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 Homosexuales
en Cuba: mito y realidad
Por Larry R.Oberg
Bibliotecario Emérito universitario
Universidad de Willamette
Salem, Oregón, EE.UU.
Basado en las memorias del más tarde exilado escritor cubano
Reinaldo Arenas, la película Antes que anochezca, estrenada
en el 2000, narra la mayoría de edad y represión del
autor como homosexual y artista por las autoridades cubanas a principios
de la revolución. Arenas escribió sus memorias poco
antes de su muerte de SIDA en 1990, unos diez años después
de dejar Cuba por el Mariel. Lejos de toda consideración
artística, han surgido muchas interrogantes acerca de la
exactitud de las descripciones de Arenas de la persecución
pasada de homosexuales cubanos y la utilidad de sus memorias y la
película como guías de la situación actual
de los gays y las lesbianas en la isla.
Entre marzo del 2000 y abril del 2002 pasé más de
cuatro meses en Cuba en cuatro ocasiones, trabajando como bibliotecario
en un área de proyectos de investigación con mis colegas
cubanos. La mayoría del tiempo lo pasé en La Habana,
pero también en otras ciudades, incluyendo Matanzas, Trinidad
y Santiago de Cuba. Como gay, estuve motivado a averiguar lo más
que pude sobre el homosexual de Cuba y la población lesbiana.
Lo que experimenté, leí, y me dijeron me hizo sospechar
que el retrato de la vida personal de Arenas como gay en los primeros
años de la revolución cubana es exagerado. Por ejemplo,
su afirmación fantástica: "llegué a través
de cálculos matemáticos complicados a haberme acostado
con unos 5 000 hombres para cuando tenía 25 años",
es escasamente creíble, y si le creemos, cada semental joven
de la isla constantemente estaba a la expectativa de ir a la cama
con él. Bueno, quizás no.
De modo interesante, el apetito sexual aparentemente insaciable
del autor no se ve en la versión fílmica aséptica
de las memorias realizada por Julian Schnabel, en las que Arenas
es representado como algo más que un flirteador inveterado.
Yo no puedo afirmar saber si la descripción de Arenas de
la represión que él y otros homosexuales sufrieron
durante ese momento específico en la historia cubana es exacta.
Pero, cualquiera sea la verdad, yo puedo atestiguar el hecho de
que la condición y el estatus de los homosexuales y las lesbianas
en la isla hoy ha mejorado mucho.
En la preparación de mis visitas, me leí la introducción
útil a la vida homosexual cubana del canadiense Ian Lumsdem,
Machos, maricones y homosexuales, Cuba y la homosexualidad (1996).
Lumsdem, un partidario poco entusiasta de la revolución cubana,
proporciona una introducción útil que analiza la historia
de los homosexuales paso a paso durante el principio de la revolución
y considera su estatus en la sociedad cubana contemporánea.
También vi el documental de Sonja de Vries de 1995, Cuba
Gay, que consiste en una serie de entrevistas a homosexuales y lesbianas
que hablan francamente de sus vidas y relaciones con amigos, familia,
y compañeros de trabajo (uno de los productores de la película,
un entrevistado, ahora trabaja como guía de turismo y me
dio información útil sobre la película). Cuba
Gay se mostró en el Festival Internacional del Nuevo Cine
Latinoamericano en La Habana y fue elogiada por el público
y la crítica. No obstante, algunos de los homosexuales cubanos
con quienes hablé expresaron reservas sobre la película,
sugiriendo que es generalmente exacta, no obstante presenta un retrato
incompleto de la vida gay en la isla.
Cuba Gay no es, sin embargo, la única versión filmada
de la vida homosexual en Cuba. Muchos otros documentales están
disponibles. Uno particularmente interesante es Mariposas en el
andamio (Butterflies on the Scaffold), realizado en 1996. Mariposa
es un término cubano para los travestís o transformistas
y la película documenta la vida diaria y las actuaciones
de estos artistas en un barrio de La Habana, llamado La Güinera.
A petición mía, fui invitado a un espectáculo
privado en La Güinera. Extremadamente pobre antes del triunfo
de la revolución, La Güinera es reconocida hoy en Naciones
Unidas por su ejemplo de desarrollo comunitario, pero permanece
en ella lo que fuera llamada la clase trabajadora. Muchos de estos
espectáculos travestís son patrocinados por los CDR
(Comités de Defensa de la Revolución), y a todos asisten
un público grande y entusiasta.
Lo
que encontré durante mi estancia en Cuba fue una comunidad
homosexual con mucho paralelos a aquéllas de Europa y América
del Norte, así como varias diferencias. En primer lugar,
todas las leyes que discriminan a los homosexuales cubanos han sido
excluidas de los libros. Los esfuerzos primarios por legislar la
conducta en Cuba dieron lugar a la Ley de Ostentación Pública.
Promulgada en los años treinta, fue usada para acosar a las
personas homosexuales que se negaron a permanecer encerrados. Dirigida
a aquéllos que "exhibían" su homosexualidad,
la ley definió los actos homosexuales públicos e incluso
privados que pudieran ser presenciados involuntariamente por otros
como ofensas castigables con multas y detención. La Ley de
Ostentación Pública fue derogada por el gobierno revolucionario
en 1988. La situación en Cuba se contrasta útilmente
con, por ejemplo, la de los Estados Unidos, donde muchos estados
retienen leyes de anti-sodomía anticuadas y donde la legislación
represiva que apuntó cada vez más a los homosexuales
se promulga a nivel estatal y se propone a nivel nacional.
Mientras, en Cuba, hablé con una gran cantidad de homosexuales,
principalmente hombres, y ninguno dijo que su gobierno los estaba
persiguiendo, aunque muchas personas de mayor edad hablaron de los
"días malos pasados". La mayoría, sin embargo,
informaron de incidentes de discriminación privada por ciertos
individuos, y todos notaron las actitudes machistas que permanecen
obstinadamente empotradas en algunos niveles de la sociedad cubana.
Nutridos durante siglos por el colonialismo español, la Iglesia
católica, y una actitud reverencial hacia la familia heterosexual
tradicional, estas actitudes no sólo perpetúan prejuicios
contra los homosexuales, sino que también producen situaciones
del sexo favorablemente polarizado que existen generalmente en las
sociedades norteamericanas y europeas. Ninguna de las personas con
que hablé, sin embargo, comunicó ninguna represión
activa o sistemática por el estado.
Una pregunta que le hice a muchos de mis informadores fue: ¿Se
sentiría usted cómodo tomado de la mano de su novio
en la calle? Muchos respondieron con un calificado sí y algunos
declararon que ellos hacen simplemente eso. De hecho, dos hombres
o dos mujeres tomados de la mano no es una cosa rara, por lo menos
no en La Habana. Pero algunos también declararon que ellos
dejarían de tomarse las manos si se acercara un policía.
La fuerza policial cubana urbana recluta un porcentaje alto de varones
machistas jóvenes de las provincias, muchos con una vieja
teoría contra los gays.
Es importante presentar la información pasada del maltrato
de homosexuales en Cuba en perspectiva. Mientras el contexto no
excusa la conducta, es bueno recordar que Cuba estaba prácticamente
sola en sus actitudes y acciones anti-homosexuales. Por ejemplo,
en Boise, Idaho, de los años cincuenta, grupos de hombres
homosexuales fueron perseguidos, sacados de sus casas, asediados
cuando huyeron a otros estados y encarcelados en lo que llegó
a ser conocido como Los Muchachos del escándalo de Boise,
una de las acciones anti-homosexuales más infames en la historia
de Estados Unidos. La Florida, casa de muchos cubanos expatriados,
tiene un registro espantoso de abusos de los derechos de los homosexuales.
En 1990, en Adrian, Michigan, la policía mantuvo vigilado
un parque público durante meses antes de arrestar a casi
veinte hombres bajo los cargos de indecencia pública. Los
hombres, casi todos casados e identificados como heterosexuales,
fueron arrestados en sus casas delante de sus esposas, niños,
y en un par de casos, nietos.
El
registro del pasado de Cuba en derechos de homosexuales puede no
ser mejor que el nuestro propio, pero puede decirse que los homosexuales
en Cuba se encuentran mejor hoy que aquéllos en cualquier
otra sociedad latinoamericana e incluso en algunas partes de los
Estados Unidos y Europa. Por ejemplo, no fue hace mucho hace tiempo
que se envió a los escuadrones de la muerte en Río
de Janeiro a limpiar la ciudad de sus "homosexuales".
En los EE.UU. el problema llega a ser, probablemente, una violencia
privada apuntalada por un odio penetrante a las personas homosexuales,
como en los asesinatos de Mattew Shepard y Brandon Teena(en la foto).
Como las sociedades norteamericanas y europeas, Cuba está
sufriendo una revisión profunda y reconceptualización
de sus actitudes hacia los homosexuales y lesbianas. La película
Fresa y chocolate (Strawberry and chocolate), de 1993, es la primera
película cubana en tratar abiertamente y directamente la
homosexualidad. La película de 1994, dirigida por Tomás
Gutiérrez Alea, ha sido elogiada ampliamente. Lo que es menos
conocido es que la película era extremadamente popular en
la isla. Puesta simultáneamente en diez o doce cines de La
Habana, con colas de varias calles de largo, sin ninguna duda respondió
a un deseo reprimido por parte de los cubanos a hablar abiertamente
sobre este problema.
Otro caso de gran influencia en el modo de aceptación de
los homosexuales cubanos ocurrió en 1996. Pablo Milanés,
un cantante de la nueva trova cubana que ha logrado la categoría
de ídolo entre la población de la isla, escribió
una canción sobre el amor entre dos hombres homosexuales
titulada El pecado original. Pablito, como es conocido afectuosamente,
dedicó la canción a todos los homosexuales cubanos.
Interpretada en su concierto de la fiesta anual celebrada en el
inmenso Teatro Carlos Marx, en el barrio de Miramar, en La Habana,
El pecado original cautivó al público y al país
e hizo mucho por promover la aceptación de la causa de los
homosexuales. Es de interés saber que, en los sesenta, Milanés
estuvo brevemente confinado a uno de los campamentos de la UMAP
(Unidades Militares para la Ayuda a la Producción), campamentos
de trabajo preparados para rehabilitar a las prostitutas, homosexuales,
y otros que eran considerados delincuentes. Aunque efímeros,
los campamentos de la UMAP representan el bajo apunte del tratamiento
de la Cuba revolucionaria de sus ciudadanos homosexuales y lesbianas.
Una de las cosas más llamativas de Cuba es la vitalidad de
su vida cultural e intelectual, particularmente en La Habana. Los
temas homosexuales prevalecen en el teatro, en conferencias, y en
conciertos. En diciembre del 2000 asistí a una obra titulada
Muerte en el bosque (Death in the woods), producida por el Teatro
El Sótano, del barrio del Vedado, en La Habana. Basado en
la aclamada novela Mascaras (Mask), de Leonardo Padura, la obra
trata sobre la investigación policial del asesinato de un
travesti en La Habana, un argumento que permite un examen de las
actitudes y prejuicios cubanos hacia los homosexuales en cada nivel
de la sociedad.
En una nota más ligera, un grupo llamado Danza Voluminosa,
en la cual aparecen grandes bailarines, produjo una versión
muy entretenida y conmovedora del ballet de Racine´s Phedre.
El director optó por hacer un casting sin tener en cuenta
el género de los bailarines, de hecho, un hombre bailó
el papel del título. Un hombre, sí, un hombre, la
versión teatral de Fresa y chocolate, tuvo un éxito
considerable unos años atrás. En el 22 Festival Internacional
del Nuevo Cine Latinoamericano, celebrado en La Habana en diciembre
del 2000, casi la mitad de las películas mostraron temas
o subtextos homosexuales.
Una contradicción llamativa en la sociedad cubana de hoy
es el contraste entre la rica vida cultural e intelectual que está
disponible y fácilmente asequible, y los sueldos, que hacen
un evento la adquisición de un par de zapatos, para lo cual
uno debe planear su compra. En Cuba, el teatro vende las entradas
a un costo de cinco pesos cubanos (25 centavos U.S.). La entrada
en los cines cuesta dos pesos. Los turistas extranjeros pagan 10
dólares por las actuaciones del teatro, pero se les permite
pagar en pesos en los cines.
En La Habana, los movimientos de homosexuales y los restaurantes
de clientela homosexual no son difíciles de encontrar. Intente,
por ejemplo, la cocina francesa elegante en La Casona o La Guarida,
esta última localizada en el apartamento en que fue filmada
Fresa y chocolate. Hasta su reciente cierre, el famoso, de hecho
infame, Bar Fíat, en el Malecón, atrajo a centenares
de homosexuales de veinte y tanto quiénes, en las noches
de fin de semana, se agrupaban en la vía pública y
en la acera a lo largo del muro del Malecón de La Habana…
La Misa de medianoche durante la Nochebuena en La Catedral de La
Habana, y cualquier actuación del Ballet Nacional en El Gran
Teatro de La Habana, atraen grandes cantidades de homosexuales cubanos.
La cultura homosexual en Cuba estuvo sin duda reprimida, a veces
severamente, durante el periodo descrito por Reinaldo Arenas en
Antes que anochezca. Pero, ¿dónde no en esa era de
tantos prejuicios?. Esto sin embargo, no es la realidad que yo encontré
en la Cuba de hoy. De hecho, es improbable que las revistas de moda
de homosexualidad mostrarían La Habana como "La nueva
vida nocturna homosexual… muchachos ardientes, bares exóticos,
y muchas cosas más" en su número de febrero del
2001, si Cuba fuera tan represiva como sus detractores nos hacen
creer.
En resumen, no parece productivo mantener a Cuba en el estándar
abstracto que ningún otro país del mundo, desde luego
no el mío propio, puede afirmar haber alcanzado. Es más
provechoso ver esta nación pequeña dentro del contexto
de la realidad actual. ¿Cuánto bien está haciendo
Cuba comparado con el resto de América Latina? ¿Cuanto
bien está haciendo en relación a nuestros propios
países? ¿Cuánto progreso ha logrado en una
variedad de frentes –la alfabetización, educación,
salud, el alojamiento y por supuesto los derechos de los homosexuales–
durante los últimos cuarenta años? Cuando uno responde
honestamente a estas preguntas, surge una visión de Cuba
muy diferente a la de los detractores.
Esta es una versión revisada de un artículo que apareció
primero en el número de noviembre-diciembre de “The
Gay & Lesbian Review Worldwide”, (v.8, no.6)
Traducción para LIBRINSULA: Juan Carlos Fernández
Borroto
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Gays in Cuba: Myth and Reality
By Larry R. Oberg
University Librarian Emeritus
Willamette University
Salem, Oregon, USA
Based upon a memoir by the late self-exiled Cuban writer Reinaldo
Arenas, the film Before Night Falls, released in 2000, chronicles
the author’s coming of age and repression as a homosexual
and artist by Cuban authorities in the early days of the Cuban revolution.
Arenas wrote his memoir shortly before his death from AIDS in 1990,
some ten years after leaving Cuba in the Mariel exodus. Apart from
any artistic considerations, questions have arisen concerning the
accuracy of Arenas’s descriptions of the past persecution
of Cuban gays and the usefulness of his memoir and the film as guides
to the current status of gays and lesbians on the island.
Between March 2000 and April 2002, I spent more than four months
in Cuba on four occasions, working as a librarian on a range of
research projects with my Cuban colleagues. Most of my time was
spent in Havana, but also in numerous other cities, including Matanzas,
Trinidad, and Santiago de Cuba. As a gay man, I was motivated to
find out as much as I could about the status of Cuba’s gay
and lesbian population. What I experienced, read, and was told made
me suspect that Arenas’s portrait of his personal life as
a gay man in the early years of Cuba’s revolution is exaggerated.
For example, his fantastic claim, arrived at by “complicated
mathematical calculations,” to have bedded some 5,000 men
by the age of 25 is hardly plausible and, if we are to believe him,
every young stud on the island was constantly on the alert to bed
him. Well, perhaps not.
Interestingly, Arenas’ apparently insatiable sexual appetite
does not come through in Julian Schnabel’s sanitized film
version of the memoirs, in which he is depicted as little more than
an inveterate flirt. I cannot claim to know whether Arenas’
description of the repression that he and other gays suffered during
that particular moment in Cuban history is accurate. But, whatever
the truth of the matter, I can attest to the fact that the condition
and status of gay men and lesbians on the island today can only
be described as much improved.
To prepare for my visits, I read Canadian Ian Lumsden’s useful
introduction to Cuban gay life, Machos, Maricones, and Gays, Cuba
and Homosexuality (1996). Lumsden, a lukewarm supporter of the Cuban
revolution, provides a useful introduction that traces the history
of gays during the early days of the revolution and surveys their
status in contemporary Cuban society. I also watched Sonja de Vries’s
1995 documentary, Gay Cuba, which consists of a series of interview
with gay men and lesbians who speak frankly of their lives and relationships
with friends, family, and coworkers. (One of the producers of the
film, an interviewee himself, now works as a tour guide and gave
me useful background information on the film.) Gay Cuba was shown
at the annual International Festival of New Latin American Cinema
in Havana to public and critical acclaim. Nonetheless, some of the
Cuban gays with whom I spoke expressed reservations about the film,
suggesting that, while it is generally accurate, it nonetheless
presents an incomplete portrait of gay life on the island nation.
Gay Cuba is not, however, the only filmed account of gay life in
Cuba. Several other documentaries are available. A particularly
interesting one, released in 1996, is Mariposas en el andamio (Butterflies
on the Scaffold).
Mariposa is a Cuban term for drag queen, and the film documents
the daily life and the performances of these artists in a Havana
neighborhood called La Guinera. At my request, I was invited to
La Guinera for a private show. Extremely poor before the revolution,
La Guinera today is recognized by the United Nations for exemplary
community development, but remains what might be called working
class. Many of these drag shows are sponsored by the local CDRs
(Committees for the Defense of the Revolution), and all play to
large and enthusiastic audiences.
What I found during my time in Cuba was a gay community with many
parallels to those of Europe and North America, as well as a number
of differences. For one thing, all laws that discriminate against
Cuban gays have been removed from the books. Earlier efforts to
legislate behavior in Cuba gave rise to the Public Ostentation Law.
Enacted in the 1930s, it was used effectively to harass gay people
who refused to remain closeted. Aimed at those who “flaunted”
their homosexuality, the law defined public and even private homosexual
acts that might be witnessed involuntarily by others as offenses
punishable by fine and detention. The Public Ostentation Law was
repealed by the revolutionary government in 1988. The situation
in Cuba is usefully contrasted with, for example, that of the United
States where many states retain outdated anti-sodomy laws and where
repressive legislation aimed at gays increasingly is enacted at
the state level and proposed at the national level.
While in Cuba, I spoke with scores of gays, mostly men, and encountered
none who said that their government was persecuting them, although
many older people did talk about the “bad old days.”
Most, however, reported incidents of private discrimination by individuals,
and all resented the residual machista attitudes that remain stubbornly
embedded in some levels of Cuban society. Nourished for centuries
by Spanish colonialism, the Catholic Church, and a reverential attitude
towards the traditional heterosexual family, these attitudes not
only perpetuate prejudice against gays but also result in more highly
polarized sex roles than generally exist in North American and European
societies. No one with whom I spoke, however, reported active or
systematic repression by the state.
One question that I asked many of my informants was, “Would
you feel comfortable holdings hands with your boyfriend on the street?”
Many responded with a qualified yes and several stated that they
do just that. Indeed, two men or two women holdings hands is not
an uncommon sight, at least not in Havana. But some also stated
that they would stop holding hands at the approach of a police officer.
Urban Cuban police forces recruit a high percentage of young macho
males from the provinces, many with a chip on their shoulder against
gays.
It is important to put Cuba’s past record of mistreatment
of gays into perspective. While context does not excuse behavior,
it is worth remembering that Cuba was scarcely alone in its anti-gay
attitudes and actions. For example, in the Boise, Idaho, of the
1950s, scores of gay men were persecuted, driven from their homes,
pursued when they fled to other states,and imprisoned in what came
to be known as the Boys of Boise scandal, one of the most infamous
anti-gay actions in United States history. Florida, home to so many
Cuban expatriates, has a dreadful record of gay rights abuses, and
in 1990, in Adrian, Michigan, the police staked out a public park
for months on end before arresting nearly twenty men on charges
of public indecency. The men, almost all of whom were married and
self-identified as heterosexuals, were arrested in their homes in
front of their wives, children, and in a couple of instances, grandchildren.
Cuba’s past record on gay rights may be no better than our
own, but it can be argued that gay people in Cuba are better off
today than those in any other Latin American society and even in
parts of the United States and Europe. For example, it wasn’t
too long ago that death squads in Rio de Janeiro were sent out to
cleanse the city of its “queers.” In the U. S., the
problem is more likely to be private violence underpinned by a pervasive
hatred of gay people, as in the murders of Matthew Shepard and Brandon
Teena.
Like North American and European societies, Cuba is undergoing
a profound review and reconceptualization of its attitudes towards
gays and lesbians.The 1993 film Fresa y chocolate (Strawberry and
Chocolate) is the first Cuban film to deal openly and directly with
homosexuality. The 1994 film, directed by Tomas Guitérrez
Alea, has been widely praised. What is less well known is that the
film was wildly popular across the island. Playing simultaneously
at ten or twelve Havana theaters to lines several blocks long, it
no doubt responded to a repressed desire on the part of Cubans to
talk openly about this issue.
Another seminal incident along the road to acceptance for Cuban
gays occurred in 1996. Pablo Milanes, a Cuban nova trova singer
who has achieved quasi-sainthood among the island’s population,
wrote a song about love between two gay men entitled El pecado original
(Original Sin). Pablito, as he is affectionately known, dedicated
the song to all Cuban homosexuals.
Introduced at his annual holiday concert held in the vast Carlos
Marx Theater in the Miramar neighborhood of Havana, El pecado original
took the audience and the country by storm and did much to advance
the cause of gay acceptance. It is of interest to note that, in
the 1960’s, Milanes was briefly confined to one of the UMAP
(Military Units for Aid to Production) work camps set up to rehabilitate
prostitutes, gays, and others considered to be delinquents. Although
short-lived, the UMAP camps represent the low point in revolutionary
Cuba’s treatment of its gay and lesbian citizens.
One of the most striking things about Cuba is the vitality of its
cultural and intellectual life, particularly in Havana. Gay themes
are prevalent in the theatre, in lectures, and in concerts. In December,
2000, I attended a play entitled Muerte en el bosque (A Death in
the Woods), produced by the Teatro Sotano in Havana’s Vedado
neighborhood. Based upon the acclaimed novel Mascaras (Masks), by
Leonardo Padura, the play follows a police investigation into the
murder of a Havana drag queen, a plot device that allows for an
examination of Cuban attitudes and prejudices towards gays at every
level of society.
On a lighter note, a group called La Danza Voluminosa, which features
large dancers, produced an alternately amusing and touching ballet
version of Racine’s Phèdre. The director opted for
gender-blind casting and, indeed, a man danced the title role. A
one-man -- yes, one man -- stage version of Strawberry and Chocolate
played to considerable success a few years ago. And, in the 22nd
International Festival of New Latin American Cinema held in Havana
in December 2000, perhaps half of the films shown had gay themes
or subtexts.
A striking contradiction in Cuban society today is the contrast
between the rich cultural and intellectual life that is available
and easily affordable, and salaries that make the purchase of a
pair of shoes an event for which one must plan. In Cuba, theater
tickets cost Cubans five pesos (25 U. S. cents). Admission to first-run
films cost two pesos. Foreign tourists pay ten U. S. dollars for
theatre performances, but are allowed to pay in pesos at the cinemas.
In Havana, gay-run and gay-clientele restaurants are not hard to
find. Try, for example, the elegant French cuisine at Le Chansonnier
or La Guarida, the latter located in the apartment in which Strawberry
and Chocolate was filmed. Until its recent closing, the famous,
indeed somewhat infamous, Fiat bar on the Malecon attracted hundreds
of gay twenty-somethings who, on weekend nights, spilled across
this emblematic Havana thoroughfare to line the sidewalk along the
sea wall. Midnight mass on Christmas Eve at the Havana cathedral
and any performance by the National Ballet at the Gran Teatro de
la Habana attract scores of Cuban gays.
Gay culture in Cuba was without doubt repressed, sometimes severely,
during the period described by Reinaldo Arenas in Before Night Falls.
But where was it not in that pre-Stonewall era? This however, is
not the reality that I found in today’s Cuba. Indeed, it is
unlikely that the slick and trendy Out magazine would feature Havana
as “The new gay hot spot … hot boys, drag-heavy bars,
and a whole lot more” in its February 2001 issue, if Cuba
were as repressive as its detractors would have us believe.
In sum, it does not seem productive to hold Cuba to an abstract
standard that no other country in the world, certainly not my own,
can claim to have reached. It is more useful to view this small
island nation within the context of current reality. How well is
Cuba doing compared to the rest of Latin America? How well is it
doing relative to our own countries? How much progress has been
made on a variety of fronts -- literacy, education, health care,
housing, and of course gay rights -- over the past forty years?
When one responds honestly to these questions, a vision of Cuba
very different from that of Cuba’s detractors emerges.
This is a revised version of an article that first appeared in
the November-December 2001 issue (v.8, no.6) of The Gay & Lesbian
Review Worldwide.
Québec, Qc 2006
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