..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.117, Viernes, 31 de marzo del 2006

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Ese día empecé a entender a Silvio
Por Luis Eduardo Rumbaut | Washington

No es un texto reciente. Sin embargo, siendo como es demostrativo del peso que nuestra música, nuestra cultura, tienen en la defensa de nuestras ideas, en lo que hemos dado en llamar “batalla de ideas”, y como homenaje también a esa fuerza más que ha sido, es y será la Nueva Trova Cubana, vaya este pequeño texto:

"No eran ídolos de la farándula, sino trovadores que cantaban sus canciones sin más escenario que una silla donde sentarse, y que le hablaban a la audiencia desde el corazón."

Siempre había dicho que a Silvio yo no lo entendía. Entre unicornios Azules y las minas del Rey Salomón me dejaba rascándome la cabeza. Quizás era Yo muy literal cuando de música se trataba; lo cierto es que la poesía no Era mi punto fuerte. Sí, le envidiaba a Silvio el efecto que parecía él Tener sobre las muchachas, pero eso era aparte.

Yo perseguía lo que tuviera un sonido más tradicional, más "cubano". Tenía que ser, creo, porque después de haberme pasado años en lugares donde no oía música cubana, me era necesario recuperar un poco lo definitorio de la identidad nacional, más que perderme en cosas que terminaran desviándome de ella. Si quería aprender a tocar música cubana, tendría que comenzar por los clásicos, así como Picasso estudió el dibujo clásico de las figuras antes de ponerse a desbaratarlas.

La venida de Pablo y Silvio echó a un lado toda discusión que llevara conmigo mismo al respecto. Una grieta en la valla del embargo permitía venir a los dos cantautores más conocidos de aquello nuevo, bien llamado Nueva Trova. Los traíamos nosotros, sin medios propios para hacerlo, ni experiencia para guiarnos. Y los llevaríamos a la Universidad de Georgetown, sede de la notoria Facultad de Política Exterior, cantera de los Departamentos de Estado de la guerra fría y centro de reunión de intelectuales cubanos de derecha. O así se consideraban ellos, intelectuales, aunque a mí no me constaba. Lo que sí era seguro que no nos darían la bienvenida.

No nos cayeron bombas, al fin y al cabo, sino a volantes y a consignas, nada que nos alejara de nuestro propósito. Vi a Pablo y a Silvio de cerca. Eran muchachos no muy mayores que nosotros, salvo que inmensamente más talentosos. Simples, hasta humildes, sin alardes ni posturas. No eran ídolos de la farándula, sino trovadores que cantaban sus canciones sin más escenario que una silla donde sentarse, y que le hablaban a la audiencia desde el corazón.

Cantaron a Latinoamérica, a Cuba, al amor, a las cosas de la vida. Contra el golpe en Chile -"Yo pisaré las calles nuevamente..." Tranquilos pero desafiantes, seguros de sí mismos en aquel entorno inquietante. Me di cuenta de la fuerza que traían, sin más que sus voces y sus guitarras, y de la fuerza que tenía que haber detrás de ellos, del pueblo del cual se nutrían.

Les puse oído y atención, y no esperé más que Silvio llegara a sonar como un sonero de Oriente. Pero el mensaje era profundo, y calaba. "Madre, en tu día, tus muchachos barren minas en Haiphong..." Le di vuelta a esas diez palabras. ¿Cómo había llegado un joven cubano a relacionar el día de las madres con el minar del puerto vietnamita durante la cruenta guerra? ¿Por qué golpeaba así esa imagen? Ese era el arte de ellos, lo que cambiaba ideas y prejuicios y hacía repensar las cosas. Esa era la Nueva Trova.

Han vuelto después. Hace poco tiempo un grupo de amigos casi traemos a Pablo otra vez. Pero aquella ocasión fue especial. Fue la primera vez que Pablo y Silvio vinieron a Washington, y fue cuando yo empecé a entender a Silvio.
Washington, D.C.
26 de julio 2001

http://www.lajiribilla.cu/2001/n13_julio/368_13.html




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