..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.123, Viernes, 12 de mayo del 2006

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Los viajes y los libros
Por Noemí Ulla

Gracias a la solicitud de amigos de LIBRINSULA, conocimos este texto que nos trajo a la memoria a Lezama Lima. Y buscando sobre él y lo que dijera sobre los viajes, encontramos este otro texto que, además, nos cuenta sobre una de las más interesantes propuestas de la IX Bienal de la Habana:

Todo desplazamiento entraña un cambio, no sólo un cambio de escenario, de paisaje, de geografía, sino un cambio en nuestros pensamientos.

El enlace de los viajes y los libros lleva de inmediato a recordar a Julio Verne (1828-1905), quien imaginó espacios y lugares que ofrecieron a sus lectores la posibilidad de recrearse y soñar sueños distintos. Un hecho poco común marcó su infancia. Nacido en la ciudad francesa de Nantes, a los once años intentó embarcarse rumbo a la India, con la intención de conseguir un collarcito de coral para su prima Caroline Tronson, de quien estaba enamorado. El padre, rápidamente, ejerció su autoridad y el pequeño Julio retornó al hogar prometiendo no viajar sino en sueños. He aquí la historia íntima del viaje que el niño Verne no pudo realizar, pero que llevó a la realidad en sus originalísimos libros.

En lo últimos tiempos, la relación entre los viajes y los libros ha creado un género literario sumamente curioso entre los escritores europeos contemporáneos. Este género, que no es del todo un diario, no es tampoco una narración correspondiente a la categoría de novela, ni responde a la del ensayo, es un género híbrido que participa de la narración, del ensayo y del relato de viaje, como Vértigo, del narrador alemán recientemente desaparecido, W.G. Sebald, narración traducida a nuestro idioma y dedicada a los viajes, o como algunos libros de Claudio Magris, escritor triestino traducido hoy a diversos idiomas. Al comienzo de Vértigo Sebald presenta el relato de viaje de Henri Beyle –quien tomó más tarde el nombre de Stendhal, y escribió la famosa novela Rojo y negro–, a éste le sigue un relato de viaje de Kafka, y finalmente otro del mismo Sebald. Las observaciones y reflexiones del escritor nos hacen pensar en un viajero que nunca deja de lado al lector, incorporándolo naturalmente a su viaje, compartiendo con él la posibilidad de viajar y asombrarse.

Al este tipo de narrativa se refirió el escritor español Enrique Vila-Matas, afirmando que W.G. Sebald trató de buscar estructuras cada vez más mestizas, donde se diluyeran las fronteras entre los géneros. En la serie de libros recientes que estarían en la línea de esa literatura Vila-Matas menciona El arte de la fuga, de Sergio Pitol, Microcosmos, de Claudio Magris y Los anillos de Saturno de W.G. Sebald. Novelas como tapices las llama, que se disparan en muchas direcciones (La Nación, 18 de febrero de 2001). Aunque Vila-Matas no hace referencia a los relatos de viajeros, es posible que los viajes que se proponen al lector en medio de la narración, sean el mayor interés de esos libros. Las novelas “que se disparan en muchas direcciones” ¿no son acaso una suerte de viajes que el escritor emprende? En la actualidad, la estética de los géneros ha cambiado, seguramente guiada por los múltiples intereses y atracciones que desvían la atención de un género único y tradicional. Sin oponernos a la novela clásica, que con tanto placer leemos, podemos considerar esa especie híbrida como uno de los rasgos de la literatura de nuestro tiempo.

Nacido en Dusseldorf, Heinrich Heine (1797-1856), estudió durante años en distintas ciudades: Bonn, Göttingen, Berlín y escribió entre 1825 y 1831, en pleno romanticismo alemán, Cuadros de viaje. En este diario observó las costumbres y los comportamientos de los habitantes de los países que visitaba, tanto como en su relato Noches florentinas, en el que describió con agudeza a la mujeres italianas:

“Voy, en efecto, a la Ópera para contemplar las caras de las bellas italianas. Claro que son ya bastante hermosas fuera del teatro, y un aficionado al estudio de las fisonomías podría comprobar muy fácilmente, en la realidad de sus facciones, la influencia de las artes plásticas sobre la corporeidad del pueblo italiano. [...]. La naturaleza, que primero suministró a los artistas sus modelos, copia hoy a su vez las obras maestras, que merced a aquellos modelos surgieron. El sentido de lo bello ha penetrado el pueblo entero, y del mismo modo que antes actuaba la carne sobre el espíritu, actúa ahora el espíritu sobre la carne”. Esta idea anterior a la de Oscar Wilde, tan difundida entre nosotros, sostiene –como se observa– que la naturaleza imita al arte.

Otro viajero marcado desde un principio por el signo de los viajes fue el escritor norteamericano Henry James (1840-1816), que vivió en París y en Londres, adoptando la ciudadanía inglesa. En sus narraciones podemos encontrar las huellas de sus viajes y su fascinación por Italia. Los papeles de Aspern, que transcurre en Venecia, demuestra la cuidada preocupación por la forma, que le fue propia. Joseph Conrad (1857-1924), nacido en Polonia, tomó como Henry James la ciudadanía inglesa, después de pasar cuatro años en el mar como marino mercante. Sus novelas ofrecen una profunda complejidad moral, como Lord Jim (1900) o Bajo la mirada de Occidente (1911), donde evoca su infancia en Polonia bajo la dominación rusa.

El Diccionario Espasa Calpe considera el significado de la palabra viaje como derivada del latín viaticum (provisiones para la travesía) y por él se entiende el traslado de una parte a otra por mar, por tierra o por aire. Veamos qué sonoridades distintas tienen en otros idiomas las palabras “viajar” y “viaje” de nuestro español. En idioma francés, voyager y voyage; en italiano, viaggiare y viaggio; en inglés to travel o to journey y travel; en alemán reisen y Reise.

Los viajes son tan antiguos como el hombre y siempre han tenido móviles fundamentales –leemos en el Diccionario Espasa– como la necesidad de hacer expediciones de caza, traslados en busca de pastos, traslados para colmar el espíritu de aventura, o por interés científico, como Charles Darwin, quien narró como naturalista, interesantes testimonios de sus viajes alrededor del mundo. Heródoto aparece como el primer personaje que identifica la figura del turista, y sus Historias tan apreciadas desde el punto de vista histórico y geográfico, ofrecen un valor considerable. Ulises, el gran viajero de la antigüedad clásica, presenta en la Odisea el resumen de los informes y la experiencia náutica más precisa de los marinos mediterráneos. Aquí se impondría la evocación del gran cineasta griego Theo Angelopoulos, quien en “La mirada de Ulises” representó la dramática búsqueda de un apasionado del cine –personaje protagonizado por el talentoso actor Harvey Keytel– para conseguir los rollos perdidos de un filme en medio de las luchas y sufrimientos de la guerra de Kosovo.

El viaje rige las narraciones de algunos escritores argentinos, como Educación popular y Viajes en Europa, África y América de Domingo Faustino Sarmiento, escritos para evaluar el estado de la enseñanza primaria en varios países y responder a una misión oficial del gobierno de Chile. Autor de Viento Norte, y de los Cuentos de comité (1931) Alcides Greca recorrió el país viajando también por Chile, Perú y Bolivia, y dejó curiosas observaciones como las referidas a los nombres de las calles, coincidiendo con Macedonio Fernández, quien solía criticar la falta de imaginación de los gobernantes, al cambiar hermosos nombres originales por los alusivos a hechos bélicos, exentos de poesía. Alcides Greca lo observa así en La torre de los ingleses (1929): “En el Perú, como también en Chile, se ha tenido el buen gusto de conservar los nombres tradicionales de las calles. El nombre es como el alma de una cosa. Por más partidario de las ideas nuevas y del progreso que se sea, no hay por qué hacer revoluciones con nombres que evocan a veces toda una historia o una leyenda. [...]. Aparte de todo esto existe el lado práctico. ¡Cuántos trastornos para el público, para el correo, para los escribanos y para el comercio!”

Contada por don Diego de Zama, la novela Zama (1956) del escritor mendocino Antonio Di Benedetto es el texto del yo narrador protagonista de la historia. Plena de arcaísmos y de la exuberancia que el idioma dieciochesco le ofrecía –el tiempo de la novela se desarrolla desde 1700 a 1799–, la precisión y tersura de la narración evitan todo desborde. Por los mismos años otro escritor mendocino, Abelardo Arias, describió un viaje a Europa durante los años del existencialismo francés en el diario de viaje París-Roma (de lo Visto y Tocado) (1954). Y Trafalgar de Angélica Gorodischer, presenta el personaje de Trafalgar Medrano, conversador infatigable que relata hechos fabulosos y entretenidos viajes al espacio, con las particularidades del habla rosarina.

Práctica constante en la vida de Adolfo Bioy Casares fueron los viajes. En 1924, cuando sólo tenía diez años, realizó con los padres su primer viaje a Europa y vivió largo tiempo en París, ciudad a la que volvió muchas veces llevado por la aventura, los homenajes, las traducciones de sus libros. Londres, París, Roma, dieron a su vida emociones y resonancias de otros idiomas que sin duda promovieron su fecunda narrativa. Guirnalda con amores, Una muñeca rusa, Historias de amor, Historias desaforadas revelan a través de sus cuentos la experiencia viva de otras culturas. A propósito de esto solía afirmar Bioy que lo más importante de un viaje, no es por lo general el viaje en sí mismo, sino el recuerdo que de él tenemos, la capacidad de evocar que nos permite el viaje ya realizado. (Noemí Ulla, Conversaciones con Adolfo Bioy Casares, 2000).

En Cuaderno de Tarsis, el diario de viaje por España de Eugenio Guasta, se invita al lector a seguir la aventura de la travesía. “No en vano uno carga el misterio de todas las vidas acumuladas en la propia sangre” es una de las tantas conmovedoras frases que encontramos en homenaje a los antepasados y a la historia del arte, en cuyas observaciones, con estilo coloquial y poético, el libro es pródigo.

Dentro de la literatura uruguaya, María de Montserrat (1915-1995) desarrolló gran parte de su obra bajo el signo del viaje. En Grandes sueños una mirada hacia el futuro propone la zona de la nueva Era glacial, donde los hombres fueron sumergidos por debajo de la superficie de la tierra. Su protagonista, llamado Rac, inicia un peregrinaje por esos mundos posibles que obedecen a reglas y a estatutos propios. María de Montserrat, autora de El país secreto, bella y dramática novela de iniciación de una escritora, en gran parte autobiográfica, resuelve en la nouvelle Grandes sueños la idea del traslado imaginario de las utopías del siglo XVII y las antiutopías del siglo XX.

Un poema de Borges viene a la memoria. Aproximadamente a los veintitrés años, antes de partir para Europa, se despedía de una joven de quien estaba enamorado con estas palabras iniciales:

Despedida
Entre tu amor y yo han de levantarse / trescientas noches como trescientas paredes / y el mar será una magia entre nosotros.
(Fervor de Buenos Aires, 1923)

Todo desplazamiento entraña un cambio, no sólo un cambio de escenario, de paisaje, de geografía, sino un cambio en nuestros pensamientos. ¿Vemos las cosas de igual manera cuando el desplazamiento de un lugar a otro nos dirige? La propia experiencia indica que no, que todo movimiento de un lugar a otro es también un movimiento del pensar.

A modo de conclusión de este sintético recorrido, señalaremos que el viaje, abierto a los viajeros y a los amantes de los libros, es tema inapreciable de la literatura universal, en tanto despierta la imaginación y contribuye, innegablemente, a civilizar al hombre en la visión de otras sociedades, y a considerar con mayor objetividad y competencia, su lugar de origen.

http://www.revistacriterio.com.ar/art_cuerpo.php?numero_id=23&articulo_id=479

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Proyecto La Dinámica de un Viaje
Por Reynaldo González

El proyecto de intervención multidisciplinaria La Dinámica de un Viaje, concebido para el salón de espera de la Terminal de ómnibus y trenes La Coubre, a un costado del puerto de la capital, se propone dinamizar ese espacio mediante la acción directa de artistas plásticos, diseñadores, cineastas, actores, bajo la dirección del arquitecto Augusto Rivero Mas. Todos ellos invadirán los distintos espacios interiores y exteriores con pinturas, esculturas, fotografías, instalaciones, objetos, diseño gráfico, videos, esculturas vivientes, monólogos y narración oral, a partir de sus particulares técnicas expresivas, de modo tal que los actuales y futuros viajeros confronten allí sus inquietudes o sus certezas.

El viaje como revivencia

Hablar de viajes no es sólo hablar de movimiento, de la permanente ansiedad de desplazamiento en el hombre, que es como salir de sí mismo, alcanzar posibilidades que superen la escueta singularidad. El viaje, no importa la distancia recorrida —porque no hablamos de una movilidad maquinal—, es una búsqueda de conocimientos y sensaciones para un después: el desplazamiento de una mirada que ya no será la misma. Para algunos, el viaje expresa el afán icárico del vuelo que permite auto-observarse, digamos, “a vista de pájaro”, superación de la mismidad, esa cárcel. Así visto, todo viaje implica una dosis de libertad. Y está el viaje que proporciona un sentido diferente de la existencia, incluso en el traslado breve, es decir, corto. En la persona inquieta y ansiosa de vivencias, resulta un elemento que amplía la comprensión de cosas y circunstancias, y de sí mismo entre esas cosas y envuelto en esas circunstancias. El viaje es el ir y su apoyo cognoscitivo es el volver, nada sería lo uno sin lo otro: subrayado de lo vivido, apropiación y goce, o sufrimiento, algo que no nos devuelve intactos. Conocimiento como boomerang de la retina que atesora y de la mente que sopesa y guarda, doble impacto, doble apreciación.

Recordemos aquellas simpáticas —pero algo más que simpáticas— páginas de Julio Cortázar en “Historias de cronopios y famas”, cuando los famas, sentimentales y sorprendidos de respirar en el mundo, empaquetan los recuerdos para el momento posterior de abrir esos envoltorios y dialogar con lo vivido. Regalo previsible, relamerse a sabiendas de que ya no será lo mismo porque su sabor —que es el saber— estará tocado por la diferencia sutil o drástica de la apreciación inicial y lo añadido por la distancia. Es la nostalgia a priori, es el objeto que nace “nostalgiado”, concebido para que nos provoque ese sentimiento íntimo y quizás pueril de re-acariciar lo visto, una preservada dimensión del ser. En ese sentido, el viaje será una vuelta en torno a sí mismo, pues ya uno es otro, diferenciado del que partió y, con el tiempo, también del que regresó. Uno es el cambiado por el dominio que nos obsequia el haber ido y regresado y haber acechado el momento en que nos re-viviremos en algo que ya no será lo visto, ni lo vivido, sino lo memorado. La memoria maquilla y trueca, traiciona. El memorioso, autor o cómplice de esa traición, se pone trampas para mejorar o viviseccionar lo vívido. Es a sí mismo a quien traiciona. En ese ámbito y en términos bíblicos, “porque añade ciencia, añade dolor”. No será igual, por ejemplo, el Ponte Vecchio de Florencia visto in situ, en una circunstancia específica, que revisto, revisitado en una circunstancia-otra, propiciada por el tiempo. A la subjetividad de aquella mirada añadimos la de ésta y la del que ahora somos.

El viajar, más que el viaje, ofrecido al re-disfrute, queda mitificado porque es condición humana la búsqueda de trascendencias. Un poeta como el cubano José Lezama Lima, al que no le fue dado gozar las vivencias que propician los viajes, dio a su quietud una resignada magnificación, afirmó “yo no viajo, por eso resucito”, y en su valoración como “viajero inmóvil”, le restó significación al desplazamiento que vio reducido a unos pasos “de proa a popa”. Para su suerte, tuvo la inapreciable movilidad de su prodigiosa imaginación. El “ potens de la imago” le permitió construir puertos y catedrales, visitar sitios inexistentes o modificados por las referencias a que tuvo alcance, asido al “eros de la lejanía”. Otro poeta nuestro, Pablo Armando Fernández, amorosamente apegado a las circunstancias insulares, dejó escrito: “Los viajes sí, porque ilustran, pero para vivir y morir, la Isla.” Frente a ambos se alza la posibilidad y la imposibilidad del viaje, sembradas en cada criatura como superación de su inmediatez, martilleante reclamo en los hijos de islas, en quienes la insularidad crea y fija neblinas que condimentan la savia resistente de Lezama o hacen de Pablo Armando un constante buscador de experiencias viajeras. El primero conoció el opresor reto de su inmovilidad. El segundo aprendió a escudriñar las ternezas del regreso. Otro viajero nuestro, José Martí, acuciado por la imprescindibilidad de libertad compartida frente a la libertad negada a sus congéneres, supo la crueldad de las distancias y en su traslaticio quehacer en procura de ese bien común llegó a escribir: “Odio el mar, muerto grande.” La inmensidad de los océanos acuchillaba el fervor de un hijo de islas enamorado de la libertad si resultaba un bien compartido. Viaje es, también, apropiación de distancias ciertas o invencionadas, ulterior valoración, afirmación de razones, confrontación de sinrazones, compulsión.

Puertos, aeropuertos, estaciones de trenes, sitios de despedidas y reencuentros quedan fijos en la memoria con una fuerza desconocida por otras encrucijadas. Las grandes novelas los incluyen como puntos donde acuden los protagonistas en situaciones de cambios, decisiones, finales o reaperturas de sus trayectorias. Esa significación la pierde el paseante cándido que los transita en su cotidianidad. En las entradas de los subterráneos de las grandes ciudades hormiguea una multitud cuya prisa acalla toda meditación sobre este asunto. Pero también allí suceden escenas como en un filme, inadvertidas para unos, inolvidables para otros. Y está la posibilidad de lo fortuito, lo sorpresivo que marcará la experiencia de unos o de muchos. En esos instantes y lugares se asienta la esencia del viaje como transcurso existencial, ya no sólo de aparatos móviles, sino de nuestra movilidad, que en cada ocasión nos construye o desustancia. Allí surgen o quedan trozos de la individualidad y del ser obsesionado con burlar su propia transitoriedad.

Por más humilde que parezca un sitio de encuentros y desencuentros, deja marca indeleble, ya pertenece al sujeto que lo ha conocido, a un tiempo que ese sujeto ha comenzado a pertenecerle. Ofrecidos a nuevas confrontaciones, se tendrán mutuamente, partícipes de un vínculo que exige un nuevo tránsito, el de la memoria, la mirada que persiste en la retina, sensaciones y matices ofrecidos a la transformación del recuento. Para los cronopios habrá llegado el momento de abrir los paquetes atesorados. Para Lezama, la comprobación de que “la memoria prepara sus sorpresas”. Corsi e ricorsi, el viaje alimenta una existencia otra, tan ofrecida como esquiva.

Coordinado por Augusto Rivero Mas
Artistas Invitados
Alexandre Arrechea / William Barranco / Tamara Campo Hernández - Bettina Geisselmann / Ramón Casas Viera / Judy Cheung / Leo De Lázaro / Ricardo Elías / Reinier Izquierdo / Harold López / Alfredo Martell / Ariel Molné / Julio Neyra / Rogelio Oliva / Ernesto Peña Pou / Eidania Pérez / William Pérez / Ismael Rodríguez / Alein Somonte / Regis Soler / Luis Rodríguez Noa / Rolando Vásquez
Foto del proyecto: CÉSAR A. RODRIGUEZ

http://www.trabajadores.cubaweb.cu/9na-bienal-habana/proyectos/dinamica.htm




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