..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.116, Viernes, 24 de marzo del 2006

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Humanos sin derechos o derechos que no son humanos…

Una noticia, leída en el periódico Granma, desencadenó la necesidad de este Dossier. Este párrafo: “Este y otros casos similares sirvieron para que la legislatura de California aprobase una medida que prohíbe explícitamente el uso de cadenas durante el parto y la recuperación posterior.” enunciado como todo un logro, sacudió mi mente.

¿Un logro conseguir que quitaran las cadenas “durante el parto y la recuperación posterior”?? ¿Y este es el país que ordena y manda, que envía Relatores, que cuestiona y acusa a Cuba y a otros países, que desencadena intrigas en su provecho?? Es hora ya de cesar tanta y tanta prepotencia imperial!!

Compartimos acá trabajos publicados desde el año 2000 hasta la fecha. No hay cambios. No hay mejoras.

Prisioneras embarazadas en EE.UU. encadenadas durante el parto

San Francisco.—En la mayoría de las prisiones de Estados Unidos rutinariamente encadenan con grilletes a las prisioneras embarazadas durante y después del parto, según denuncia Amnistía Internacional en un nuevo informe.

El documento indica que las autoridades penitenciarias no distinguen entre las presas con antecedentes violentos o que hayan intentado escapar con anterioridad. En lugar de ello, todas reciben un tratamiento similar.

Entre los casos que menciona el informe figura el de Samantha Luther, una presa de Wisconsin, a quien le fue inducido el parto contra su voluntad dos semanas antes de la fecha prevista.

Tras inducirle la ruptura de la bolsa de agua, Luther anduvo durante varias horas por los pasillos del hospital con unos grilletes que no le permitían separar las piernas más de unos 45 centímetros.

“Fue humillante. Tenía los tobillos en sangre viva“, señala Luther, a quien no le quitaron los grilletes hasta el último momento, justo cuando el bebé estaba a punto de salir, informó EFE.

La suerte de q, una mujer encarcelada en San Joaquín Valley, en California, no fue más envidiable.

Sus guardianes la llevaron al hospital y, con contracciones cada tres minutos, le encadenaron una pierna a la silla de ruedas.

Los médicos tuvieron que practicarle una cesárea, pero su bebé murió de todas formas. Cuando despertó de la anestesia, y durante los cuatro días posteriores de recuperación, permaneció encadenada a la cama y bajo la vigilancia de un guardia armado.

Este y otros casos similares sirvieron para que la legislatura de California aprobase una medida que prohíbe explícitamente el uso de cadenas durante el parto y la recuperación posterior.

De la misma manera, las autoridades penitenciarias de Wisconsin emitieron en enero una circular para que el personal de las cárceles de este estado deje de encadenar a las presas que están de parto.

http://www.granma.cubaweb.cu/2006/03/21/interna/artic01.html


Crisis de violaciones en prisiones de Estados Unidos

Violación de hombres en prisiones de Estados Unidos, acusa a las autoridades estatales de responsabilidad para el abuso sexual entre presos en las cárceles de hombres de Estados Unidos. El informe de 378 páginas se basa en más de tres años de investigación y es el primer estudio nacional de la violación entre presos. En las prisiones y cárceles de Estados Unidos hay unos dos millones de presos.
(Nueva York, 19 de abril de 2001)

"La violación no es una consecuencia inevitable del encarcelamiento," dijo Joanne Mariner, subdirectora de la División de las Américas de Human Rights Watch y autora de este informe. "Pero es una consecuencia predecible si las autoridades penitenciarias hacen muy poco por prevenirla y castigarla."

Human Rights Watch advirtió que al no aplicar medidas razonables para prevenir y sancionar la violación -- y, de hecho, en muchos casos, adoptar medidas que propician la victimización sexual -- las autoridades estatales permiten la existencia de este abuso devastador física y psicológicamente. Las conclusiones de la organización se basan en la correspondencia con más de 200 presos repartidos en 34 estados, entrevistas con internos, y una encuesta general de las autoridades correccionales estatales.

Ciertos presos son objeto de explotación sexual en cuanto ingresan en un centro penitenciario: su edad, apariencia, preferencia sexual y otras características los señalan como candidatos para el abuso. La investigación de Human Rights Watch reveló toda una serie de factores correlacionados con una vulnerabilidad mayor a la violación. Entre estos se encuentran la juventud, el tamaño pequeño y la debilidad física; el ser blanco, homosexual o haber delinquido por primera vez; la posesión de características "femeninas" tales como cabello largo o una voz aguda; la falta de firmeza, de agresividad y de recursos para sobrevivir en la calle, la timidez, la intelectualidad o la "pasividad;" o el estar condenado por un delito sexual contra un menor.

Esclavitud sexual

En el caso más extremo, Human Rights Watch descubrió que los presos que no pueden escapar de una situación de abuso sexual pueden convertirse en los "esclavos" de sus violadores. Obligados a satisfacer los apetitos sexuales de otro hombre siempre que le plazca, puede que también estén encargados de lavarle la ropa, darle masajes de espalda, cocinar su comida, limpiar su celda y una serie de tareas. Suelen ser "alquilados" como objetos sexuales, vendidos o incluso subastados a otros presos.

No existen datos nacionales concluyentes sobre el grado de difusión de la violación entre presos en Estados Unidos. Pero la encuesta estadística más reciente, publicada en el Prison Journal, señalaba que el 21 por ciento de los presos en siete prisiones del medio oeste había experimentado al menos un episodio de contacto sexual con presión o forzado desde su ingreso en prisión, y que al menos el 7 por ciento de los presos habían sido violados en sus centros penitenciarios. Y en una encuesta interna del departamento de correccionales de un estado sureño, los funcionarios de primera línea -- aquellos encargados de la supervisión directa de los presos -- estimaron que una quinta parte de todos los presos estaban siendo coaccionados para participar en actos sexuales entre presos.

"Las violaciones pueden ser inimaginablemente despiadadas y brutales," dijo Mariner. "Los ataques en grupo no son infrecuentes y las víctimas pueden quedar golpeadas, sangrando y, en los casos más extremos, muertas."

Uno de los casos más trágicos y violentos recogidos en el informe es el de Randy Payne, un joven de 23 años encarcelado en Texas. Una semana después de ingresar en prisión, Payne fue atacado por un grupo de una veintena de presos. Los presos le exigieron sexo y dinero, pero Payne se negó. Le golpearon durante casi dos horas y murió por heridas en la cabeza unos días después.

Las víctimas de violación suelen sufrir un estrés psicológico extremo, una condición identificada como "síndrome traumático de la violación." Muchos presos víctimas de violación con los que ha mantenido contacto Human Rights Watch dijeron padecer pesadillas, depresión profunda, vergüenza, pérdida de autoestima, odio a sí mismos, y consideraban la posibilidad del suicidio.

"Indiferencia deliberada"

Las autoridades correccionales niegan generalmente que la violación entre presos es un problema grave. Human Rights Watch encuestó a autoridades penitenciarias de los 50 estados del país sobre la difusión de la violación y el abuso sexual. En esta encuesta de varios años, ninguno de los estados informó de tasas de abusos próximas ni siquiera ligeramente a las ofrecidas por los investigadores académicos. Por ejemplo, los funcionarios de prisiones de Nuevo México dijeron, en relación con "el 'problema' de la violación y el abuso sexual entre presos" (las comillas internas son suyas), que no tenían "constancia de incidentes durante los últimos años." Casi la mitad de los estados no recopilan estadísticas a parte sobre ataques sexuales.

La reticencia de las autoridades a reconocer el problema de la violación entre presos se refleja no sólo en las estadísticas oficiales engañosas, sino también en una respuesta claramente inadecuada a los casos de violación. "Las prisiones estatales de Estados Unidos no han adoptado ni siquiera las medidas fundamentales obvias, necesarias para controlar la violación en las prisiones," dijo Mariner. "Esta indiferencia deliberada ha tenido consecuencias trágicas."

Un problema principal es la respuesta deficiente-y, en muchos casos, insensible e irresponsable-del personal de los correccionales a las denuncias de violaciones. Cuando un preso informa a un funcionario de que le han amenazado con violarle o, lo que es peor, que le han atacado, es crucial que su denuncia se investigue y que sea protegido de nuevos abusos. Sin embargo, Human Rights Watch descubrió que el personal de las prisiones ignora con frecuencia e incluso reacciona con hostilidad frente a las denuncias de violación de los presos.

"Otro factor importante que propicia el problema de violaciones en las prisiones es que el sistema de justicia penal no se ocupa de estos delitos," dijo Mariner. "Los responsables de la violación en las prisiones rara vez se enfrentan a cargos penales, ni siquiera cuando la violación viene acompañada de violencia física extrema."

El caso de M.R., un preso de Texas, es ilustrativo de esta situación. M.R. fue violado violentamente y golpeado varias veces por el mismo preso en un período de varios meses. Por temor a su vida, denunció el abuso a las autoridades penitenciarias, pero no le ofrecieron protección. De hecho, un investigador desestimó el problema calificándolo de "pelea entre amantes." Finalmente, un día el violador se presentó en la zona de internamiento del M.R. y volvió a atacarle. El violador golpeó a M.R. con un candado de combinación con tal fuerza que se podía leer el nombre del fabricante (Master) en su frente. M.R. salió de la violación con fractura de cuello, mandíbula, clavícula izquierda y un dedo; dislocación del hombro izquierdo; dos contusiones graves y laceraciones en el cuero cabelludo que le provocaron hemorragia cerebral. A pesar de la violencia extrema del ataque, y de los intentos de M.R. para presentar cargos, el violador nunca fue procesado penalmente.

Otra consecuencia devastadora de la violación entre presos que se discute en el informe es la trasmisión del virus del VIH. Varios presos con los que está en contacto Human Rights Watch creen haber contraído el VIH, el virus que causa el SIDA, a través del coito forzado en prisión.

En el libro de Human Rights Watch se explica:

- porqué y cómo se produce el abuso sexual entre presos;
- quién lo comete y quiénes son sus víctimas;
- los efectos a largo plazo de la violación en las prisiones, tanto físicos como psicológicos;
- cómo están intentando lidiar con el problema las autoridades penitenciarias; y
- qué reformas han de instituirse para mejorar la prevención de la violación.

"La violación en las prisiones forma parte de la mitología de la vida carcelaria. Pero en realidad, se trata de un abuso devastador a los derechos humanos que puede y debe prevenirse," dijo Mariner. En el informe se incluyen amplias recomendaciones a las autoridades federales y estatales, a las que se insta a aumentar sus esfuerzos para tratar esta grave violación a la dignidad humana.

http://www.hrw.org/spanish/press/2001/eeuu_hombres.html


Desarraigado en su propio país: cómo trabajan los detenidos
El complejo industrial-penal en los Estados Unidos

por Vittorio Sergi*, Matteo Dean*

Las prisiones son un negocio jugoso, sobre todo en los Estados Unidos, donde se encuentra mano de obra barata, sin derechos y -claro está- cautiva. Muchas grandes empresas entre las que se encuentran Microsoft, Starbucks et Colgate Palmolive se aprovechan de ese sistema. Más allá de beneficios sustanciales, el complejo industrial-penal en los Estados Unidos funciona como un inmenso sistema de represión, control y explotación.

En 1961, el general y presidente Dwight Eisenhower empleó por primera vez el término «complejo militar-industrial» para designar la alianza estratégica entre los círculos militares estadounidenses y los industriales del armamento cuyo objetivo era el crecimiento de sus ganancias mediante la promoción de su mercancía: la guerra.

Durante la Guerra Fría, esta alianza generó enormes beneficios para el sector privado -especialmente gracias al apoyo político y económico del Estado -que recurría cada vez más a la fuerza militar, apoyaba las guerras de contrainsurgencia y estimulaba la construcción masiva de armas nucleares. El «complejo industrial-penal» (PIC en inglés) designa el vasto sistema represivo, de control y de explotación en que se ha convertido hoy el sistema carcelario estadounidense.

Durante los últimos 30 años, hubo una explosión de la población carcelaria -se duplicó desde 1990 [1]. Hoy existen dos millones de detenidos, cifra a la que se deben añadir los cinco millones de personas en libertad condicional [2].

Los Estados Unidos, que representan el 5% de la población mundial, tienen así el 25% de los prisioneros del planeta. Además, desde la «guerra contra la droga» llevada a cabo por el gobierno de Ronald Reagan (1981-1989), la composición étnica de la población carcelaria difiere notablemente de la que corresponde a la sociedad norteamericana.

El 63% de los presos es de las minorías negra y latina, mientras que estas minorías constituyen solamente el 25% de la población nacional [3]. Aunque esta disparidad tenga una relación evidente con la distribución de las riquezas según los orígenes étnicos, así como con las cifras de la criminalidad, esto no lo explica todo.

Numerosos expertos consideran que se trata en realidad del proseguimiento insidioso de las políticas discriminatorias. La prisión sería el sistema más rentable para hacer desaparecer a aquellos que la sociedad considera inaceptables. ¿Por qué?

Pilar Maschi, es ex presa y madre soltera de una niña de cinco años, ahora activista a tiempo completo del movimiento abolicionista Critical Resistance. Esta asociación lucha por la eliminación de todas las prisiones y por la reconstrucción de comunidades y relaciones solidarias.

A continuación la explicación que brinda: «Desde la década del 70, el Estado llevó a cabo una feroz represión ante al levantamiento de los movimientos de la gente de color, grupos radicales, movimientos feministas y, en general, de rechazo a la guerra de Vietnam. Al mismo tiempo se emprendieron cambios profundos en la estructura productiva.

Los jefes empresariales, con el apoyo del gobierno, abandonaron a millones de personas cuyo trabajo ya no era necesario. Convertidas en inútiles, estas personas fueron etiquetadas como peligrosas para la sociedad.

Fueron clasificadas como desempleadas o criminales por parte del PIC que simplemente encontró la forma de generar un beneficio económico a partir de estos excluidos. En 1970, la cifra de prisioneros en los Estados Unidos era de 200,000, mientras que hoy supera los dos millones.»

Ik Aikur, originario de Nigeria, igualmente activista de Critical Resistance en New Haven (Connecticut), destaca el alto grado de exclusión en las comunidades de color que no tienen otra alternativa a no ser el servicio militar, los trabajos mal remunerados y precarios o la de emprender una actividad ilegal que tarde o temprano lleva a la prisión y por ende a una mayor exclusión.

Imagínense en particular que una sola condena por infracciones vinculadas a la droga o a la violencia provoca la imposibilidad legal de obtener un empleo. Las mujeres sufren el PIC doblemente: como presas, o como compañeras o familiares allegadas a los presos masculinos que por falta de posibilidades de reinserción regresan a sus comunidades y reproducen los esquemas de violencia y adicción.

El encarcelamiento masivo tiene efectos terribles entre los grupos sociales ya marginados, con fuertes índices de consumo de drogas y desempleo, especialmente entre los afronorteamericanos, los latinos y los indígenas víctimas del PIC. Critical Resistance estima que de cada tres jóvenes afronorteamericanos uno se encuentra en prisión o ha estado preso. En las comunidades más pobres estas cifras son aún más elevadas...

Los negocios son los negocios

El boom de la privatización de los servicios de seguridad comenzó en los años 90. Los centros de detención para inmigrantes indocumentados del Servicio de Inmigración y Naturalización (SIN) -que poseen centros especiales para inmigrantes, pero que utilizan igualmente prisiones convencionales- están también integrados en el sistema. Durante el año fiscal 2000, el presupuesto del SIN era de 4 270 millones de dólares, con un aumento del 8% en relación con el año anterior [4].

Desde el 11 de septiembre, que tuvo como consecuencia el encarcelamiento por plazo indeterminado de miles de ciudadanos de origen árabe, la inversión en este sector aumenta continuamente [5]. Las empresas privadas que se encargan de la gestión, de la seguridad y de la deportación de extranjeros se benefician igualmente desde los años 90 con el aumento del financiamiento para encarcelar a los indocumentados.

La primera experiencia de prisiones privadas tuvo lugar en los años 80, durante la administración Reagan, con la construcción de algunas prisiones de seguridad mínima en Houston y en Laredo, Texas.

Con las habilidades «técnicas» de ex directores de prisiones y el dinero de las empresas -especialmente de Kentucky Fried Chicken- se fundó la Corrections Corporation of America (CcA), actualmente la mayor empresa privada del sector, con contratos en los Estados Unidos, Puerto Rico, Inglaterra y Australia. El ex agente del FBI George Wackenhut fundó la Wackenhut Corrections, otra importante empresa especializada en prisiones privadas.

No es difícil observar lo que sucedió durante los últimos veinte años: en la última fase de la Guerra Fría, la industria guerrerista, la tecnología y el conocimiento en seguridad se convirtieron en jugosos negocios. El «complejo industrial-penal» tiene diferentes facetas, pero la más rentable entre ellas, tanto para las grandes empresas que lo administran como para aquellas que tratan de reducir sus costos de producción, es la abundancia de mano de obra barata en las prisiones.

Un ejemplo escandaloso es el de la empresa LTI Inc. que, de acuerdo con la Wackenhut Corrections, trasfirió sus instalaciones al interior de las estructuras carcelarias para aprovechar la mano de obra. ¿Dónde si no encontrar trabajadores que reciban el salario mínimo y no puedan sindicalizarse?

No se trata de un caso aislado. En California, el sistema es floreciente gracias a los bajos costos de la mano de obra (22 centavos de dólar la hora [6] y beneficia a diversas empresas: Microsoft, Colgate Palmolive, Starbucks... [7]. Si no quieren perder sus «ventajas» (la libertad condicional o el beneficio por buena conducta), los trabajadores no tienen otra opción que el trabajo.

Estos esclavos modernos -obligados a trabajar y privados de todo derecho- son de gran utilidad para las empresas que los utilizan. Los beneficios obtenidos por el trabajo de los prisioneros en 1980 fueron de 392 millones de dólares. Alcanzaron 3,310 millones en 1994 gracias al aumento del número de prisioneros.

Las principales empresas del sector se nombran Wackenhut Corporation, CCD y Correctional Services Corporation. Ya han exportado el modelo a otros países anglófonos y piensan extender sus mercados durante los próximos años a otros países industrializados.

Los efectos perversos de esta estrategia son evidentes: la demanda de mano de obra barata y de inversiones produce una fuerte presión sobre el sistema policiaco y judicial en el sentido de un aumento del número de prisioneros. El negocio del PIC representa también con frecuencia la única oportunidad de atraer ingresos y crear puestos de trabajo en las comunidades rurales empobrecidas.

Ruth y Craig Wilmore son responsables del California Prison Moratorium Project, un movimiento cuyo objetivo es impedir la construcción de nuevas prisiones y militan por el cierre de las ya existentes.

Ruth acaba de escribir un libro sobre estas luchas en California cuyo título es más que elocuente: Golden Goulag. California, quinta economía del mundo, posee también las estadísticas más escalofriantes: durante las últimas dos décadas, allí se construyeron 23 prisiones con capacidad de entre 4,000 y 6,000 prisioneros.

El ejemplo de Corcoran (condado de Kings) es elocuente. Este pequeño centro agrícola posee dos prisiones y un total de 11,000 prisioneros. La población de 9,000 habitantes es estable desde 1980 -fecha en que se construyó el primer establecimiento. En esa época, mil habitantes vivían por debajo del límite de pobreza. Diez años más tarde, tras una inversión del Estado en las prisiones de mil millones de dólares, el número de pobres pasó a 2,000 [8].

Represión, exclusión y consenso

Ante tal panorama, el grado de aceptación general del PIC no deja de sorprender. Las organizaciones que protestan contra un sistema que hace de los Estados Unidos el primer país por su número de prisioneros no son muchas. Paul Wright, preso en el Estado de Washington y editor de la revista Prison Légal News, analiza este fenómeno de aceptación generalizada.

En una de sus intervenciones [9], ilustra el modelo cultural que sostiene la idea del PIC como un sistema de justicia que busca el castigo y la defensa de la parte «sana» de una sociedad en plena descomposición.

Basta observar la producción cultural oficial para comprender cómo la construcción de un imaginario colectivo forma parte del PIC. Desde las grandes producciones de Hollywood hasta la creación publicitaria de todo tipo de productos, las referencias al mundo de las prisiones propagan la idea de un mundo duro y difícil, pero justo e indispensable.

Este proceso conduce a una moralización del sistema carcelario que apoya que el hecho de poner a la gente en la cárcel es no sólo justo, sino indispensable para que la sociedad permanezca sana y pueda salvar sus propios valores.

La extensión y el crecimiento durante los últimos años de la cantidad y la diversidad de las formas de detención en los Estados Unidos no tiene paralelo en el mundo.
Y, desde la superprisión de Pelican Bay (California) hasta Guantánamo (Cuba), Abu Ghraib (Irak) y Woomera Camp (Australia) asistimos a la globalización de este modelo y de esta práctica: encerrar a la población que molesta o simplemente a los casos difíciles para los proyectos neoliberales. Conviene preguntarse si frente a este panorama es posible considerar una globalización de las alternativas al encarcelamiento, así como un concepto de seguridad y justicia no punitiva -y que no conduzca a la exclusión.

*Vittorio Sergi, Periodista italiano.
*Matteo Dean, Periodista italiano.

[1] «Overview of Critical Resistance on the Prison Industrial Complex», en Critical Resistance to the Prison Industrial Complex, edición especial de Social Justice, 2000, San Francisco.
[2] Informe del Instituto del Tercer Mundo - Guía del Mundo, Montevideo, Uruguay, 11/4/2003.
[3] Informe del Instituto del Tercer Mundo - Guía del Mundo, Uruguay, 2003.
[4] Michael Welch. «The role of the Immigration and Naturalisation Service in the Prison Industrial Complex», en Social Justice, Vol. 27, No.3, 2000.
[5] Cada día, cerca de 20 000 personas -hombres, mujeres y niños- se enfrentan a un encarcelamiento ilimitado (las penas pueden variar entre algunos meses y años en prisiones tanto estatales como privadas, y en condiciones tales que los derechos humanos más elementales no son respetados). Rachel Meerpol. «The post 9/11 investigation and Immigration detention», in America’s Disappeared, Seven Stories Press, New York, 2005.
[6] «The Prison Industrial Complex and the Global Economy», de Eve Goldberg y Linda Evans, en www.prisionactivist.org.
[7] En la mayor parte de los casos, estas grandes empresas utilizan subcontratistas para efectuar estos trabajos. Prisioneros del Twin Rivers Correctional Center de Washington han explicado que han empaquetado los sistemas operativos Windows 95 de Microsoft. El fabricante de jeans Lee hace coser sus tee-shirts en el Richard J. Donovan State Correctional. Para mayores informaciones consultar www.corpwatch.org.
[8] «The other California», en Globalize Liberation, City Lights Books, San Francisco, 2004.
[9] «Critical Resistance to the Prison Industrial Complex», San Francisco, 2002.

http://www.voltairenet.org/article125553.html


Amnistía denunció abusos a homosexuales

ANSA

LONDRES.- Amnistía Internacional (AI) denunció que miles de lesbianas, homosexuales y transexuales en Estados Unidos son víctimas de abusos sexuales, violencia verbal, humillación y malos tratos por parte de la Policía.

En un informe publicado en Londres, AI indicó que miles de homosexuales y transexuales son víctimas de violencia de género y abusos policiales, de activistas, abogados y agentes policiales en Estados Unidos.

La denuncia se basó en entrevistas efectuadas entre 2003 y 2005 por la organización.

"Estas entrevistas revelan una práctica muy clara y preocupante. Cada día, en centros de detención, en prisiones, en casas y en la calle se dan casos de golpizas, violencia sexual, abusos verbales, acoso y humillación por parte de agentes de la ley contra lesbianas, gays, bisexuales y transexuales", explicó la ONG británica.

El documento informó además que la situación es aún más grave cuando los homosexuales pertenecen a minorías étnicas o raciales, son jóvenes o inmigrantes.

"A pesar de los notables progresos alcanzados en las últimas décadas en el reconocimiento de los derechos de homosexuales, bisexuales y transexuales en Estados Unidos, las persistentes actitudes discriminatorias han creado una situación en la que los abusos contra estas personas suelen considerarse como algo 'normal'", agregó.

Según AI, el problema principal "es la aplicación discriminatoria de muchas otras leyes" y por ello, pidió a las autoridades federales y estatales de Estados Unidos que tomen medidas para impedir la aplicación discriminatoria de la ley, investiguen todas las denuncias de abusos sexuales, físicos y verbales cometidos por sus agentes y lleven a los responsables ante la Justicia.

El informe de AI forma parte de una campaña lanzada en septiembre de 2005 acerca de los abusos policiales contra lesbianas, homosexuales, bisexuales y transexuales.

http://www.eltiempo.com.ve/noticias/default.asp?id=67546


10 COSAS QUE DEBE DE SABER SOBRE LAS PRISIONES EN LOS ESTADOS UNIDOS

1. Hay mas de 1.8 millones de personas encarceladas en prisiones y cárceles de los Estados Unidos hoy en día.

2. En 1992 habían 332 personas encarceladas por cada 100,000 en los EEUU. Últimamente, EEUU ha tenido el porcentaje de personas encarceladas mas alta del mundo y el estado de California ahora tiene el porcentaje de personas encarceladas mas alto - mas de 626 por cada 100,000 personas.

3. Uno de cada 3 hombres Afro-Americanos en los EEUU irá a prisión durante su vida. Esta figura no incluye los que están en las cárceles, los que están libre bajo palabra, ni los que están en libertad condicional.

4. Las mujeres representan la sección de la población encarcelada que va creciendo más rápidamente.

5. Hoy en día, el porcentaje de personas de color encarceladas en los EEUU es mas alta que en cualquier otra nación.

6. Cuesta más dinero mandar una persona a la cárcel por un año que a la Universidad de Harvard por un año.

7. Las prisiones no están llenas de personas violentas y peligrosas; la mayoría de las personas en las prisiones han sido encarceladas por cargos de drogas y actos que no involucran nada de violencia.

8. Corporaciones privadas como Eddie Bauer y Lexus Cars usan personas encarceladas como esclavos. Los prisioneros están prohibidos por ley de formar uniones o hacer huelga; no están protegidos por las leyes de sueldos mínimos del F.L.S.A. y no pueden hacer quejas ni negar de trabajar sin recibir represalias graves.

9. Las condiciones en las prisiones Estadounidenses han sido condenadas varias veces por tales grupos como Amnesty International y Human Rights Watch por violar Las Reglas Mínimas para el Tratamiento de Prisioneros de las Naciones Unidas.

10. El tratamiento de salud para prisioneros prácticamente no existe. Es común de negarle a los prisioneros exámenes y tratamiento medico.

Al contrario de lo que el gobierno y la prensa nos hace creer, fuentes como el Uniform Crime Report y el Sourcebook of Criminal Justice Statistics (BJS 1995) confírman que no ha subido el porcentaje de crímenes. A pesar de eso, el porcentaje de personas encarceladas ha subido más de tres veces y los gastos para la "justicia" criminal ha subido seis veces.

El enjaular a más y mas personas por mas tiempo no se dirige a los problemas verdaderos en nuestra sociedad. Justicia social lo hará. Tenemos que tener cuidado medico, vivienda y educación. ¡Hay que terminar la pobreza y el racismo ahora!

Datos compilados por Prison Activist Resource Center en cooperacion con Oberlin Action Against Prisons

http://www.prisonactivist.org/espanol/diescosas.html




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