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 ¿Que nos pasa
Puerto Rico?
Por Rafael Juarbe Pagán
ESPECIAL PARA CLARIDAD
En una confusa encrucijada me encontré al escuchar en días
recientes con mucha frecuencia por la radio, los diversos anuncios
con el muy conocido slogan ¿Qué nos pasa Puerto Rico?
Confieso que al principio de la campaña me atrajo sobremanera
la calidad y la capacidad de mover al receptor a desarrollar una
empatía inevitable. Más ya el mensaje me llena de
mucha indignación por describir de manera exagerada y generalizada
un pueblo distinto al que conozco y que a veces se ve atajado por
impulsos externos y diversos.
Deseo subdividir mi preocupación. Primero creo que la campaña
está destinada a describir comportamientos cotidianos cónsonos
con la acelerada vida sanjuanera, que te somete a veces sin opción
a un narcisismo extremo donde el otro no existe, vives solo. No
debe resultar muy atractivo para nadie tener que levantarse a las
4 de la mañana, para preparar la familia a las relaciones
sociales aceptadas, poder llegar a tiempo a trabajar metido en un
kilométrico tapón con boleto garantizado de ida y
vuelta, para aterrizar luego de una jornada agotadora a las indelegables
tareas caseras y ajustarse a la noche, que cada vez exige con mayor
puntualidad anidarse temprano, para asumir el ciclo del próximo
día. Ése es un patrón diario perfectamente
observable en cualquier carretera metropolitana, cerca de ti. De
la misma manera que el capital se concentra en las metrópolis,
de igual forma éstas resultan ser un excelente imán
provocador de pésimas relaciones sociales.
Pero ese país descrito en la nueva campaña de medios,
es parte del país, no el país. Y describe comportamientos
ajustados sin muchas opciones a estructuras, no a personas. Preocupa
cómo la campaña enfoca su interés en el individuo
y se desprende de la infinidad de circunstancias que nos someten
a unos estilos de ser que no nos pertenecen. Encapsular el asunto
en el individuo es enajenarse de una clara realidad. Y recalco para
que no quede duda, la campaña al inicio me jamaqueó,
pero el actual over killing invierte resultados, y la impresión
que ha logrado es convertir en parte de nuestra idiosincrasia la
falta absoluta de valores. Resulta preocupante cómo podemos
crear dentro de nuestra mente colectiva una asociación nacional
de relacionar ser puertorriqueño con no ser solidario, ser
irrespetuoso o poco tolerante.
De otra parte, no es la sociedad de consumo a quien responsabilizan,
que como diría Eduardo Galeano, mete más miedo que
todas las guerras y hace más ruido que todos los carnavales.
No es la prensa actual a quien escogemos como target para rescatar
los valores que perseguimos. Es gran parte de esa prensa la que
destina inagotables energías en promover dicha sociedad para
proveer el servicio completo con shopper y un periódico dominguero
que logra ser el más buscado.
Con mucha probabilidad la pregunta sobre lo que nos pasa, cuando
fue hecha inicialmente, conmovió a muchos y nos hizo pensar
a fondo si realmente vivimos hundidos en una crisis generalizada
de valores. Mas sin embargo no comparto del todo esa opinión.
Al igual que la industria del cigarrillo y de otros legales tóxicos,
donde el producto se exhibe con pomposidad, pero sus nocivos resultados
aparecen como advertencia escondidos y en letras muy minúsculas,
de esa misma forma los medios noticiosos nos venden un país
donde la orden noticiosa del día es el escándalo,
la farándula, el sensacionalismo. Sin embargo, el equivalente
a esa nota de advertencia que traen las cajetillas de cigarrillos,
donde se certifica que otras cosas también están pasando
con igual frecuencia, es escondido igualmente cerca de esquelas
como si las alternativas quisieran ser relacionadas íntimamente
con la muerte.
Hay que raspar y buscar el pegao de la prensa en general e invertir
el orden para ver con mayor precisión ese otro país
que tanto buscamos pero que ya existe en un sin fin de lugares que
no alcanzan editoriales ni páginas completas y mucho menos
primeras planas, y por tal motivo es desconocido para la mayoría.
Si nos mantenemos inmóviles y ajenos, mantendremos la visión
apocalíptica servida en cuchara grande en la casa de nuestros
medios de incomunicación, perdón de comunicación.
Seamos Vocero que anuncie que El Nuevo Día va surgiendo
y a Primera Hora, imponiendo con Claridad una nueva prensa más
democrática, participativa y comunitaria que establezca una
memoria y una nueva conciencia de lucha para desmantelar de una
vez y por todas la red de privilegios, de prestigio y de control
de esos tradicionales medios de incomunicación que nos venden
un país diferente para desenfocar verdaderas responsabilidades.
Los medios son parte indisoluble de la construcción social
del conocimiento y de una percepción generalizada de cómo
vemos y actuamos el país.
Mi invitación es que revaluemos con precisión qué
nos pasa Puerto Rico y que la próxima pauta radial o televisiva
pueda decir:
• De un promedio de 100 noticias comunicadas diariamente
en la radio y en los rotativos del país, sólo 8 hablan
del algún trabajo comunitario.
• De esas 8, ninguna es publicada como principal, ninguna
antes de la página 36, y todas son enfocadas como servicio
público, como si anunciar lo positivo fuese un favor y lo
negativo un producto generador de ingresos.
• El resto del periódico sólo enfoca sensacionalmente,
con lujo de detalles y sin escrúpulos, la vida íntima
y escandalosa de los protagonistas de la noticia, siendo complementado
en un 70 por ciento por anuncios publicitarios.
• De las últimas construcciones hechas en Puerto Rico
por grandes inversionistas, todas han alterado zonificaciones. Ninguna
ha reembolsado el costo público que eso representa. Y el
daño ambiental provocado es irreparable.
• De todos los anuncios auspiciados por la campaña
¿Qué nos pasa Puerto Rico?, el puertorriqueño
como individuo resulta ser enfocado como el centro donde se compacta
toda la responsabilidad. Ninguno responsabiliza a los medios y mucho
menos toca de lejos la mano insensible corporativa.
¿Qué nos pasa Puerto Rico? Recuperar Nuestros Medios
Noticiosos y Denunciar sin Atadura a los Verdaderos Responsables
es Tarea de Todos.
No perdamos de perspectiva quiénes son los verdaderos titiriteros
que mueven los cordones y definen nuestros actos a través
del mercadeo y la imagen, deseando perpetuar como materia prima
la generalizada percepción de que aquí vivimos sumergidos
en una insalvable crisis social de valores, para de esa forma garantizarse
por siempre su ya amplia tajada de auspiciadores.
http://www.claridadpuertorico.com/articulo.php?id=3600
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