..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.122, Viernes, 5 de mayo del 2006

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El Libro en La Revolución 1959 1969
Equipo de Investigaciones del Instituto del Libro

De 979,207 analfabetos censados, fueron alfabetizados 707,212; es decir, en un año, el analfabetismo se redujo del 23.6% al 3.9%.

La campaña la llevaron a cabo 233,608 alfabetizadores. La industria editorial prestó su concurso: en 1961 se imprimieron más de un millón de cuartillas para el aprendizaje de las primeras letras. La campaña continuó con los cursos, cuya finalidad era garantizar que los recién alfabetizados no olvidaran lo aprendido. Así se daba el primer paso hacia la creación en Cuba de un movimiento editorial vigoroso.

Dos son los factores que inciden directamente en el desarrollo de la industria editorial en un país:

- La generalización de la enseñanza, con la consecuente necesidad de proporcionar libros de texto a decenas de miles de estudiantes; la existencia de una masa de lectores cada vez más numerosa; el incremento de la actividad científica y literaria y el desarrollo tecnológico del país, con la aparición de nuevos científicos, literatos y técnicos de todos los niveles.

- Y las inversiones en las industrias editorial y poligráfica, sin las cuales la realización del libro será materialmente imposible.

Salvo en Cuba, en el resto de los países de América Latina la situación no es la más favorable para que estos dos factores se conjuguen plenamente:

-Están subordinados a un hecho determinante e irrecusable: las arcaicas estructuras político-económicas que caracterizan a casi todos los países de América Latina.

-¿Para qué desarrollar grandes editoriales, gigantescas industrias poligráficas en un continente cuya masa de analfabetos alcanza la astronómica cifra de 50 millones? ¿Para qué hablar del fomento de la producción del libro en un continente donde según cifras de la CEPAL de 1968, quedan sin asistencia educacional cada año 7 millones de niños? ¿Cómo pensar en la generalización de la enseñanza en un país como Haití, con más de un 85% de analfabetos? ¿Cómo hablar del incremento de la actividad científica en un país como Bolivia, con una tasa del 65% de analfabetos?¿Cómo incrementar la masa de lectores en un país como Guatemala, con un 69% de analfabetos, como Honduras, con un 55%, como El Salvador, con un 53%, 50 millones de latinoamericanos no tienen acceso al mundo del libro porque sencillamente no saben leer, y del resto ¿cuántos realmente sienten la necesidad de la lectura? Sólo una profunda transformación de las estructuras sociales, políticas y económicas de América Latina puede romper esta situación: el ejemplo de Cuba es elocuente en este sentido.

_Paralelamente con el desarrollo cultural del país, se va gestando rápidamente un público lector ávido, necesitado, cada vez más y mejores libros. El incremento asombroso de la masa estudiantil, (4) trajo consigo la consecuente demanda de libros de textos para todos los niveles: el movimiento editorial en los primeros momentos, se orientó, pues, a satisfacer esas necesidades.

El quince de marzo de 1960 surge el primer organismo de la Revolución que se encargará de la producción de libros.

Un conflicto laboral entre los patronos de los diarios reaccionarios El País y Excelsior y los obreros, culmina en una asamblea en la que interviene el Comandante Fidel Castro, quien ofrece una solución revolucionaria: crear una Imprenta Nacional usando maquinarias de los periódicos. El plan se pone en marcha y pronto se incorporan a él las imprentas del Diario Nacional, El Crisol, Diario de la Marina, Información y otros periódicos cuyos dueños abandonan el país. La Imprenta Nacional se caracteriza por sus ediciones masivas, sin precedentes en Cuba. Aunque la Imprenta Nacional no llegó a satisfacer totalmente las necesidades más inmediatas del país, con la venta de 100,000 ejemplares de su primer título El Quijote, al increíble precio de veinticinco centavos el tomo, (5) se inicia la gran transformación del libro en Cuba.

En busca de una organización superior que llenara realmente las crecientes necesidades editoriales, se constituye en 1962, La Editorial Nacional de Cuba adscripta al Consejo de Ministros.

El nuevo organismo, representa un escalón más alto en el desarrollo editorial del país diversificando la política de ediciones de libros de texto. La calidad de los libros aumenta en esta nueva etapa, no sólo en su contenido, sino también gráficamente.

Este vertiginoso ascenso editorial sólo fue posible con la nacionalización de las industrias gráficas que habían estado dedicadas a la penetración ideológica del imperialismo en nuestro país, e incluso en el continente, valiéndose de las máquinas que imprimían para toda América Latina Selecciones del Reader´s Digest, Times o el veneno cretinizante de los comics.

La experiencia inmediata que va a dar origen al Instituto del Libro es el plan especial de Edición Revolucionaria, que crea el Comandante Fidel Castro en diciembre de 1965, para resolver la urgente necesidad de libros de textos de nivel universitario, los cuales no se podían producir en Cuba por los acuerdos prohibitivos al respecto que imponían los acuerdos sobre la propiedad intelectual.

“En virtud de todos esos conceptos de la propiedad intelectual nos veíamos en la necesidad si queríamos satisfacer toda la demanda de libros que existía, de gastar decenas de millones de pesos (…) Y sin embargo, es tan difícil establecer en la práctica eso que se llama propiedad intelectual, que ya no era la propiedad intelectual de los autores del poder intelectual, sino de los que en el mercado, con dinero contante y sonante, y a cualquier precio, es decir, por lo general a bajos precios, habían pagado ese producto de la inteligencia. Los que tenían el monopolio de los libros tenían el derecho de venderlos al precio que estimaran pertinentes. Era necesario tomar decisión, una decisión desafiante.”

Fidel Castro

Esa solución fue Edición Revolucionaria.

¿Quién le paga a Cervantes sus derechos de propiedad intelectual? ¿Quién le paga a Shakespeare? ¿Quién les paga a los que inventaron los números, la aritmética, las matemáticas? (…) Nosotros proclamamos que consideramos todos los acontecimientos técnicos un patrimonio al cual tiene derecho toda la humanidad, y que tienen especialmente derecho los pueblos que han sido los pueblos más explotados.
Fidel Castro.

Cuba planteó, así, el derecho de un país subdesarrollado a tener acceso a todas las manifestaciones de la cultura. Porque no somos, ni con mucho, los países de América los que tenemos que estar más profundamente preocupados por el problema de la propiedad intelectual, somos, por el contrario, los directamente lesionados, por que, en última instancia, conjuntamente con los demás países subdesarrollados, hemos pagado muy caro el desarrollo de que hoy gozan otras naciones sobre la tierra, gracias al cual cuentan con los científicos, los técnicos e intelectuales capaces de escribir los textos que nosotros necesitamos. Se convierte entonces, la propiedad intelectual regida por el derecho de autor, en un freno que nos niega la posibilidad de tomar esas obras que, han sido producidas también por el esfuerzo de nuestros países; se nos niega el acceso a la información y los conocimientos necesarios a nuestro desarrollo científico, técnico y educativo. Es decir, un derecho se superpone a otro, un derecho niega esa situación, nos haríamos cómplices de los que nos niegan el derecho a algo que es patrimonio, no de un país determinado, sino de toda la humanidad. Los países que con nuestro sudor han logrado formar una poderosa base socioeconómica que le permite poseer gran cantidad de técnicos y de científicos. Son los grandes productores de libros. Y sin embargo, ¿nos preocuparemos nosotros por los derechos de autor cuando sabemos que por las estructuras de nuestro comercio exterior, siempre nos resultará muy difícil conseguir las divisas para invertir en libros?

Cuando un país sufre la conmoción que ha sufrido el nuestro e inicia un proceso en el cual la información de miles de técnicos y científicos demanda grandes cantidades de libros, el derecho de autor deviene entonces en traba y obstáculo para el desarrollo de ese país, y por tanto, en valladar inaceptable de esto.

Cuba, en 1967, y por declaraciones de nuestro Primer Ministro rechazó la observancia del derecho de autor tal y como viene dirigiendo en el mundo, según la convención de Berna. Dijo nuestro Primer Ministro el día 29 de abril:

“Si hay una herencia universal que la humanidad se ha legado así mismo, es la cultura, es la ciencia y la técnica. Nosotros, países subdesarrollados, países económicamente pobre… tenemos el derecho de reclamar nuestra participación en el acervo cultural, científico y técnico del mundo”
Fidel Castro

Sabemos que, sin embargo, en América Latina mientras no se produzcan profundas transformaciones, tendrá que mantenerse el derecho de autor, como una manera de que malamente a veces, subsistan los autores.

Resulta realmente incomprensible por otra parte, que habiéndose aprobado__ a instancia de la ponencia cubana en la Conferencia sobre derechos de autor celebrada en Estocolmo en 1967__ una resolución que afirmaba el derecho de los países subdesarrollados a reproducir las obras de carácter científico y técnico, éstas no se hayan puesto en ejecución y se encuentra realmente dormida en su aplicación.

Los primeros logros de Edición Revolucionaria, indicaron que había llegado el memento de replantearse la política editorial de país. Así surgió la posibilidad de un organismo que, respondiendo al mismo espíritu dinámico y novedoso de Edición Revolucionaria, impulsara un complejo y ambicioso programa editorial.

Este organismo, debía resumir la experiencia anterior y fundar su política editorial en las necesidades de la Revolución, de la cultura y la técnica en marcha. Pero también debía haber en el libro, no sólo el producto de una industria, el resultado de la técnica industrial, sino, sobre todo, un resultado de la cultura de la humanidad: la expresión de sus ideas científicas, artísticas, literarias, técnicas. El nuevo organismo no debía ver en el libro una mercancía, sino un poderoso instrumento de educación y de cultura.

Los libros de Edición Revolucionaria, traían en su interior, por primera vez en Cuba, por primera vez en el mundo, una tarjeta con el texto siguiente:

“Este libro tiene un gran valor, por eso se te entrega gratuitamente. Vale por el trabajo acumulado que significan los conocimientos que encierra; por las horas de esfuerzo invertida en confeccionarlos; porque sintetiza un paso de avance en la lucha del hombre por ser tal. Su mayor valor estará dado, sin embargo, por el uso que tú hagas de él. Porque estamos seguros de este uso, y por su gran valor, se te entrega gratuitamente.”

En 1967 surge el Instituto del Libro, que aplicaba desde un principio las experiencias de Edición Revolucionaria, y aglutina todos los factores que intervenían en la política del libro en Cuba. Se convirtió, efectivamente, en lo que es hoy: un gran combinado que hace recorrer al libro todo su proceso e incluso lo pone en manos de los lectores, lográndose con ello una política coherente y homogénea en todos sus puntos.

El Instituto tenía que plantearse, como un problema vital, la urgencia de libros de textos para todos los niveles de la educación, libros técnicos y científicos, fundamentalmente.

En 1967, de una producción global de 8´722,000 libros se dedicaron 5´685,140 a textos de educación. El impetuoso aumento del número de estudiantes y la incesante llegada al mundo de los libros de miles de nuevos lectores anualmente, hacen que el Instituto aumente su producción global en 1968 a 13´066,417, es decir, casi dos libros por habitante al año. De esta cifra impresionante para un país de 7 millones de habitantes, se dedicaron 8´221,O68 ejemplares a textos educativos para todos los niveles.

El plan 1969, de 15´006,500 libros al movimiento educativo, es decir, un 60% de la producción percápita y su incremento por año es de:

 

Percápita

% de incremento anual

Enseñanza Primaria  

5

2

Enseñanza Media       

20

20

Enseñanza Normal 

3

2

Enseñanza Superior

30

50

Enseñanza Obrero-Campesina                              

5

---

Estudios Dirigidos      

5

20

La distribución de la tirada de 13´066,417 del año 1968, que sobrepasó la meta inicial de 10´000,000 de ejemplares, fue como sigue:

Texto educacionales, científicos, técnicos y auxiliares

 

9´381,003

Arte y Literatura 

   683,398

Ciencias Sociales  

   580,700

Literatura Infantil

   761,021

Ediciones Deportivas 

    22,079

Cuadernos de divulgación científico popular

  127,806

Ediciones Huracán (7).

  510, 425

De menos de un millón de ejemplares anuales antes de 1959, la producción de libros en Cuba ha pasado a 13´066,417 en 1968 y a un plan de 15´000,000 en

1969. Las necesidades de libros de textos son, para 1970, de 18´233,435 libros, y para 1975, es de 25´839,350.

Por último, cuando se piensa que más del 70% de esos 13´066,417 ejemplares ha llegado gratuitamente a las manos del pueblo, se comprende, efectivamente, que estamos en Cuba, ante una revolución cultural que tendrá alcances insospechados.

(1) Información que toma de Beristain, el reputado bibliográfico mexicano.
(2) Nuestro país contaba en 1958 con una población escolar de 840,908 alumnos, 729,400 de de los cuales eran de enseñanza primaria. Después de la revolución, el promedio anual de matrículas asciende, sólo para la primaria, a la cifra de 1´395,000 matriculados en 1968-69. A fines de 1958 había en el país 7,567 aulas; en 1967-68, casi el doble: 14,602.
(3) 120,632 Instructores Populares, 13 ó 16 Brigadas Patria o Muerte, 34,722 maestros y 100,000 Brigadistas Conrado Benítez.
(4) De 1955 a 1965, el índice de matrícula escolar aumentó en un 113,7%.
(5) La edición constó de 4 tomos; es decir, la tirada total fue de 400,000 ejemplares.
(6) En 1964, por ejemplo, se entregaron en toda la Isla 9´000,000 de libros a los alumnos de primaria.
(7) Este año, ante el imperioso ascenso de la demanda de libros surgieron las ediciones Huracán, que aprovechando los materiales más abundantes, y utilizando rotativas que estaban fuera de uso lograría -principalmente en reediciones- tiradas que iban de 30,000 a 60,000 ejemplares por título. De este año también es la impresionante edición del Diario del Comandante Ernesto Che Guevara en Bolivia, cuya tirada alcanzó la cifra de 1´000,000 insólita para un país cuyas ediciones, hacía apenas diez años, no alcanzaban la risible cantidad de los 500 ejemplares por título.

*Las ilustraciones fueron tomadas del original impreso.

http://www.caimanbarbudo.cu/aniversario40/aniversario40-132.htm




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