..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.148, Viernes, 3 de noviembre del 2006

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Un muro sin cimientos
Por Jorge Gómez Barata

En el mundo de hoy no hay una decisión política más desacreditada que levantar un muro para asilar a un pueblo.

Los Estados Unidos que eran originalmente 13 colonias de unos 834 000 km², hoy son cincuenta estados con 9 826 630 km². La diferencia, de más de ocho millones de kilómetros cuadrados, se debe a una política expansionista tan consecuente como inescrupulosa.

Las adquisiciones territoriales a costa de España y Francia, Holanda y Rusia fueron indoloras. Esas potencias, que nunca vacilaron en ir a la guerra en defensa de su territorio y que todavía hoy compiten por Gibraltar, un rocoso peñón de 5,8 km², no tuvieron escrúpulos en vender a Estados Unidos sus posiciones en América, que ascendieron a más de 2 100 000 km².

Tal avidez de territorio no se explica por la superpoblación. Aunque sus habitantes pasaron de 210 000 en 1560 a 2 121 376 doscientos años después, nunca ejercieron una presión considerable sobre el territorio.

En su avance, los colonos norteamericanos fueron amparados por leyes imperiales y protegidos por el ejército, que asumió la guerra de extermino contra los pueblos originarios que formaban naciones integradas por millones de personas.

El único estado independiente y legítimamente constituido que, por un imponderable de la naturaleza, se interpuso en el camino expansionista de los Estados Unidos, fue México, a quien invadió y derrotó despojándolo de 2 300 000 km².

La derrota de México fue resultado no sólo de la superioridad del ejército norteamericano formado por colonos habituados a combatir contra los indios y por emigrantes europeos magníficamente armados, sino por la vigencia de problemas políticos internos, derivados de deformaciones estructurales, heredadas de la era colonial, algunas de las cuales sobreviven todavía.

Del mismo modo que la población y la economía norteamericanas encontraron en los territorios robados espacios para crecer, en esa misma proporción se constriñeron las perspectivas de México.

Quienes afirman que aquella amputación que despojó a la nación azteca de la mitad de su territorio, ocurrió hace demasiado tiempo y carece de significado en la situación vigente, pasan por alto que no son los gobiernos ni los políticos quienes hacen la herencia cultural, sino a la inversa y que los procesos demográficos y culturales no se inducen con la misma facilidad con que se trazan fronteras sobre un mapa.

Todavía hoy territorios que hace 100 años fueron arrancados a Polonia por Rusia u otros países, suspiran por sus orígenes, la francofonía canadiense no ha podido ser suprimida, Inglaterra cultiva su presencia cultural en las antiguas colonias y la huella de España es algo que se percibe y se cultiva en Iberoamérica.

¿Por qué habría de ser diferente en las tierras mexicanas anexadas a los Estados Unidos?

La decisión de Estados Unidos de construir un muro a lo largo de la frontera con México, por brutal y primitiva lo desacredita y estratégicamente coloca las relaciones entre ambos países en ruta de colisión. El conflicto migratorio no es político, sino nacional y no es coyuntural, sino estructural.

Estados Unidos no puede evadir sus responsabilidades ni esconderlas detrás de un muro que comenzó a levantar en 1846. Tampoco la clase política y la farisea oligarquía mexicana pueden lavarse las manos y echar todas las culpas al pasado y al fatalismo geográfico.

El pueblo mexicano que nunca estuvo lejos de Dios y que con nobleza infinita apoya las causas justas de todos los pueblos, está siendo humillado y preterido y necesita ahora, solidaridad.

Enviado por su autor

 




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