..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.124, Viernes, 19 de mayo del 2006

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Canto A Martí: Más De Cien Años En Verso Cubano
Por Carlos Zamora y Arnaldo Moreno Yong

En 1879, a raíz de la deportación de Martí a España, bajo la acusación de estar vinculado con el movimiento revolucionario, la poetisa cienfueguera Mercedes Matamoros escribió unos versos en las que se identificaba emocionalmente con la causa del Maestro. Bajo el título “Adiós”, el poema permaneció inédito hasta 1987 (1) y constituye, al parecer, la primera obra literaria en verso que toma al Héroe Nacional como motivo temático.

La vida y obra de Martí, incitadoras de los más diversos abordajes –políticos, históricos, filosóficos, estéticos, literarios– estrenaba así una presencia casi ininterrumpida en la poesía cubana. El fenómeno por demás rebasa los límites nacionales para adquirir carácter continental. Escritores latinoamericanos de la talla de Gabriela Mistral (1889-1955), Pablo Neruda (1904-1973), Juan de Dios Peza (1852-1910) y Andrés Eloy Blanco (1897-1955), entre otros, le dedicaron, en épocas diversas, composiciones de incuestionable valor. Pero es en la poesía cubana, donde verdaderamente alcanza mayor resonancia. Figuras descollantes de la literatura nacional, prácticamente de casi todas las tendencias y movimientos poéticos desde fines del siglo diecinueve, incluyen entre sus obras algún poema al Apóstol.

Una paciente indagación en las principales producciones editoriales y publicaciones periódicas, desde 1879, reveló una significativa muestra creativa (2)

La heterogeneidad de esa poesía, desde perspectivas ideológicas, estéticas y emocionales disímiles, determinan calidades y estilos que un lector podría justipreciar en el devenir de varias generaciones literarias. Algunos textos revisten una singularidad no necesariamente artística, ya sea por la fecha de creación, su autor, o la visión específica del poema; en general testimonios diversos de la huella martiana entre nosotros.

De forma general pudiéramos considerar algunas características de ese proceso de apropiación: La persistencia en el tono marcadamente elegíaco, sobre todo en los textos de los primeros años; el carácter laudatorio, muy cercano a la apología y la idealización, que a veces destila cierto sabor formalista, oficialista; la referencia biográfica; el símil con personajes de la mitología, la literatura, la historia y la religión, particularmente con la figura de Jesucristo; el tono patriótico, en ocasiones de arenga política; el tono invocativo, con referencias a la época en que se escribe el poema, a veces a la manera de padrenuestros; el tratamiento coloquial, que puede llegar hasta el desenfado.

La personalidad y obra martianas han polarizado en torno suyo puntos de vista y posiciones ideológicas que han devenido dispares tratamientos: desde la sutil tergiversación que pretendía despojarlo de su trascendencia político – revolucionaria, hasta la acendrada visión de su verdadera talla, que lo rescataba y lo tomaba como estandarte de combate en el afán de concluir la jornada trunca del 95.

Una vez instaurada la República, buena parte de la poesía patriótica va a ser cultivada por los poetas que, impulsados por la superficial ilusión del “haber llegado”, harán un tipo de composición de carácter laudatorio, cantando a la “libertad” e “independencia” logradas.

Salvador Morales (1939) describió ese momento: “...el pesimismo burgués, la decepción conformista, el dolor masoquista de la contrición pasiva(...), un fatalismo absoluto ante circunstancias de origen oscuro, y si bien la sinceridad que concentran en su afirmación de la disparidad ante el camino real emprendido por la república mediatizada y el propuesto por Martí les confiere un destello de valor, por otra parte, la inercia ante el error denunciado apaga ese destello y los suma en un avergonzado y vergonzante mea culpa”. (3)

En muchos de los poemas dedicados a Martí a lo largo del período republicano se trasluce ese sentimiento. Excepcionalmente, se contrasta el sueño martiano con la realidad y se invoca su liderazgo ético para enfrentar la situación creada y promover la contienda inconclusa.

La confrontación de ideas tuvo terreno en la poesía: El Martí marmóreo, angelical, contemplativo, místico, suicida… apareció en el verso cubano con similar asiduidad que en la prosa y la oratoria, siendo ostensiblemente estimuladas esas actitudes por la burguesía pro imperialista en el poder, interesada lógicamente en desvirtuar su imagen ante el pueblo. Se quiso presentar durante mucho tiempo un manso Martí, para invalidar la vigencia de su pensamiento revolucionario, para minimizar su arraigo popular y dejar acéfala la revolución.

No es hasta los albores de la década del 20, que el tratamiento de Martí, tanto en prosa como en verso y bajo el signo de todo un complejo de acontecimientos políticos, sociales y culturales demuestra cambios importantes.

Una generación de jóvenes intelectuales, bajo el influjo de la primera guerra mundial –y todas las consecuencias que en el orden político y social acarrearía– surge en Cuba y se va integrando paulatinamente a la vida nacional, con el ánimo de resolver los acuciantes problemas de una república entregada al robo y al vicio. Estos intelectuales protagonizarían hechos de tal relevancia como la Reforma Universitaria y la Protesta de los trece, en 1923; crearían el Grupo Minorista y la Falange de Acción Cubana; tendrían medio de expresión en la revista Social (1916-1933) y se pronunciarían por una profunda renovación en el arte y la literatura.

La vanguardia revolucionaria de esta generación, viva encarnación de los más caros anhelos populares, fue al reencuentro de un Martí que, revivido y vuelto a su justa dimensión, encabezara la urgente batalla social. Jóvenes de la talla de Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Emilio Roig de Leuchsenring, Juan Marinello y Raúl Roa, como escribiera luego Salvador Bueno (1917) “proclamaron que era imprescindible arrancarlo de las manos farisaicas que se habían apropiado de su pensamiento, para que el pueblo cubano pudiera conquistar a partir de su ideario la definitiva independencia”. (4)

El proceso de radicalización de ese pensamiento fue ofreciendo un cauce a la expresión poética, a partir de este momento, como contrapartida de las posiciones reaccionarias. Y ese espíritu lo encarnó por excelencia Rubén Martínez Villena.

Explotando el sentimiento patriótico y el profundo arraigo del ejemplo martiano en el pueblo, la pléyade de politiqueros republicanos organizó en 1953 un significativo número de actividades bajo el pretexto de conmemorar el centenario del Apóstol y cuyo propósito real era, en la mayoría de los casos, ganarse las simpatías de las masas, con fines electorales y arribistas.

Es precisamente este año el de mayor producción poética dedicada a Martí y en el que se mostró con más claridad la polarización de las corrientes políticas que se movían en el país. En esta poesía se evidenciaron, como en la tribuna, dos posturas radicalmente opuestas: el culto abstracto, publicano, de sabor oficialista y el intransigente, subversivo, revolucionario; representativas, en esencia, de la continuidad de las dos posiciones antagónicas que han situado sus atalayas frente al pensamiento martiano a lo largo de todo el siglo XX.

A partir de 1959 la poesía a Martí legitima en versos la deuda ética del pueblo cubano a su pensamiento y reafirma al Apóstol como autor intelectual del asalto al cuartel Moncada, acción que iniciara la última y decisiva etapa por nuestra independencia; traduce, de manera esencial, el sentimiento colectivo de la realización del sueño martiano tras largos años de penoso escamoteo.

NOTAS Y REFERENCIAS

(1) Matamoros, Mercedes: Selección de poemas; estudio preliminar, bibliografía y notas y cronología por Florentino Morales. Cienfuegos: Instituto Superior Técnico de Cienfuegos, 1988. p. 80-81

Su edición anterior puede consultarse en: Revolución y Cultura. La Habana, No.1, enero de 1987, p. 20, pero la escogida nos parece más fidedigna.

(2) Ver Martí en la poesía cubana. En: Islas, Revista de la Universidad Central de Las Villas, no. 88, septiembre-diciembre, 1987 pp. 3-135 y Como un himno de amor, Editorial Sanlope, Las Tunas, 2002.
Bajo el título Algo más que piedra se halla en proceso editorial por el Centro de Estudios Martianos una selección más completa preparada por los autores.

(3) En: “La batalla ideológica en torno a José Martí”. Anuario Martiano,
no. 5, La Habana, 1974. p. 8

(4) En: “José Martí en los poetas de la Generación del Centenario”. Unión, La Habana, no. 2, 1983, p. 119

Poemas a Martí

Mercedes Matamoros
ADIÓS
A José Martí

Pronto la nave surcará ligera
el piélago insondable; en la alta noche
solitario en la proa el desterrado,
pálido el rostro y húmedos los ojos,
buscará en lontananza
los adorados seres que formaron
su gloria y su esperanza,
y entre brumas verá desvanecida
la hermosa tierra en que nació a la vida.
Del tierno infante y de la fiel consorte
el recuerdo quizás rompa en su pecho
la última fibra del valor; su frente
se doblará tal vez; mas nuevamente
con los primeros rayos de la aurora
altiva se alzará, si considera
que si la esposa entristecida llora,
la pobre patria estremecida espera!...

1879

Bonifacio Byrne
MARTI

¡Heroico paladín de un pueblo triste!
contra tus enemigos en acecho
fueron tres las espadas que esgrimiste:
¡la razón, la justicia y el derecho!

Hoy que tu noble cuerpo ya no existe,
hoy que ha cesado de latir tu pecho
se deja de pensar en lo que hiciste
para pensar en lo que hubieras hecho...

Tu palabra en la tierra fue un encanto,
y el poder que en el ánimo ejercía
tu irresistible seducción fue tanto;

que el solo anuncio de tu muerte impía
llenó a tu pueblo de letal quebranto,
¡y hay quien piensa que vives todavía!

Luisa Pérez de Zambrana
LA TUMBA DE MARTI

A mi ilustrada y queridísima amiga Carmela Nieto

Hay un sepulcro con su nimbo de oro,
y allí, enjugando su divino lloro,
un arcángel de pie.
Baña la santa losa, ardiente y bella,
de una radiante y solitaria estrella
la móvil brillantez.
¿De quién guarda esta tumba la memoria?
Aquí, bajo el sudario de la gloria,
duerme un rey inmortal.
Rey de los pensamientos insondables
que tornó en certidumbres inefables
su grandioso ideal.
El genio errante, pálido y sin calma,
que sintió en las tinieblas de su alma
estremecerse un sol.
Y sintió, por sus sueños abrasadas,
nacer alas gigantes y estrelladas
en sus hombros de Dios.
¡Héroe sublime que la muerte hiela,
¡duerme! que un pueblo de rodillas vela
esta tumba, este altar!
Pues de un iris espléndido ceñida,
de la rosa de fuego de tu herida
surgió la libertad.

Rubén Martínez Villena
19 DE MAYO

Señor de la palabra, Caudillo de la Idea,
tu verbo fue cual grito pletórico de fe,
que al pueblo arrodillado quitóle la librea,
rompióle las cadenas y púsole de pie;
y fue clarín guerrero llamando a la pelea
y látigo feroz
y canto en que brillaba la libertad futura,
en cuyas amenazas, preñadas de amargura,
el alma de la Patria lloraba por tu voz.

Señor de la Palabra: tu helénica figura
en la historia aparece como un jirón de luz;
y no sé por qué el alma te supone en tu templo
y al recordar tu vida, buscándole un ejemplo,
¡se postra de rodillas y piensa en una cruz!

Caudillo de la Idea: al recordar tu muerte
el alma como un ángel magnífico te advierte
que murió cultivando su milagrosa mies,
–la mies que fue regada con sangre de patriotas–
y te ve con la frente y con las alas rotas
y una estrella en el pecho y un león a tus pies.

Tu obra es una obra de tormento.
Es la de aquél que el alto pensamiento
en una estatua primorosa labra
y le da vida con su propio aliento;
héroe que para entrar en la pelea
te forjaste una espada: la Palabra,
en una fragua sin igual: la Idea.
Mas la espada trocóse en un machete
y el orador se transformó en jinete
para buscar el trágico bautismo;
hacia el estruendo de la lid marchaste
y, arrojando tu fardo de idealismo,
te dejaste arrancar en tu heroísmo
por el propio huracán que desataste.
¡Águila que cansada de sus vuelos
por las regiones de su grito aterra,
descendió como un rayo de los cielos
para morir cual tórtola en la tierra!...
Señor de la Palabra, Caudillo de la Idea,
supiste ser más tarde señor de la pelea,
caudillo del tropel;
montaste sin destreza sobre el bridón y altivo
te erguiste clamoroso de pie sobre el estribo,
y el fuego de tu verbo electrizó el corcel.
Y fue como un Pegaso con un ángel encima.
La hoja de la espada –en inocente esgrima–
prolongaba tu alma como un rayo de bien.
Oyóse una descarga... caíste entre las balas,
y el sombrero cubano te formó con sus alas
como un halo glorioso que rodeaba tu sien.
Y las ánforas vivas, prodigiosas,
de tu pecho y tu cráneo se volcaron,
urnas de sangre y de ideal, preciosas,
que tu tesoro en tierra derramaron;
¡así tu sangre y tu ideal regaron
tu cosecha de mieses milagrosas!

Y susurraron las palmas
con un trémulo rumor
que puso espanto en las almas
y en el pendón español:
“No me pongan en lo oscuro
a morir como un traidor,
yo soy bueno y como bueno
moriré de cara al sol...”

Callaron los palmares. Y los ríos
que vieron tu caída, sollozaron,
y en sus dulces murmuríos
y en su canción plañidera
también ellos susurraron:
“yo quiero cuando me muera
sin patria, pero sin amo,
tener en mi tumba un ramo
de flores y una bandera...”

Y las flores de mayo, para cumplir tu sueño,
quisieron afanosas, con inútil empeño,
escapar de sus tallos y formarte un cendal;
lloraban dulcemente los ríos en sus cuencas,
se inclinaron las palmas y juntando sus pencas,
formaron a tu muerte como un arco triunfal.
Y lloraban los ríos su canción plañidera,
seguían sus rumores pidiendo una bandera;
y unos trozos de cielo y unas nubes de tul
bajaron lentamente como por un encanto
formando a tu cadáver como un mágico manto
con dos franjas de blanco y tres franjas de azul.
Y la Patria a tu lado sollozando miraba
cómo en el manto mágico tu sangre dibujaba
un triángulo teñido de trágico arrebol;
dejó que de tu sangre se extendiera la huella
y entonces le dio un beso y dibujó una estrella
–la marca de sus labios brillando como un sol.

Esa fue tu bandera de sublimes colores;
pero tu otro deseo, ¿aquel ramo de flores
que forjara tu musa de inmortal soñador?
Acepta como un ramo el pobre canto mío,
donde la flor es verso y es lágrima el rocío
y el matiz es la rima y el perfume es amor.

Águila que cansada de tu vuelo,
sentiste la nostalgia de la tierra
y descendiste rápida del cielo
para morir cual tórtola en la guerra;

Señor de la palabra, Caudillo de la Idea:
observa que tu pueblo ya no tiene librea
y rompió sus cadenas con suprema altivez;
pero en el día fúnebre en que más grande brillas,
el pueblo redimido se encuentra de rodillas:
¡tu recuerdo sagrado le arrodilla otra vez!

1919

Manuel Navarro Luna
El APÓSTOL

Leonor, la madre,
fue a la cantera donde estaba el niño.
Y vio las llagas negras. Vio las llagas
que sembraba el grillete en los pies de su hijo.
Después, con Don Mariano,
llevó unas almohadillas, que ella hiciera, al presidio
y bajo el aro rudo de los hierros terribles que el muchacho arrastraba
las puso el padre, trémulo y dolido.
Doña Leonor, más tarde,
de un eslabón de los grilletes hizo,
para Pepe,
un anillo.

Ya en el fragor profundo que fue toda su vida,
cuando para él la Patria era el agonizar y era el martirio...
las obreras del Cayo le regalaron una cruz de conchas,
de nácares y pétalos marinos.
¡Insignias de la vida!
¡Yugo, estrella y anillo!
¡Y la cruz! ¡Y la cruz! ¡EI ya las tiene,
y con ellas recoge ortiga y cardo y muerte y gloria en el camino!

Puesto de pie, en el yugo, y con la estrella,
que ilumina y que mata, alzándose en su frente y en su pecho encendido,
con los pobres del mundo echó la luz inmensa de su suerte.
¡La echó en el arroyo! ¡No la echó con el mar ni con el río!
¡Y alzó el mundo! ¡Lo alzó sobre el cobarde yugo!
¡En cada luz y en cada sombra estaba apretándole el aro del anillo!
El anillo es el hierro que lo manda,
que lo manda al dolor y al sacrificio!

¡Triunfo la Patria, no! ¡Para él la Patria
es deber y agonía y dolor y martirio!
¡Es la estrella que alumbra y la estrella que mata!
¡EI hierro del grillete y la cruz de Dos Ríos!

1943

Roberto Fernández Retamar
JOSE MARTI
el clarín me tiende, trinando, el ala.

Entre las preparadas urgencias de los golpes,
una solicitud de clarines te llega,
una imperiosa necesidad de metales,
un fuego con garganta, una espada y su lengua.

Cruzan caballos colorados por tu pecho;
golpes dan en tu cara, en el mármol sombrío
de tu frente, en tus ojos dulcísimos y acero:
un golpe de herrada candela te recorre.

Entonces es el vuelo de tus manos, la ciencia
conmovida y fecunda de tu rápida vista:
esa sombra que cruza quemándose en silencio
debe dejar su cara parada entre tus manos.

Y ese batallador y áureo guerrero, ha
de combatir contigo –suenan las mutuas lanzas–
hasta dejarte ardiendo, con su figura esbelta,
la enamorada boca, la mirada profunda.

Cómo en tu mano, madre y masculina, crecen
el verde vuelo de la palma (solitaria
se eleva y silenciosa, hasta romperse en plumas),
la poca isla que el mar sostiene dulcemente,

los ríos que asombrados ven descender tu cuerpo,
el beso rumoroso que va desde la alcoba
a inundar al planeta, la gota de tu firma,
los héroes y su luz, la niña blanca siempre!

Sabemos que se esconde en tu puño una alondra;
que tras la boca airada va merodeando un beso:
ese látigo alzado se ha convertido en lirio,
y ese golpe en las piedras ha provocado el agua!

Entre el indispensable ruido del noble hierro,
mientras espinas y estrellas disputaban tu voz,
tu corazón finísimo, peculiarmente agua,
regresó entre los ríos a buscar la paloma.

Jesús Orta Ruiz
ALGO MAS QUE PIEDRA...
Mensaje de Martí a la Cuba Nueva

–¡Ya yo estaba cansado! Cansado de ser piedra,
piedra inmóvil y muda, con el índice muerto.
Nada más que un adorno de avenidas y parques
un silencio de piedra. ¡Nada más que un silencio!

Cuando a mis pies de piedra se quedaba dormido
un niño peregrino, descalzo y harapiento,
yo sufría mis brazos inmóviles, de piedra,
porque en la pétrea boca me florecía un beso
¡y mis brazos de piedra no podían moverse
para alzar a mis labios el ángel macilento!

¡Ya yo estaba cansado! Cansado de mi nombre,
cansado de mi nombre convertido en anzuelo!
Cansado de mi nombre, manoseado estribillo
de loros que chillaban por mayo y por enero.

¡Cansado de mi nombre!
¡Asqueado de mi nombre, manoseado estribillo
de loros que chillaban por mayo y por enero.

¡Cansado de mi nombre!
¡Asqueado de mi nombre en labios embusteros!
¡Cansado de las flores con espinas
al pie del monumento!
¡Cansado de escritores con luz en las palabras
y sombras en los hechos!

Me dolía ser piedra, ser piedra solamente,
inmóviles los brazos, en la boca el
silencio.
Me dolía la muerte de ser un nombre propio
porque mi vida es verbo.

Por eso fui a tocar los corazones
como quien busca notas por un piano muerto
y encontré teclas vivas, que vibraron
al roce de mis dedos...

Encendí las hogueras del joven heroísmo,
mostré a la juventud lo fúlgido, lo bello
del rostro de la muerte; visité los presidios
alumbrando de estrellas la noche de los presos;
medité en otras playas mirando hacia las costas
de Cuba, y encendiendo la luz para el destierro;
atravesé las aguas sobre un pequeño barco
quemando con el Himno las banderas del viento;
desembarqué en la Patria, le di un beso en la frente
y fui montaña arriba, claramente resuelto;
desafié los peligros dos años treinta días
bajo un rayo constante y un continuado trueno;
fui manigua también por las espesas barbas
y el desbordado pelo.

Pero al fin, victorioso, bajé del lomerío
a realizar mi sueño,
mi sueño interrumpido y olvidado
por los que me siguieron.

Y ya soy algo más que piedra
Estoy vivo y haciendo.
Ahora no soy un simple nombre propio
tomado como anzuelo.

Ni tenéis que decir el nombre mío.
Ya mi nombre es un verbo.
Mirad para la estatua, mirad para la estatua
¡y me veréis sonriendo!

28 de enero de 1959.

Cintio Vitier
LA TUMBA DE MARTI

Detenido en el umbral
sagrado,
ante la urna
cubierta por la bandera y por las rosas,
cándidas y frías en el sol
indiferente, quedé absorto
mirando lo increíble.

¿Dónde , allí, su palabra
frente a la cual el fuego palidece,
dónde la dulzura de sus ojos
paternos y filiales, dónde el rayo,
la miel, el alba
de su arrasante amor?.

La no respuesta
de la urna, los escudos,
las flores, la bandera,
la ligereza de la luz
jugando áurea en torno a sus despojos,
emitía una palabra
que me atravesaba silenciosa
y honda.

Su no estar allí
era un ardiente modo de decirnos
que había muerto por nosotros, que vivía
en nosotros fragmentado, oscurecido, imposible,
otra vez luchando
por hacer la patria.

Y la desproporción
descomunal (oh gloria!)
entre su prodigiosa vida y aquel sitio
que pretendía encerrarlo en este mundo,
era el tuétano de este mundo:
la extrañeza de todo lo que existe,
la mendicante mano del riquísimo ser,
la ilusión, la ira, la pobreza de la brasa de los ojos cubanos
en los ojos de Dios.

26 de julio de 1969.


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