..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.149, Viernes, 10 de noviembre del 2006

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“La luz en lo oscuro”
Programa de Radio Rebelde dedicado a los cinco héroes prisioneros del imperio con la participación de Alfredo Guevara, octubre 8, 2006.

Arleen Rodríguez: Hola, buenísimas noches. Ha entrado la historia a este estudio de Radio Rebelde, al programa de los Cinco. Le estoy dando la bienvenida nada menos que a Alfredo Guevara. Algunos me dijeron: “no, no va a ir Alfredo, tendrás tú que ir a buscarlo”, pero vino, aquí está, bienvenido.

Alfredo: Gracias.

Arleen: Buenísimas noches, no podía ser de otra manera. El programa de los cinco se prestigia hoy en recibir a un fundador, yo le llamaría fundador, porque es fundador de tantas cosas Alfredo Guevara, de “Nuestro Tiempo”, de Teatro Estudio, del ICAIC, del Nuevo Cine Latinoamericano, de tantas y tantas cosas, compañero de Fidel desde el primer día que puso un pie en la Universidad de La Habana. Y como ésta es la casa de los Cinco, pues vino una dueña de casa, Elizabeth Palmeiro. Bienvenida.

Elizabeth Palmeiro: Gracias Arleen; buenas noches mi amor, estoy aquí desde hace un rato, buenas noches Tony, buenas noches René.

Arleen: Entonces, está Camilo Pérez, que cuando quieras también puedes hablar, nada está prohibido acá, que además, es editor de un excelente libro que se llama “Revolución es lucidez”, una suerte de autobiografía, qué sé yo…, digamos que de dejar de que a través de algunos de los más importantes textos y de las más importantes declaraciones que ha hecho en su vida Alfredo Guevara, pues podamos tenerlo a mano.

Alfredo está aquí porque en estos días, el suceso, el acontecimiento… yo sé que hoy es 8 de octubre y algunos dirán “la muerte del Che”. Sí, aunque la muerte del Che se sabe que fue el 9 de octubre, pero en Cuba y en todas partes se conmemora siempre el 8, de todas maneras no hay que aferrarse a las efemérides. Alfredo Guevara es uno de los que dice que la rutina es uno de los grandes dramas humanos, ¿no, Alfredo?
Alfredo: Enemigo de la inteligencia.

Arleen: Eso me encanta de las cosas que ha planteado Alfredo; sino porque el acontecimiento de estos días, yo pienso es, que va a ser durante mucho tiempo, el libro “Cien horas con Fidel”, de Ignacio Ramonet, en el que tiene una gran responsabilidad Alfredo Guevara. De hecho, el libro está dedicado a él, está dedicado por uno de sus autores que es Ignacio Ramonet. Y yo decía que es el hombre, que Alfredo Guevara es el hombre, posiblemente el mejor amigo de Ignacio Ramonet en Cuba, el hombre que trajo a Ramonet a Cuba, ¿me equivoco?

Alfredo: No, que va.

Arleen: Lo trajo, ¿verdad?

Alfredo: Lo traje, es un amigo entrañable, desde la época en que no nos conocíamos, recibí… en los primeros días de la Revolución recibí una carta de un joven que estaba preparando su tesis en la universidad, y me pegué a ayudarlo, y así empezó esa amistad.

Arleen: Era muy joven…

Alfredo: Era muy joven él, yo también era joven…

Arleen: Sigue siéndolo, la edad realmente es un estado de ánimo, y la Generación del Centenario tiene eso, yo siempre lo he dicho, es una generación que no envejece. Eso es lo bonito que tienen ustedes.

Bueno, yo le estoy dando la bienvenida a Alfredo Guevara. Y les decía que acabamos de conmemorar en Cuba y en todas partes la muerte reciente de alguien que fue cuestionado que si cantaba o no cantaba, quizás si hacía poesía musical, que es Bola de Nieve, me permití escoger un número de Bola de Nieve que tiene que ver con Francia, Edith Piaff, ¿es de Edith Piaff “La vida en rosa?, solo se lo puedo preguntar a Alfredo Guerava, tengo la suerte de tenerlo aquí…

Alfredo: No, no, no sé quién es el autor realmente, pero no hay modo de separar a Edith Piaff de “La vida en rosa”.

Arleen: Exacto, no hay modo de separar tampoco “La vida en rosa” de Francia.

Alfredo: Claro. Es un himno…

Arleen: Y aunque… —una de las cosas que uno se entera leyendo “Cien horas con Fidel—, es que Ignacio Ramonet no es francés como mucha gente supone. Bueno, yo lo sabía un poquito antes, pero es de las cosas que otra gente descubre como es el director de “Le Monde Diplomatique”, que es una… digamos se ha convertido en una suerte de icono periodístico de las izquierdas en el mundo, pero es nada menos que gallego. Bueno, de esas cosas estaremos hablando esta noche. Vamos a darles la bienvenida a nuestros queridísimos hermanos Ramón, René y Tony, un abrazo grande, y yo creo que este es un regalo que ustedes se merecen y que este programa se merece también, tener aquí a una de las voces más altas de la intelectualidad mundial, de su generación, no hablo solo de Cuba, estoy hablando, por supuesto Alfredo Guevara, esta noche nos acompaña también Elizabeth Palmeiro como dueña de casa, bienvenidos.
(Se oye a Bola de Nieve cantando “La vida en rosa”)

Arleen: ¡Qué cortico suena!, ¿verdad? Alfredo, vamos a hablar de este libro. Una de las cosas que me ha hecho pedirle a Alfredo que viniera es que en la presentación, en la primera presentación de esta segunda edición, la intervención de Alfredo digamos que fue medular, todo el mundo me ha llamado super impresionado ¿por qué no repiten ese programa? Realmente fue una verdadera síntesis de los valores extraordinarios que tiene ese libro, pero me gustaría, para los muchachos, para Ramón, para René y para Tony, que no tienen todavía el libro en sus manos, ya leyeron la primera edición, esa valoración, digamos tremenda… dice Alfredo que Fidel siempre hizo análisis tremendos de la vida, pero esa valoración que usted hace del libro es tremenda.

Alfredo: Es que he pasado muchos años de mi vida esperando, queriendo, y de algún modo luchando también, porque Fidel comprendiera la importancia que tenía un testimonio, de él, de su visión, profundo de la Revolución socialista. Esa visión, y voy a empezar diciendo lo que más fuerte tengo en el alma tomando en cuenta quienes me escuchan y dirigido a ellos. Yo creo que Fidel tuvo no solo coraje, sino una lucidez inmensa cuando en medio del drama que resultó el asalto al Cuartel Moncada, comprendió que aquella sangre, que aquel inmenso sacrificio cambiaba la historia, y nos dio en ese instante, con el coraje que le es característico y la lucidez que ya tenía en aquellos años, era muy joven, “La historia me absolverá”; Martí como protagonista y él y aquel grupo de jóvenes protagonizando de nuevo sobre el vacío de un período —no vacío total porque muchas cosas sucedieron, pero no triunfantes, el momento en que la historia recomenzaba, la historia hacia el triunfo y, sin embargo, estaba hablando en el marco de una gran tragedia.

Y yo pienso que este libro, tantos años después, 53 años, es algo así como otra vez “La historia me absolverá”.

Arleen: ¿Tanto?

Alfredo: Tanto.

Arleen: ¿Tan definitorio, por qué Alfredo…?

Alfredo: Sí, porque es un período —y esto es lo que yo sentía que hacía falta— quiero decir que más de una vez hemos intentado, o ha intentado él, que es el protagonista principal, esta tarea. Me acuerdo de alguien a quien quise mucho, Gian Giacomo Feltrinelli, que ya quería hacerlo en los primeros tiempos después del triunfo de la Revolución…

Arleen: Editor que fue el primero del “Diario del Che”…

Alfredo: Exacto. Intentó hacerlo... Yo lo dije en la presentación de la nueva versión, estábamos loquitos nosotros porque queríamos que ya Fidel dijera lo que no podía decir, faltaba un hito en la historia que han sido estos años en que se han vivido tantos acontecimientos tan complejos y de los cuales a veces se ha podido hablar de verdad, pero de otros no, es decir, la historia se escribe de un modo muy especial. Y creo que en este instante… —yo creo que para esta segunda versión que es a la que me refiero— la primera versión permitió que Fidel comprendiera de verdad que hacía falta este mensaje ya sin velo alguno, porque yo no creo que este sea el mensaje definitivo, pero es el mensaje que hacía falta. Yo creo que todavía Fidel nos dará…, como dije hace años, Fidel es un autor de sorpresas…

Arleen: Sí, yo fui testigo…

Alfredo: …y ésta es una de las sorpresas más de bellas que le da no solo al pueblo cubano, sino a toda la juventud del mundo.

Arleen: Sí, y además era el propósito de Ramonet, que lo declaró.

Yo creo que en este afán de Ramonet de darle a conocer a los jóvenes de esta época este testimonio de uno de sus líderes más trascendentes, está eso también, ese joven que le pidió a Alfredo Guevara asistencia para hablar de la Revolución en determinado momento. Pero yo decía que tuve la suerte de ser testigo en la presentación de un momento clave cuando Alfredo está hablando justamente de esos análisis que hace Fidel en la entrevista, y dice “falta definir alguna cosa sobre el socialismo” y Ramonet dice:

Alfredo: tú fuiste el responsable de que yo hiciera esta pregunta y que esté esta respuesta —página 441 además, se la señalo, no se me olvida— que es decir, Fidel se plantea una cosa que es algo que usted también marcaba, es decir, la visión de un revolucionario que no da por cerrada ninguna puerta. Dice que falta tanto por definir qué es el socialismo.

Alfredo: Es que en realidad…, en realidad yo no creo que es definir el socialismo… yo creo que el socialismo… bueno, me vas a permitir una licencia.

Arleen: Cómo no, todas las que quiera.

Alfredo: Se discute del alma, ¿existe, no existe? Bueno, yo no sé… pero la vida es la construcción del alma, es decir, la calidad de la forma en que se afronta la vida fabrica el alma de cada quien. Si existe o no ese es un problema que ya sabremos. Yo creo que en la historia es la construcción de… a través de las acciones se va construyendo la historia y en este caso la historia del socialismo y la fisonomía del socialismo, es decir, el rostro del socialismo es el rostro que somos capaces de construir con nuestra propia honestidad, con nuestra propia autenticidad, con la de cada uno. Yo insisto mucho en que no es la muchedumbre lo que importa, es el rostro de cada uno, de cada uno, la suma de todos hace la muchedumbre, pero tiene que haber cada uno, en cada uno tiene que darse la profundidad y la autenticidad en la conciencia de la solidaridad con el otro, y es esa relación solidaria con el otro, ése… —es que estoy definiendo el amor sin darme cuenta— es que el socialismo es eso. Yo no quiero decir frases vacías, pero yo así… si no es así no me interesa. Es la solidaridad de cada ser con el otro y con todos, y cada ser con el uno, es decir, eso es humanizarse.

Arleen: Lo que usted decía, él alcanza el ser humano que es, en definitiva, el tránsito al revolucionario.

Alfredo: Exactamente, y a veces, yo lo dije a mi manera, desde luego, en la intervención de hace dos o tres días, ¿sabes?... yo debía haber descubierto en aquellos 19 años nuestros, debía haber descubierto en el rostro de Fidel, el niño triste que había sido, las vivencias que había tenido, buenas, malas, etcétera, que lo habían marcado. No fui capaz en aquel encuentro juvenil de darme cuenta de aquello, aunque sí de que era alguien de gran hondura, y quien no lo descubra en este libro tienen que ser totalmente insensible, por eso, es por lo que me he atrevido a comparar, sin pensar que estamos ante lo definitivo, siento que todavía faltan sorpresitas, a comparar “La historia me absolverá” con este libro que dice “no hay quien no me absuelva”. Amigos, simpatizantes, enemigos, si leen este libro tienen que decir “qué rabia, pero tengo que aceptar que estoy ante un verdadero ser humano”.

Arleen: Eso es lo que yo creo que es exactamente el libro. Estamos ante el programa de los Cinco, Alfredo Guevara en exclusiva esta noche y yo quisiera que escucháramos algo. Él hablaba de la creación, de lo individual, de lo distinto que hay en cada ser humano, y cómo se las ha arreglado Alfredo Guevara para ser siempre fundador de tantas cosas, entre ellas el Nuevo Cine Latinoamericano. Yo quisiera oírlo, así que suene esta noche en el estilo de Sampling, “Desde la aldea”, porque lo más lindo que tiene esto es lo universal, “Desde la aldea”.

(Se escucha la vocalización de Sampling)

Arleen: Hay un libro que yo sé que no lo tienen, ¿quedarán ejemplares? “Revolución es lucidez”, de Alfredo Guevara —que ojalá los Cinco pudieran tenerlo en sus prisiones, tiene la suerte de que no tiene carátula dura, que es una de las cosas que ellos podrían recibir. Pero aquí él hace una descripción justamente de eso que veníamos hablando hasta ahora, de qué es para él lo socialista, que es la entrega, el amor, una palabra que usa mucho, amor, solidaridad, Alfredo. Yo decía camino hacia acá cómo le va, cómo le suena esa bonita relación que a mí por lo menos me impresiona mucho, cuando Chávez y Fidel se toman la mano como amigos, cuando va a su cama, y lo acompaña y digo yo, hemos vuelto a esa época en que José Martí hablaba de los amigos con un amor sin rubor…

Alfredo: Exacto.

Arleen: Esta época ha llenado tanto… los Cinco son muy lindos, Ramón decía en una entrevista con Silvio Rodríguez, y Ramón le dice “te doy un beso, y no te acomplejes”, y Silvio decía. “no, yo soy guajiro y en mi casa los hombres se besan también”, ese amor, ese amor como distinción del ser humano, y ya que estamos hablando de hombres que aman, y yo sé que ésa es la filosofía fundamental del pensamiento de Alfredo. Yo le voy a dar la palabra a Elizabeth, que yo sé que está aquí no por gusto, para que pregunte también en nombre de la familia de los Cinco y de ellos con respecto a lo que quisieras tú también, sé que te motivan las cosas Elizabeth…

Elizabeth: mira, yo también estuve en la presentación del libro y sé que muchas personas hicieron intervenciones muy interesantes y profundas, hubo algunas en que me perdí en las reflexiones como la de Iroel, que hablaba de que hay cosas que le dan razón al enemigo, que si la autocensura, y ahí los que no somos teóricos de esos temas un poco se pierden en lo que están hablando y hay que oírlo por segunda vez para poder entender, pero al oír a Alfredo con su cultura y su lenguaje de alto vuelo, fue una de las cosas más claras y me identifiqué rápido con lo que él dijo porque es verdad que nuestro Comandante con la historia de la Revolución tiene mucho que mostrar y mucho que aclarar a los pueblos del mundo, y este libro, cuando Ramón leyó la primera versión, lo devoró, y me imagino que así habrá sido con los demás que lo hayan recibido, no tengo exactamente la noticia de cuántos de ellos lo recibieron ya, pero sé que Ramón lo devoró, y yo quisiera preguntarle, tener esta oportunidad de que está aquí Alfredo, que por qué el libro está dedicado a usted. ¿Cuánto hay de Alfredo en la elaboración de esta entrevista en los temas que trató Ramonet?, aunque sabemos que Ramonet tiene suficiente preparación como para hacer muchas de las preguntas que están ahí y ser ese interlocutor que describía Abel Prieto: provocador, provocativo, profundo, inteligente, preparado, pero por qué está dedicado el libro a Alfredo Guevara, cuánto influyó Alfredo Guevara a la hora de que una persona como Ramonet hiciera este proyecto que tuvo que ser aprobado después, porque el Comandante tiene millones de solicitudes de entrevistas de muchas partes del mundo, pero me imagino que tiene que estar la mano —digo yo respondiendo un poco también—…

Arleen: La mano o el espíritu…

Elizabeth: …la mano y el espíritu de Alfredo a la hora de hacer un proyecto como éste que atrapó al Comandante y que llevara a estas cien horas. Esas cien horas que nadie se imagine que fueron sentados en un buró, yo sé que muchas de esas cien horas fueron Ramonet participando en actividades con el Comandante en inauguraciones, en visitas, en recorridos…

Arleen: Fueron dos años.

Elizabeth: …porque el Comandante pasa muy poco tiempo en la oficina y las menos de esas cien horas fueron en el despacho del Comandante. ¿Cómo fue esa labor de Alfredo que, bueno, el libro dice así fríamente y escuetamente: “A Alfredo” y después sus hijos, que es otro de los amores que tiene Ramonet, sus hijos, por qué a Alfredo Guevara?

Alfredo: Bueno, yo creo que en realidad yo he sido un ser privilegiado y yo creo que la vida me ha dado momentos duros, pero me ha regalado casi accidentalmente… eso de entrar en la universidad el mismo día que Fidel, eso de conocerlo enseguida, eso… cosas que he narrado que no voy a narrar aquí en detalle, pero que alguien se me acercara, que a veces yo me digo, bueno, yo no soy exactamente religioso, pero vino alguien, quién me lo envió, llegó de los cielos o llegó de Mayajigua, y me dijo: “hay un joven en Derecho, porque yo entré en Filosofía, hay un joven en Derecho que tú tienes que conocer porque es impresionante”. Y allá me fui frívolamente sin saber lo que iba a pasar, a ver a aquel fenómeno que, como he descrito otras veces, era un volcán, y mitad que me asustó, mitad que me fascinó porque no sabía lo que iba a hacer, y dije a mis amigos, como narré el otro día, “entró en Derecho un muchacho que va a ser José Martí, o Dios nos coja confesados”, porque no sabía lo que iba a hacer.

Pero poco a poco, y no tan poco a poco, fui conociéndolo y descubriendo que era el José Martí que toda mi generación estaba esperando, porque es muy extraño, mi generación lo estaba esperando. Ese espíritu que ha animado una parte importante de mi vida, yo creo que sin darme cuenta, yo no he hecho un esfuerzo especial, irradia hacia los que voy conociendo, hacia los amigos, las amistades que se van formando, y yo creo que probablemente irradié esa confianza, esa pasión, esa seguridad… no hacia Ignacio, hacia todo el que he conocido y que sea una persona honrada y limpia. Debe haber sido eso, porque yo no creo tener tantos méritos como tú supones.

Ahora…, tengo un mérito, ¿eh?, ése sí, yo he sabido siempre cuál es la corriente principal, y ahí sí que nunca he tenido una confusión. Los procesos históricos son, como dije el otro día, son laberínticos y siempre presentan muchas facetas, algunas oscuritas, aunque sea una Revolución, y están transitadas por personajes con su psicología, con sus ambiciones, con sus pequeñeces y con sus grandezas también y con sus virtudes, pero el fárrago no debe ser la visión, y por eso insisto tanto en la palabra lucidez. Hay que saber cuál es la corriente principal, y si la corriente principal va derechita, las cosas salen. Para mí corriente principal se llama Fidel. Y yo creo que… tenga yo los defectos o las virtudes que tenga, da lo mismo, las brillanteces o las no brillanteces, mi vida entera ha trasmitido esa confianza a quienquiera que haya tenido contacto conmigo, confianza que no elimina ni las críticas, ni las opiniones de las que nunca me he inhibido, con la confianza plena —bueno, hay que tener en cuenta las oportunidades también— es decir, las cosas no se deben hacer, jamás, cuando uno piense que pueden dañar, pero tampoco pueden dejar de hacerse, y creo que, no sé si me sobrestime, pero yo creo que nunca me he apartado y que siempre he comprendido por dónde va la corriente principal, pero no como un problema de oportunidad, sino como un problema de convicción.

Fidel, a veces —no olvidarse que Martí lo tuvo que decir en un momento dado, hay veces que no se puede decir todo para poder llegar— pero Fidel, diciendo o no diciendo, siempre ha ido en una línea recta y de principio, en la cual no ha hecho jamás una concesión. Esa corriente principal es la garantía de la Revolución, y si algunas cosas no las hemos logrado, las lograremos. Eso es lo que da, no fe, confianza.

Arleen: Eso fue lo que vio, sin dudas, Ignacio Ramonet, y yo creo que también lo que de cierto modo preguntaba Elizabeth, esa persona que acompaña a Fidel como usted decía el otro día, en el arco que va de los 19 a los 80 años, y en ese arco hay momentos yo diría que sublimes para toda Cuba, como es el nacimiento del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, de los hijos que tuvo el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC como Silvio Rodríguez, un preferido de Alfredo Guevara y de nosotros, del programa de los Cinco.

(Se escucha la canción de Silvio “Érase que se era”)

Arleen: “Érase que se era”, ésta es del disco más reciente de Silvio Rodríguez y tiene que ver también con todas esas reflexiones que ha hecho esta noche Alfredo Guevara, que está haciendo especialmente para nosotros especialmente, para los Cinco.
Elizabeth, tú tenías algo que comentar respecto a la respuesta que daba Alfredo… un poco escapando, Alfredo trata de escapar un poco al protagonismo que tiene indudablemente en una época, es el hombre que entra junto con Fidel a la universidad, el hombre que funda tantas cosas fundadoras de la Revolución cubana y de la intelectualidad de izquierda en el mundo, él quiere escapar un poquito de eso, pero yo creo que es muy bueno lo que tú reflexionabas también.

Elizabeth: No Arleen, yo le decía a Alfredo que la mano, el espíritu de él está en haberle precisamente enseñado o haberle dado la luz a Ramonet de dónde estaba la corriente principal, y te lo dije ahorita fuera de micrófono, me es difícil repetirlo ahora porque oí la respuesta que dio él, pero fue eso, que le dio la luz de cuál era la corriente principal y de ahí Ramonet pudo hacer este libro que es historia —muchas personas lo han dicho, no lo he dicho yo— es historia y es enseñanza, y a mí, que soy una generación nacida después del triunfo de la Revolución, me es imprescindible para entender esos muchos procesos, muchas cosas… algunas he estado viviendo porque he sido contemporánea de esos momentos, pero no tengo el alcance de conocimiento para poderlas interpretar y este libro ayuda a interpretar muchas de esas cosas, a entender esos momentos históricos, esas situaciones, y fue precisamente Alfredo Guevara el que le trasmitió a Ramonet esa idea de cuál era la idea, cuál era la corriente principal, y por eso llegó a ser lo que es este libro, lo que va a ser en el futuro.

Arleen: Sí, tú decías no solo por qué este libro está dedicado a Alfredo, sino por qué es Ramonet el hombre elegido para ese libro… Fidel no le hubiera dado esa entrevista a todo el mundo tampoco, Alfredo.

Alfredo: No, yo quiero ser tan franco y tan transparente sabiendo quienes escuchan, un compromiso moral que no tiene límites. Yo me encontré a Ignacio en París en los días… en fin, muy temprano al triunfo de la Revolución, porque… yo digo que a mí me rodean nada más que accidentes, no sé porqué me encuentro con quien me tengo que encontrar cuando me tengo que encontrar. Él se casó con una muchacha que era sobrina de Gerard, Jean Phillipe —Gerard Phillipe, el gran actor del Teatro Nacional Francés y del cine francés, gran figura del cine francés de aquella época—, y que era como un hermano para mí, y resulta que se me aparece de buenas a primeras Ignacio Ramonet, a quien yo nunca le había visto el rostro, en aquella familia…

Arleen: Solo se habían intercambiado correspondencia…

Alfredo: Correspondencia. En la preparación de su tesis que era sobre cine, comunicación, etcétera, y bueno, el libro está dedicado a mi persona y a los dos muchachines que nacieron de ese matrimonio, que los vi querubines, y que ahora son —qué cosa más rara— otro accidente, ahora son cineastas…

Arleen: Es como una parábola…

Alfredo: …y entonces, mientras hacía el libro incluso, en mi despacho en la Casa del Festival, ellos, que lo tomaron como casa de producción, filmaban las entrevistas; porque debo decir que aquellas entrevistas están filmadas y que se hicieron varios documentales con esa primea fase de las entrevistas. Yo no puedo decir más, porque yo no me adjudico nada, yo soy parte de, yo creo que es una deferencia inmensa de Ignacio a alguien que quiere y no es solo a mí, es a sus dos hijos, a esos dos muchachines que vi crecer y ahora son cineastas. Casi todos los hijos de mis amigos son cineastas, yo no me explico qué misterio este…

Arleen: Por qué será, ahí está la mano, el espíritu de la amistad…

Alfredo: Hay una especie de irradiación misteriosa que yo no llamo divina pero que tiene valores divinos.

Arleen: Cuando yo venía para esta entrevista yo decía, parafraseando a Alfredo, “que Dios me coja confesada”, porque cuando uno se ha acercado a la obra de Alfredo Guevara se tiene que dar cuenta que tiene un bisturí en la mano siempre contra él mismo, contra la rutina —como decía ahorita— contra todo lo que es mediocridad. Está ahí en la obra de Ramonet, pero está también y mucho en la obra de Alfredo Guevara, no solo en la obra escrita, sino en la obra misma al crear el Nuevo Cine Latinoamericano, al ser fundador también de “Nuestro Tiempo” y todo eso, es un golpe al totalitarismo del mercado…

Alfredo: Y del pensamiento…

Arleen: Nadie, yo creo que nadie le ha dado más duro al cine mediocre de Hollywood, que se convirtió en una epidemia, que Alfredo Guevara, es decir, ahí está también esa obra que ahora digamos él se pone como testigo solamente cuando es, sin duda, un protagonista fundamental, que es una de las cosas que a mí me fascinan de este libro, la entrevista de Ramonet a Fidel, y a uno le parece que Fidel es un testigo de su época, que no es el gran protagonista que es, esas cosas tremendas que tienen ustedes…
Ahora, yo quiero volver a esa cosa que decía ahorita de la definición que Alfredo Guevara hace del socialismo que le interesa que es el del ser humano, fundamentalmente del hombre que se entrega, del amor entre los seres humanos, de la capacidad de darse, de la solidaridad humana. Yo le decía ahorita esa imagen de la amistad, por ejemplo, entre Chávez y Fidel, tan bonita, sino quiero también hablar a propósito de estos muchachos.

Un hombre como él, que fue perseguido por sus ideas —Alfredo tuvo que exiliarse, tuvo que luchar en la clandestinidad y que enfrentó prisión— tiene que comprender como nadie qué significa para un intelectual estar en prisión y qué significa cómo salvarse de ese encierro desde el amor, desde el sentido más profundo. Estos hombres decidieron ese destino para salvar otras vidas, ¿no?

Alfredo: Así mismo. Yo te lo voy a decir todo en una anécdota. Yo, cuando el Moncada, mi primera reacción fue limpiar las casas de toda huella que pudiera complicar más las situación de los que habían salvado la vida, estaban prisioneros y estaban en peligro máximo, y eso fue lo que hice. Eran escenas de cine las que yo vivía, podían haber hecho un guión después, porque entraba en una casa y atrás entraba el Servicio de Inteligencia Militar, pero ya yo me había llevado las cosas. Llegaba a otra casa, y así…, incluso, en el cuarto de Raúl, que convivían Raúl y Pedrito Miret, entré, me llevé las cosas, entró el Servicio de Inteligencia Militar, yo estaba a varias cuadras, se me había olvidado que había una gran travesaña casi pegada al techo, y cuando se fue el Servicio de Inteligencia Militar volví a entrar y me llevé los papeles que estaban en la travesaña, pero unos días después caí y fui a parar al Príncipe, al Castillo del Príncipe, una prisión por entonces, y bueno, yo pasé trabajos en esa ocasión y muchos más pasé en otra ocasión en que tuve que sufrir otro trato, para decirlo suavemente.

Pero se produjo el Moncada, Fidel fue para Isla de Pinos, pasó el tiempo, salió Fidel de la cárcel, ¿y sabes lo que pasó?, pues que cuando nos encontramos, en vez de ser yo el que le digo algo como debió haber sido a Fidel, la primera frase que me dice Fidel es “¿Te hicieron sufrir mucho?” Es decir, la calidad humana de Fidel lo hizo pensar en mis sufrimientos cuando él era el que había estado en el riesgo máximo y había sido tratado del modo más violento y sometido síquicamente…, es decir, ese conservar lo humano, humano, humano más allá del propio… bueno, ésas son las cosas, eso es a lo que yo llamo humanidad plena, esa capacidad de sentir siempre el dolor del otro más que el propio dolor. Son pequeñas cosas a lo mejor, pero yo creo que revelan lo que es de verdad persona.

Bueno, yo soy partidario de determinadas estructuras, ideas, etcétera, que también son la conformación del socialismo, pero ese tránsito de lo humano por la idea político-ideológica es como el soplo de la vida de la ideología, si ese soplo no se adentra en la estructura, en la urdimbre de la concepción de la sociedad, hay que decir la frase que dije el otro día, “no vale la pena”. Y vale la pena porque el soplo ético le da realidad a la idea, la idea ahí se puede quedar.

Las ideas no son protagonizadas por las piedras, son protagonizadas por los seres humanos, y esos, a quienes les estamos hablando, nos están enriqueciendo con su ejemplo precisamente porque son, ante todo, seres humanos.

Arleen: Para la generación de Alfredo Guevara, esa Generación del Centenario, fueron los hijos de José Martí, ustedes son los hijos de José Martí sin discusión, no es algo que le permita discutirme, está ahí…

Alfredo: No pienso…

Arleen: …eso está hecho por la historia ya, está definido por la historia. Me imagino que para ustedes también tiene que haber tenido una trascendencia enorme ver que haya gente como estos cinco muchachos hoy, es decir, que ustedes no trabajaron en vano, no es que una generación creó a Martí, que triunfó, que hizo cosas trascendentes y ya, eso se quedó ahí. Usted decía que éste no es el libro definitivo de Fidel, ustedes no fueron la generación definitiva, afortunadamente, me parece que para ustedes tiene que significar algo ver personas capaces de hacer ese tipo de sacrificio.

Alfredo: Por supuesto. Ellos son cinco, pero son cientos de miles, son formas diversas, ésta es extrema, y por eso estamos aquí, pero de otro modo, habrá algún día que valorizar los cientos y cientos de miles de vidas jóvenes que significan prácticamente el argumento irrefutable e irreversible también de la Revolución triunfante.

Somos poco menos de 12 millones de habitantes, y somos ya 800 mil universitarios, y somos ya otros tantos de cientos de miles de jóvenes formados en niveles que no son universitarios pero se pueden considerar de valor superior. Cuando la inteligencia es así de respetada, cuando la inteligencia se convierte en una potencia de esa magnitud, yo creo que todo ese lenguaje de transiciones y super transiciones y medias transiciones y juegos de transiciones es superfluo. Este país tiene el tesoro más grande que pueda tener cualquier país, que es, primero, seres humanos verdaderos, después, el saber desplegado. Ése es el tesoro que nuestros amigos queridos, nuestros hermanos han defendido y defienden. El valor que hace… que de verdad eterniza los valores revolucionarios, es más importante que todos petróleos y que todos los oros y que todo los otros indiscutibles también valores necesarios para la sobrevivencia: el saber, el saber, el saber, y con el saber algo por lo que tenemos también que luchar infatigablemente: conservar y desarrollar y cuidar y profundizar la eticidad de la Revolución. El ejemplo de nuestros Cinco forma parte de esto, comprender que ellos son algo así como una bandera de esa eticidad.

Yo creo que el libro del que estamos hablando y que ha motivado este encuentrico y este mensaje —esperemos que valga algo— es una contribución a salvar esa eticidad con esta otra siembra de la que ellos son parte, pero son parte también esta inteligencia desplegada que ya tenemos y que tenemos que cuidar, y parece que ese libro va a estar en manos de nuestros amigos queridos también, porque Ramonet me ha dicho que quiere dedicarles el libro, y esa dedicatoria va a ser más importante que la que me ha hecho a mí, mucho más importante, pero también esa dedicatoria que él quiere hacer yo la recibiré como para mí también, porque lo que les den a ustedes es para todos nosotros los cubanos orgullo.

Arleen: Yo creo que no valen más palabras, agradecerle a Alfredo que haya estado aquí. Él dijo bien: encuentrito, yo, como periodista tengo una deuda, quiero un día hacer una larga entrevista con Alfredo Guevara porque uno siente a veces que la gente no sabe lo que tiene también a su alrededor, y hacen falta esas cosas, esos conocimientos. ¿Quién es ese hombre que te pasa por al lado a veces, o quién es ese hombre que está ahí y dice esas cosas tremendas, por qué las dice y qué significa en la historia y en tu contemporaneidad? Agradecerle mucho que haya estado aquí esta noche y que nos haya regalado el milagro de tener un amigo como Ramonet, de haberlo traído aquí a Cuba, de haberle enseñado el cauce principal, la corriente principal, y que todo haya derivado… de esa gran amistad haya derivado ese extraordinario libro que es verdad que es de esas cosas que apasionan porque están llenas de muchos milagros, y entre esos milagros la amistad que a usted lo enlaza con Ramonet y con Fidel Castro, o con Fidel Castro y con Ramonet para hablar en tiempo y en profundidad de qué cosa es primero.
Alfredo: El milagro más grande se llama Fidel.

Arleen: Elizabeth, si quieres decirle algo…

Elizabeth: Bueno, yo quiero trasmitirle a Tony, a René y a mi amor, que es Ramón, que ha sido para mí un privilegio muy grande haber compartido aquí este rato en el programa oyendo de primera mano a Alfredo, que está aquí en la elaboración de este programa… que hay muchas cosas buenas que les esperan a los Cinco cuando regresen, hay muchas promesas de encuentros, de reuniones con personas, y yo me atrevo a asegurar que después que ellos oigan este programa y haya oído directamente a Alfredo hablándoles a ellos, uno de esos grandes momentos va a ser el día en que podamos tener un encuentro de tú a tú con Alfredo Guevara que es historia viviente, intelectualidad viviente de la más alta de nuestro país. Y creo que ellos van a percibir eso que percibo yo, una humilde cubana de apenas unas décadas de vida, poder compartir con usted. Yo sé que entre esos encuentros pendientes que van a haber va a estar ese de poder hablar con Alfredo y que les hable de muchas cosas.

Yo sé que les va a gustar este programa, yo he oído muchos programas, yo siempre he sido sincera contigo, a veces me quedo dormida porque la hora del programa es muy tarde y uno tiene muchas tareas en el día. Los Cinco se desvelan para oír el programa, pero este programa va a hacer historia igual que lo fue la entrevista de Silvio que llegó a ser una entrevista muy buena, yo creo que de aquí tú debes sacar algo muy bueno, muy bonito de este programa, y creo que así lo van a disfrutar ellos.

Yo soy portavoz de Ramón, pero cuando soy portavoz de uno de ellos se habla ya de los Cinco, porque los Cinco, a pesar de estar en cinco prisiones tan aisladas y que el intento siempre ha sido de aislarlos y separarlos, cada día están más unidos. Yo estoy segura que lo que digo en nombre de Ramón lo estoy también trasmitiendo lo que piensan René y Tony, que éste ha sido un privilegio haber contado con usted aquí y para mí va a ser algo que voy a guardar como uno de los gratos momentos que he vivido en este programa donde nos hemos reído, divertido y hemos profundizado en muchas cosas.

Arleen: Bueno, solo me queda despedir a Alfredo, darle un abrazo y las gracias más profundas por haber venido al programa, haber estado aquí con nosotros, habernos traído la lucidez de la Revolución. Entrevistar a Alfredo Guevara es un gran desafío, yo decía que cuando venía para acá dije “que Dios me coja confesada”, porque cuando se lee su trabajo es laberíntico, como son las revoluciones, como decía él de las revoluciones, el pensamiento de un intelectual que siempre, como él decía, es incómodo, y es difícil. Lo decía Jean Paul Sartre también, que no se molesten los políticos en entender a los intelectuales, nacimos para eso, para molestar, pero es la molestia a la inteligencia, es sacudirse y hacer que las neuronas trabajen y no se acomoden en la rutina ni en la comodidad de su tiempo. Le dejo las palabras finales, le voy a despedir con una canción de uno de sus hijos, es de Amaury Pérez Vidal, que nació ahí, en el Grupo de Experimentación Sonora, y la canta con otro de sus hijos que es Silvio Rodríguez, “Amigos como tú y yo”. A la amistad le hemos cantado esta noche. ¿Quiere decirle algo antes de irse a los muchachos?

Alfredo: Bueno, no sé, no sé porque… que nos veamos muy pronto, ése es el mensaje que quiero darles desde lo más profundo de mi alma, pero no solo decirlo como un deseo, hay que combatir porque sea esto una realidad.

Arleen: Así llegamos al final. Esta noche ha estado Bruno Suárez Jr. en la dirección, Manuel Ernesto en la dirección total y Arleen Rodríguez Derivet en la conducción. No han visto porque es radio, el equipo de ICAIC con Rolando Almirante al frente —de eso hablaremos en un próximo programa para que nos cuente este documental en el que va a estar también el programa de los Cinco. Un beso grandísimo, hasta la semana que viene, felicidades adelantadas, Tony, besitos para los tres.

(Se escucha la canción de Amaury “Amigos como tú y yo”)




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