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 El Manifiesto Comunista: Un Documento
Que Resiste El Proceso De Descarte En Las Bibliotecas
Por Felipe Meneses Tello
Resumen
El presente artículo se circunscribe a examinar y demostrar
con rigurosidad que el Manifiesto del Partido Comunista o simplemente
Manifiesto Comunista, escrito por Karl Marx y Friedrich Engels en
1847 y publicado en 1848, es un documento vigente y más verdadero
en la presente era de la globalización. Por tanto, es más
razonable afirmar que esta obra marxista es un libro que resiste
el proceso de descarte en algunas bibliotecas especializadas en
ciencias sociales y humanidades.
En suma, para demostrar el valor, la influencia y la vigencia del
Manifiesto comunista, este ensayo contiene un esbozo bibliotecológico
desde una perspectiva sociológica y política. Esto
es posible plantear porque actualmente ciertos autores han estado
escribiendo la relevancia del Manifiesto bajo el impacto globalizador
del capitalismo.
Abstract
This article is devoted to examine and rigorously prove that the
Manifesto of the Communist Party or simply Communist Manifesto,
written by Karl Marx and Friedrich Engels in 1847 and published
in 1848, is a document than remains more true than ever in the present
era of globalization. Therefore, it is reasonable to affirm that
this important book should not be discarded from the libraries specialized
in social sciences and humanities.
In short, to demonstrate the value, influence and validity of the
Communist Manifesto, we provide in this essay a librarianship sketch
from a sociological and political point of view. It is possible
to establish becouse at present some authors have been writing the
relevance of Manifesto under the globalizing impact of capitalism.
Introducción
En 1998 el Manifiesto del Partido Comunista cumplió 150
años de haber sido publicado en Londres, esto es, en febrero
de 1848. Se trata de una pieza bibliográfica de singular
valor escrita por Karl Marx y Friederich Engels que resiste, como
se argumentará, uno de los actos fundamentales del proceso
de desarrollo de colecciones: el referente a la práctica
de la selección negativa, actividad que valora a una obra
como desfasada con la realidad actual y, por tanto, es eliminada
de la colección o relegada a un almacén de la biblioteca.
En otras palabras, analicemos por qué el Manifiesto, editado
originalmente en alemán, continúa manteniéndose
firme ante el ejercicio denominado descarte o, como generalmente
se le llama en la bibliotecología española, «expurgo
o reselección»; y en la bibliotecología anglosajona,
«discard o deacquisition».
Generalidades sobre el valor del documento
Para comenzar nuestro análisis, es preciso aclarar por qué
el Manifiesto se le considera como un documento de especial valor.
En atención a ciertos estudios, el escrito socialista de
Marx y Engels transciende tiempo y espacio porque es el que más,
“con excepción de la Biblia, ha sido traducido y reeditado
en todo el mundo” (Bagu, 1998, p. 43; Lowy, 1998, p. 15) “en
más de cien idiomas” (Semo, 1998, p. 18); por ende,
“se ha vuelto literalmente en el documento más leido
en la historia de la humanidad” (Markowitz, 1998, p. 21);
razón por la que “ha influido en la vida de millones
de personas alrededor del mundo” (Pha, 1998, p.29); todo esto
ha dado motivo que sea analizado y no precisamente “venerado
por algunas de las mejores mentes de la inteligencia europea y americana”
(Avineri, 1998, p. 101); y porque la naturaleza de su contenido
“llama a la acción, define posiciones y hace consideraciones
tácticas y estratégicas en el universo de una confrontación
política” (Roux, 1998, p. 115) constante y sin tregua.
Desde este horizonte, el Manifiesto, como parte de la literatura
creada por Marx y Engels:
[...] no es ciertamente el trabajo más substancial, pero
es sin duda el más conocido y, desde cualquier parte del
espectro político, con una resonancia histórica probablemente
insuperada por cualquier otra obra única de naturaleza secular
(Wood, 1998, p. 15).
Así, independientemente de nuestra tendencia ideológico-política,
tenemos que reconocer que esa obra marxista “es, indudablemente,
el texto más importante -teórica y políticamente
hablando- que se ha escrito de entonces a la fecha” (Veraza,
1998, pp. 82-83). En esta tesitura, es un libro de estudio esencial
para construir discursos teóricos multi e interdisciplinarios
que den luz a nuevas interpretaciones desde todos los flancos sociales,
políticos, económicos, ideológicos, filosóficos,
humanísticos y otros.
Acorde con estas premisas, el Manifiesto es una obra que, efectivamente,
se perfila para seguir resistiendo el descarte en múltiples
bibliotecas. Desde públicas, universitarias y especializadas
en ciencias sociales y humanidades hasta colecciones bibliográficas
personales. Se trata, entonces, de preservar y conservar dicho documento
marxista no atendiendo a un valor bibliofílico (como se pudiera
proceder con las ediciones del siglo XIX y autografiadas, si es
que existen, por sus autores), sino desde una perspectiva de análisis
y estudio, de interpretación y formación política
y social, de teoría y praxis, de militancia y de unidad organizada;
esto es, de voz para los sin-voz, de apoyo intelectual para orientar
y enseñar a visualizar la vida y el mundo a la base de la
pirámide social. Por todo esto, el Manifiesto “no puede
ser simplemente descartado y olvidado” (Avalos, 1998, p. 22)
en aquellas bibliotecas que se precien de ser unidades de información
democráticas; en las que la censura bibliotecaria, oficial
o académica ha sido superada en conocimiento pleno de los
documentos políticos que han combatido al capital financiero
(dinero que está controlado por los bancos -Fondo Monetario
Internacional, Banco Mundial y bancos nacionales- y que utilizan
los industriales, dueños de los instrumentos de producción),
máximo representante de la especulación monetaria
y del lucro privado.
Pero no es suficiente con plantear grosso modo el valor del Manifiesto.
Para persuadir sobre su permanencia en el acervo de una biblioteca,
es preciso trazar sistemáticamente algunos elementos que
apoyen tal postura. El conocimiento de la mayoría de los
bibliotecólogos, dada su formación principalmente
técnico-administrativa, en ocasiones no les es suficiente
para dilucidar en torno del valor concreto de una obra, por lo que
resulta necesario acudir a los criterios expertos en la temática.
En este caso, a pensamientos conocedores no sólo del Manifiesto,
sino, en virtud de la naturaleza del escrito, de la literatura marxista.
Factores que demuestran el valor del documento
Existen ciertos factores que ayudan a sostener que el Manifiesto
no debe ni puede ser incluido entre las obras obsoletas que tienden
a retirarse de manera definitiva de las estanterías, a menos
que se trate de reemplazar la obra, dado el maltrato por un uso
constante, por una nueva reedición y con un prólogo
actualizado, tal como las de carácter conmemorativo que están
siendo producidas este año. Factores como la influencia y
la actualidad son más que suficientes para afirmar que el
Manifiesto supera con creces los criterios de descarte que se basan
en la fecha de publicación y en la pertinencia de la materia;
incluso se escapa al juicio de descarte por razones de espacio (Varela,
1995, p. 416), pues el escaso número de páginas que
lo conforman permite tener varios ejemplares sin la mayor dificultad,
pues no rebasa en la mayoría de las reediciones las cien
páginas con los diversos prefacios de Marx y Engels, el prólogo
que acompaña a la reedición en turno y las fotografías
y notas explicativas que ocasionalmente se incluyen.
La influencia del Manifiesto, además de lo expuesto por
algunos autores antes citados, se puede apreciar con las propias
palabras que Engels escribió en el prefacio a la edición
inglesa de 1888:
[...] es, sin duda, la obra más ampliamente difundida y
la más internacional de la literatura socialista, un programa
conjunto reconocido por millones de trabajadores, desde Siberia
hasta California (Marx y Engels, 1998, p. 134).
Esta afirmación se refuerza ciento diez años después
con la pluma de un diputado europeo y Secretario General del Partido
de la Refundación Comunista en Italia, Fausto Bertinotti,
quien escribiera:
[...] esas 23 páginas impresas, catalogables en el género
de la “divulgación” y de la “propaganda”,
adquirieron con el tiempo el nivel que corresponde no sólo
a los grandes clásicos sino también a los libros arquetípicos,
esas obras que han ejercido una influencia determinante en la historia
de la civilización [...] (Bertinotti, 1998, p. 55).
La aseveración bibliográfico-histórica de
Bertinotti no es meramente circunstancial o debida a su evidente
tendencia hacia el socialismo, sino al conocimiento que comúnmente
este tipo de personas tienen de la historia del hombre en sociedades
occidentales y orientales, antiguas y contemporáneas, y de
norte a sur. Por lo que no se trata de una simple defensa del Manifiesto
sino de una observación centrada que permite seguir reconociendo
el poder que ese escrito ha venido teniendo en la evolución
de la humanidad, escrito que uno de sus adversarios califica como
la “quizá más desvergonzada y flameante retórica
de Marx y Engels” (Avineri, 1998, p. 101). Pero con este tipo
de declaraciones lo que hacen los adversarios del Manifiesto es
precisamente demostrar y fortalecer la influencia del mismo, ya
que no es a través de la desacreditación como se logra
ocultar la fuerza y, sobre todo, la vigencia de ese documento, factor
sobre el que más adelante detallaremos.
Mientras tanto, prosigamos con el aspecto del influjo de la obra
aludida. Una observación acerca de este tenor que nos puede
ayudar a esclarecer posiciones e identificar su futuro es la siguiente:
Objeto de una intensa polémica que aún no se apaga,
el Manifiesto Comunista ha sido considerado por millones de hombres
y mujeres como un programa en la lucha sin cuartel por la liberación
de la humanidad y condenado, simultáneamente, como la más
vil de las propagandas en favor del despotismo. Lo que no cabe duda
es que se trata de un símbolo poderoso y duradero de la lucha
alrededor del contenido y la forma de la libertad y la igualdad
en el siglo que se extingue.Su influencia masiva se inició
en los últimos veinte años del siglo pasado y no había
dedeclinar antes de los años ochenta del presente. Hoy, nadie
puede predecir su futuro (Semo, 1998, p. 18).
El influjo del Manifiesto, pese a todos aquéllos que niegan
lo contrario, persistirá debido al vigor de sus enunciados
políticos. Es decir, mientras sigan existiendo clases explotadoras
y explotadas, la tesis central de ese documento se mantendrá
incólume para la incomodidad de los que encabezan y apoyan
las políticas neoliberales, destacándose entre ellos
algunos bibliotecólogos, quienes con el afán de seguir
la corriente de la “modernización” depredadora
de la globalización, pretenden convertir las bibliotecas
en jugosos mercados, colaborando, consciente o inconscientemente,
en la formación de un “nuevo orden bibliotecario”
al servicio de las minorías privilegiadas económicamente,
tal y como funcionó ese orden, en cuanto a su acceso, en
la Edad Media; esto es, contribuyendo sistemáticamente a
la desnutrición intelectual y exclusión de los trabajadores
en un periodo en el que algunos de esos profesionales de la información
han aceptado que vivimos, paradójicamente por su postura
de pensar y actuar, “la era de la información”.
La pregunta es información ¿para cuántos? ¿para
qué clases sociales?
Los autores del Manifiesto fueron los primeros en reconocer, en
el prefacio a la edición alemana de 1872, que su escrito
había “envejecido en algunos de sus puntos” debido
a los cambios políticos, pero también contemplaron:
“Por mucho que se han modificado las condiciones imperantes
durante los últimos veinticinco años, los principios
generales desarrollados en este Manifiesto aún conservan
hoy en día, en líneas generales, toda su corrección”
(Marx y Engels, 1998, p. 123-124). Esta visión se puede aplicar
hoy día, pues después de la caida del muro de Berlín,
¡vaya que si ha cambiado el orden social del mundo!
Más tarde, 124 años después, Alan Woods, relevante
miembro del movimiento obrero británico e internacional,
apuntó en el prólogo que preparó el 20 de junio
de 1996: “el libro que nos ocupa es el documento más
moderno que existe [...]”. Desde esta arista el Manifiesto
no se le considera como un material de “mero interés
histórico, sin aplicación alguna” (Woods, 1996,
p. 5). Así, a partir de 1998 las ideas en torno de la vigencia
del Manifiesto se venido incrementado y planteado a través
de diversas colaboraciones. Destaquemos al respecto sólo
las afirmaciones de algunos estudiosos para, más adelante,
demostrar la veracidad de las mismas, con el objeto de argumentar
y probar objetivamente el supuesto por qué el Manifiesto
Comunista resiste el proceso de descarte en las bibliotecas.
En efecto, uno de los factores de mayor reflexión que se
ha producido con motivo del pasado 150 aniversario del Manifiesto,
es el referente a su valor político e ideológico en
la actualidad. Varios autores, diferentes entre sí por su
edad, nacionalidad y profesión, coinciden que dicho documento
marxista es aún vigente. Al comparar la situación
social de hoy en día con el escrito de Marx y Engels se afirma
que “resulta asombrosa la actualidad del Manifiesto”
(Concheiro, 1998, p. 32), por lo que “sigue ocupando un espacio
importante, a pesar de numerosas versiones que lo presentan como
un catecismo estereotipado y mecanicista” (Bagu, 1998, p.
49). En otras palabras: “Quienes suponen que el Manifiesto
no tiene transcendencia más allá de las formas del
capitalismo competitivo, propio de la fase inicial de la industrialización,
están totalmente equivocados” (Labastida, 1998, p.
91). Para reforzar estas afirmaciones, un connotado estudioso del
socialismo asevera: “En muchos aspectos el Manifiesto no es
solamente actual, sino más actual hoy que hace 150 años”
(Lowy, 1998, p. 16). Acorde con estas ideas, se trata sin lugar
a dudas, se puntualiza en otro ensayo, del “libro esencial
que debe pasar al siglo XXI y fundamental para entrar en el mismo”
(Bertinotti, 1998, p. 62). Sobre este mismo tenor la visión
del filósofo Adolfo Sánchez Vázquez expresa
que:
[...] El Manifiesto no obstante lo que, por inactual, haya que
descartar de él, sigue siendo -a sus 150 años- un
texto político vivo, actual [...] (Sánchez, 1998,
p. 144).
Demostración de la actualidad del documento
Ha llegado, pues, el momento de comprobar la hipótesis guía
del presente trabajo, esto es, que el Manifiesto comunista, en virtud
de los juicios que afirman la actualidad de su contenido, es una
obra política que puede afrontar el proceso de descarte bibliotecario.
Con el afán de construir una interpretación idónea
al interés de los profesionales de la información
bibliográfica, intentaré articular algunos señalamientos
del Manifiesto con determinados problemas bibliotecológicos
que enfrentamos. Esto nos permitirá distinguir, asimismo,
que el escrito de Marx y Engels es factible vincularlo teórica
y prácticamente con nuestra disciplina de estudio.
Una de las tesis centrales del documento marxista que nos ocupa
es evidenciar la evolución de la “explotación
abierta, descarada, directa y brutal” del trabajo asalariado
por parte de la burguesía. Interesada esta clase social sólo
por el “valor de cambio”, lo que más le preocupa
es la acumulación de capitales colosales sobre la plataforma
de una cada vez mayor “libertad de comercio”. En este
ámbito de capital financiero (transnacional hoy en día),
de libre mercado y de trabajo (cada vez más escaso), la mayoría
de los que ejercemos la bibliotecología somos, aunque no
lo reconozcamos, “servidores asalariados”, con todas
las agravantes sociales y políticas que esto significa en
el fortalecimiento de la clase poseedora. En este sentido, es necesario
comprender cabalmente la desvalorización del trabajo profesional
que han provocado los dueños del capital en aras de su hegemonía,
desvalorización que el Manifiesto acotó somo sigue:
La burguesía ha despojado de su aureola a todas las actividades
que hasta el presente eran venerables y se contemplaban con piadoso
respeto. Ha convertido en sus servidores asalariados al médico,
al jurista, al sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia (Marx y
Engels, 1998, p. 42).
A fines del siglo XX, resulta, en efecto, verdaderamente asombrosa
la actualidad de este enunciado escrito hace más de 150 años,
pues la desvalorización del quehacer profesional en los países
capitalistas se ha extendido a “todas las actividades”
e intensificado con particular saña. Considero innecesario
profundizar al respecto porque los hechos en nuestro contexto evidencia
con demasiada claridad la problemática que entraña
la relación profesión-empleo-salario en el universo
del bibliotecario, tanto profesional como auxiliar.
Por otro lado, ciertos teóricos que han abordado el tema
de la globalización, la mundialización o la universalidad
(Panitch, 1994, p. 8; Ianni, 1998, p. 133), han fundamentado más
o menos sus discursos con base en el Manifiesto, o interpretando
a éste desde esta vertiente (Lowy, 1998, p. 16; Ahmad, 1998,
p. 13) . Esto no se debe a una “veneración” del
escrito marxista (Avineri, 1998, p. 101), sino a la fuerza y actualidad
de su contenido. Son varios los párrafos en los que Marx
y Engels apreciaron el devenir del fenómeno aludido. Baste
rescatar los más elocuentes:
La necesidad de una venta cada vez más expandida de sus
productos lanza a la burguesía a través de todo el
orbe. Esta debe establecerse, instalarse y entablar vinculaciones
por doquier. En virtud de su explotación del mercado mundial,
la burguesía ha dado una conformación cosmopolita
a la producción y al consumo. [...] Las antiquísimas
industrias nacionales han sido aniquiladas, y aún siguen
siéndolo a diario. Son desplazadas por nuevas industrias,
cuya instauración se convierte en una cuestión vital
para todas las naciones civilizadas, por industrias que no elaboran
ya materias primas locales, sino otras provenientes de las zonas
más distantes, y cuyos productos no se consumen ya sólo
en el propio país, sino, en forma simultánea, en todos
los continentes. (Marx y Engels, 1998, p. 43).
Este diagnóstico visionario de la globalización capitalista
nos permite afirmar “que es mucho más verdadero hoy,
en la época de la ‘mundialización’, que
hace [más de] 150 años, en el momento de la redacción
del Manifiesto” (Lowy, 1998, p.16); en otras palabras, “es
un retrato de la expansión global del capitalismo”
(Magnoff, 1998, p. 11). Los efectos de las políticas del
neoliberalismo, planificadas y practicadas por los centros neurálgicos
del poder financiaro transnacional, han trastocado también
la esfera de la cultura bibliotecaria, importante sector que influye
de diferentes modos en la generación, propagación
y dominación del gran capital. Los cambios debidos “al
constante progreso de los medios de comunicación” (Marx
y Engels, 1998a, p. 30) han tomado por sorpresa a la comunidad bibliotecaria
mundial. La mejor muestra en este sentido es la apoteosis que una
parte de ella ha venido haciendo de la “biblioteca del futuro”,
tópico que representa uno de los mayores desafíos
ético-profesionales para responder con claridad sobre la
misión del bibliotecólogo en una sociedad democrática.
De tal manera que la bibliotecología, como disciplina y profesión,
vive una época crucial que a la luz del Manifiesto puede
ser redefinido su quehacer ante las dimensiones de la violencia
económica que se percibe contra los menos favorecidos, es
decir, contra la mayoría que este mundo global está
condenando al desempleo o subempleo sin precedentes, desastre del
que no se escapan los propios organizadores de las unidades bibliotecarias.
En este sentido, los profesionales de la información tendrán
que reflexionar en torno de la creciente desigualdad cultural -en
el más amplio significado del término- que está
implicando el alcance de la globalización en el campo de
las bibliotecas.
La política neoliberal de los servicios bibliotecarios,
sometidos a las leyes de mercado, está propiciando paulatinamente
un orden documental para usuarios privilegiados. Por lo tanto, la
satisfacción de las necesidades de información está
siendo acotada paulatinamente para la gente adinerada. En este sentido
mucho han colaborado las tecnologías digitales, pues han
ayudado a revolucionar el trabajo bibliotecario, tanto que ahora
ya es casi imposible hacer una búsqueda bibliográfica
especializada sin costo. Los resúmenes en papel, por ejemplo,
en algunas bibliotecas han sido suspendidas sus suscripciones y
retirados los existentes para que el negocio de la localización
de referencias en CD-ROM o en línea sea un éxito asegurado.
Este panorama, desolador para los usuarios de familias asalariadas
o desempleadas, pero favorable para el sistema capitalista y la
clase dominante, está siendo apoyado en el ámbito
de la formación académica del bibliotecólogo,
la cual se está empeñando en preparar cuadros idóneos
que atiendan el modelo de gestión global. De esta forma,
la filosofía del marketing en sus diversas expresiones para
erosionar el bolsillo, está imponiéndose en la práctica
de algunas bibliotecas y en el discurso teórico bibliotecológico,
y a veces sin el menor escrúpulo.
Marx y Engels no alcanzaron a conocer los niveles de desenvolvimiento
que la burguesía a comienzos del siglo XXI ha logrado en
materia de bibliografía universal, pero tuvieron el acierto
en señalar que:
Los productos intelectuales de las diversas naciones se convierten
en patrimonio común. La parcialidad y limitación nacionales
se tornan cada vez más imposibles, y a partir de las numerosas
literaturas nacionales y locales se forma una literatura universal
(Marx y Engels, 1998, p. 44).
Con estas palabras aquellos teóricos socialistas intuyeron
algunos fenómenos de la globalización intelectual
de la que ahora, por extensión, somos testigos en el terreno
bibliográfico. Fenómenos hasta la fecha insuficientemente
analizados desde ópticas de la dominación a cargo
del capital financiero y de enajenación (pérdida de
la propia identidad individual y colectiva vinculada con una situación
negativa de dependencia) de la comunidad bibliotecaria. La fusión
de editoriales en los diversos campos del conocimiento, es una muestra
de la fuerza del capital sobre los productos culturales y el impacto
de la misma en el universo de las bibliotecas. Fusión que
evidencia que a mayor capital, mayor posibilidad de engendrar monopolios
editoriales, por ende, mayor posibilidad de desaparecer empresas
productoras de libros que estorban a las grandes empresas. Así
la pequeña industria bibliográfica, en nivel nacional,
es retirada del medio competitivo, es “destruida” sin
misericordia por los gigantes del mundo del libro impreso a tal
grado, en efecto, de configurar el fenómeno de la industria
editorial sin fronteras. Así, no en balde en algunas obras
se fundamenta el análisis teórico de la «globalización»
con base en el Manifiesto del Partido Comunista (Ianni, 1998, p.
133; Ianni, 1998b, pp. 37-38; Ianni, 1999, p. 40).
Valga este somero análisis para afirmar que el Manifiesto,
pese a su longevidad, es un documento de singular actualidad que
invita, dada la crisis mundial, a ser estudiado para comprender
el presente y cambiar el futuro.
Conclusiones
A una distancia de más de 150 años de haber sido
publicado en la capital de Inglaterra, el Manifiesto comunista es:
a) un libro de reconocido valor político y social que
ha transcendido fronteras y periodos históricos.
b) un documento que se caracteriza por la universalidad de su
influjo y por su asombrosa actualidad en la presente sociedad
global.
c) un texto en el que es posible encontrar interesante nexos
sociopolíticos con la teoría y práctica bibliotecológicas.
d) una obra que continúa despertando particular interés
entre los estudiosos de derecha e izquierda.
e) un escrito que sigue produciendo numerosa literatura interpretativa
alrededor del mundo.
f) un trabajo del que está pendiente trazar su dimensión
bibliográfica para conocer una parte de la evolución
de la intelectualidad socialista y llenar así un hueco
en el campo de la historia de los grandes libros.
En suma, con base en el discurso expuesto podemos afirmar que el
libro de Marx y Engels goza de plena vigencia para resistir el proceso
de descarte en las bibliotecas, a excepción del malintencionado,
esto es, el efectuado por los representantes de la censura social,
política o religiosa.
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