..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.123, Viernes, 12 de mayo del 2006

 

Los blancos guerreros del imperio
Por Angel de la Guardia

Un reciente incidente en vísperas de la inauguración de la Feria del Libro de Madrid ha vuelto a poner sobre el tapete la pregunta de si el capitalismo, el de antes y el de ahora, que son uno y el mismo, realmente tolera el disenso, la pluralidad de ideas, el pensamiento crítico, la libertad intelectual. El intento de prohibir que la Fundación “Federico Engels” tuviese un stand en la Feria, aunque finalmente derrotado, hace que de nuevo se levanten serias dudas acerca del fair play ideológico de los partidarios de la propiedad privada y de la explotación del hombre por el hombre.

Los mantras soporíferos con que los ideólogos del capital intentan convencernos de su absoluto respeto a la diversidad de ideas no pasan de ser los frutos de una manera rentable y cómoda de ganarse la vida, simple pirotecnia verbal, pequeñas ondas muertas para simular que se agita la superficie del pantano totalitario que se esconde bajo la envoltura de una sociedad que se sueña estadio final y definitivo de la larga marcha del hombre por la libertad y la democracia, mientras genera en su seno a los torturadores de Abu Grahib, a los que bombardean Fallujah, y a los que censuran libros para niños de tercer grado en las escuelas del condado de Miami Dade, porque en su portada aparecen unos niños cubanos sonrientes, lo cual es, por supuesto, absolutamente inadmisible.

Nada, como tener que convivir con sus enemigos ideológicos, enerva más a los guerreros del capital, estos arcángeles democráticos al estilo de Vargas Llosas o Carlos Alberto Montaner, siempre pródigos en babosadas parvularias sobre las ventajas culturales y espirituales del capitalismo, la genialidad de Karl Popper, y la pequeñez de Karl Marx, no importa si la realidad, la ingrata realidad, termine siempre desmintiéndolos. Llega entonces, inexorablemente, el turno de los censores, los inquisidores, los espías, la tiranía anónima de un mercado de ideas que ha desterrado a las ideas por no ser rentables, o más bien, por ser subversivas… Es el momento exacto en que sale de su concha el apuntador de esta farsa para obligar a la sociedad capitalista a quitarse la dulce máscara con que disimula su rostro llagado. Suena un redoble de bélicos tambores, las luces comienzan a apagarse: “Bienvenidos al mundo real, damas y caballeros”.

Cuando los ideólogos del capitalismo sienten que han pasado sus quince minutos de fama, como ocurre por estos días, a la vista de una América Latina que ha echado a andar hacia el socialismo, de un Medio Oriente que se resiste a ser liberado a cañonazos, de millones de inmigrantes que salen a las calles de los Estados Unidos para recordarles al sistema explotador que son seres humanos, y de otros millones de franceses que acaban de poner de rodillas a un gobierno derechista y patronal, corren a desempolvar sus inclinaciones peores, que son, a fin de cuenta, las auténticas.

Entonces, los fantasmas del ayer regresan con una puntualidad escalofriante:

- “Los rojos en el poder…”, frase de la era McCarthy, acaba de ser pronunciada en un discurso presentado por un pregonero de la Fundación Nacional Cubano Americana ante su auditorio en Princeton, un desliz políticamente incorrecto para el gusto del campus liberal estadounidense. Ramón Humberto Colas, autoproclamado “fundador de las bibliotecas independientes” en Cuba, avispado anunciante de si mismo, sin remordimiento concebido, se delata al intentar tirar una toalla a un admirado amigo, Orlando Bosch, atribuyendo a su odiado enemigo, Fidel Castro, unas expresiones despectivas y racistas que fueron grabadas al primero durante un programa de la televisión de Miami: “Se trata de tres negritos…”, pone en boca de Fidel, cuando en realidad “…eran sólo cinco negritas…” fue la manera más poética encontrada por el autor intelectual del crimen de Barbados para describir a sus victimas, las integrantes del equipo juvenil de esgrima de Cuba, asesinadas junto al resto de los pasajeros de un avión civil.

-“Cuba es diferente, todos me decían. Es cierto: Cuba no es el clásico país socialista al estilo soviético -escribió sobre su viaje a la isla en 1998 otro avispado promotor de sí mismo, el escritor de origen rumano Andrei Codrescu, anticomunista visceral disfrazado de anarquista irreverente, ad majorem CIA gloriam-, Cuba es un problema americano, quiero decir, un problema norteamericano… Cuba ha sido tanto una amante barata y hermosa (de los Estados Unidos), como un dolor en su espalda”. Este profundo conocedor de la isla es el mismo que afirmó, sin pudor alguno, en su intervención ante el Consejo de ALA (American Libraries Asociation) celebrado el pasado 22 de enero en San Diego.

a) “Estamos hablando de Cuba, donde no hay nada que leer.”
b) “El gobierno cubano prohíbe la publicación de obras literarias.”
c) “La mayor parte de los escritores cubanos vive en el exilio”.
d) “(En Cuba) no hay medicinas, ni equipos médicos; tampoco personal preparado para trabajar con ellos.”
e) “(En Cuba) la gente sabe leer, pero no dispone de nada para hacerlo, excepto la propaganda estatal, lo cual es una manera de crear analfabetismo…”
f) “Los cubanos que trabajan en las bibliotecas de la isla son empleados estatales, y por ello son medio policías. Tienen la misión de controlar y vigilar los libros, antes que prestarlos… Si vamos a definir qué es ser bibliotecario, debemos primero preguntarnos qué porcentaje de ellos son policías…”

Estos dos ejemplos bastarían para mostrar la manera en que combaten estos blancos guerreros del Imperio, o mejor dicho, estos soldados de las tribus bárbaras al servicio de Roma, pagados para cuidar las fronteras del amo, bien lejos, lo más lejos posible de la República de las letras, allí en las márgenes, donde tienen lugar las incursiones de sus antiguos camaradas de armas, donde no hay cobertura de la CNN, ni hacen falta las elegantes poses del minué intelectual; donde no hay reglas que observar, ni desinformadas organizaciones profesionales que desinformar.

Como la sombra al cuerpo, así las mentiras los persiguen. No hay casualidad en ello. Es su manera de combatir, es la forma en que ejercen el sacrosanto derecho a la libertad de expresión contra el sacrosanto derecho a la libertad de expresión de los demás. Es, mediante estos crímenes éticos, a través de estas vergonzosas operaciones inmorales, que unos leales escuderos del capital expresan su conmovedor amor por el capital.

No es casual que un Colás que dice admirar a Ghandi y no cesa de alabar a Martin Luther King, haya terminado a sueldo de una organización terrorista como la Fundación Nacional Cubano Americana, sobre cuya conciencia pesan muchas victimas del terrorismo en la isla. No es casual que un Codrescu, que va en pose de artista rebelde, de anarquista irreductible, concluya como bombero encargado de apagar los fuegos de rebeldía de los cubanos, domador encubierto de la libertad de otros pueblos para escoger otro camino. Así actúa, por necesidad, el capital.

No es casual que, por caminos tan distantes, por senderos tan diferentes, hayan coincidido en el frente cubano, en la línea de combate donde se decide hoy buena parte del empeño que enfrenta, desde hace siglos a explotados y explotadores. Así actúa, por necesidad, el capital.

No es casual que ambos mientan sin pudor, que calumnien a quienes ni siquiera conocen, que muestren semejante vocación anticomunista, semejante servilismo al Imperio. No es casual que Roma los desprecie.

Cuando el capital se ve obligado a descansar la defensa de sus fronteras amenazadas en tropas bárbaras, la decadencia está cerca, y la caída es inevitable.

No es casual que desde Cuba estemos haciendo todo lo posible, en el terreno de las ideas, para que esto ocurra lo antes posible.

Señores Colas y Codrescu, aceptamos el reto: vamos a ver si lo que prevalece será la explotación del hombre por el hombre, la dominación de unos pueblos por otros, la perpetuación de la exclusión y la injusticia social, todo lo que defienden Ustedes al servicio del capitalismo, o una sociedad libre y soberana, socialista, antiimperialista y sin amos, con justicia y dignidad, como defendemos los cubanos.

Empecemos a contar los voto, no los que se compran, sino el de los pueblos…




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