..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.122, Viernes, 5 de mayo del 2006

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Don Quijote y los parados
Por Daniela Saidman

DESDE LA OTRA ORILLA

Decía y continúa diciendo Miguel de Cervantes en su Don Quijote, que es mejor morir de pie que vivir arrodillado. Pero la oposición venezolana o no ha leído uno de los clásicos de la literatura universal o simplemente nunca ha entendido cómo un hombre es capaz de luchar contra los molinos como metáforas de todas las injusticias e inequidades del mundo. Ellos prefieren acostarse, es decir caer de rodillas frente a los opresores de siempre para seguir manteniendo los cada vez más escasos espacios de poder. Se acuestan... sólo ellos son capaces.

Y mientras alguna avenida caraqueña recibe las espaldas poco acostumbradas a la dureza del asfalto de los seguidores de los reyezuelos sin corona, las mujeres y hombres que entendemos la libertad como una bandera nos levantamos y somos capaces de volar los sueños de nuestro pueblo.

Se acostaron por la vida… ¿Es posible acostarse cuándo de vivir se trata? Los libertarios del mundo ante el acto profundamente humano de vivir nos ponemos de pie y luchamos por mantenernos en ese estado, no nos permitimos caer, porque precisamente de eso se trata la vida, de levantarse.

Y nos levantamos cuando ellos se acuestan hipócritamente por el asesinato de unos jóvenes. Nosotros lloramos también sus muertes, pero no sólo la de ellos, sino también la de la cantidad de niños y niñas, jóvenes, adultos y ancianos que mueren diariamente en toda la geografía nacional en boca de la violencia. Pero ellos, nuestros muertos todos, no salen en las primeras planas de los diarios de circulación nacional, sino en las páginas de sucesos en las que se los nombran como presuntos, vaya a saber qué cosas.

Nuestros muertos, son los muertos del hambre del mundo, los que cayeron silenciados por decir contradicciones, los que no alcanzan a despedirse porque los ciegan antes enfermedades erradicadas hace tiempo, los que mueren de frío y por una bala perdida o encontrada en mala hora, una calle cruzada al mal azar, un cuchillo, una navaja o un chopo.

Nuestros muertos casi siempre son anónimos, casi nunca quedan sus nombres como estampas en los vidrios traseros de los carros, ni hay luto regional y menos nacional por ellos. Ellos, nuestros muertos, son los muertos de siempre, los que no generan leyes en la Asamblea Nacional ni pronunciamientos de estudiantes, ni de la sociedad civil, ni de políticos, ni de nadie, porque ellos no son una buena plataforma electoral, nadie los conoce, apenas están esbozados en estas líneas que los dice presentes y que se levantan con ellos para pedir justicia.

Enviado por la bibliotecaria Beatriz Kessler desde Venezuela




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