..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.148, Viernes, 3 de noviembre del 2006

Libro de visitas

 

Una experiencia inolvidable
Por Aleida Godínez Soler

La primera vez que puse los pies en una Biblioteca pública habanera, tenía solamente 11 años y cursaba el séptimo grado. De allá a la fecha han pasado cuarenta años, sin embargo nada hizo que cambiara la imagen que dejó para siempre grabada mi entrada a la Biblioteca Pública Máximo Gómez, ubicada en el Paseo del Prado, en esta capital.

Como quiera que a esa edad las cosas quedan guardadas para siempre, no olvido la esmerada atención de aquella finísima señora que para entonces ya debía rebasar los 60 años y que todos nombraban Bertha.

Movidos por la algarabía de la adolescencia, llegábamos los de mi clase y después de su tierno y cariñoso saludo, nos pedía que bajáramos la voz para no molestar a los que, en el mayor de los silencios, devoraban sus lecturas.

Nunca me pareció mal aquel gesto de Bertha: lo entendí mucho mejor después de llevar varias semanas visitando la instalación y de hacerla mía en la medida en que aquellos profesionales nos llevaban de la mano a recorrer el maravilloso mundo de los libros; también nos enseñó ese sentimiento de pertenencia que aún perdura.

Puedo decir que allí acudía tarde por tarde a realizar mis tareas escolares y a experimentar la libertad que propicia la lectura. Nunca olvidaré que el primer libro que pude leer completamente fue “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”.

Pasaron muchos años, más de 20, hasta que un día, convertida ya en la Agente Vilma de los Órganos de la Seguridad cubana, conocí de un “proyecto” al que dos individuos sin intenciones culturales que no fuera la necesidad de obtener dinero y vender a su patria, declararon públicamente a través de la emisora subversiva y mal llamada Radio Martí, que trasmite ilegalmente a Cuba desde territorio norteamericano, haber creado un programa que respondía según sus palabras, …”a la necesidad que tiene el pueblo cubano de nuevas y variadas informaciones y de una lectura sin censura”

Entonces se hablaba muy poco del tema. No tenía la promoción con fines malintencionados que tiene hoy y que de acuerdo al dinero erogado por el Gobierno de Estados Unidos -dinero del contribuyente estadounidense, para derrotar al pueblo de Cuba y su revolución- que ha sido asignado por el Presidente Bush, quien, a la vez que trata de hacer ver a la opinión pública que fomenta un “proyecto cultural” en Cuba, envía a sus soldados a asesinar niños al Medio Oriente.

Confieso que, como todo ser humano, sentí curiosidad y ante el pertinaz pedido de algunos que insistían en tener “visitantes” decidí presentarme en uno de estos lugares. No existen palabras para explicar mi estremecimiento al llegar a una de ellas. Lo que vi, en la sala de la casa de un ex profesor, que ganaba una migaja como mercenario de Estados Unidos no tenía nombre. ¡Qué biblioteca ni nada que se le pareciera!. Aquello era un lugar inmundo, oscuro, sucio, sin asomos de institución cultural. Un librero viejo y carcomido de comején, desorganizado, sin clasificación técnica de ninguna índole, ni bien hecha, ni mal hecha.

El librero en principio no era tal, sino el mueble del televisor, del que se había utilizado un trozo de tabla de aproximadamente unos 80 centímetros y en él se habían colocado unos 35 ó 40 libros. Para que los curiosos como yo supieran cuales eran las pretensiones de aquel trasto colocaron una cinta de papel pegada al borde con la inscripción en letras bien rojas que rezaba “Biblioteca Independiente Benjamín Franklin”. El anuncio de aquello que tenía ante mis ojos no tenía nada que ver con el inventor del pararrayos, ni con lo que tenía concebido desde niña como una Biblioteca.

Para salir del lugar bien informada y saciar en parte mi curiosidad, anoté algunos títulos de los ejemplares que estaban en el lugar de marras:

Semblanza informativa de los Estados Unidos, de la Agencia de Servicios Informativos, USIA; Las corporaciones multinacionales y el tratado de libre comercio de América del Norte de Michael Twomey; La promesa de la privatización de Raymon Vernon; Los fundamentos morales de la república Norteamericana de Robert Horwits; Cuba, clave para una conciencia en crisis, del terrorista Carlos Alberto Montaner… Cuando había echado un vistazo y anotado algunos títulos y aunque ya de antemano lo sabía, concluí que aquello no era lo anunciado, como no lo es su proyecto tampoco.

Su “Director”, un antiguo amigo me contó que esos libros se los entregaban en la Sección de Intereses de Norteamérica en La Habana, con el interés de ponerlo a disposición del público para que “mejorara su cultura”.

¡Ay, los americanos!, ¡no cambian!, ¿Así que para que los cubanos mejoremos nuestra cultura debemos conocer sus “fundamentos morales”, debemos conocer la sorpresa que nos depara un mundo donde la propiedad toda sea privada, donde no tengamos como hasta ahora garantizados nuestros derechos vitales?

Allí no habían textos censurados ni una variada información, pero si me atrevo a opinar que quizás estaban sentando las bases en su oferta literaria para la anexión. Estaban haciéndoles el juego a los anexionistas de Miami que pretenden agregar un estado más a la unión y cambiarnos hasta el nombre.

Le creí al mercenario-director, porque además me confesó en voz baja que le pagan unos dólares al mes para mantener el negocio. Le creí no solamente porque lo vi, sino porque fui testigo de similares experiencias y sé de los sucios manejos que practican contra mi país que ha decidido ser libre a cualquier precio, libertad que hemos adquirido por nuestros propios esfuerzos por el derecho a la educación, porque hemos hecho nuestra la sabia frase del maestro:

Ser cultos para ser libres.

(continuará)

Enviado por su autora


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