..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.148, Viernes, 3 de noviembre del 2006

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Otro cómplice de Posada se lleva sus secretos a la tumba
Por Jean-Guy Allard

Hace unos años dijo: "si digo lo que sé sobre Dallas y Bahía de Cochinos, se desencadenaría el más grande escándalo de la historia de los Estados Unidos"

UNO de los mayores secuaces de Luis Posada Carriles en el escándalo de Ilopango, el también oficial de la CIA de origen cubano Rafael "Chi Chi" Quintero Ibarbía, exhaló su último soplo de vida el día primero de octubre en Baltimore (Maryland), con 66 años de edad.

<< Rafael “Chi Chi” Quintero, a la izquierda, con Lino Fernández, en Miami, 1996, ambos ex mercenarios del MRR.

Tan grande era su complicidad con Posada, los Bush y la mafia terrorista, que fue un oficial de la CIA, Félix Rodríguez Mendigutía —el mismo crápula que ordenó la muerte del Che—, quien se encargó personalmente de su elogio fúnebre, en una funeraria de Miami.

Nacido en la ciudad de Camagüey el 16 de septiembre de 1940, "Chi Chi" Quintero fue reclutado por la CIA con 20 años, cuando frecuentaba los nacientes grupos terroristas que iba creando la Agencia en La Habana y donde se congregaban elementos de la derecha anexionista. Al igual que Carlos Alberto Montaner, llega a la CIA por su vinculación con el llamado Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR).

Quintero estuvo entre los primeros francotiradores contratados por Robert Maheu y los capos mafiosos Sam Giancana y Johnny Roselli en 1960 para atentar contra el Presidente cubano.

Ya entonces había sido reclutado por George Bush, padre, entonces oficial de la CIA, para la tropa de sicarios de la Operación 40, desarrollada paralelamente y como parte de la fracasada invasión a Playa Girón.

Allí participó en acciones junto a un número de delincuentes cuyos nombres son hoy sinónimo de terror: Orlando Bosch, Virgilio Paz, José Dionisio Suárez, Antonio Veciana, los hermanos Novo Sampoll, Gaspar "Gasparito" Jiménez Escobedo, Nazario Sargent y José Basulto.

Entre 1962 y 1965, Quintero fue de los oficiales más activos de la estación CIA JM/WAVE, cuando bajo la dirección de Theodore Shackley desarrolló un multimillonario plan de agresiones contra Cuba desde la propia Miami. Ahí estuvo organizando operaciones de infiltración y sabotaje con Thomas Clines, Frank Sturgis y Porter Goss, quien fue hace poco jefe de la propia agencia norteamericana de Inteligencia.

Varios expertos lo sitúan en Dallas cuando es asesinado Kennedy.

Durante la guerra de Viet Nam, Quintero fue, con Shackley y Rodríguez, del equipo que realizó la Operación Phoenix, que torturó y asesinó a unos 20 000 vietnamitas. El trío luego se trasladó a Laos donde desarrolló un próspero negocio de tráfico de opio.

Años más tarde, Quintero reapareció al lado del teniente general de Aviación retirado, Richard Secord, quien asistía al coronel North en lo que se convertirá en el escandaloso tráfico de drogas por armas en Centroamérica contra los sandinistas. En una larga confesión al FBI, cuya existencia reveló el periodista norteamericano Robert Parry, Posada cuenta cómo fue contactado por Rafael "Chi Chi" Quintero, para trabajar con Félix Rodríguez en la base salvadoreña de Ilopango.

El terrorista que la CIA había sacado de su cárcel venezolana, explicó cómo Quintero le pagaba 3 000 dólares al mes además de reembolsar todos sus gastos y proveerlo con falsos documentos de identidad a nombre de Ramón Medina.

Según sus confesiones al FBI, al descubrirse el complot, el terrorista prófugo se comunicó directamente con el coronel James Steele, el jefe militar norteamericano de más alto rango en El Salvador. Pronto llegó Rafael Quintero a ese país para determinar las medidas que se debían tomar para borrar las huellas del complot.

No por gusto Quintero declaró hace unos años que si no se le otorgaba la inmunidad y se le llevaba a testimoniar "sobre Dallas y Bahía de Cochinos, se desencadenaría el más grande escándalo de la historia de Estados Unidos".

No se sabe si dejó memorias escritas, algún libro inconcluso o alguna grabación secreta, como pretenden haberlo hecho Posada y Orlando Bosch.

La inercia cómplice del FBI ante un escándalo tan enorme como la vinculación de los Bush en una larga cadena de actividades terroristas, muestra hasta qué punto es grande el peso de la CIA en el sistema judicial y político norteamericano.

Si el clan Bush apuesta por la desaparición física de los testigos para evitar rendir cuenta de sus actos, puede, por cierto, sentir algún alivio con la muerte de "Chi Chi" Quintero, otro de los actores principales del complot terrorista norteamericano contra Cuba.

http://granma.co.cu/2006/11/01/interna/artic01.html




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