|
Ángeles
en ruta diferente
Por José Aurelio Paz, con fotos del autor
Andamos sobre las olas, y rebotamos y rodamos con ellas; por
lo que no vemos, ni aturdidos del golpe nos detenemos a examinar,
las fuerzas que las mueven. Pero cuando se serene este mar, puede
asegurarse que las estrellas quedarán más cerca
de la tierra.
José Martí
Los Ángeles no tienen derechos reservados. Simplemente andan
por ahí haciendo el bien. A veces imperceptibles de tanta
humildad, con su cofia de sencillez escondiéndoles la aureola
y un viejo delantal de encaje antiguo bajo el cual resguardan sus
dos alas, esas que se bañan con la miel que nadie, que no
sea ellos, logra saborear.
Así son las madres de esos niños diferentes que han
venido al mundo para enseñarnos a todos que la obra imperfecta
se puede pulir y hacer brillar con los buriles del amor.
La primera vez que leí la descripción que hace Emily
Perls Kingsley quedé profundamente conmovido. Su dolor, convertido
en magia del corazón, le dio pinceles para pintar, como nadie,
el retrato de ser ella, también, una madre especial.
Decía que, a menudo, las personas le pedían que describiera
la experiencia de criar a un niño con discapacidad. Explicaba
entonces que tener un bebé era como planificar una visita
a Italia y poder tocar el David de Miguel Ángel, montar las
góndolas de Venecia y llegar a comprarse guías turísticas
y ropa apropiada para el viaje. ¿Y qué sucede después?
El día del vuelo, cuando el avión toca tierra, la
persona queda conmocionada con el anuncio de la aeromoza: "¡Bienvenido
a Holanda!" "¿Cómo que Holanda?", se
pregunta con asombro y se da cuenta de que ni las guías ni
la ropa le sirven para ese lugar, pero no es que haya llegado a
un país horrible e indignante, sino diferente.
Entonces usted tiene que salir a comprar nuevos manuales, aprender
otro idioma y hasta se encontrará con personas que, de no
ser esa circunstancia, nunca hubiera conocido. La cuestión
está en que se trata solo de un lugar distinto que, quizás,
sea menos atractivo que el destino original, pero que puede tener
también sus encantos.
Es el momento en que descubre que no podrá visitar el Coliseo
de Roma, pero tiene los molinos de viento; que no montará
las góndolas, pero, en cambio, disfrutará de sus hermosos
tulipanes; que no tendrá a un Miguel Ángel, pero habrá
un Rembrandts que admirar,… aunque nunca se vaya de su vida
el dolor por la pérdida del sueño de haber conocido
Italia. Mas si se lamenta toda su vida por el cambio de ruta, nunca
podrá encontrar esas otras cosas tan especiales y encantadoras
que, también, tiene Holanda.
Este día 14 será un domingo especial y hemos querido
viajar, desde el amor y la admiración de todos, al destino
de esas madres que, repito, son ángeles silenciosos, pero
que van dejando una estela de entrañable afecto en esas pequeñas
piezas, mucho más trabajosas de pulir, pero que, finalmente,
brillan desde un simple gesto de agradecimiento a sus progenitoras.
Lleguen estas dos historias como pedestal de cariño a todas
aquellas que comparten esta experiencia.
ALMA,
CORAZÓN Y VIDA
La intuición de madre hizo a Alma Rosa percatarse de que
su hija recién nacida tenía algo diferente. Por eso
tomó su historia clínica y leyó. Sintió
entonces que el piso se le hundía y unas inmensas ganas de
morirse le cercenaron el pecho cuando el diagnóstico le hizo
añicos las niñas de sus ojos: "Posible Síndrome
de Down con cardiopatía congénita y problemas cerebrales".
Pero Yamelis ya se amamantaba de su corazón con fuerza y
con la candidez desolada de la infancia le hizo entender que una
criatura especial también requiere de una madre especial.
La tarde en que llegué a su humilde hogar, la adolescente
de 12 años, frente al televisor, trataba de ejecutar los
mismos movimientos de una de las bailarinas del serial juvenil Un
paso adelante; título que fue para mí como una premonición
de lo que ha sido una constante en la vida de ambas.
Desde el momento en que supuestamente la felicidad se hizo añicos
para la familia, Alma sumó a su nombre corazón. Un
corazón gigantesco que le ha ayudado a superarse a sí
misma, junto al apoyo familiar y de amigos, en el afán de
hacer de Yamelis una niña feliz. Y allí eso se respira
e irradia luz.
Hoy Yamelis es el eje del amor de su familia; la inquieta y aparente
muchachita que los saca de cualquier conflicto cotidiano con una
de sus ocurrencias. Como a toda niña le encantan las mariposas,
las galletas y los chocolates, y hasta me dio un enorme beso cuando
vio su rostro reflejado en la pantalla de mi cámara fotográfica.
Ella no crece bajo el prisma de la lástima como muchos pudieran
pensar, sino bajo la sombrilla del amor. Ella, como toda muchacha
traviesa, ha recibido su nalgadita alguna que otra vez, su regaño,
porque según todos lo más importante es educarla para
que asuma su futuro lo mejor posible.
Cuentan que, recientemente, asistió a un cumpleaños.
Sentada en su silla parecía una princesa de modales. Solo
sus ojos seguían con ansiedad los trajines de cómo
picaban el dulce y cuando le fuera entregado su pedazo corrió
a casa de Mima y Pipo, sus abuelos, que son dos tesoros para ella,
y lo compartió. Y uno no puede sustraerse, ante estas historias,
para entender que lo importante, como decía Martí,
se lleva adentro cuando tantas personas que se denominan "normales"
tienen un corazón discapacitado para la nobleza y la entrega.
Ella, este domingo, será, posiblemente, quien arrulle a
la mamá en sus brazos. Esa mujer imperfecta, a veces impaciente,
que une a su nombre de Alma, también corazón y vida,
como la canción, por el triunfo del amor como restaurador
de lo bello que no se detiene en lo externo y va a las esencias
de lo puro, de lo incontaminado, de lo que, a veces, a los seres
humanos comunes nos falta.
BINOMIO
PERFECTO
Amarilys no solo lleva su vida a cuestas. También tiene
que cargar con la de los personajes que asume como actriz. La encuentra
usted iluminando la escena de risa y no imagina la mujer de estirpe
que habita bajo esas alas.
Bañada por la luz del seguidor, siempre mira a un lado oscuro
de la sala donde sabe está su mejor espectador aplaudiéndola;
ese hijo del alma que, desde una silla de ruedas, es su mejor amigo,
su confidente, la mitad de su vida latiéndole fuera del pecho.
"Mi corazón no se rompió ante la noticia —me
dice con un mar queriéndole inundar, por momentos, los ojos;
mientras, también aparece la sonrisa que restaura el aire—.
Diría yo que mi corazón se estremeció muy duro
cuando supe que mi hijo padecía una Neurofibromatosis de
tipo uno. Desde que lo palpé en mi vientre y supe que era
varón y le puse William, yo soñé en grande.
Uno camina kilómetros y kilómetros de distancia en
los sueños y me imaginé lidiando con las nueras y
los nietos. Y construyes utopías, aún más potentes,
cuando lo ves nacer pesando más de 10 libras en un parto
enteramente natural, cuando sonríe, cuando lo ves correr,
cuando, balbuceante, te dice esa palabra mágica: mamá.
Pero sucede que, de pronto, alguien te apaga el calidoscopio y sabes
que emprenderás, entonces, un largo camino de dolor profundo
en medio del cual tú vas a tener que construir, sobre la
pena, tu felicidad."
William ha de cumplir sus 15 el próximo mes en medio de
un proceso degenerativo lento, desde el punto de vista físico,
pero regenerativo de un espíritu de amor entre madre e hijo
que no hay palabras que apresen tanto encanto mutuo, tanta entrega,
tanta comunicación amorosa. Él tiene el don de enamorar
a primera vista. De solo mirarlo usted adivina que ha sido como
un pozo seco que se ha ido llenando, buchito a buchito, de afectos
y de una entrega total.
¿Qué tiene esta mujer que actúa tan bien para
la vida? Afirma Amarilis que las madres como ellas tienen un don
especial en eso que se ha dado en llamar alma y que, "aunque
cuando hablamos de ella nos apretemos el pecho, no sabemos si habita
en la punta del pie o en una oreja."
Para ambos no fue necesario aprender el lenguaje de señas
cuando el galán, como ella le llama por su delicadeza con
las muchachas y ese aire de poeta con el pelo hisurto que compone
versos, le hace saber lo que quiere con un simple gesto. Más
que comunicación diría que es comunión. "Nos
encanta salir juntos y divertirnos, nos encanta comer fuera, y siempre
nos sorprendemos con un chiste picante el uno al otro. Estoy convencida
de que la felicidad por sí sola no existe, sino se construye
en cada instante", afirma la actriz con la voz de un personaje
que nunca le abandona; el inquieto duende de la esperanza, el mismo
que la enciende cuando siente la ovación del público
y la carcajada unánime.
"La lástima es para mí un amor discapacitado.
A veces mis amigos me dicen que soy muy dura, pero yo le enseño
a William que en los diccionarios existen palabras claves que él
tiene que aprender: prestigio, respeto, moral, dignidad, y él
no puede perder esos significados porque esté sentado en
una silla de ruedas, él no puede valerse de su estado para
obtener prebendas ni beneficios, él tiene que brillar por
sí mismo."
Ante la pregunta de si todavía tiene sueños Amarilis
lanza un ¡Sí! Profundo, categórico. "¡Sueño
que seremos como dos viejitos, un al lado del otro, contándonos
cuentos de doble sentido y riéndonos!
"Yo no siento vergüenza de tener un niño con discapacidad.
Por eso siempre nos ves sonrientes por la calle. Nuestra vida es
muy divertida, aunque crean que esto es una metáfora. Nos
hacemos maldades, cuando yo regreso del trabajo él me cuenta
de los temas que escuchó en la radio. Cuando me voy de gira
artística no nos extrañamos con lágrimas, sino
de una forma linda, con el corazón. Somos un binomio perfecto."
Solo pienso en ti, una de las pocas y más tiernas canciones
escritas sobre la discapacidad, fruto del cantautor español
Víctor Manuel
Ella fue a nacer/ en una fría sala de hospital/ cuando vio
la luz/ su frente se quebró como cristal,/ porque entre los
dedos a su padre como un pez se le escurrió./ Hace un mes
cumplió los veintiséis… ¡Hey, solo pienso
en ti…!
El nació de pie/ lo fueron a parir entre algodón/
su padre pensó que aquello era un castigo del Señor./
Le buscó un lugar para olvidarlo/ y siendo niño le
internó/. Pronto cumplirá los treinta y tres…
¡Hey, solo pienso en ti...!
En el comedor, los sientan separados a comer,/ si se miran bien,/
les corren mil hormigas por los pies./ Ella le regala alguna flor/
y él le dibuja en un papel/ algo parecido a un corazón…
¡Hey solo pienso en ti…!
Hey, solo pienso en ti…/ Juntos de la mano se les ve por el
jardín./ No puede haber nadie en este mundo tan feliz…
¡Hey, solo pienso en ti…!
http://www.invasor.islagrande.cu/
|