..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.148, Viernes, 3 de noviembre del 2006

 

La no proliferación espacial
Por Jorge Gómez Barata

A diferencia de tiempos pretéritos, en la época actual, además de la tierra y los mares, un imperio hegemónico debe dominar también el cosmos. Al anunciar su nueva política espacial, Bush confirió dimensión galáctica a sus delirios.

Entre muchas y muy perentorias preocupaciones terrenales, ha pasado inadvertida la directiva emitida hace apenas unos días mediante la cual el presidente norteamericano, instruyó al Secretario de Defensa, para: “…Desarrollar capacidades, planes y opciones que aseguren a Estados Unidos la libertad de acción en el espacio, a la vez que se niega tal libertad a los adversarios”.

El lanzamiento por la Unión Soviética del primer satélite artificial, el 4 de octubre de 1957 dejó perplejos a los norteamericanos. A la humillación científica se sumó el pánico por la ruptura de la paridad estratégica. La competencia alcanzó un clímax cuando el 12 de abril de 1961, Yuri Gagarin, voló al cosmos. Con el viaje a la Luna Estados Unidos tomó el paso y durante décadas hubo un virtual empate.

El perfeccionamiento de las naves espaciales, el aumento del poderío y la velocidad de los cohetes, así como la elevación de la maestría de científicos y pilotos, plantearon una alternativa escalofriante: las bombas atómicas, a bordo de naves espaciales podían ser colocadas en orbitas alrededor de la Tierra, fuera del alcance de toda defensa terrestre e impactar cualquier punto del planeta.

En 1983 el presidente Ronald Reagan dio un brusco viraje a la política espacial al anunciar la Iniciativa de Defensa Estratégica, conocida como Guerra de las Galaxias, basada el emplazamiento de dispositivos militares a bordo de naves en la orbita terrestre.

Con la desaparición de la Unión Soviética y la homologación de las metas de Rusia a las de occidente, los componentes políticos y militares de la carrera espacial se atenuaron. La reciente directiva de Bush nos devuelve a la realidad.

Sin excesivas preocupaciones por la forma, Estados Unidos ha tomado posesión del espacio, no sobre la base de la superioridad científica y tecnológica, sino a partir de criterios políticos y militares y anuncia que se reserva el derecho a determinar qué países pueden o no acceder por sus propios medios al espacio exterior.

Obviamente la advertencia no esta dirigida contra Uganda o Costa Rica, tampoco contra Europa o Japón que son sus aliados y es poco probable que aluda a China ni a Rusia. Aunque advierte a todos, la determinación norteamericana está destinada a frenar los ímpetus de naciones emergentes que han dado muestras de capacidad para romper tabúes tecnológicos, económicos y militares.

Ahora se comprende mejor por qué Bush ordenó a la NASA retomar el proyecto de viajes a la Luna y a Marte, respecto a lo cual el director de la agencia espacial ha sido enfático: “¿Creen ustedes que Estados Unidos deben ceder la Luna a los chinos, los europeos, los rusos? La respuesta es no…”

La implicación es clara. Estados Unidos considera a la Luna tan suya como Kansas City y quienquiera que desee incursionar en esos predios deberá tener permiso o estar listo para pelear por ella.

En realidad la nueva política espacial norteamericana es más de lo mismo. Al exclusivismo ideológico, el pensamiento único, la estandarización cultural, el poderío económico y militar abrumador, se suman los monopolios.

Irán no puede procesar uranio, Corea no puede tener armas nucleares, Venezuela no puede ingresar al Consejo de Seguridad y ninguno soñar con las estrellas.

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Véase además

Bush se reserva el derecho de negar el acceso al espacio a los enemigos de EE UU

La revisión estratégica espacial permite el desarrollo económico de empresas «exteriores»

Marta G. Hontoria

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El presidente Bush bromea con los periodistas, ayer en los jardines de la la Casa Blanca

Washington- La «guerra de las galaxias» lleva décadas planeando por la mente de los dirigentes de EE UU, pero hoy la militarización del espacio es más tangible de lo que nunca imaginó el director de cine George Lucas. Anticipando un escenario en el que los satélites que orbitan alrededor de la Tierra cumplan un doble papel, ofensivo y defensivo, el presidente George W. Bush ha firmado una nueva estrategia para proteger la supremacía defensiva americana en el espacio.

El documento, la primera revisión completa de la política espacial que hace Washington en diez años, rechaza futuros acuerdos de control de armas que puedan limitar la flexibilidad de EE UU en el universo y proclama el derecho de este país a negar el acceso al espacio a cualquier adversario «hostil a los intereses de EE UU».

Privatización

Según informa «The Washington Post», el documento pone el acento en materia de defensa y alienta la privatización del espacio. «La libertad de acción en el espacio es tan importante para EE UU como su poder aéreo y marítimo», indica el prólogo del documento recogido por el rotativo de la capital esta- dounidense.

La Administración Bush asegura que estas directrices no son el preludio de un despliegue de sistemas de armamento en la órbita terrestre. «Esta política no trata de desarrollar armas en el espacio. Punto», señaló un oficial del Gobierno. Sin embargo, los expertos consultados por el «Post» aseguran que la política reforzará las sospechas internacionales de que EE UU puede estar desarrollando, ensayando y desplegando armas espaciales. Se trata, dicen, de una estrategia unilateral que puede herir sensibilidades políticas. La apertura de la militarización podría hacer que otros países, como Rusia o China, traten de colocar sus propias armas en el espacio y amenazar suelo estadounidense.

Para la Casa Blanca, la actualización del documento era necesaria para «reflejar el hecho de que el espacio se ha convertido en un componente muy importante para la economía y la seguridad nacional de EE UU». El Ejército depende cada día más de las comunicaciones y la navegación que proporcionan los satélites, hoy en día utilizados hasta para operar en los cajeros automáticos. Para Bush, los principales objetivos en 2006 pasan por «fortalecer el liderazgo de EE UU en el espacio y asegurarse de que dispone de la capacidad necesaria para promover la seguridad nacional y los objetivos de su política exterior», y «permitir operaciones en el espacio para defender nuestros intereses ahí». Para el ex presidente Bill Clinton, sin embargo, la política espacial era necesaria para «aumentar el conocimiento de la Tierra, el sistema solar y el universo a través de la exploración humana y robótica» y «fortalecer y mantener la seguridad nacional de EE UU».

La militarización del espacio es una aventura tan controvertida que el Pentágono lleva con sumo secreto sus planes y se declara más inclinado a probar tecnologías que tengan de momento un papel dual, civil y militar. Algunas armas espaciales que se mencionan son, por ejemplo, láseres que pueden «cegar» o bloquear los satélites del enemigo y pequeños satélites que pueden chocar contra otros. Aunque suena a ciencia-ficción, esta posibilidad de hostilidad se hizo patente el mes pasado cuando el director de la Oficina Nacional de Reconocimiento, una de las agencias de espionaje, reveló que un satélite americano había sido «iluminado» o desbaratado por un láser de China.

http://www.larazon.es/noticias/noti_int14423.htm




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