..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.148, Viernes, 3 de noviembre del 2006

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El factor subjetivo en la Historia
Por Armando Hart Dávalos

Desde los tiempos forjadores de la nación cubana, los factores subjetivos han tenido una importancia decisiva en los procesos económicos sociales y políticos y por tanto en el curso de los acontecimientos históricos. Por eso hemos insistido en la necesidad de partir del hecho que las leyes económicas y sociales solo existen a través y por medio de los llamados valores de la superestructura, y sin esa comprensión no se podrán enfrentar con éxito los desafíos que éste comienzo del siglo XXI ha puesto ante nosotros.

Es metafísico hablar de historia económica sin tomar en cuenta las instituciones jurídicas, políticas y culturales en general. No hubiera existido esclavitud romana sin derecho romano y la historia acumulada en el Mediterráneo, no hay ascenso del capitalismo en el siglo XVIII sin los enciclopedistas y la ilustración y sin el antecedente de lo que llamamos renacimiento. El avance mayor o menor de estos procesos han debido contar con figuras excepcionales, es más, Napoleón, propiamente el fundador del capitalismo europeo, es una representación manifiesta de la traición a los ideales revolucionarios del XVIII, y ello sirvió de fundamento a todo el proceso ulterior del capitalismo. Por todas estas razones insistimos en que el período histórico iniciado en la década de 1950 con el antecedente de la tradición cubana de dos siglos, no sería comprensible sin la personalidad de Fidel, su grandeza y excepcionalidad.

Fue precisamente el peruano José Carlos Mariátegui, desde su visión indoamericana, quien nos habló de la necesidad para los procesos políticos de los mitos multitudinarios y también que había que entroncar el pensamiento de Marx con el de Freud y con el de Darwin.

Pero, sin embargo, se subestimó a Freud porque se subestimó el factor subjetivo. Los límites de Freud, son los límites de la cultura europea de su época. La grandeza de Marx es que rebasó esa cultura, especialmente cuando dijo que la filosofía hasta él se había encargado de describir el mundo y de lo que se trataba era de transformarlo. Con el propósito de transformar el mundo en favor de la justicia empezó el pensamiento cubano y lo hizo sobre fundamentos científicos. El error de la práctica socialista después de la muerte de Lenin consistió en no darse cuenta de que el hombre es también materia y que se relaciona con las leyes económicas a través de las instituciones y formas de la superestructura.

Es que nunca se comprendió la relación entre lo subjetivo y lo objetivo. El debate filosófico en relación con el materialismo histórico ha girado, en gran medida, en la relación entre lo que se ha llamado objetivo y lo que se situó como subjetivo. Es increíble tanta confusión durante un siglo cuando en el primer punto de la crítica de Marx y Engels a Feuerbach consiste en que este autor no había tenido en cuenta el factor subjetivo y cuando desde los Cuadernos filosóficos de 1844, el autor de El capital había señalado que cada hombre en particular se objetiviza en relación con los demás hombres. A partir de ahí, Marx señala cómo el robo del fruto del trabajo de unos hombres por otros está en la raíz de la enajenación tanto para el explotado como para el explotador. El hombre no tiene pues existencia real si no es a través del vínculo social. Esta es una verdad de Perogrullo que cualquiera de nosotros puede comprender fácilmente. Somos lo que somos por la existencia de otros.

Por otro lado, para José de la Luz y Caballero —según dice Medardo Vitier— la verdad no está en lo subjetivo ni en lo objetivo, sino en la relación entre uno y el otro. Para Lenin, la práctica es la prueba definitiva de la verdad, esto expresa la relación entre lo subjetivo y lo objetivo, he ahí la clave de la importancia de estas categorías. Martí señala que el secreto de lo humano está en la facultad de asociarse. Son conciliables pues las ideas filosóficas de Marx, Engels, Lenin, Luz y Martí en un asunto tan importante entre lo subjetivo y lo objetivo. Puede parecer extraño, pero estudien bien sus pensamientos. He ahí un núcleo central del pensar filosófico para abordar el tema en el siglo XXI, pero desde luego, para esto hay que acogerse a la tradición cubana que viene desde Varela y aún de antes, de que se asumió la modernidad científica sin ponerla en antagonismo con la creencia en dios, pues se dejó esta decisión para la conciencia individual de cada cual. Asimismo se asumió la ética del cristianismo sin ponerla en contradicción con la ciencia. Esto permitió que creyentes y no creyentes pudieran estimar como válida la ética de raíz cristiana. He ahí una señal esencial de nuestro mundo de hoy.

A nosotros se nos educó en que el sacerdote católico Félix Varela y los maestros predecesores retomaron de la mejor tradición cristiana el sentido de la justicia y de la dignidad humana y, desde luego, de las revoluciones europeas y de la tradición bolivariana. Se nos enseñó que los padres fundadores de Cuba relacionaron todo este acervo cultural con el pensamiento científico. Se nos explicó que en las esencias de la cultura nacional y de la revolución de Martí no podía tener cabida la intolerancia. En todo caso no estaba en el espíritu de la Revolución Cubana. En Cuba la intolerancia no tiene fundamentos culturales ni siquiera religiosos; cuando se han presentado ha sido por incultura o por dependencia a ideas ajenas a la tradición patriótica nacional.

Esa tradición nos permitió asumir los principios éticos del cristianismo sin ponerlos en contradicción con la ciencia. Por eso, el mejor discípulo de Varela, el maestro José de la Luz y Caballero, forjó a la generación de patriotas ilustrados que se unieron a los esclavos para proclamar la independencia del país y la abolición de la esclavitud en 1868. José Martí lo llamó silencioso fundador. En Martí se encarnaron estas ideas y sentimientos, y él les dio mayor profundidad y alcance universal. Podemos visualizarlo en la decisión de echar su suerte con los pobres de la tierra, no sólo en Cuba, sino en el mundo.

Pero no fue solo la cultura de los próceres y pensadores provenientes de las clases acomodadas que se unieron a los humildes y exaltaron la idea de la independencia y la abolición de la esclavitud. Fue la articulación del saber contenido en el pensamiento de Varela, Luz, Céspedes, Agramonte, con el de las masas populares lo que forjó la nación cubana. Es la cultura representada por los hombres y mujeres procedentes de las capas más explotadas de la población cubana y que tiene en Antonio Maceo su figura más representativa. Esto no es solo música, folclore —que lo es, desde luego— sino también pensamiento político, ético y social.

Esta fue la cultura que, tras una larga evolución llena de contradicciones y luchas políticas y sociales, nos condujo a las ideas socialistas. En nuestro devenir histórico los factores subjetivos, como ya señalé, desempeñan un papel clave porque lo cierto es que Cuba sin la Revolución no es Cuba. La Revolución nacida el 10 de octubre de 1868, fue la que creó la nación cubana. En otras partes han habido naciones que hicieron revoluciones, aquí fue la revolución la que hizo una nación. Así, se identifican nación y revolución sobre el fundamento del más absoluto respeto al inmenso abanico de ideas, emociones y sentimientos que ofrece lo que Fernando Ortiz llamó el "ajiaco", es decir, la cultura nacional. Y ella emergió con dos principios en sus esencias: la independencia total del país y la liberación social radical; sin estos valores no hay Cuba. Hay una objetividad escondida en la esencia de la subjetividad humana que está en el corazón de lo que se ha llamado utopía cubana.

La generación forjadora de la revolución socialista de Cuba, tenía lazos profundos con los pueblos de América, del mundo y con las raíces de la cultura occidental, en cuya fuente más remota está la religión de los esclavos de Roma, el cristianismo.

Por el Caribe se inició la modernidad y también aquí han tenido lugar los procesos de mayor trascendencia del hemisferio occidental en el siglo XX. Tengo en cuenta la revolución mexicana en 1910, la cubana en 1959 y la revolución bolivariana de Venezuela en las postrimerías de esa centuria. Por aquí pasa la frontera de lo que Martí llamó las dos secciones adversas del continente.

Al abordar el tema de la subjetividad debemos subrayar que la cuestión ética se ha convertido en algo fundamental para enfrentar los desafíos políticos, económicos y sociales del siglo XXI. Las soluciones están planteadas en el pensamiento martiano. Esto puede estudiarse en el crisol de ideas que representa la utilidad de la virtud, su confianza en las posibilidades del mejoramiento humano, importancia de la cultura y la educación, en la facultad humana de asociarse, el equilibrio del mundo y la cultura de hacer política, entre otros.

En la raíz más profunda de nuestra Revolución, de sus victorias y su consolidación está el mensaje ético como lo primero y más importante de su legado en las últimas cinco décadas. Aquí hizo síntesis el mejor pensamiento europeo, latinoamericano y caribeño. Sería irracional que fuéramos a perder la oportunidad de recoger las ideas de este proceso porque realmente Cuba, América y el mundo lo necesitan. Es un aporte singular de Cuba y América Latina a la historia de las ideas en el mundo.

http://www.bohemia.cubasi.cu/2006/10/05/opinion/honda-martiana.html


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