..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.117, Viernes, 31 de marzo del 2006

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Escritor en primer plano
Por Martha María Montejo

Cuando lo conocí hace menos de un año no pude evitar la asociación con la película Ocho y medio, del italiano Federico Fellini. El maestro del cine puso a actuar a sus personajes, entre ellos a su 'alter ego', en lo más profundo de un foso. Emerio Medina (Mayarí 1966), pensaba y dibujaba los suyos en las recónditas minas de Nicaro, en medio de la oscuridad, el polvo que en el fondo de esas tierras parece negro, pero es rojo.

En las profundidades del níquel más cobalto tramó Plano Secundario (Ediciones Holguín, 2005, Premio a la Mejor Ópera Prima en la XV Feria Internacional del Libro en Santiago de Cuba), su primer libro publicado. En enero mereció el Premio de la Ciudad en Cuento por Rendez-vous. Nocturno para espacios abiertos y confirmó que inevitablemente sus vínculos con la literatura van más allá de lo leído. Ahora habita la estación del escritor.

Casi a los 40 años publicas tu primer libro. ¿Cuándo y bajo qué circunstancias descubres que tienes historias para contar?

-Comienzo a escribir de forma accidental. Alrededor del año 2000 trabajaba en un contingente de la construcción, en La Habana, y por las noches trataba de escapar de aquel mundo, hilvanaba historias. Tenía muchas lecturas en la cabeza y decidí contar algunas cosas que no eran cuentos, sólo narraciones sobre la base de la fantasía y la ciencia ficción, todo con el mismo ritmo.

Cuando regreso para Holguín, sigo escribiendo y ya salían historias más elaboradas, pensadas. Se las enseñé a algunos escritores y me dijeron que sí, que podían funcionar. Así descubro que quería escribir cuentos. Hice también algunos poemas, pero nunca me interesó la poesía como tema.

¿Por qué eliges el cuento, o viceversa?

-El cuento, para mí, es la forma más elaborada de la literatura. Es el género que te permite concretar una idea en cuatro o cinco cuartillas, o menos, con profundidad. En la poesía divagas un poco, y también es profunda como la novela, que va mucho más allá. En el cuento encierras una idea local que puede convertirse en universal y viceversa.

Cuando lo comprendí así, me dediqué a buscar historias fantásticas, absurdas, increíbles. Me fui por esta tendencia quizás por la tradición del lector cubano donde predominan los policíacos y la ciencia ficción. Después busqué historias de tipo más social, más humanas, sin abandonar el absurdo porque siempre está conmigo.

Ahora escribo sobre la tristeza, la soledad, la discriminación social, la parte interna que el hombre no se atreve a sacar porque el mundo no se lo permite. Narro sobre personas que viven bajo regímenes determinados, que buscan constantemente, que se vengan, traicionan.

Un escritor no puede desprenderse de sus lecturas. Siempre decimos escritor, pero debe ser lector-escritor. ¿Cuáles han marcado tus historias?

-Hay varias formas de decir maestro. Tengo como etalón y objetivo final una lectura básica, la Iliada. Esta obra me dio el concepto de lo que es escribir, o leer, porque es una historia originalmente en versos, pero narrada de principio a fin. Me gustó mucho, básicamente el lenguaje, esa manera de enlazar las palabras y crear un efecto casi poético.

Después están las lecturas comunes como Julio Verne y otros escritores que han tratado el tema de la ciencia ficción. Propiamente en el cuento están Gabriel García Márquez, Hemingway, Mario Vargas Llosa, O'Henry - de lo mejor que ha pasado por las letras-, Guy de Maupassant, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Alejo Carpentier - de quien realicé una lectura bastante fuerte porque hace lo mismo que en la Iliada, pone el lenguaje en función de la historia. De los escritores contemporáneos cubanos están Enrique Pérez Chang, Ángel Santiesteban, Mariela Varona, Rubén Rodríguez…

Después que leí el cuento La célebre rana cantarina del condado de Calaveras, de Mark Twain, comprendí que era posible hacer creíble lo increíble a través de la literatura. Maupassant me aportó esos finales absurdos y García Márquez una métrica para hilvanar la historia. De todos he tomado un poco.

Después de varios oficios y trabajos, ¿qué haces en estos momentos?

-Me gradué como ingeniero mecánico en 1990, en la Unión Soviética, específicamente en construcción de automóviles, pero nunca lo ejercí. He trabajado como ingeniero en termoeléctricas, empresas eléctricas, en la construcción, en las minas de Nicaro, he sido profesor, he tenido varios oficios.

Pero, el reciente Premio de la Ciudad me confirmó que puedo disponer más tiempo para literatura, y no me ha ido mal. Me dedico a escribir más. Ahora tengo dos libros de cuentos terminados y una novela en proyectos.

Plano secundario, ¿qué significa para ti?

-Es la confirmación de que puedo escribir. Lo hice paralelo al trabajo en las minas de Nicaro, en medio del polvo, los camiones cargados de mineral. Este libro me sirvió para pasar las noches, para escapar de aquel mundo. Y si hoy agradezco algo en la vida es haberlo publicado

http://www.ahora.cu/SECCIONES/cultura/2006/marzo/29-03-2006-a.htm




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