..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.122, Viernes, 5 de mayo del 2006

 

Las bibliotecas como patria
Por Eliades Acosta Matos

(Cubarte).- Con tenaz y ejemplar puntualidad la realidad insiste en desmentir a aquellos que hipócritamente lucran en Miami con la promoción de un cuento arrobador diseñado para la exportación, para el consumo de los cubanos de la isla, y el disfrute de la opinión pública mundial: el de una comunidad exiliada que ha abandonado sus antiguos arrestos bélicos contra la Revolución, y tras protagonizar un conmovedor acto de contricción, ahora se pronuncia por la moderación, el diálogo, la transición pacífica, la reconciliación, y el abrazo, conversión supuestamente estimulada por un benévolo gobierno de los Estados Unidos, siempre interesado en salvar vidas, proteger bienes culturales y diseminar pacíficamente la libertad y la democracia por el mundo, como ha demostrado hasta la saciedad en Irak.

El reciente hallazgo e incautación por el FBI de California del mayor arsenal clandestino jamás ocupado en un país que, desde la época de Dillinger no se asombra por la incautación de armamento ilegal, y las pruebas de que las armas pertenecen al grupo terrorista contrarrevolucionario cubano Alpha 66, constituye la última refutación de la leyenda, pero no la única. En este caso, en los laberintos subterráneos descubiertos en la propiedad de un tal Robert Ferro, ex miembro de las Fuerzas Especiales de los Estados Unidos, se incautaron 1742 armas y una buena cantidad de explosivo, suficientes razones para pensar que este no mintió al declarar, que con esas armas pensaba desembarcar en Cuba un grupo formado por ciudadanos de origen cubano y más de 50 norteamericanos, “para llevar la libertad a la isla, de la misma manera que Bush lo ha hecho en Irak”, coincidiendo, causalmente, con unas grandes maniobras militares que el Pentágono lleva a cabo en el Caribe.

Después de leer documentos del gobierno de los Estados Unidos, como el Quadrennial Defense Review, publicado en marzo del 2005, y que define las líneas estratégicas de desarrollo de las Fuerzas Armadas de ese país para el período comprendido entre el 2005 y el 2009, adquiere sentido este intento descubierto casualmente por el FBI. En él se define que la llamada “larga guerra” contra el terrorismo, en la cual se encuentra enfrascado el país, incluye… “apoyar a los países que se encuentren en encrucijadas estratégicas”, para lo cual se ordena aumentar para el 2007, en más de un 15% las unidades de Fuerzas Especiales a las que se asignarán importantes misiones, como “actuar a través de nuestras contrapartes (entre ellas, evidentemente, Alpha 66-N del A.), de operar clandestinamente y de mantener una presencia tenaz, pero poco notable, en… escenarios políticamente sensibles, o en áreas restringidas… operando simultáneamente en decenas de países, simultáneamente”.

De esta manera, mientras personajes siniestros, como Robert Ferro, trabajan como topos para llevar adelante contra Cuba, desde las sombras, las operaciones especiales que les asigna el gobierno de los Estados Unidos, otros, al servicio de ese mismo gobierno, intentan demostrarnos que son diferentes, que sus métodos son de terciopelo, y que creen en la fuerza de las ideas para llevara adelante sus planes con respecto a Cuba, para lo cual, sinceramente, han dicho adiós a las armas. Uno de ellos, Ramón Humberto Colas, autoproclamado “fundador de bibliotecas independientes”, acaba de expresarlo en un discurso pronunciado el pasado 22 de abril, en la Universidad de Princeton:

“Actualmente encontramos a muchas personas influyentes, algunos en los círculos de poder del exilio y de la oposición interna, que no consideran a los libros como un instrumento para poder liberar a Cuba. La visión de que a una dictadura comunista se le vence a fuego y metralla quedó desechada con el derribo del Muro de Berlín.”

A nadie engaña semejante disputa ficticia, esta falsa diferencia de criterios entre la mano derecha y la mano izquierda del mismo cuerpo. A nadie engaña esta reivindicación de personalidad propia, de independencia de ideas y acción de quienes engordan aferrados a la misma ubre generosa del Imperio. Ferro con siete autos ante su puerta, uno de ellos Mecedes Benz, y claro, está, con una patriótica bandera norteamericana ondeando en su jardín californiano. Colas viajando sin restricciones por medio mundo, a sueldo de una organización tan pacifista como la Fundación Nacional Cubano Americana, causante de la muerte en Cuba, entre otros, de Fabio Di Celmo, turista italiano de 19 años, la misma que mandaba todo el dinero que el monstruoso Posada Carriles le pedía, y al que anunciaba la remesa de turno con palabras seráficas: “Ya ha sido enviado el dinero para la Iglesia”.

Hoy Ramón Humberto Colas, también autoproclamado “el cubano que habló con Bush”, admirador de ese pelele genocida, dócil marioneta en manos del movimiento neoconservador norteamericano, el mismo que ordena bombardear, secuestrar, torturar, desaparecer y matar en medio mundo, participa en los trabajos de un tal Consorcio del Mississippi, empresa fantasma de la NED y la USAID para imponer la misma política que tiene la tarea de imponer a cañonazos la 82 División Aerotransportada, sólo que con menos ruido. Para recompensar los desvelos democráticos de sus servidores en este acaramelado frente, que afirma trabajar por el desarrollo de Africa y otras regiones del Tercer Mundo, el Consorcio recibió recientemente una tajadita de 5 humildes millones de dólares en la inagotable piñata para las empresas norteamericanas que es la reconstrucción de Irak. ¿Alguien duda que tardaremos muy poco en ver siete autos aparcados frente a la casa de Colas, entre ellos un Mercedes Benz, mientras una bandera norteamericana flameará enganchada a alguna patriótica palma real, para mantener la imagen, claro está?

Los empleados norteamericanos de cualquier origen, asignados temporal o permanentemente al frente cultural contra la Revolución, sean el cubano-americano Ramón Humberto Colas, el escritor anticomunista de origen rumano Andrei Codrescu, o el neoyorkino Robert Kent, o Robert Emmet, como se hacía llamar al ser detectado en Cuba con mucho dinero, equipos fotográficos y de comunicaciones para espiar la casa de Carlos Lage, no son, en modo alguno actores independientes ni espontáneos de un drama, sino piezas en el juego geoestratégico mayor que incluye la necesidad de restaurar el capitalismo salvaje en cualquier parte del mundo donde existan alternativas a su dominio, y acabar, a sangre y fuego, con toda expresión de disidencia, rebeldía, o pensamiento crítico. Desde esta perspectiva se entiende la obsesión anticubana de esta cofradía sangrienta, hoy al frente de los destinos del gobierno norteamericano, y por tanto, de buena parte del planeta.

En efecto: Cuba es un inmenso peligro ideológico para los conductores de la política norteamericana actual, para ese clan de doctrinarios neoconservadores cegados por ciertas lecturas de “La República”, de Platón, a través del prisma maquiavélico de Leo Strauss, denodado propagandista del sionismo mundial. También para las legiones de esos soldaditos culturales de plomo, como los ya mencionados, a los que se paga por cacarear el libreto democrático y libertario de turno. Todo lo que justifica el rencor perverso contra la Revolución cubana, la avalancha de mentiras bajo la cual se intenta sepultarla, fue resumido por el cubanólogo de la neopandilla, Mark Falcoff, el 13 de enero del 2003, durante una conferencia ofrecida en el Shangrilá de los tanques pensantes del Imperio, en el American Enterprise Institute, con el elocuente título de “Cuba’s Future and Our”:

“En primer lugar, el culto a la Revolución subsiste en América,… y Cuba es el único país que lleva adelante el ideal de las transformaciones sociales, hasta las últimas consecuencias… En segundo lugar, representa la expresión última del antiamericanismo en América Latina, y en buen aparte del mundo. Mientras muchos se resienten de nuestro poder, nuestra riqueza, nuestra autoconfianza y creatividad, sólo Cuba, la pequeña Cuba, situada a 90 millas de nuestras costas, y que antes fuese un virtual protectorado norteamericano, está decidida a pagar el precio completo pos su posición… En tercer lugar, la Revolución cubana representa el antiparadigma de la actual búsqueda latinoamericana de democracia y mercado libre… En resumen, desde el punto de vista de la política, la ideología y la cultura, Cuba es mucho más importante de lo que debería ser, teniendo en cuenta su pequeña población o su producto interno bruto. Representa hoy la bandera bajo la cual pueden reunirse todos los izquierdistas anti-norteamericanos y las tendencias utópicas (del mundo).”

La suerte está echada. Cuba, realmente, no encaja en el orden mundial de la nueva Roma, no se doblegará jamás antes sus exigencias, y ella lo sabe, y lo saben también funcionarios como el Sr Falcoff . Los neoconservadores, destacamento de choque del complejo militar- industrial y las transnacionales, al que sirven estos amanuenses quejumbrosos con el mismo celo conque George Orwell cumplía sus deberes como gendarme de Su Majestad Británica en Birmania, o Kippling, bardo canalla, cantaba las grandezas de un Imperio Británico asesino de pueblos, suelen conceder cierta importancia a lo que califican como “batallas culturales”, mostrando un respeto inconsciente hacia la significación de las ideas. Extraño fenómeno este, quizás un atavismo no suficientemente superado de la izquierda de donde provienen, y de donde desertaron en sus inicios, difícil de conjugar con el frío cálculo de las ganancias, la burda materialización de la vida, y el egoísmo hiperbólico, sobre los que descansa el sistema capitalista que defienden.

Idealistas por sus declaraciones, como ángeles etéreos que atraviesan el empíreo siempre con frases edificantes a flor de labio, y vulgares cajas contadoras vivientes, a la hora de aceptar las tareas de desinfección en las cloacas romanas, estamos en presencia de los mismos defensores de la libertad intelectual, el libre acceso a la información, la libertad de expresión y el libre flujo de ideas, que jamás se han pronunciado contra los efectos terribles del bloqueo norteamericano contra las bibliotecas, la cultura y la educación en Cuba, a pesar de que un documentado informe publicado por dos investigadoras de la Biblioteca Nacional de Cuba, tras investigar el período comprendido entre el 2001 y el 2005, es sencillamente demoledor e inobjetable. Lejos de eso han alquilado testaferros lituanos y estonios, como es de suponer, profundos conocedores de la realidad cubana, con la promesa de dádivas y migajas que en rigor, ofertan las embajadas norteamericanas por medio mundo, para que presenten un apresurado y torpe proyecto de resolución contra Cuba en el próximo congreso de bibliotecarios, a celebrarse en Seúl, Corea del Sur.

Entramos en el campo de la vergüenza, de la moral, de la ética, de las bibliotecas como frontera de la Patria, como espacio agredido por mercachifles y mercenarios al servicio de la superpotencia en su intento fallido, durante 47 años, de asfixiar la cultura, la vida y el futuro del pueblo cubano. Entramos en una porfía silenciosa por la verdad, pero ya no estamos solos. Vuelven los libros a ser parapetos, como vio hacer Carpentier en la Ciudad Universitaria de Madrid, cuando las hordas fascistas que habían borrado del mapa a Guernica y asesinado a García Lorca, “el más inerme de los hombres” intentaban justificar su crimen diciendo que defendían la cultura occidental, de la misma manera que hoy Colas, Codrescu y Kent atacan a Cuba y callan ante los desmanes del gobierno de los Estados Unidos, el mismo que quemó la Biblioteca Nacional de Irak, arrasó su Museo Nacional, saqueó sitios arqueológicos y organiza escuadrones de la muerte que asesinan por las noches, con un democrático disparo en la cabeza, remake de los métodos de Negroponte en Centroamérica, a científicos, maestros, investigadores, periodistas, escritores y artistas irakíes.

¿Alguien podría dudar que estos siniestros ángeles exterminadores tienen preparados los planes y las listas, y sueñan con hacer lo mismo con los intelectuales revolucionarios cubanos, con los artistas y creadores que han optado por acompañar a su pueblo, hasta las últimas consecuencias, cuando llegue, después del desembarco de los marines, la transición soñada? Para eso trabaja, en el frente cultural, esta Entente cordial de anticomunistas, de desclasados, de mentirosos patológicos.

Pero Cuba no está sola, ni está dividida, ni es ignorante, ni puede ser confundida, y los espera, como la Asturia minera y combatiente esperó con la frente alta el avance de la avalancha oscura del franquismo, como dijo el poeta, desafiante de cara a la “lívida muerte, cobarde”, retándola a dar “su salto último”, pues allí, “sola, en mitad de la Tierra, Asturias está guardándote”.

Para los que afilan en las sombras los cuchillos, y acumulan arsenales suponiéndonos desarmados y débiles; para los que prestan al amo su saber y su nombre, para volvernos a encadenar; para los que han sido destinados a un frente, como este de las ideas, que creyeron fácil y bueno para la holganza y el enriquecimiento, sin exponerse al sol y sin sudor; para todos los que atacan a Cuba por dinero, sin saber (¿cómo podrían saberlo?) que Céspedes murió pelando sólo, sin rendirse, ante una tropa española de elite; para quienes jamás han oído mencionar a Peralejo o Mal Tiempo, a Montecristi o Dos Ríos, o habiéndolos oído mencionar lo han olvidado, dedico estas décimas que recogió para la Historia el humilde mambí negro José Isabel Herrera, Mangoché, incorporado a la lucha por la Patria desde los quince años:

“Cuando Cuba haya ganado
Y gocemos de Libertad
Dónde la cara pondrá
El cubano presentado
Le llamaremos malvado
Que a su Patria abandonó,
Al enemigo temió
Despreciando su bandera,
Yo daré dos mil carreras,
Pero presentado ¡NO!”

Allá en lo profundo, ante el espejo, junto al silencio de la almohada, donde nadie lo puede ver, ni nadie le puede descontar, hay un empleadillo del Imperio que reniega de su suerte y envidia a quienes dejó detrás, aunque estos nunca tendrán aparcados siete autos ante su casa. Sabe que morirán primero, y se hundirá junto con la isla querida, antes que permitir que una bandera extranjera sustituya a la que Maceo y Gómez pasearon por los campos de Cuba Libre.

Y eso, sin dudas, duele mucho.

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