..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.125, Viernes, 26 de mayo del 2006

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Murió Marta Arjona, directora de Patrimonio Cultural en Cuba

La especialista cubana Marta Arjona, directora del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, murió hoy aquí, a los 83 años, tras una vida consagrada a la preservación de los valores museables y el acervo cultural de la isla.

Nacida el 3 de mayo de 1923, fue una notable ceramista y escultora, que relegó a un segundo plano su obra en aras de proteger la memoria y rescatar el legado tangible e intangible atesorado en el país. También desarrolló una fecunda labor docente.

De ascendencia mambisa -su abuelo fue capitán prefecto de las tropas de Antonio Maceo y Máximo Gómez durante las guerras de independencia de España a finales del siglo XIX-, Arjona se incorporó a las luchas que culminaron con el triunfo de la Revolución de 1959.

En su juventud, formó parte de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo y desde 1959 se dedicó a conservar y promover el patrimonio histórico y espiritual cubano, una tarea permanentemente asociada a su nombre.

(PL)
lac/ag


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Ante la muerte de Marta Arjona

Un pequeño papel que vale más que un diploma

MARTA ROJAS
marta.rr@granma.cip.cu

Habría que preguntarse quién conocía más de artes plásticas y valores patrimoniales que Marta Arjona. O acerca de cómo ella tuvo ánimo tan renovado y lucidez mayor para apreciar esas artes, conservarlas y proyectarlas al futuro. Entre nosotros, pocos como Marta Arjona. ¿La imagen?: artista, mujer culta, de carácter y ejecutiva: la recordamos detrás de su buró de líneas clásicas, adornado con miniaturas de cerámica y porcelana y otras esculturas de barro minúsculas; pequeñas libretas y al menos una lupa que le permitiera escrutar la autenticidad de una pieza. Mas no se piense en su legado en términos de gabinete: había que verla en visitas de terreno, a pie de obra.

Marta Arjona, en su última entrevista, hace apenas unos días.

No obstante su trabajo intelectual, político y práctico, estuvo siempre presta a aportar sus conocimientos a los interesados, aún los más jóvenes o inexpertos, que llegaran a su gracioso despacho del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura.

Recuerdo las expresiones de admiración que tuvo cuando conoció a Fabián Muñoz Díaz y conversó con él, de tú a tú, sobre un proyecto de publicación que en aquel momento no pudo realizarse, pero reconoció su talento. Entonces Fabián acababa de transitar por la adolescencia. Solo hace unas horas un colega de Granma, cronista deportivo, que no la conocía personalmente, llegó a su oficina para recabar alguna información actualizada sobre la Casa Museo Ernest Hemingway y la papelería del escritor norteamericano. Cuando entró en el habitual Consejo de Redacción del diario, su informe sobre la gestión heriría la modestia proverbial de Marta Arjona de vivir aún: Alfonso Nacianceno dijo que Marta Arjona era algo excepcional, que lo había impresionado, porque él nunca pensó que a sus años, no sintiéndose ese día bien de salud, y con tantas ocupaciones nacionales e internacionales, lo acogiera con tanto calor, le diera todo el tiempo posible, y lo favoreciera con una información actual y exhaustiva que no cabría en una página del diario. Más o menos esas fueron sus palabras, aunque más laudatorias, repetidas por él mismo, con enorme admiración, en otras áreas del periódico cuando terminó la crónica: "Sin pedir ni un centavo..." (1)

Desde el triunfo de la Revolución me honré con la amistad de Marta Arjona: recta, y apasionada defensora de sus puntos de vista; una artista de fino tino y tan creativa que para muchos era "una verdadera lástima" que prestara más atención a la dirección ejecutiva y metodológica, de rescate y normativa de museos, galerías y patrimonio que acababa de asumir, dejando casi hasta el abandono su arte reconocido en la cerámica.

La doctora Marta Arjona solía rectificar: "Yo no sé quién me dio ese título, pues no soy doctora" -me lo decía, ya como ritornelo, cada vez que la llamaba por ese título. En contraposición a ese mérito, exaltaba otro para ella verdaderamente grande y más apreciado que un título académico. "Mira mi diploma", me dijo un día mostrándome un papelito —y no sería solo a mí—, manuscrito, hoy muy bien conservado, que dice: Pepín. Porcelana china de jade, muebles de estilo museables, cuadros de pintura. Entregar esto a la compañera Marta Arjona, Fidel Castro, Habana, junio 13 de 1962. Se trata, sin duda, del primer documento oficial, de la Revolución, sobre la conservación del patrimonio nacional, encaminado a encauzar las piezas de valor recuperadas de la alta burguesía que abandonó al país, y que custodiaba Pepín Naranjo. Esas piezas enriquecerían nuestros museos y formarían colecciones como la de Artes Decorativas.

Marta había echado a un lado la labor artística personal y se ocuparía con denuedo en salvaguardar esos bienes y rescatar las riquezas tangibles e intangibles que hoy forman parte del Patrimonio de la Humanidad y del Patrimonio Nacional, comenzando por La Habana Vieja, donde desarrolla una ingente labor Eusebio Leal. Tendría a su cargo la preparación y presentación de los expedientes que engrosarían la selecta lista de sitios del legado mundial de la UNESCO. Fue esa una faceta de su continuo combate intelectual a favor de la cultura revolucionaria.

Había nacido Marta el 3 de mayo de 1923 en la Habana. Se graduó de Dibujo y Modelado en la Academia de San Alejandro, en 1945. Como artista participó en numerosas exposiciones en Cuba y el extranjero. Trabajó, entre las primeras ceramistas eminentes, en el ya importante taller del doctor Rodríguez de la Cruz en Santiago de las Vegas, desde 1953 hasta 1959. Había sido colega y amiga de Lam y Agustín Cárdenas, en París; de Alejo Carpentier y de Lilia Esteban, una verdadera hermana.

Especialista en las obras litográficas de Honoré Daumier, de los tesoros del Ermitage, de Orozco, Rivera y Siqueiros, de quienes escribió; así como de los planos y mapas de los Archivos de España, también estudió las obras de Nelson Domínguez, Umberto Peña, Roberto Fabelo, Tomás Sánchez y el desaparecido fotógrafo Osvaldo Salas, entre otros. Su beca en L' Ecole de Metiers d' Arts Appliquées de París fue bien aprovechada por ella. Además de la creación de sus propias piezas cerámicas, colaboró con René Portocarrero en el mural del Palacio de la Revolución, y con Amelia Peláez y Mariano Rodríguez.

En cada museo o sitio patrimonial de Cuba, y en diversas partes del orbe como miembro del Comité Mundial de Patrimonio, hay un aporte de Marta Arjona. Fue una intelectual coherente con lo más avanzado del pensamiento revolucionario, y como tal, también internacionalista. Ella misma, desde antes y mucho más a partir de ahora, es parte del patrimonio vivo de nuestra nación.

(1) Periódico Granma "Sin pedir ni un centavo...", 19 de mayo del 2006. Última entrevista a Marta Arjona.

http://www.granma.cubaweb.cu/2006/05/24/cultura/artic01.html




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