..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.148, Viernes, 3 de noviembre del 2006

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Che y Camilo amistad ejemplar 3
Por William Gálvez

Luego de su desaparición física cuando regresaba de la provincia de Camagüey hacia la capital habanera, el 28 de octubre de 1959 una vez concluido el abortado intento contrarrevolucionario, Che expresó:

"Camilo fue el compañero de cien batallas, el hombre de confianza de Fidel en los momentos difíciles de la guerra y el luchador abnegado que hizo siempre del sacrificio un instrumento para templar su carácter y forjar el de la tropa...'"

"...Camilo era hombre de... mil anécdotas, las creabas a su paso con naturalidad. Es que unía a su desenvoltura y a su aprecio por el pueblo, su personalidad; eso que a veces se olvida y se desconoce, eso que imprimía el sello de Camilo a todo lo que le pertenecía; el distintivo precioso que tan pocos hombres alcanzan de dejar marcado lo suyo en cada acción. Ya lo dijo Fidel: no tenía la cultura de los libros, tenía la inteligencia natural del pueblo, que lo había elegido entre miles para ponerlo en el lugar privilegiado a donde llegó, con golpes de audacia, con tesón, con inteligencia y devoción sin pares.

Camilo practicaba la lealtad como una religión; era devoto de ella; tanto de la lealtad personal hacia Fidel, que encarna como nadie la voluntad del pueblo, como la de ese mismo pueblo, pueblo y Fidel marchan unidos y así marchaban las devociones del guerrillero invicto...

... recalquemos sí, que no ha habido en esta guerra de liberación un soldado comparable a Camilo. Revolucionario cabal, hombre del pueblo, artífice de esta Revolución que hizo la nación cubana para sí, no podía pasar por su cabeza la más leve sombra de cansancio o de la decepción. Camilo, el guerrillero, es objeto permanente de evocación cotidiana es el que hizo esto o aquello, una cosa de Camilo, el que puso su señal precisa e indeleble a la Revolución cubana, el que está presente en los otros que no llegaron y en aquellos que están por venir. En su renuevo continuo e inmortal Camilo es la imagen del pueblo”. Esta frase, verdaderamente antológica, ha pasado a formar parte de la cultura revolucionaria del pueblo cubano

A Camilo no le fue posible escribir una valoración de las cualidades de Che, como éste hizo de él; sin embargo, en la correspondencia entre ellos, durante la lucha guerrillera, hay una breve carta que deja bien claro el concepto que tenía sobre Che. Las líneas son escritas cuando Camilo operaba en las extensa llanuras del río Cauto, en el Oriente cubano. Che le había mandado a decir que lo visitaría, a lo cual Camilo, consciente de lo peligroso del recorrido, le envió la siguiente respuesta:

“Abril 24 - 58

Che, hermano del alma.

Recibí tu nota, veo que Fidel te ha puesto al frente de la Escuela Militar, mucho me alegro pues de ese modo podremos contar en el futuro con soldados de primera, cuando me dijeron que venías a “hacernos el regalo de tu presencia ", no me agradó mucho, tú has desempeñado papel principalísimo en esta contienda, si te necesitamos en está etapa insurreccional, más te necesita Cuba cuando la guerra termine, por lo tanto hace bien el gigante en cuidarte.

Mucho me gustaría estar siempre a tu lado, fuiste por mucho tiempo mi jefe y siempre lo seguirás siendo, gracias a ti, tengo la oportunidad de ser ahora más útil, haré lo indecible por no hacerte quedar mal.

Tu eterno chicharrón.

Camilo”.

En estas pocas y sencillas líneas, Camilo expresó su profunda preocupación por proteger a “...Che, hermano del alma... ", pues para ese entonces ya le reconocía sus condiciones excepcionales de dirigente revolucionario y el decisivo papel que podía jugar en la construcción de la nueva sociedad cubana “... más te necesitará Cuba, cuando la guerra se termine..." Se ha dado cuenta, además, de que ya desde antes Fidel había considerado lo mismo “... por lo tanto hace bien el gigante en cuidarte..." Dejó bien claro su honesto agradecimiento hacia quien supo, junto a Fidel, encausar sus inquietudes revolucionarias: “... gracias a ti, tengo la oportunidad de ser ahora más útil..." Y finalizó con una de sus s humoradas, tan enraizadas en su carácter, pero que era, en el fondo expresión de la más profunda amistad: “Tu eterno chicharrón”.

La siguiente anécdota es reveladora también del alto concepto y estima que profesaba el caribeño por el suramericano. A poco del triunfo revolucionario, Camilo, que había ocupado el campamento de Columbia, fue designado por el Comandante en Jefe, que aún se encontraba en Oriente, Jefe de todas las tropas de tierra, mar y aire de la entonces provincia de La Habana, por lo que Che, que comandaba la fortaleza de La Cabaña, quedaba subordinado a él. Recordamos que tan pronto nos vimos, un poco confundido me dijo: “Yo creo que Fidel se ha equivocado, cómo yo voy a ser jefe de Che”. Aquello que me decía Camilo me pareció lógico, y sólo atiné a responderle: Tienes razón, pero pregúntale al gigante, él sabrá qué razones tuvo para hacerlo. Y efectivamente, lo hizo, no puedo afirmar si habló con Fidel cuando fue a entrevistarse con él en Bayamo, o cuando lo esperó a su entrada a La Habana.

Según él me contara posteriormente, Fidel le explicó que ese nombramiento se debía a que dentro de nuestra organización, el MR-26-7, una gran mayoría de los jefes y militantes, aunque patriotas progresistas, eran conscientes o inconscientemente anticomunistas, y que como Che era bien conocido como marxista, nacional e internacionalmente, consideró –con todo acierto-- que no era correcto políticamente en ese momento nombrarlo a él en ese cargo. Además, dijo que sabía que Camilo no haría nada sin consultarlo con Che, y que todo quedaría resuelto con su llegada a la capital. Es entonces que Camilo aprovecha la ocasión para hacerle una broma a su querido amigo.

Fue a visitarlo a La Cabaña, Che leía acostado en una cama de soldado y, al llegar Camilo, con su ironía habitual le dijo:

--“¿Qué tal el jefecito del ejército?
--“¿Cómo jefecito? ¡Soy su jefazo y pónganse en atención! –Respondió Camilo, simulando una expresión seria; Che se incorpora en posición de atención y le pregunta:
--“¿Qué hago ahora jefe?”
--“Ahora va a marchar… Un dos, tres, cuatro, un dos, tres, cuatro…”
Che comienza a marchar, pero a la tercera voz de mando, Camilo lo manda a descansar y le preguntó:
--“Oiga, ¿tiene tabaco por ahí…?”
--Sí, tengo una caja en la gaveta que me regalaron unos guatacas.

Camilo buscó la caja y con una mano tomó todos los que quedaban en ella. Al verlo, Che expresó:

--“Oiga jefe, déjeme algunos tabaquitos…
--Está bien, le dejaré un par de tabaquitos, pero recuerde que cuando su jefazo venga a visitarlo, tenga tabacos o de lo contrario será castigado. Seguidamente Camilo comenzó a reírse y fue a abrazar a su querido amigo, quien también reía, al igual que los demás presentes.


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