en cualquier parte. El periódico serviría
mejor a sus lectores mirando a ALA en esta dirección en
lugar de pintarla con la gorda brocha del estereotipo.
Michael Gorman, Presidente,
Asociación de las Bibliotecas Americanas
Para su inmediata difusión, según el sitio oficial
de ALA
Febrero 17, 2006
http://www.ala.org/Template.cfm?Section=News&template=/ContentManagement
/ContentDisplay.cfm&ContentID=116854
De Lista de Distribución Cuba Inside Out
Karen Lee Wald *
Hace muchos años escribí un artículo sobre
Cuba en el Guardián (NY) qué corrió con el
titular "Ellos dicen mentiras absolutas; nosotros debemos
decir la verdad". Eso es una verdad hoy como lo fue entonces:
ellos no tienen absolutamente ningún escrúpulo no
sólo hilando, torciendo y tergiversando información,
sino también alimentando las mentiras públicas que
la mayoría desgraciadamente, tratan de tragar (incluso
muchos que están supuestamente en la izquierda). Debajo
usted encontrará un artículo del Wall Street Journal
y una respuesta de Michael Gorman, Presidente de la Asociación
de Bibliotecas Americanas. Por supuesto, Gorman no puede refutar
todo lo malo de las intenciones engañosas del WSJ en una
carta al editor, pero es una pena que siendo forzado a una posición
defensiva (las imputaciones del WSJ de hipocresía por no
defender los "derechos" de los llamados "bibliotecarios"
en Cuba), él sentía que tenía que limitarse
a señalar que las asociaciones de bibliotecas americanas
e internacionales habían expresado preocupación
una vez por los "disidentes" y habían pedido
al gobierno cubano que mostrara respeto por el Artículo
19 del la Declaración Universal de Derechos Humanos de
la ONU. Dicho artículo dice que todos tenemos el derecho
a la libre expresión y a obtener y divulgar información
e ideas a través de cualquier medio de comunicación.
Sin entrar en las implicaciones de ese artículo en una
época donde el monopolio de los medios de comunicación
corporativo es casi absoluto en la mayoría del mundo, merece
la pena por lo menos puntualizar que aquéllos que alzan
la voz por este derecho en particular de ninguna forma aceptan
como derechos los económicos, sociales y culturales definidos
en la declaración. Por ejemplo, los artículos 22-26
afirman que los seres humanos tienen el DERECHO a la comida y
alojamiento, cuidado de salud, educación ("la educación
más alta será igualmente accesible a todos en base
al mérito... se dirigirá la Educación al
desarrollo pleno de la personalidad humana y a fortalecer el respeto
por los derechos humanos y las libertades fundamentales. Promoverá
comprensión, tolerancia y amistad..."), trabajos (¡con
una paga justa y paga igual para trabajo igual!), etc...
El WSJ y aquéllos que representa no tienen absolutamente
ninguna consideración por la verdad. Uno de sus alegatos
es este: "... estas bibliotecas [sic] proporcionan libros
y otra información, como la Declaración Universal
de Derechos Humanos, considerada delictiva por la dictadura comunista."
Si nosotros analizamos esa declaración parte por parte
se desploma en pedazos..., empezando con el cargo de que Cuba
es una "dictadura comunista". La Declaración
Universal de Derechos Humanos no es considerada "delictiva"
por el gobierno cubano. Usted puede leerla en una VERDADERA biblioteca
pública en Cuba y puede encontrarla en muchos estantes.
Las llamadas "bibliotecas" referidas por el WSJ no son
ni siquiera bibliotecas en el sentido normalmente aceptado del
término (significando lugares públicos apoyados
por fondos públicos para prestarle libros al público,
libres de cargo). Ellas son colecciones muy selectivas, colecciones
privadas en casas privadas de personas que se oponen al gobierno
cubano o ven algún beneficio personal tomando esa posición.
Ellos están casi completamente financiados por los fondos
del gobierno de EE.UU. (como AID) y alcanzan a los llamados "bibliotecarios"
a través de la Sección de Intereses de EE.UU. en
La Habana o los emisarios de los grupos de la extrema derecha
cubano-americana.
Para su crédito, Gorman termina su carta señalando
que los miembros de la Asociación de Bibliotecas están
dedicados al "flujo libre de información EXACTA"...
una distinción importante de aquéllos que torcerían
las palabras y constituirían hechos para satisfacer su
agenda.
k/w
Karen Lee Wald, escritora, activista, educadora, ha estado explicando,
defendiendo y enseñando durante más de treinta años
sobre la historia y la realidad de la Revolución en Cuba.
**
BIBLIOTECARIOS
“INDEPENDIENTES”
Del país de Drácula, un apoyo para el agente Robert
Kent
Por Jean Guy Allard
Al colaborador de la CIA Robert Kent, inventor del grupúsculo
"Friends of Cuban Libraries" que se dedica a desinformar
a las organizaciones de bibliotecarios sobre el tema de Cuba,
se le ha asignado un nuevo ayudante. Prosiguiendo en su plan de
asociarse a Europeos del Este para atacar al socialismo cubano,
el obsesivo neoyorquino ha realizado su última operación
contra la American Librarian Association (ALA) en compañía
del poeta norteamericano de origen rumano Andrei Codrescu.
El individuo es el tercer seudo europeo del Este reclutado por
Kent con su idea fija de crear un paralelo entre Europa del Este
y Cuba a todo costo, una maniobra que corresponde sin duda a una
estrategia del think tank anticubano que mantiene en su cuartel
general de Langley, Virginia, la Agencia Central de Inteligencia.
Codrescu es, de hecho, el apellido que se escogió algún
día el rumano Andrei Perlmutter a la hora de crearse una
nueva imagen. Judío de nacimiento y de religión,
juzgóo conveniente — por alguna razón que
él sólo conoce — quitarse el nombre de familia
que lo asociaba a su comunidad. Se escogió otro que lo
identifique al país donde nació, el 20 de diciembre
de 1946, en Sibiu, localidad de Transilvanía, región
famosa por un personaje al cual siempre le gustó referirse:
Drácula.
Adolescente, Perlmutter/Codrescu ya está en desacuerdo
con el régimen político de su país que abandonará
en 1965, a los 19 años de edad para pasar a Italia y Francia
donde buscará instalarse sin éxito antes de cruzar
el Atlántico y descubrir su nueva patria. Para mejor situarse,
recordemos que es en 1965, el año de su partida, que llegará
Nicola Ceaucescu a la dirección de Rumania.
En
Estados Unidos, donde aparece en 1966, el joven Codrescu empieza
su inmersión al pegarse, en Nueva York, a Allen Ginsberg
y su tropa entonces de moda del East Village. Usa entonces, una
primera vez, una identidad ficticia para publicar unos poemas
que se calificarán de mediocres. Los firmara Maria Pardfenie
y seguirá luego usando nombres de mujeres antes de que
ocurra su última transformación. De hecho no son
sus proezas literarias las que harán conocer al exilado
rumano en Estados Unidos, sino un programa de la National Public
Radio (NPR) titulado All Things Considered, en el cual se creó
una cierta fama. Siempre, Andrei Codrescu usará para su
beneficio su estatuto de “emigrado de un país comunista”
para buscarse una clientela en un país donde el mccartismo
tiene raíces aparentemente indestructibles. Obtendrá
la nacionalidad estadounidense en 1981.
Es
sin duda su anticomunismo virulento el que le procuró oportunidades
tales como su actual puesto de profesor universitario en la Universidad
de la Nueva Orleáns, a pesar del hecho de que nunca se
graduó de una institución de este nivel. Y lo que
explica su presencia al lado de un personaje como Robert Kent,
el agente itinerante de "Friends of Cuban Libraries".
Dos misiones muy particulares han ilustrado la trayectoria política
de Codrescu. En diciembre del 89, se le asigna al poeta-comentarista
la tarea de observar desde adentro los cambios que ocurren en
Rumania. El libro que resulta de esta peregrinación, The
Hole in the Flag, es recibido por un chorro de criticas, en particular
por los numerosos errores cronológicos y geográficos
que contiene.
En 1998, reincide después de una visita a La Habana con
Ay, Cuba: A Socio-Erotic Journey, una obra bastante repugnante
donde se destaca su fascinación con las adolescentes. Codrescu,
que no habla tres palabras de español, ha visitado la isla
durante doce días para escribir un texto lleno de desprecio
y, otra vez, de disparates.
LOS MILLONES DE LA GUERRA SUCIA
Estados Unidos se gasta anualmente decenas de millones de dólares
del dinero de los contribuyentes para atacar a Cuba. La administración
que abandonó a la población negra de Nueva Orleáns
es esa misma que mantiene un costoso aparato propagandístico,
desde el Sur de la Florida, para dañar la imagen de la
Isla. En la ejecución de sus campañas, Kent pretende
disponer de misteriosos “apoyos” de Europa del Este.
En el último Congreso mundial de bibliotecarios, en Oslo,
se supo que una “conexión checa” a la cual
Kent quiso utilizar estaba conformada por un oficial de la inteligencia
militar norteamericana de origen checo, “Stanley”
o “Stan” Kalkus, que emigró a Estados Unidos
en 1951.
“Stan” Kalkus emigró de Checoslovaquia a Austria
en 1948, y luego a EE.UU en 1951 donde se instala en Chicago.
Según sus confidencias a amistades suyas, a penas un año
después de su llegada en América del Norte, fue
reclutado por la inteligencia militar norteamericana. A partir
de ese momento, se sumó a las fuerzas armadas de Estados
Unidos y, durante muchos años, “trabajo” en
la esfera de la inteligencia en varias partes del mundo.
El “bibliotecario checo” Stanislav “Stan”
Kalkus sigue viviendo, por lo menos la mitad del año, en
Rhode Island, EE.UU. donde se encuentra su verdadera residencia.
La conexión de Europa del Este, de la cual se jactó
Kent en varias oportunidades, comporta otros personajes tales
como Silvia Stasselova, de la Universidad Técnica de Eslovaquia
donde es jefa de la biblioteca y del “centro de información”.
Stasselova se dice Presidenta de la “Asociación Eslovaca
de Bibliotecarios”. Sin embargo, esa asociación no
es la Asociación Nacional de bibliotecarios, creada en
1920, sino una asociación a parte, creada en… 1990.
Otro compinche europeo del Este del agente Kent en sus aventuras
y desventuras anticubanas es Wojciech Siemaszkiewicz, un polaco
de Cracovia quién fue "disidente" profesional
en su tiempo. Colega de Kent en la New York Public Library, vive
en New Jersey, donde es conocido por su proselitismo de extrema
derecha. En ese estado cercano a Nueva York, trató en el
2001 de obtener… la candidatura republicana para el Senado.
Fracasó.
***
In mailing List Cuba Inside Out
Madame Librarian
February 10, 2006; Page W11
WALL STREET JOURNAL
On March 10, parts of the Patriot Act expire again. A key provision
is Section 215, most famous for the alleged threat it poses to
library patrons. Among all the horror scenarios raised by critics
of the act, the specter of feds bursting into public libraries
and bookstores to paw through the checkout-counter slips and emails
of ordinary Americans has loomed large.
For the record, Section 215 doesn't single out libraries but
relates to official requests for "tangible things (including
books, records, papers, documents and other items)." The
provision is not known to have been invoked yet against a library;
and Congress plans to add additional privacy and due-process safeguards.
Still, we don't see the controversy going away. So this may be
a good time to review the credentials of some of the loudest worriers
about Patriot Act and privacy predations, including the American
Library Association. To hear the ALA talk, librarians are the
last bulwark defending our most cherished civil liberties against
government
assault. Yet two recent examples show again that self-anointed
guardians of the public good can be very selective about the people,
and rights, they choose to protect.
One example came from Newton, Mass. on Jan. 18, after someone
used a public-library computer to email a terrorist-attack threat
to Brandeis University. Many school buildings were evacuated,
and FBI agents rushed to the library hoping to track down the
email sender in time to prevent an attack. Once there, however,
they were held off for some nine hours by library director Kathy
Glick-Weil -- because they didn't have a warrant. Newton's mayor
later praised Ms. Glick-Weil for "protecting the sense of
privacy of many, many innocent users of the computers." More
important, it seems, than protecting the lives of many, many innocent
people who could have died if the threat had turned out to be
imminent.
More revealing than a single librarian's awful judgment is the
ALA's forked tongue when it claims to defend all library freedoms.
Since 1998, Cuban authorities have arrested and imprisoned citizens
who operate "independent libraries," and destroyed their
collections. Often based in houses, these libraries provide books
and other
information, such as the Universal Declaration of Human Rights,
considered criminal by the Communist dictatorship.
Human-rights organizations, including Amnesty International,
have condemned the repression and called for the librarians' release.
Yet the ALA refuses to even acknowledge their suffering Cuban
counterparts. It apparently accepts the Cuban government's assertion
that "the dissidents" don't qualify as librarians and
that freedom of information flourishes on the island.
A cat jumped out of the bag at the ALA's January meeting in San
Antonio, though, when keynote speaker and Romanian-born author
Andrei Codrescu blasted the organization for abandoning the independent
librarians. "Is this the same American Library Association
that stands against censorship and for freedom of expression everywhere?"
To add insult to injury for apoplectic ALA leaders, a subsequent
informal poll of the rank-and-file in an electronic newsletter
suggested that 75% want the organization to stand up for the Cubans.
On Sunday, ALA President Michael Gorman emailed the newsletter's
editor to say that "we would be better off without these
polls." That smells like censorship -- from the very same
people who bring us "Banned Books Week." An organization
that roars about the chilling effect of Section 215 on library
users also looks pretty hypocritical when its own member-readers
are discouraged from circulating their opinions openly.
All something to remember in March, or any time the ALA next
tells us that, on issues of freedom, librarians know best.
FBI Secret Library Access Inimical to Basic Rights
February 25, 2006
The American Library Association (ALA) would like to clarify
its position on several matters discussed in your Feb. 10 editorial
"Madame Librarian" (Taste page, Weekend Journal).
The ALA has always maintained that Section 215 of the Patriot
Act, which allows government agencies to demand secret access
to the records of libraries and bookstores (and medical, educational,
and financial records as well), is inimical to basic constitutional
rights. It simply does not make sense that the FBI may request
records without proving probable cause or individualized suspicion.
In the matter of the Jan. 18 incident at the Newton (Mass.) Free
Library, library officials helped law-enforcement officials determine
which computers might have been used to generate what turns out
to have been a bogus terrorist threat. Then, in accordance with
state law and Fourth Amendment guarantees, library officials asked
for a warrant before releasing the computers to them. I would
have responded the same way at the door to my library -- or my
home.
As for allegations concerning the ALA position on dissident Cuban
librarians, the policy-setting ALA Council, comprising 182 ALA
members with divergent views, has consistently adopted the same
position on Cuba as the International Federation of Library Associations
and Institutions, a global organization representing libraries
world-wide. In fact, the two organizations adopted a resolution
expressing concern on behalf of the dissident librarians and urging
the Cuban government "to respect, defend and promote the
basic human rights defined in Article 19 of the United Nations
Universal Declaration of Human Rights."
Finally, neither I nor anyone else at the ALA made any attempt
to censor polls or to discourage anyone from circulating their
opinions openly.
We believe you mischaracterize our association. Most of the ALA's
66,000-plus members are American citizens -- educated, patriotic
and dedicated to the free flow of accurate information, in the
U.S. and elsewhere.
Michael Gorman, President
American Library Association, Chicago
(According to the list Cuba-Inside-Out)
American Library Association responds to Wall Street Journal
editorial
(CHICAGO) American Library Association (ALA) President Michael
Gorman and the ALA Public Information Office have sent the following
response to the February 10 Wall Street Journal editorial "Madame
Librarian":
Dear Editor:
Your editorial ("Madame Librarian," February 10) grossly
misrepresented the American Library Association (ALA) on several
issues.
The ALA has never claimed that the USA PATRIOT Act singles out
libraries, rather that library records are different from other
"business records" targeted by Section 215. In fact,
every state has laws or legal opinions recognizing the confidentiality
of library records because they are different. We have always
maintained that Section 215, which allows government agencies
to demand secret access to the records of libraries and bookstores
(and medical, educational, and financial records as well), is
inimical to basic constitutional rights.
It simply does not make sense that the FBI may request records
without proving probable cause or individualized suspicion, or
that the target of the search is prohibited from revealing it
to anyone in perpetuity, preventing any true oversight of the
agency's activities.
The editorial further misleads by failing to tell readers that
the FBI has stated there was no imminent danger by the time the
warrant was requested by the Newton Free Library director. In
fact, library officials assisted law enforcement in determining
which computers might have been used; then, in accordance with
state law and Fourth Amendment guarantees, asked for a warrant
before releasing the computers. The FBI never claimed emergency
circumstances, which likely wouldn’t have withstood court
scrutiny. I would have responded the same way at the door to my
library - or my home.
As for allegations concerning the ALA position on dissident Cuban
librarians, the policy-setting ALA Council, comprising 182 ALA
members with divergent views, has consistently adopted the same
position on Cuba as the International Federation of Library Associations
and Institutions. Specifically, both organizations have urged
the Cuban government "to respect, defend and promote the
basic human rights defined in Article 19 of the United Nations
Universal Declaration of Human Rights."
There was no attempt by me or anyone else to censor "instapolls"
done by our journal American Libraries and, in fact, the polls
are still being run. That a national newspaper would use what
amounts to office gossip to create facts to bolster a non-case
is contemptible.
Most of the ALA’s 66,000-plus members are American citizens
- educated, patriotic, and dedicated to the free flow of accurate
information, in the United States and elsewhere. The Journal would
serve its readers better by viewing the ALA in this light rather
than painting it with the broad brush of stereotyping.
Michael Gorman, President
American Library Association
For Immediate Release, According to the official site of ALA
February 17, 2006
http://www.ala.org/Template.cfm?Section=News&template=/ContentManagement
/ContentDisplay.cfm&ContentID=116854
De: Karen Lee Wald
Many years ago I wrote an article about Cuba in the Guardian
(NY) which ran with the headline, "They tell absolute lies;
we must tell the truth". That's as true today as it was then:
they have absolutely no qualms about not only spinning, twisting
and distorting information, but feeding the public absolute lies
that most are, unfortunately, willing to swallow (even many who
are supposedly on the Left). Below you will find a Wall Street
Journal article and a response from American Library Association
President Michael Gorman. Of course, Gorman can't refute everything
wrong with the WSJ's fallacious contentions in a letter to the
editor, but it's too bad that in being forced into a defensive
position (WSJ accusations of hypicrisy for not defending the "rights"
of so-called "librarians" in Cuba), he felt he had to
limit himself to pointing out that the US and international library
associations had once expressed concern for the "dissidents"
and urged the Cuban government to show respect for Article 19
of the UN's Universal Declaration of Human Rights.
That article says everyone is entitled to freedom of expression
and to obtain and divulge information and ideas through any media.
Without going into the implications of that article in an age
where the corporate media monopoly is almost absolute in most
of the world, it is at least worth pointing out that those who
yell loudest for this particular right do not in any way accept
as rights the economic, social and cultural rights defined in
the declaration. For instance, articles 22-26 assert that human
beings have the RIGHT to food, housing, health care, education
("higher education shall be equally accessible to all on
the basis of merit.... Education shall be directed to the full
development of the human personality and to the strengthening
of respect for human rights and fundamental freedoms. It shall
promote understanding, tolerance and friendship...") , jobs
(with fair pay and equal pay for equal work!) etc...
The WSJ and those it represents have utterly no regard for the
truth. One of their allegations is that
"...these libraries [sic] provide books and other information,
such as the Universal Declaration of Human Rights, considered
criminal by the Communist dictatorship."
If we dissect that statement piece by piece it falls in tatters
-- beginning with the charge that Cuba is a "Communist dictatorship".
The Universal Declaration of Human Rights is NOT considered "criminal"
by the Cuban government. You can read it in a REAL public library
in Cuba and find it on many bookshelves. The so-called "libraries"
referred to by the WSJ are not even in fact libraries in the commonly-accepted
sense of the term (meaning public places supported by public funds
to lend books to the public free of charge). They are highly selective,
private collections in private homes of people who oppose the
Cuban government or see some personal benefit in taking that stance.
They are almost entirely provided by US government funds (such
as AID) and reach the so-called "librarians" via the
US Interests Section in Habana or emissaries from rightwing Cuban-American
groups.
To his credit, Gorman finishes his letter pointing out that
the Library Association members are dedicated to the "free
flow of ACCURATE information" .. an important distinction
from those who would twist words and make up facts to suit their
agenda.
klw

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