..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.116, Viernes, 24 de marzo del 2006

Libro de visitas

 

Homosexuales en Cuba: mito y realidad
Por Larry R.Oberg
Bibliotecario Emérito universitario
Universidad de Willamette
Salem, Oregón, EE.UU.

Basado en las memorias del más tarde exilado escritor cubano Reinaldo Arenas, la película Antes que anochezca, estrenada en el 2000, narra la mayoría de edad y represión del autor como homosexual y artista por las autoridades cubanas a principios de la revolución. Arenas escribió sus memorias poco antes de su muerte de SIDA en 1990, unos diez años después de dejar Cuba por el Mariel. Lejos de toda consideración artística, han surgido muchas interrogantes acerca de la exactitud de las descripciones de Arenas de la persecución pasada de homosexuales cubanos y la utilidad de sus memorias y la película como guías de la situación actual de los gays y las lesbianas en la isla.

Entre marzo del 2000 y abril del 2002 pasé más de cuatro meses en Cuba en cuatro ocasiones, trabajando como bibliotecario en un área de proyectos de investigación con mis colegas cubanos. La mayoría del tiempo lo pasé en La Habana, pero también en otras ciudades, incluyendo Matanzas, Trinidad y Santiago de Cuba. Como gay, estuve motivado a averiguar lo más que pude sobre el homosexual de Cuba y la población lesbiana. Lo que experimenté, leí, y me dijeron me hizo sospechar que el retrato de la vida personal de Arenas como gay en los primeros años de la revolución cubana es exagerado. Por ejemplo, su afirmación fantástica: "llegué a través de cálculos matemáticos complicados a haberme acostado con unos 5 000 hombres para cuando tenía 25 años", es escasamente creíble, y si le creemos, cada semental joven de la isla constantemente estaba a la expectativa de ir a la cama con él. Bueno, quizás no.

De modo interesante, el apetito sexual aparentemente insaciable del autor no se ve en la versión fílmica aséptica de las memorias realizada por Julian Schnabel, en las que Arenas es representado como algo más que un flirteador inveterado. Yo no puedo afirmar saber si la descripción de Arenas de la represión que él y otros homosexuales sufrieron durante ese momento específico en la historia cubana es exacta. Pero, cualquiera sea la verdad, yo puedo atestiguar el hecho de que la condición y el estatus de los homosexuales y las lesbianas en la isla hoy ha mejorado mucho.

En la preparación de mis visitas, me leí la introducción útil a la vida homosexual cubana del canadiense Ian Lumsdem, Machos, maricones y homosexuales, Cuba y la homosexualidad (1996). Lumsdem, un partidario poco entusiasta de la revolución cubana, proporciona una introducción útil que analiza la historia de los homosexuales paso a paso durante el principio de la revolución y considera su estatus en la sociedad cubana contemporánea. También vi el documental de Sonja de Vries de 1995, Cuba Gay, que consiste en una serie de entrevistas a homosexuales y lesbianas que hablan francamente de sus vidas y relaciones con amigos, familia, y compañeros de trabajo (uno de los productores de la película, un entrevistado, ahora trabaja como guía de turismo y me dio información útil sobre la película). Cuba Gay se mostró en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en La Habana y fue elogiada por el público y la crítica. No obstante, algunos de los homosexuales cubanos con quienes hablé expresaron reservas sobre la película, sugiriendo que es generalmente exacta, no obstante presenta un retrato incompleto de la vida gay en la isla.

Cuba Gay no es, sin embargo, la única versión filmada de la vida homosexual en Cuba. Muchos otros documentales están disponibles. Uno particularmente interesante es Mariposas en el andamio (Butterflies on the Scaffold), realizado en 1996. Mariposa es un término cubano para los travestís o transformistas y la película documenta la vida diaria y las actuaciones de estos artistas en un barrio de La Habana, llamado La Güinera. A petición mía, fui invitado a un espectáculo privado en La Güinera. Extremadamente pobre antes del triunfo de la revolución, La Güinera es reconocida hoy en Naciones Unidas por su ejemplo de desarrollo comunitario, pero permanece en ella lo que fuera llamada la clase trabajadora. Muchos de estos espectáculos travestís son patrocinados por los CDR (Comités de Defensa de la Revolución), y a todos asisten un público grande y entusiasta.

Lo que encontré durante mi estancia en Cuba fue una comunidad homosexual con mucho paralelos a aquéllas de Europa y América del Norte, así como varias diferencias. En primer lugar, todas las leyes que discriminan a los homosexuales cubanos han sido excluidas de los libros. Los esfuerzos primarios por legislar la conducta en Cuba dieron lugar a la Ley de Ostentación Pública. Promulgada en los años treinta, fue usada para acosar a las personas homosexuales que se negaron a permanecer encerrados. Dirigida a aquéllos que "exhibían" su homosexualidad, la ley definió los actos homosexuales públicos e incluso privados que pudieran ser presenciados involuntariamente por otros como ofensas castigables con multas y detención. La Ley de Ostentación Pública fue derogada por el gobierno revolucionario en 1988. La situación en Cuba se contrasta útilmente con, por ejemplo, la de los Estados Unidos, donde muchos estados retienen leyes de anti-sodomía anticuadas y donde la legislación represiva que apuntó cada vez más a los homosexuales se promulga a nivel estatal y se propone a nivel nacional.

Mientras, en Cuba, hablé con una gran cantidad de homosexuales, principalmente hombres, y ninguno dijo que su gobierno los estaba persiguiendo, aunque muchas personas de mayor edad hablaron de los "días malos pasados". La mayoría, sin embargo, informaron de incidentes de discriminación privada por ciertos individuos, y todos notaron las actitudes machistas que permanecen obstinadamente empotradas en algunos niveles de la sociedad cubana. Nutridos durante siglos por el colonialismo español, la Iglesia católica, y una actitud reverencial hacia la familia heterosexual tradicional, estas actitudes no sólo perpetúan prejuicios contra los homosexuales, sino que también producen situaciones del sexo favorablemente polarizado que existen generalmente en las sociedades norteamericanas y europeas. Ninguna de las personas con que hablé, sin embargo, comunicó ninguna represión activa o sistemática por el estado.

Una pregunta que le hice a muchos de mis informadores fue: ¿Se sentiría usted cómodo tomado de la mano de su novio en la calle? Muchos respondieron con un calificado sí y algunos declararon que ellos hacen simplemente eso. De hecho, dos hombres o dos mujeres tomados de la mano no es una cosa rara, por lo menos no en La Habana. Pero algunos también declararon que ellos dejarían de tomarse las manos si se acercara un policía. La fuerza policial cubana urbana recluta un porcentaje alto de varones machistas jóvenes de las provincias, muchos con una vieja teoría contra los gays.

Es importante presentar la información pasada del maltrato de homosexuales en Cuba en perspectiva. Mientras el contexto no excusa la conducta, es bueno recordar que Cuba estaba prácticamente sola en sus actitudes y acciones anti-homosexuales. Por ejemplo, en Boise, Idaho, de los años cincuenta, grupos de hombres homosexuales fueron perseguidos, sacados de sus casas, asediados cuando huyeron a otros estados y encarcelados en lo que llegó a ser conocido como Los Muchachos del escándalo de Boise, una de las acciones anti-homosexuales más infames en la historia de Estados Unidos. La Florida, casa de muchos cubanos expatriados, tiene un registro espantoso de abusos de los derechos de los homosexuales. En 1990, en Adrian, Michigan, la policía mantuvo vigilado un parque público durante meses antes de arrestar a casi veinte hombres bajo los cargos de indecencia pública. Los hombres, casi todos casados e identificados como heterosexuales, fueron arrestados en sus casas delante de sus esposas, niños, y en un par de casos, nietos.

El registro del pasado de Cuba en derechos de homosexuales puede no ser mejor que el nuestro propio, pero puede decirse que los homosexuales en Cuba se encuentran mejor hoy que aquéllos en cualquier otra sociedad latinoamericana e incluso en algunas partes de los Estados Unidos y Europa. Por ejemplo, no fue hace mucho hace tiempo que se envió a los escuadrones de la muerte en Río de Janeiro a limpiar la ciudad de sus "homosexuales". En los EE.UU. el problema llega a ser, probablemente, una violencia privada apuntalada por un odio penetrante a las personas homosexuales, como en los asesinatos de Mattew Shepard y Brandon Teena(en la foto).

Como las sociedades norteamericanas y europeas, Cuba está sufriendo una revisión profunda y reconceptualización de sus actitudes hacia los homosexuales y lesbianas. La película Fresa y chocolate (Strawberry and chocolate), de 1993, es la primera película cubana en tratar abiertamente y directamente la homosexualidad. La película de 1994, dirigida por Tomás Gutiérrez Alea, ha sido elogiada ampliamente. Lo que es menos conocido es que la película era extremadamente popular en la isla. Puesta simultáneamente en diez o doce cines de La Habana, con colas de varias calles de largo, sin ninguna duda respondió a un deseo reprimido por parte de los cubanos a hablar abiertamente sobre este problema.

Otro caso de gran influencia en el modo de aceptación de los homosexuales cubanos ocurrió en 1996. Pablo Milanés, un cantante de la nueva trova cubana que ha logrado la categoría de ídolo entre la población de la isla, escribió una canción sobre el amor entre dos hombres homosexuales titulada El pecado original. Pablito, como es conocido afectuosamente, dedicó la canción a todos los homosexuales cubanos. Interpretada en su concierto de la fiesta anual celebrada en el inmenso Teatro Carlos Marx, en el barrio de Miramar, en La Habana, El pecado original cautivó al público y al país e hizo mucho por promover la aceptación de la causa de los homosexuales. Es de interés saber que, en los sesenta, Milanés estuvo brevemente confinado a uno de los campamentos de la UMAP (Unidades Militares para la Ayuda a la Producción), campamentos de trabajo preparados para rehabilitar a las prostitutas, homosexuales, y otros que eran considerados delincuentes. Aunque efímeros, los campamentos de la UMAP representan el bajo apunte del tratamiento de la Cuba revolucionaria de sus ciudadanos homosexuales y lesbianas.

Una de las cosas más llamativas de Cuba es la vitalidad de su vida cultural e intelectual, particularmente en La Habana. Los temas homosexuales prevalecen en el teatro, en conferencias, y en conciertos. En diciembre del 2000 asistí a una obra titulada Muerte en el bosque (Death in the woods), producida por el Teatro El Sótano, del barrio del Vedado, en La Habana. Basado en la aclamada novela Mascaras (Mask), de Leonardo Padura, la obra trata sobre la investigación policial del asesinato de un travesti en La Habana, un argumento que permite un examen de las actitudes y prejuicios cubanos hacia los homosexuales en cada nivel de la sociedad.

En una nota más ligera, un grupo llamado Danza Voluminosa, en la cual aparecen grandes bailarines, produjo una versión muy entretenida y conmovedora del ballet de Racine´s Phedre. El director optó por hacer un casting sin tener en cuenta el género de los bailarines, de hecho, un hombre bailó el papel del título. Un hombre, sí, un hombre, la versión teatral de Fresa y chocolate, tuvo un éxito considerable unos años atrás. En el 22 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, celebrado en La Habana en diciembre del 2000, casi la mitad de las películas mostraron temas o subtextos homosexuales.

Una contradicción llamativa en la sociedad cubana de hoy es el contraste entre la rica vida cultural e intelectual que está disponible y fácilmente asequible, y los sueldos, que hacen un evento la adquisición de un par de zapatos, para lo cual uno debe planear su compra. En Cuba, el teatro vende las entradas a un costo de cinco pesos cubanos (25 centavos U.S.). La entrada en los cines cuesta dos pesos. Los turistas extranjeros pagan 10 dólares por las actuaciones del teatro, pero se les permite pagar en pesos en los cines.

En La Habana, los movimientos de homosexuales y los restaurantes de clientela homosexual no son difíciles de encontrar. Intente, por ejemplo, la cocina francesa elegante en La Casona o La Guarida, esta última localizada en el apartamento en que fue filmada Fresa y chocolate. Hasta su reciente cierre, el famoso, de hecho infame, Bar Fíat, en el Malecón, atrajo a centenares de homosexuales de veinte y tanto quiénes, en las noches de fin de semana, se agrupaban en la vía pública y en la acera a lo largo del muro del Malecón de La Habana… La Misa de medianoche durante la Nochebuena en La Catedral de La Habana, y cualquier actuación del Ballet Nacional en El Gran Teatro de La Habana, atraen grandes cantidades de homosexuales cubanos.

La cultura homosexual en Cuba estuvo sin duda reprimida, a veces severamente, durante el periodo descrito por Reinaldo Arenas en Antes que anochezca. Pero, ¿dónde no en esa era de tantos prejuicios?. Esto sin embargo, no es la realidad que yo encontré en la Cuba de hoy. De hecho, es improbable que las revistas de moda de homosexualidad mostrarían La Habana como "La nueva vida nocturna homosexual… muchachos ardientes, bares exóticos, y muchas cosas más" en su número de febrero del 2001, si Cuba fuera tan represiva como sus detractores nos hacen creer.

En resumen, no parece productivo mantener a Cuba en el estándar abstracto que ningún otro país del mundo, desde luego no el mío propio, puede afirmar haber alcanzado. Es más provechoso ver esta nación pequeña dentro del contexto de la realidad actual. ¿Cuánto bien está haciendo Cuba comparado con el resto de América Latina? ¿Cuanto bien está haciendo en relación a nuestros propios países? ¿Cuánto progreso ha logrado en una variedad de frentes –la alfabetización, educación, salud, el alojamiento y por supuesto los derechos de los homosexuales– durante los últimos cuarenta años? Cuando uno responde honestamente a estas preguntas, surge una visión de Cuba muy diferente a la de los detractores.

Esta es una versión revisada de un artículo que apareció primero en el número de noviembre-diciembre de “The Gay & Lesbian Review Worldwide”, (v.8, no.6)
Traducción para LIBRINSULA: Juan Carlos Fernández Borroto

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Gays in Cuba: Myth and Reality
By Larry R. Oberg
University Librarian Emeritus
Willamette University
Salem, Oregon, USA

Based upon a memoir by the late self-exiled Cuban writer Reinaldo Arenas, the film Before Night Falls, released in 2000, chronicles the author’s coming of age and repression as a homosexual and artist by Cuban authorities in the early days of the Cuban revolution. Arenas wrote his memoir shortly before his death from AIDS in 1990, some ten years after leaving Cuba in the Mariel exodus. Apart from any artistic considerations, questions have arisen concerning the accuracy of Arenas’s descriptions of the past persecution of Cuban gays and the usefulness of his memoir and the film as guides to the current status of gays and lesbians on the island.

Between March 2000 and April 2002, I spent more than four months in Cuba on four occasions, working as a librarian on a range of research projects with my Cuban colleagues. Most of my time was spent in Havana, but also in numerous other cities, including Matanzas, Trinidad, and Santiago de Cuba. As a gay man, I was motivated to find out as much as I could about the status of Cuba’s gay and lesbian population. What I experienced, read, and was told made me suspect that Arenas’s portrait of his personal life as a gay man in the early years of Cuba’s revolution is exaggerated. For example, his fantastic claim, arrived at by “complicated mathematical calculations,” to have bedded some 5,000 men by the age of 25 is hardly plausible and, if we are to believe him, every young stud on the island was constantly on the alert to bed him. Well, perhaps not.

Interestingly, Arenas’ apparently insatiable sexual appetite does not come through in Julian Schnabel’s sanitized film version of the memoirs, in which he is depicted as little more than an inveterate flirt. I cannot claim to know whether Arenas’ description of the repression that he and other gays suffered during that particular moment in Cuban history is accurate. But, whatever the truth of the matter, I can attest to the fact that the condition and status of gay men and lesbians on the island today can only be described as much improved.

To prepare for my visits, I read Canadian Ian Lumsden’s useful introduction to Cuban gay life, Machos, Maricones, and Gays, Cuba and Homosexuality (1996). Lumsden, a lukewarm supporter of the Cuban revolution, provides a useful introduction that traces the history of gays during the early days of the revolution and surveys their status in contemporary Cuban society. I also watched Sonja de Vries’s 1995 documentary, Gay Cuba, which consists of a series of interview with gay men and lesbians who speak frankly of their lives and relationships with friends, family, and coworkers. (One of the producers of the film, an interviewee himself, now works as a tour guide and gave me useful background information on the film.) Gay Cuba was shown at the annual International Festival of New Latin American Cinema in Havana to public and critical acclaim. Nonetheless, some of the Cuban gays with whom I spoke expressed reservations about the film, suggesting that, while it is generally accurate, it nonetheless presents an incomplete portrait of gay life on the island nation.

Gay Cuba is not, however, the only filmed account of gay life in Cuba. Several other documentaries are available. A particularly interesting one, released in 1996, is Mariposas en el andamio (Butterflies on the Scaffold).

Mariposa is a Cuban term for drag queen, and the film documents the daily life and the performances of these artists in a Havana neighborhood called La Guinera. At my request, I was invited to La Guinera for a private show. Extremely poor before the revolution, La Guinera today is recognized by the United Nations for exemplary community development, but remains what might be called working class. Many of these drag shows are sponsored by the local CDRs (Committees for the Defense of the Revolution), and all play to large and enthusiastic audiences.

What I found during my time in Cuba was a gay community with many parallels to those of Europe and North America, as well as a number of differences. For one thing, all laws that discriminate against Cuban gays have been removed from the books. Earlier efforts to legislate behavior in Cuba gave rise to the Public Ostentation Law. Enacted in the 1930s, it was used effectively to harass gay people who refused to remain closeted. Aimed at those who “flaunted” their homosexuality, the law defined public and even private homosexual acts that might be witnessed involuntarily by others as offenses punishable by fine and detention. The Public Ostentation Law was repealed by the revolutionary government in 1988. The situation in Cuba is usefully contrasted with, for example, that of the United States where many states retain outdated anti-sodomy laws and where repressive legislation aimed at gays increasingly is enacted at the state level and proposed at the national level.

While in Cuba, I spoke with scores of gays, mostly men, and encountered none who said that their government was persecuting them, although many older people did talk about the “bad old days.” Most, however, reported incidents of private discrimination by individuals, and all resented the residual machista attitudes that remain stubbornly embedded in some levels of Cuban society. Nourished for centuries by Spanish colonialism, the Catholic Church, and a reverential attitude towards the traditional heterosexual family, these attitudes not only perpetuate prejudice against gays but also result in more highly polarized sex roles than generally exist in North American and European societies. No one with whom I spoke, however, reported active or systematic repression by the state.

One question that I asked many of my informants was, “Would you feel comfortable holdings hands with your boyfriend on the street?” Many responded with a qualified yes and several stated that they do just that. Indeed, two men or two women holdings hands is not an uncommon sight, at least not in Havana. But some also stated that they would stop holding hands at the approach of a police officer. Urban Cuban police forces recruit a high percentage of young macho males from the provinces, many with a chip on their shoulder against gays.

It is important to put Cuba’s past record of mistreatment of gays into perspective. While context does not excuse behavior, it is worth remembering that Cuba was scarcely alone in its anti-gay attitudes and actions. For example, in the Boise, Idaho, of the 1950s, scores of gay men were persecuted, driven from their homes, pursued when they fled to other states,and imprisoned in what came to be known as the Boys of Boise scandal, one of the most infamous anti-gay actions in United States history. Florida, home to so many Cuban expatriates, has a dreadful record of gay rights abuses, and in 1990, in Adrian, Michigan, the police staked out a public park for months on end before arresting nearly twenty men on charges of public indecency. The men, almost all of whom were married and self-identified as heterosexuals, were arrested in their homes in front of their wives, children, and in a couple of instances, grandchildren.

Cuba’s past record on gay rights may be no better than our own, but it can be argued that gay people in Cuba are better off today than those in any other Latin American society and even in parts of the United States and Europe. For example, it wasn’t too long ago that death squads in Rio de Janeiro were sent out to cleanse the city of its “queers.” In the U. S., the problem is more likely to be private violence underpinned by a pervasive hatred of gay people, as in the murders of Matthew Shepard and Brandon Teena.

Like North American and European societies, Cuba is undergoing a profound review and reconceptualization of its attitudes towards gays and lesbians.The 1993 film Fresa y chocolate (Strawberry and Chocolate) is the first Cuban film to deal openly and directly with homosexuality. The 1994 film, directed by Tomas Guitérrez Alea, has been widely praised. What is less well known is that the film was wildly popular across the island. Playing simultaneously at ten or twelve Havana theaters to lines several blocks long, it no doubt responded to a repressed desire on the part of Cubans to talk openly about this issue.

Another seminal incident along the road to acceptance for Cuban gays occurred in 1996. Pablo Milanes, a Cuban nova trova singer who has achieved quasi-sainthood among the island’s population, wrote a song about love between two gay men entitled El pecado original (Original Sin). Pablito, as he is affectionately known, dedicated the song to all Cuban homosexuals.

Introduced at his annual holiday concert held in the vast Carlos Marx Theater in the Miramar neighborhood of Havana, El pecado original took the audience and the country by storm and did much to advance the cause of gay acceptance. It is of interest to note that, in the 1960’s, Milanes was briefly confined to one of the UMAP (Military Units for Aid to Production) work camps set up to rehabilitate prostitutes, gays, and others considered to be delinquents. Although short-lived, the UMAP camps represent the low point in revolutionary Cuba’s treatment of its gay and lesbian citizens.

One of the most striking things about Cuba is the vitality of its cultural and intellectual life, particularly in Havana. Gay themes are prevalent in the theatre, in lectures, and in concerts. In December, 2000, I attended a play entitled Muerte en el bosque (A Death in the Woods), produced by the Teatro Sotano in Havana’s Vedado neighborhood. Based upon the acclaimed novel Mascaras (Masks), by Leonardo Padura, the play follows a police investigation into the murder of a Havana drag queen, a plot device that allows for an examination of Cuban attitudes and prejudices towards gays at every level of society.

On a lighter note, a group called La Danza Voluminosa, which features large dancers, produced an alternately amusing and touching ballet version of Racine’s Phèdre. The director opted for gender-blind casting and, indeed, a man danced the title role. A one-man -- yes, one man -- stage version of Strawberry and Chocolate played to considerable success a few years ago. And, in the 22nd International Festival of New Latin American Cinema held in Havana in December 2000, perhaps half of the films shown had gay themes or subtexts.

A striking contradiction in Cuban society today is the contrast between the rich cultural and intellectual life that is available and easily affordable, and salaries that make the purchase of a pair of shoes an event for which one must plan. In Cuba, theater tickets cost Cubans five pesos (25 U. S. cents). Admission to first-run films cost two pesos. Foreign tourists pay ten U. S. dollars for theatre performances, but are allowed to pay in pesos at the cinemas.

In Havana, gay-run and gay-clientele restaurants are not hard to find. Try, for example, the elegant French cuisine at Le Chansonnier or La Guarida, the latter located in the apartment in which Strawberry and Chocolate was filmed. Until its recent closing, the famous, indeed somewhat infamous, Fiat bar on the Malecon attracted hundreds of gay twenty-somethings who, on weekend nights, spilled across this emblematic Havana thoroughfare to line the sidewalk along the sea wall. Midnight mass on Christmas Eve at the Havana cathedral and any performance by the National Ballet at the Gran Teatro de la Habana attract scores of Cuban gays.

Gay culture in Cuba was without doubt repressed, sometimes severely, during the period described by Reinaldo Arenas in Before Night Falls. But where was it not in that pre-Stonewall era? This however, is not the reality that I found in today’s Cuba. Indeed, it is unlikely that the slick and trendy Out magazine would feature Havana as “The new gay hot spot … hot boys, drag-heavy bars, and a whole lot more” in its February 2001 issue, if Cuba were as repressive as its detractors would have us believe.

In sum, it does not seem productive to hold Cuba to an abstract standard that no other country in the world, certainly not my own, can claim to have reached. It is more useful to view this small island nation within the context of current reality. How well is Cuba doing compared to the rest of Latin America? How well is it doing relative to our own countries? How much progress has been made on a variety of fronts -- literacy, education, health care, housing, and of course gay rights -- over the past forty years? When one responds honestly to these questions, a vision of Cuba very different from that of Cuba’s detractors emerges.

This is a revised version of an article that first appeared in the November-December 2001 issue (v.8, no.6) of The Gay & Lesbian Review Worldwide.

Québec, Qc 2006




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