..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.117, Viernes, 31 de marzo del 2006

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El Manifiesto Comunista: Un Documento Que Resiste El Proceso De Descarte En Las Bibliotecas
Por Felipe Meneses Tello

Resumen

El presente artículo se circunscribe a examinar y demostrar con rigurosidad que el Manifiesto del Partido Comunista o simplemente Manifiesto Comunista, escrito por Karl Marx y Friedrich Engels en 1847 y publicado en 1848, es un documento vigente y más verdadero en la presente era de la globalización. Por tanto, es más razonable afirmar que esta obra marxista es un libro que resiste el proceso de descarte en algunas bibliotecas especializadas en ciencias sociales y humanidades.

En suma, para demostrar el valor, la influencia y la vigencia del Manifiesto comunista, este ensayo contiene un esbozo bibliotecológico desde una perspectiva sociológica y política. Esto es posible plantear porque actualmente ciertos autores han estado escribiendo la relevancia del Manifiesto bajo el impacto globalizador del capitalismo.

Abstract

This article is devoted to examine and rigorously prove that the Manifesto of the Communist Party or simply Communist Manifesto, written by Karl Marx and Friedrich Engels in 1847 and published in 1848, is a document than remains more true than ever in the present era of globalization. Therefore, it is reasonable to affirm that this important book should not be discarded from the libraries specialized in social sciences and humanities.

In short, to demonstrate the value, influence and validity of the Communist Manifesto, we provide in this essay a librarianship sketch from a sociological and political point of view. It is possible to establish becouse at present some authors have been writing the relevance of Manifesto under the globalizing impact of capitalism.

Introducción

En 1998 el Manifiesto del Partido Comunista cumplió 150 años de haber sido publicado en Londres, esto es, en febrero de 1848. Se trata de una pieza bibliográfica de singular valor escrita por Karl Marx y Friederich Engels que resiste, como se argumentará, uno de los actos fundamentales del proceso de desarrollo de colecciones: el referente a la práctica de la selección negativa, actividad que valora a una obra como desfasada con la realidad actual y, por tanto, es eliminada de la colección o relegada a un almacén de la biblioteca. En otras palabras, analicemos por qué el Manifiesto, editado originalmente en alemán, continúa manteniéndose firme ante el ejercicio denominado descarte o, como generalmente se le llama en la bibliotecología española, «expurgo o reselección»; y en la bibliotecología anglosajona, «discard o deacquisition».

Generalidades sobre el valor del documento

Para comenzar nuestro análisis, es preciso aclarar por qué el Manifiesto se le considera como un documento de especial valor. En atención a ciertos estudios, el escrito socialista de Marx y Engels transciende tiempo y espacio porque es el que más, “con excepción de la Biblia, ha sido traducido y reeditado en todo el mundo” (Bagu, 1998, p. 43; Lowy, 1998, p. 15) “en más de cien idiomas” (Semo, 1998, p. 18); por ende, “se ha vuelto literalmente en el documento más leido en la historia de la humanidad” (Markowitz, 1998, p. 21); razón por la que “ha influido en la vida de millones de personas alrededor del mundo” (Pha, 1998, p.29); todo esto ha dado motivo que sea analizado y no precisamente “venerado por algunas de las mejores mentes de la inteligencia europea y americana” (Avineri, 1998, p. 101); y porque la naturaleza de su contenido “llama a la acción, define posiciones y hace consideraciones tácticas y estratégicas en el universo de una confrontación política” (Roux, 1998, p. 115) constante y sin tregua. Desde este horizonte, el Manifiesto, como parte de la literatura creada por Marx y Engels:

[...] no es ciertamente el trabajo más substancial, pero es sin duda el más conocido y, desde cualquier parte del espectro político, con una resonancia histórica probablemente insuperada por cualquier otra obra única de naturaleza secular (Wood, 1998, p. 15).

Así, independientemente de nuestra tendencia ideológico-política, tenemos que reconocer que esa obra marxista “es, indudablemente, el texto más importante -teórica y políticamente hablando- que se ha escrito de entonces a la fecha” (Veraza, 1998, pp. 82-83). En esta tesitura, es un libro de estudio esencial para construir discursos teóricos multi e interdisciplinarios que den luz a nuevas interpretaciones desde todos los flancos sociales, políticos, económicos, ideológicos, filosóficos, humanísticos y otros.

Acorde con estas premisas, el Manifiesto es una obra que, efectivamente, se perfila para seguir resistiendo el descarte en múltiples bibliotecas. Desde públicas, universitarias y especializadas en ciencias sociales y humanidades hasta colecciones bibliográficas personales. Se trata, entonces, de preservar y conservar dicho documento marxista no atendiendo a un valor bibliofílico (como se pudiera proceder con las ediciones del siglo XIX y autografiadas, si es que existen, por sus autores), sino desde una perspectiva de análisis y estudio, de interpretación y formación política y social, de teoría y praxis, de militancia y de unidad organizada; esto es, de voz para los sin-voz, de apoyo intelectual para orientar y enseñar a visualizar la vida y el mundo a la base de la pirámide social. Por todo esto, el Manifiesto “no puede ser simplemente descartado y olvidado” (Avalos, 1998, p. 22) en aquellas bibliotecas que se precien de ser unidades de información democráticas; en las que la censura bibliotecaria, oficial o académica ha sido superada en conocimiento pleno de los documentos políticos que han combatido al capital financiero (dinero que está controlado por los bancos -Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y bancos nacionales- y que utilizan los industriales, dueños de los instrumentos de producción), máximo representante de la especulación monetaria y del lucro privado.

Pero no es suficiente con plantear grosso modo el valor del Manifiesto. Para persuadir sobre su permanencia en el acervo de una biblioteca, es preciso trazar sistemáticamente algunos elementos que apoyen tal postura. El conocimiento de la mayoría de los bibliotecólogos, dada su formación principalmente técnico-administrativa, en ocasiones no les es suficiente para dilucidar en torno del valor concreto de una obra, por lo que resulta necesario acudir a los criterios expertos en la temática. En este caso, a pensamientos conocedores no sólo del Manifiesto, sino, en virtud de la naturaleza del escrito, de la literatura marxista.

Factores que demuestran el valor del documento

Existen ciertos factores que ayudan a sostener que el Manifiesto no debe ni puede ser incluido entre las obras obsoletas que tienden a retirarse de manera definitiva de las estanterías, a menos que se trate de reemplazar la obra, dado el maltrato por un uso constante, por una nueva reedición y con un prólogo actualizado, tal como las de carácter conmemorativo que están siendo producidas este año. Factores como la influencia y la actualidad son más que suficientes para afirmar que el Manifiesto supera con creces los criterios de descarte que se basan en la fecha de publicación y en la pertinencia de la materia; incluso se escapa al juicio de descarte por razones de espacio (Varela, 1995, p. 416), pues el escaso número de páginas que lo conforman permite tener varios ejemplares sin la mayor dificultad, pues no rebasa en la mayoría de las reediciones las cien páginas con los diversos prefacios de Marx y Engels, el prólogo que acompaña a la reedición en turno y las fotografías y notas explicativas que ocasionalmente se incluyen.

La influencia del Manifiesto, además de lo expuesto por algunos autores antes citados, se puede apreciar con las propias palabras que Engels escribió en el prefacio a la edición inglesa de 1888:

[...] es, sin duda, la obra más ampliamente difundida y la más internacional de la literatura socialista, un programa conjunto reconocido por millones de trabajadores, desde Siberia hasta California (Marx y Engels, 1998, p. 134).

Esta afirmación se refuerza ciento diez años después con la pluma de un diputado europeo y Secretario General del Partido de la Refundación Comunista en Italia, Fausto Bertinotti, quien escribiera:

[...] esas 23 páginas impresas, catalogables en el género de la “divulgación” y de la “propaganda”, adquirieron con el tiempo el nivel que corresponde no sólo a los grandes clásicos sino también a los libros arquetípicos, esas obras que han ejercido una influencia determinante en la historia de la civilización [...] (Bertinotti, 1998, p. 55).

La aseveración bibliográfico-histórica de Bertinotti no es meramente circunstancial o debida a su evidente tendencia hacia el socialismo, sino al conocimiento que comúnmente este tipo de personas tienen de la historia del hombre en sociedades occidentales y orientales, antiguas y contemporáneas, y de norte a sur. Por lo que no se trata de una simple defensa del Manifiesto sino de una observación centrada que permite seguir reconociendo el poder que ese escrito ha venido teniendo en la evolución de la humanidad, escrito que uno de sus adversarios califica como la “quizá más desvergonzada y flameante retórica de Marx y Engels” (Avineri, 1998, p. 101). Pero con este tipo de declaraciones lo que hacen los adversarios del Manifiesto es precisamente demostrar y fortalecer la influencia del mismo, ya que no es a través de la desacreditación como se logra ocultar la fuerza y, sobre todo, la vigencia de ese documento, factor sobre el que más adelante detallaremos.

Mientras tanto, prosigamos con el aspecto del influjo de la obra aludida. Una observación acerca de este tenor que nos puede ayudar a esclarecer posiciones e identificar su futuro es la siguiente:

Objeto de una intensa polémica que aún no se apaga, el Manifiesto Comunista ha sido considerado por millones de hombres y mujeres como un programa en la lucha sin cuartel por la liberación de la humanidad y condenado, simultáneamente, como la más vil de las propagandas en favor del despotismo. Lo que no cabe duda es que se trata de un símbolo poderoso y duradero de la lucha alrededor del contenido y la forma de la libertad y la igualdad en el siglo que se extingue.Su influencia masiva se inició en los últimos veinte años del siglo pasado y no había dedeclinar antes de los años ochenta del presente. Hoy, nadie puede predecir su futuro (Semo, 1998, p. 18).

El influjo del Manifiesto, pese a todos aquéllos que niegan lo contrario, persistirá debido al vigor de sus enunciados políticos. Es decir, mientras sigan existiendo clases explotadoras y explotadas, la tesis central de ese documento se mantendrá incólume para la incomodidad de los que encabezan y apoyan las políticas neoliberales, destacándose entre ellos algunos bibliotecólogos, quienes con el afán de seguir la corriente de la “modernización” depredadora de la globalización, pretenden convertir las bibliotecas en jugosos mercados, colaborando, consciente o inconscientemente, en la formación de un “nuevo orden bibliotecario” al servicio de las minorías privilegiadas económicamente, tal y como funcionó ese orden, en cuanto a su acceso, en la Edad Media; esto es, contribuyendo sistemáticamente a la desnutrición intelectual y exclusión de los trabajadores en un periodo en el que algunos de esos profesionales de la información han aceptado que vivimos, paradójicamente por su postura de pensar y actuar, “la era de la información”. La pregunta es información ¿para cuántos? ¿para qué clases sociales?

Los autores del Manifiesto fueron los primeros en reconocer, en el prefacio a la edición alemana de 1872, que su escrito había “envejecido en algunos de sus puntos” debido a los cambios políticos, pero también contemplaron: “Por mucho que se han modificado las condiciones imperantes durante los últimos veinticinco años, los principios generales desarrollados en este Manifiesto aún conservan hoy en día, en líneas generales, toda su corrección” (Marx y Engels, 1998, p. 123-124). Esta visión se puede aplicar hoy día, pues después de la caida del muro de Berlín, ¡vaya que si ha cambiado el orden social del mundo!

Más tarde, 124 años después, Alan Woods, relevante miembro del movimiento obrero británico e internacional, apuntó en el prólogo que preparó el 20 de junio de 1996: “el libro que nos ocupa es el documento más moderno que existe [...]”. Desde esta arista el Manifiesto no se le considera como un material de “mero interés histórico, sin aplicación alguna” (Woods, 1996, p. 5). Así, a partir de 1998 las ideas en torno de la vigencia del Manifiesto se venido incrementado y planteado a través de diversas colaboraciones. Destaquemos al respecto sólo las afirmaciones de algunos estudiosos para, más adelante, demostrar la veracidad de las mismas, con el objeto de argumentar y probar objetivamente el supuesto por qué el Manifiesto Comunista resiste el proceso de descarte en las bibliotecas.

En efecto, uno de los factores de mayor reflexión que se ha producido con motivo del pasado 150 aniversario del Manifiesto, es el referente a su valor político e ideológico en la actualidad. Varios autores, diferentes entre sí por su edad, nacionalidad y profesión, coinciden que dicho documento marxista es aún vigente. Al comparar la situación social de hoy en día con el escrito de Marx y Engels se afirma que “resulta asombrosa la actualidad del Manifiesto” (Concheiro, 1998, p. 32), por lo que “sigue ocupando un espacio importante, a pesar de numerosas versiones que lo presentan como un catecismo estereotipado y mecanicista” (Bagu, 1998, p. 49). En otras palabras: “Quienes suponen que el Manifiesto no tiene transcendencia más allá de las formas del capitalismo competitivo, propio de la fase inicial de la industrialización, están totalmente equivocados” (Labastida, 1998, p. 91). Para reforzar estas afirmaciones, un connotado estudioso del socialismo asevera: “En muchos aspectos el Manifiesto no es solamente actual, sino más actual hoy que hace 150 años” (Lowy, 1998, p. 16). Acorde con estas ideas, se trata sin lugar a dudas, se puntualiza en otro ensayo, del “libro esencial que debe pasar al siglo XXI y fundamental para entrar en el mismo” (Bertinotti, 1998, p. 62). Sobre este mismo tenor la visión del filósofo Adolfo Sánchez Vázquez expresa que:

[...] El Manifiesto no obstante lo que, por inactual, haya que descartar de él, sigue siendo -a sus 150 años- un texto político vivo, actual [...] (Sánchez, 1998, p. 144).

Demostración de la actualidad del documento

Ha llegado, pues, el momento de comprobar la hipótesis guía del presente trabajo, esto es, que el Manifiesto comunista, en virtud de los juicios que afirman la actualidad de su contenido, es una obra política que puede afrontar el proceso de descarte bibliotecario.

Con el afán de construir una interpretación idónea al interés de los profesionales de la información bibliográfica, intentaré articular algunos señalamientos del Manifiesto con determinados problemas bibliotecológicos que enfrentamos. Esto nos permitirá distinguir, asimismo, que el escrito de Marx y Engels es factible vincularlo teórica y prácticamente con nuestra disciplina de estudio.

Una de las tesis centrales del documento marxista que nos ocupa es evidenciar la evolución de la “explotación abierta, descarada, directa y brutal” del trabajo asalariado por parte de la burguesía. Interesada esta clase social sólo por el “valor de cambio”, lo que más le preocupa es la acumulación de capitales colosales sobre la plataforma de una cada vez mayor “libertad de comercio”. En este ámbito de capital financiero (transnacional hoy en día), de libre mercado y de trabajo (cada vez más escaso), la mayoría de los que ejercemos la bibliotecología somos, aunque no lo reconozcamos, “servidores asalariados”, con todas las agravantes sociales y políticas que esto significa en el fortalecimiento de la clase poseedora. En este sentido, es necesario comprender cabalmente la desvalorización del trabajo profesional que han provocado los dueños del capital en aras de su hegemonía, desvalorización que el Manifiesto acotó somo sigue:

La burguesía ha despojado de su aureola a todas las actividades que hasta el presente eran venerables y se contemplaban con piadoso respeto. Ha convertido en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia (Marx y Engels, 1998, p. 42).

A fines del siglo XX, resulta, en efecto, verdaderamente asombrosa la actualidad de este enunciado escrito hace más de 150 años, pues la desvalorización del quehacer profesional en los países capitalistas se ha extendido a “todas las actividades” e intensificado con particular saña. Considero innecesario profundizar al respecto porque los hechos en nuestro contexto evidencia con demasiada claridad la problemática que entraña la relación profesión-empleo-salario en el universo del bibliotecario, tanto profesional como auxiliar.

Por otro lado, ciertos teóricos que han abordado el tema de la globalización, la mundialización o la universalidad (Panitch, 1994, p. 8; Ianni, 1998, p. 133), han fundamentado más o menos sus discursos con base en el Manifiesto, o interpretando a éste desde esta vertiente (Lowy, 1998, p. 16; Ahmad, 1998, p. 13) . Esto no se debe a una “veneración” del escrito marxista (Avineri, 1998, p. 101), sino a la fuerza y actualidad de su contenido. Son varios los párrafos en los que Marx y Engels apreciaron el devenir del fenómeno aludido. Baste rescatar los más elocuentes:

La necesidad de una venta cada vez más expandida de sus productos lanza a la burguesía a través de todo el orbe. Esta debe establecerse, instalarse y entablar vinculaciones por doquier. En virtud de su explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado una conformación cosmopolita a la producción y al consumo. [...] Las antiquísimas industrias nacionales han sido aniquiladas, y aún siguen siéndolo a diario. Son desplazadas por nuevas industrias, cuya instauración se convierte en una cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que no elaboran ya materias primas locales, sino otras provenientes de las zonas más distantes, y cuyos productos no se consumen ya sólo en el propio país, sino, en forma simultánea, en todos los continentes. (Marx y Engels, 1998, p. 43).

Este diagnóstico visionario de la globalización capitalista nos permite afirmar “que es mucho más verdadero hoy, en la época de la ‘mundialización’, que hace [más de] 150 años, en el momento de la redacción del Manifiesto” (Lowy, 1998, p.16); en otras palabras, “es un retrato de la expansión global del capitalismo” (Magnoff, 1998, p. 11). Los efectos de las políticas del neoliberalismo, planificadas y practicadas por los centros neurálgicos del poder financiaro transnacional, han trastocado también la esfera de la cultura bibliotecaria, importante sector que influye de diferentes modos en la generación, propagación y dominación del gran capital. Los cambios debidos “al constante progreso de los medios de comunicación” (Marx y Engels, 1998a, p. 30) han tomado por sorpresa a la comunidad bibliotecaria mundial. La mejor muestra en este sentido es la apoteosis que una parte de ella ha venido haciendo de la “biblioteca del futuro”, tópico que representa uno de los mayores desafíos ético-profesionales para responder con claridad sobre la misión del bibliotecólogo en una sociedad democrática. De tal manera que la bibliotecología, como disciplina y profesión, vive una época crucial que a la luz del Manifiesto puede ser redefinido su quehacer ante las dimensiones de la violencia económica que se percibe contra los menos favorecidos, es decir, contra la mayoría que este mundo global está condenando al desempleo o subempleo sin precedentes, desastre del que no se escapan los propios organizadores de las unidades bibliotecarias. En este sentido, los profesionales de la información tendrán que reflexionar en torno de la creciente desigualdad cultural -en el más amplio significado del término- que está implicando el alcance de la globalización en el campo de las bibliotecas.

La política neoliberal de los servicios bibliotecarios, sometidos a las leyes de mercado, está propiciando paulatinamente un orden documental para usuarios privilegiados. Por lo tanto, la satisfacción de las necesidades de información está siendo acotada paulatinamente para la gente adinerada. En este sentido mucho han colaborado las tecnologías digitales, pues han ayudado a revolucionar el trabajo bibliotecario, tanto que ahora ya es casi imposible hacer una búsqueda bibliográfica especializada sin costo. Los resúmenes en papel, por ejemplo, en algunas bibliotecas han sido suspendidas sus suscripciones y retirados los existentes para que el negocio de la localización de referencias en CD-ROM o en línea sea un éxito asegurado. Este panorama, desolador para los usuarios de familias asalariadas o desempleadas, pero favorable para el sistema capitalista y la clase dominante, está siendo apoyado en el ámbito de la formación académica del bibliotecólogo, la cual se está empeñando en preparar cuadros idóneos que atiendan el modelo de gestión global. De esta forma, la filosofía del marketing en sus diversas expresiones para erosionar el bolsillo, está imponiéndose en la práctica de algunas bibliotecas y en el discurso teórico bibliotecológico, y a veces sin el menor escrúpulo.

Marx y Engels no alcanzaron a conocer los niveles de desenvolvimiento que la burguesía a comienzos del siglo XXI ha logrado en materia de bibliografía universal, pero tuvieron el acierto en señalar que:

Los productos intelectuales de las diversas naciones se convierten en patrimonio común. La parcialidad y limitación nacionales se tornan cada vez más imposibles, y a partir de las numerosas literaturas nacionales y locales se forma una literatura universal (Marx y Engels, 1998, p. 44).

Con estas palabras aquellos teóricos socialistas intuyeron algunos fenómenos de la globalización intelectual de la que ahora, por extensión, somos testigos en el terreno bibliográfico. Fenómenos hasta la fecha insuficientemente analizados desde ópticas de la dominación a cargo del capital financiero y de enajenación (pérdida de la propia identidad individual y colectiva vinculada con una situación negativa de dependencia) de la comunidad bibliotecaria. La fusión de editoriales en los diversos campos del conocimiento, es una muestra de la fuerza del capital sobre los productos culturales y el impacto de la misma en el universo de las bibliotecas. Fusión que evidencia que a mayor capital, mayor posibilidad de engendrar monopolios editoriales, por ende, mayor posibilidad de desaparecer empresas productoras de libros que estorban a las grandes empresas. Así la pequeña industria bibliográfica, en nivel nacional, es retirada del medio competitivo, es “destruida” sin misericordia por los gigantes del mundo del libro impreso a tal grado, en efecto, de configurar el fenómeno de la industria editorial sin fronteras. Así, no en balde en algunas obras se fundamenta el análisis teórico de la «globalización» con base en el Manifiesto del Partido Comunista (Ianni, 1998, p. 133; Ianni, 1998b, pp. 37-38; Ianni, 1999, p. 40).

Valga este somero análisis para afirmar que el Manifiesto, pese a su longevidad, es un documento de singular actualidad que invita, dada la crisis mundial, a ser estudiado para comprender el presente y cambiar el futuro.

Conclusiones

A una distancia de más de 150 años de haber sido publicado en la capital de Inglaterra, el Manifiesto comunista es:

a) un libro de reconocido valor político y social que ha transcendido fronteras y periodos históricos.

b) un documento que se caracteriza por la universalidad de su influjo y por su asombrosa actualidad en la presente sociedad global.

c) un texto en el que es posible encontrar interesante nexos sociopolíticos con la teoría y práctica bibliotecológicas.

d) una obra que continúa despertando particular interés entre los estudiosos de derecha e izquierda.

e) un escrito que sigue produciendo numerosa literatura interpretativa alrededor del mundo.

f) un trabajo del que está pendiente trazar su dimensión bibliográfica para conocer una parte de la evolución de la intelectualidad socialista y llenar así un hueco en el campo de la historia de los grandes libros.

En suma, con base en el discurso expuesto podemos afirmar que el libro de Marx y Engels goza de plena vigencia para resistir el proceso de descarte en las bibliotecas, a excepción del malintencionado, esto es, el efectuado por los representantes de la censura social, política o religiosa.

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18 de Mayo de 2005


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