..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.149, Viernes, 10 de noviembre del 2006

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Cuando llama el FBI
Una estudiante universitaria viaja a Cuba por una investigación y paga el precio de la intimidación por parte del gobierno de EEUU

Por Marguerite Rose Jiménez

Cuando viajé a Cuba por una investigación en marzo de 2006 no pensé que el viaje sería del interés del FBI o le preocuparía. El propósito de mi viaje era tanto transparente como legal. Como estudiante de postgrado de tiempo completo que realiza una investigación para su tesis, y relacionada directamente con mi programa de estudio, estoy autorizada legalmente a viajar a Cuba bajo las existentes restricciones a los viajes que afectan a los ciudadanos de Estados Unidos y les prohíben viajar a y desde Cuba.

En vista de la legalidad de los viajes, supuse que la llamada era una broma cuando una mujer que aseguraba ser del FBI me telefoneó a la Universidad Norteamericana en mayo de 2006. Dije que respondería a su llamada y supuse que el número probablemente fuera el de un restaurante chino. En realidad era el número de la central telefónica del FBI. Rápidamente me comunicaron con la Agente Especial Alexandra Montiga. Ella fue cordial y amigable y me dijo que quería reunirse conmigo para hablar de mi trabajo y viaje a Cuba.

“Esto es normal”, aseguró- “Algo que hacemos con todo el que viaja a Cuba”.

He viajado a Cuba varias veces durante los últimos cuatro años y nunca había escuchado nada parecido. Gente que conozco viaja a Cuba todo el tiempo y raras veces son contactadas por el FBI. Esto no es una “norma” que yo conociera.

Durante una segunda conversación ella me preguntó por qué yo dudaba en hablar con ella y dijo que esto era “muy discreto” y “nada grave”, que solo quería hacerme algunas preguntas acerca de Cuba. Me ofreció invitarme a almorzar o a cenar a un restaurante que yo seleccionara, y subrayaba repetidamente que esto era “informal” y “solo las dos reunidas para almorzar”.

Durante nuestra tercera conversación al día siguiente le dije que no me sentía cómoda reuniéndome con ella sin discutirlo primero con funcionarios de la universidad y sin que hubiera una tercera persona presente. Ella preguntó con quién yo había hablado del asunto. ¿Podía darle los nombres específicos? Me negué. Actuó como si fuera una ofensa personal, aduciendo que yo estaba complicando las cosas más de lo necesario al involucrar a gente de mi universidad. Respondí que como me habían contactado en el campus en relación con mi viaje a Cuba por medio de la licencia de la universidad, y se me hacían preguntas acerca de otro personal de la universidad, me sentía obligada a hacer saber a la universidad lo que estaba sucediendo. Dije que estaría dispuesta a cooperar, pero que me gustaría tener información más específica acerca de por qué ella quería hablar conmigo y de qué quería hablar. Ella dijo que prefería no hacerlo por teléfono, pero que básicamente quería ayudarme. Me informó que era sabido que el gobierno cubano seleccionaba a “ciertos tipos” de académicos y que ella quería alertarme acerca de cosas que yo debía saber. Ella también quería saber si yo había experimentado cualquiera de las “actividades de selección” mientras trabaja en Cuba o acerca de Cuba. Ella dijo que la reunión era “preventiva” para que yo supiera de qué debía cuidarme. Me aseguró que la reunión sería de más utilidad para mí que para el FBI. Dijo que el FBI hacía esto con todos los estudiantes que viajaban a Cuba. Nuevamente, esto lo oía por primera vez, y también todas las demás personas que yo conozco que viajan con frecuencia a Cuba.

Los funcionarios de la Universidad me recomendaron que cooperara y me reuniera con el FBI, pero con un abogado de la Universidad presente, y no en las oficinas del FBI, como habían solicitado. Resultó que la invitación “informal” a almorzar que recibí de Alexandra (“llámame Alex”) para “conversar acerca de Cuba” no incluía a una tercera persona. Recibí una llamada de la Agente Especial Montiga (ya no tan amistosa) confirmándome que ella y su jefe en la Unidad de Contra Inteligencia se reunirían conmigo en una sala de reuniones de la universidad en presencia de un abogado.

Ella subrayó que sería una conversación entre nosotras dos --“realmente como amigas”-- para darme información y ayudarme. La breve conversación se prolongó por dos y media horas fundamentalmente de interrogatorio por parte de su jefe, Fred Buckley.

El Agente Especial Buckley (me hicieron saber en varias oportunidades durante la conversación), había participado en la investigación y ulterior procesamiento de Ana Belén Montes, una espía cubana infiltrada en la Agencia de Inteligencia de Defensa de EEUU, y condenada a 25 años de prisión. No querían que me sucediera nada parecido, aseguraron. No es que sospecharan de mí en lo absoluto, solo querían alertarme a lo que podía llegar mi trabajo en Cuba si yo no tenia cuidado con quién trabajaba. Me dijeron que los estudiantes como yo eran exactamente lo que estaba buscando el gobierno cubano. Me hicieron un recuento detallado paso por paso de cómo se realiza un “esfuerzo de reclutamiento” entre oficiales cubanos y ciudadanos norteamericanos que cooperan o “simpatizan”.

Por ejemplo, un agente pudiera hacer amistad conmigo, quizás invitarme a almorzar u ofrecer llevarme a un restaurante seleccionado por mí, muy “discreto”, por supuesto, insistían. Luego el agente cubano de inteligencia me haría preguntas aparentemente inocentes acerca de mi trabajo en Cuba, para tratar de conocer mis opiniones y contactos. El oficial cubano trataría de restarle importancia a las cosas, como si solo estuviera tratando de ser mi amigo, tratando de ayudarme y darme información.

“¿Le ha sucedido algo de esto a usted o a alguien que conozca?”, preguntaron. Las primeras señales de advertencia, aseguraron, me ayudarían a “descubrir un esfuerzo de reclutamiento” por parte del gobierno cubano. Sus preguntas continuaron, e iban desde las muy básicas a las muy personales:

• ¿Podría ser esta una “operación de sondeo”?
• ¿Por qué voy a Cuba?
• ¿Cómo llego allí?
• ¿Quién despertó mi interés por Cuba?
• ¿Cuáles son sus nombres?
• ¿En casa de quién vivo cuando voy allá?
• ¿Me siguen o soy vigilada?
• ¿Quién es mi responsable en Cuba? ¿A quién le reporto?
• ¿Me reúno con miembros del gobierno?
• ¿He conocido a Fidel Castro?
• ¿Me gustaría hacerlo?
• ¿Qué contactos tengo con la gente en la Sección de Intereses de Cuba en D.C.?
• ¿Los veo alguna vez fuera de la Sección de Intereses o los invito a la Universidad?
• ¿Cuáles son sus nombres?
• ¿Reconozco algunas de las fotos que ellos tienen de agentes de la inteligencia cubana que operan en el D.C. y en La Habana?
• ¿Trabajan otros profesores de la Universidad en temas de Cuba?
• ¿Se reúnen ellos con gente del gobierno cubano?
• ¿Cuáles son sus nombres?

Antes de terminar la reunión me dieron una carpeta que contenía información acerca de operaciones cubanas de contrainteligencia, artículos acerca de personas condenadas por espiar a favor del gobierno cubano, el proceso de reclutamiento utilizado por la inteligencia cubana y una lista de “fuentes útiles” para lecturas adicionales acerca de las “actividades terroristas” realizadas por Cuba contra Estados Unidos. En un último intento por obtener nombres de personas con los que yo “estaba involucrada” que también trabajan para Cuba, la Agente Montiga reiteró lo “discreto” que era esto y que ella no veía por qué era “tanto problema” para mí darles algunos nombres, y que otros estudiantes con los que ella había hablado habían ayudado significativamente mucho más. Me excusé, pero seguí negándome a darles nombres sin saber la razón por la que me los pedían. Independientemente de este hecho, me dieron las gracias por el tiempo que les había dedicado, dijeron que los contactara si recordaba algo que quisiera decirles en caso de que se me hubiera olvidado alguna cosa y que estarían en contacto.

Este fue mi primer contacto con el FBI desde que comencé a interesarme por Cuba hace algunos años. Supongo que no será el último. Pero prometo que será la primera y última vez que permito que se me intimide para que me quede callada y “coopere” cuando mis libertades civiles son cuestionadas tan abiertamente.

http://www.progresosemanal.com/index.php?progreso=Marguerite_Rose_
Jimenez&otherweek=1162533600





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