|
 Fotos de un genocidio
Por: Reinaldo Spitaletta
La guerra -cualquier guerra- es una monstruosidad. Y más
si en ella, la mayoría de víctimas son mujeres, niños,
ancianos, civiles todos. Carne de cañón. Hay guerras
lejanas, que a veces vemos por televisión, en vivo y en directo,
mientras comemos crispetas arrellanados en un sofá o en la
cama. Pasó, por ejemplo, con la del Golfo Pérsico.
Mortales luces de bengala transmitidas por la CNN.
Pasa,
por ejemplo, con la espantosa invasión de los Estados Unidos
a Irak, que convirtió al periodismo norteamericano en mercenario,
con aquellos enviados especiales incrustados en tanques de guerra,
para “justificar” lo injustificable: una ocupación
ilegal, fundamentada por Bush y sus halcones en una mentira que,
de tanto repetirla, muchos creyeron que era verdad.
A tres años de que los marines estadounidenses horadaran
el suelo de una nación soberana, con la “argumentación”
de un presidente según la cual se trataba de llevar la “democracia”
y la “libertad” al sufrido pueblo iraquí, con
lo cual, además, aumentó sus padecimientos, las barbaridades
cometidas por los enviados del “eje del bien” no cesan.
Es
más: aumentan y causan estremecimiento e indignación.
No solo lo de las torturas en Abu Ghraib, ya de por sí una
violación a lo más íntimo de la condición
humana, sino todo lo que ha sucedido, digamos, en Basora, en Bagdad,
en Mosul… y en todas aquellas ciudades iraquíes martirizadas
por la crueldad de las tropas gringas.
Como lo dijo el dramaturgo y actor Peter Ustinov: “la guerra
es el terrorismo de los ricos”. La pregunta, tantas veces
formulada, sigue vigente: ¿Cuántos muertos más
necesita Bush (ah, y sus aliados de Europa) para saciar su apetito
de sangre? ¿Qué clase de “liberación”
ha sido ésta, cuando, en realidad, se trata de un genocidio?
Mientras
la resistencia iraquí ha causado un poco más de dos
mil bajas mortales a los invasores, éstos cada día
producen centenares de muertos y heridos entre el pueblo. El asolado
país, una de las cunas de la civilización, se llena
de montañas de cadáveres y de mutilados. Claro que
la “gran prensa” poco muestra la situación de
salvajismo de los ejércitos del imperialismo estadounidense.
Sin embargo, la carnicería y barbarie de los invasores sí
es posible “verla”, y en el mundo cada vez crecen las
voces de protesta contra la masacre del pueblo iraquí. Tal
como lo han revelado recientes fotografías, publicadas por
la agencia de noticias IPI y que se pueden apreciar en la página
redvoltaire.net.org. Son escalofriantes. Y dolorosas.
Una
niña, de blusita de cuadros, junto a un muro ensangrentado,
llora. Uno escucha sus dramáticos gritos. Siente sus lagrimones.
Y quiere gritar y llorar con ella. Cerca de la chiquilla, que está
sentada sobre la hierba, se ven los pies de su padre, muerto por
marines norteamericanos.
Otra niña, Ibtihal Jassem, aparece en brazos de un tío
suyo. Alrededor, cuerpos yacentes: ¿muertos, heridos? La
niña ha perdido uno de sus pies por los bombardeos de los
estadounidenses. Además, según los reportes, perdió
a nueve miembros de su familia, el segundo día de iniciada
la invasión de Bush, en marzo de 2003.
Así
que en esos testimonios de horror, que ahora se difunden por la
red, como una manera de denunciar las atrocidades norteamericanas
en Irak, uno puede ver, por ejemplo, a un hombre que grita en medio
de ataúdes en los que yacen sus familiares muertos durante
la masacre de Hilla, cerca de Babilonia. O al señor Najem
Khalaf junto al cadáver de su hija Nadia, de 33 años,
muerta por un misil norteamericano.
Ahí, contándonos sobre la sangre y la muerte y la
humillación, aparecen fotografías de niños
sin piernas, de niños quemados, de niños que imploran
y lloran frente a sus casas destruidas, frente a una orfandad reciente.
Frente a un invasor sin clemencia. Muestran con su angustia y dolor
sin límites en qué consiste la célebre “democracia”
y “libertad” que les ha llevado Bush, con bombas y misiles.
Y
del otro lado, de los soldados invasores, también se pueden
ver fotos, que la mayoría de medios estadounidense no ha
divulgado, porque en el “país de las libertades”
la censura al respecto es abominable. Marines lisiados, militares
con sus rostros quemados, desfigurados, por estar al servicio de
una ocupación imperialista. También se puede apreciar
a Donald Rumsfeld, secretario de Defensa, al que no le faltan las
piernas, ni los brazos, y luce radiante, conversando con un sargento
que perdió sus miembros inferiores.
Qué guerra monstruosa. Qué salvajismo el del “civilizado”
imperio. Entre tanto, esas fotografías espeluznantes nos
siguen conmoviendo, hablándonos desde la distancia de la
carnicería provocada contra el pueblo iraquí por Bush
y sus delirantes halcones. ¿Quién castigará
a los genocidas?
http://www.argenpress.info/nota.asp?num=028862
|