|
 Escritor en primer plano
Por Martha María Montejo
Cuando lo conocí hace menos de un año no pude evitar
la asociación con la película Ocho y medio, del italiano
Federico Fellini. El maestro del cine puso a actuar a sus personajes,
entre ellos a su 'alter ego', en lo más profundo de un foso.
Emerio Medina (Mayarí 1966), pensaba y dibujaba los suyos
en las recónditas minas de Nicaro, en medio de la oscuridad,
el polvo que en el fondo de esas tierras parece negro, pero es rojo.
En las profundidades del níquel más cobalto tramó
Plano Secundario (Ediciones Holguín, 2005, Premio a la Mejor
Ópera Prima en la XV Feria Internacional del Libro en Santiago
de Cuba), su primer libro publicado. En enero mereció el
Premio de la Ciudad en Cuento por Rendez-vous. Nocturno para espacios
abiertos y confirmó que inevitablemente sus vínculos
con la literatura van más allá de lo leído.
Ahora habita la estación del escritor.
Casi a los 40 años publicas tu primer libro. ¿Cuándo
y bajo qué circunstancias descubres que tienes historias
para contar?
-Comienzo a escribir de forma accidental. Alrededor del año
2000 trabajaba en un contingente de la construcción, en La
Habana, y por las noches trataba de escapar de aquel mundo, hilvanaba
historias. Tenía muchas lecturas en la cabeza y decidí
contar algunas cosas que no eran cuentos, sólo narraciones
sobre la base de la fantasía y la ciencia ficción,
todo con el mismo ritmo.
Cuando regreso para Holguín, sigo escribiendo y ya salían
historias más elaboradas, pensadas. Se las enseñé
a algunos escritores y me dijeron que sí, que podían
funcionar. Así descubro que quería escribir cuentos.
Hice también algunos poemas, pero nunca me interesó
la poesía como tema.
¿Por qué eliges el cuento, o viceversa?
-El cuento, para mí, es la forma más elaborada de
la literatura. Es el género que te permite concretar una
idea en cuatro o cinco cuartillas, o menos, con profundidad. En
la poesía divagas un poco, y también es profunda como
la novela, que va mucho más allá. En el cuento encierras
una idea local que puede convertirse en universal y viceversa.
Cuando lo comprendí así, me dediqué a buscar
historias fantásticas, absurdas, increíbles. Me fui
por esta tendencia quizás por la tradición del lector
cubano donde predominan los policíacos y la ciencia ficción.
Después busqué historias de tipo más social,
más humanas, sin abandonar el absurdo porque siempre está
conmigo.
Ahora escribo sobre la tristeza, la soledad, la discriminación
social, la parte interna que el hombre no se atreve a sacar porque
el mundo no se lo permite. Narro sobre personas que viven bajo regímenes
determinados, que buscan constantemente, que se vengan, traicionan.
Un escritor no puede desprenderse de sus lecturas. Siempre decimos
escritor, pero debe ser lector-escritor. ¿Cuáles han
marcado tus historias?
-Hay varias formas de decir maestro. Tengo como etalón y
objetivo final una lectura básica, la Iliada. Esta obra me
dio el concepto de lo que es escribir, o leer, porque es una historia
originalmente en versos, pero narrada de principio a fin. Me gustó
mucho, básicamente el lenguaje, esa manera de enlazar las
palabras y crear un efecto casi poético.
Después están las lecturas comunes como Julio Verne
y otros escritores que han tratado el tema de la ciencia ficción.
Propiamente en el cuento están Gabriel García Márquez,
Hemingway, Mario Vargas Llosa, O'Henry - de lo mejor que ha pasado
por las letras-, Guy de Maupassant, Julio Cortázar, Carlos
Fuentes, Alejo Carpentier - de quien realicé una lectura
bastante fuerte porque hace lo mismo que en la Iliada, pone el lenguaje
en función de la historia. De los escritores contemporáneos
cubanos están Enrique Pérez Chang, Ángel Santiesteban,
Mariela Varona, Rubén Rodríguez…
Después que leí el cuento La célebre rana
cantarina del condado de Calaveras, de Mark Twain, comprendí
que era posible hacer creíble lo increíble a través
de la literatura. Maupassant me aportó esos finales absurdos
y García Márquez una métrica para hilvanar
la historia. De todos he tomado un poco.
Después de varios oficios y trabajos, ¿qué
haces en estos momentos?
-Me gradué como ingeniero mecánico en 1990, en la
Unión Soviética, específicamente en construcción
de automóviles, pero nunca lo ejercí. He trabajado
como ingeniero en termoeléctricas, empresas eléctricas,
en la construcción, en las minas de Nicaro, he sido profesor,
he tenido varios oficios.
Pero, el reciente Premio de la Ciudad me confirmó que puedo
disponer más tiempo para literatura, y no me ha ido mal.
Me dedico a escribir más. Ahora tengo dos libros de cuentos
terminados y una novela en proyectos.
Plano secundario, ¿qué significa para ti?
-Es la confirmación de que puedo escribir. Lo hice paralelo
al trabajo en las minas de Nicaro, en medio del polvo, los camiones
cargados de mineral. Este libro me sirvió para pasar las
noches, para escapar de aquel mundo. Y si hoy agradezco algo en
la vida es haberlo publicado
http://www.ahora.cu/SECCIONES/cultura/2006/marzo/29-03-2006-a.htm
|