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 ¿La
no-proliferación de armas nucleares o la desnuclearización?
Por Emir Saderç
Agência Carta Maior
Delante de la presión de los EE UU sobre Irán, vale
reflejar: la lucha que tiene que ser hecha es aquella por la desnuclearización,
y no por el respeto de no-proliferación que protege a las
potencias dueñas de armamento nuclear, sin que nadie controle
su uso.
Las investigaciones, por el mundo del extrarradio, son elocuentes:
el político más peligroso del mundo es George W. Bush.
Y los Estados Unidos son la mayor amenaza para los otros países
y para la paz en el mundo. Sin embargo, es ese político y
ese país que se creen en el derecho de juzgar quien debe
tener armas nucleares y se proponen actuar unilateral y preventivamente
contra quien consideren que posea armas nucleares.
A ese absurdo se suma otro: al contrario de luchar por la desnuclearización
completa, las superpotencias nucleares se dan el derecho de decidir
quien puede tener armas nucleares y quien no puede. La India y Pakistán
pueden, para que se anulen peligrosamente como lideratos regionales.
Israel, claro que puede. (Pregunta: ¿para defenderse de los
palestinos con armas nucleares?).
Y, principalmente, los EE UU pueden. Pueden con todo. Pueden disponer,
solos, de arsenales y reivindican el derecho de castigar preventivamente
a quien juzguen que representa peligro para ellos.
Y no lo hacen sólo con las palabras –amenazando–,
bombardean, invaden, ocupan, hoy Irak y Afganistán. Poseen
tropas en mucho más de una centenar de países del
mundo. Desembarcaron tropas aquí cerca, en Paraguay, además
de estar, hace tiempo, en Colombia, y de que hayan construido una
nueva base militar en Ecuador.
Un país y un gobierno que invadió Irak, a pesar de
la oposición del Consejo de Seguridad de la ONU. Un país
que impide que la resolución de la ONU sobre el derecho de
Palestina de disponer de un Estado, así como Israel dispone
del suyo. Un país que sigue ocupando, hace más de
un siglo, una base militar en Cuba y que se vale de esa base para
mantener presos en condiciones infrahumanas y absolutamente ilegales
miles de prisioneros. Un país que tiene el peor dossier de
invasiones, de incentivos a golpes militares y de operaciones clandestinas
para intentar asesinar gobernantes.
Ese país se juzga en el derecho de erigirse de juez universal
sobre la paz y la guerra, sobre quien puede y quien no puede tener
armas nucleares, sobre quien tiene y que no tiene esas armas. Y
es la mayor potencia bélica de la historia de la humanidad.
¿Quien limita su armamento nuclear?
Se equivocaron Brasil y México – entre otros países
– cuando renunciaron, sin contrapartida, al derecho de producir
armamento nuclear. No deberían haber ofrecido esa renuncia
gratuitamente sin haber luchado por la desnuclearización
completa e incondicional de todos los países. No lo hicieron,
y ahora reciben advertencias de la potencia imperial alertándolos
de que no estarían obedeciendo al pie de la letra un tratado
que protege el poderío nuclear de los que ya ingresaron en
el club nuclear, pero impide que otros ingresen en un tratado discriminador
e injusto.
El mundo nuclear también está de cabeza hacia abajo.
Irán, que nunca utilizó armamentos nucleares contra
nadie, es acusado y conminado de invasión por el país
que inauguró los bombardeos nucleares, Hiroshima y Nagasaki,
y que detiene el mayor arsenal nuclear del mundo y amenaza con usarlo
contra supuestos enemigos – en primer lugar contra el propio
Irán.
La lucha es por la desnuclearización, y no por el respeto
a un tratado de no-proliferación, que protege las potencias
que poseen armamento nuclear, sin que nadie controle su uso.
*Emir Sader es profesor de la Universidad del estado de Río
de Janeiro (UERJ), coordinador del Laboratorio de Políticas
Públicas de la UERJ y autor, entre otros, de “A vingança
da História” (“La venganza de la Historia”)
Traducido del portugués para Rebelión y Tlaxcala,
la red de traductores por la diversidad lingüística
(tlaxcala@tlaxcala.es), por Àlex Tarradellas.
Enviado por Melina-Alfarogooglegroups.com
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