..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.149, Viernes, 10 de noviembre del 2006

 

Las tres derrotas de W. BUSH
Por Eduardo Dimas

En solo 3 días, el presidente de los Estados Unidos, W. Bush, ha sufrido tres derrotas consecutivas. Primero fue el triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en las elecciones del pasado 5 de noviembre. Su candidato, Daniel Ortega, obtuvo casi el 39% de los votos, con lo que superó por más de 8 puntos porcentuales a su más cercano rival, el economista neoliberal Eduardo Montealegre, de la Alianza Liberal Nacionalista, un desmembramiento del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) del expresidente Arnoldo Alemán. Montealegre era el candidato preferido de la Casa Blanca.

El gobierno norteamericano, a través de su embajador en Managua, Paul Travelli, amenazó, chantajeó, compró conciencias para impedir el triunfo de Daniel. Entre las amenazas lanzadas contra el pueblo nicaragüense estuvo la de suspender la ayuda económica y el envío de remesas, uno de los principales ingresos del país, convertido por obra y gracia del neoliberalismo, el latrocinio y la corrupción en la segunda nación más pobre de América Latina (70% de la población)

El gran fracaso de la Casa Blanca en Nicaragua consistió en que fue incapaz de lograr la unidad de las fuerzas de derecha que, por el contrario, se dividieron y fueron así a las elecciones. Si se suman los votos que obtuvo Montealegre y los de José Rizo, candidato del PLC, por lo menos hubiera sido necesaria una segunda vuelta. Ante el evidente triunfo sandinista, la Casa Blanca envió una delegación que fue la única que encontró “irregularidades” en el proceso electoral. El resto de los observadores internacionales, incluida la Organización de Estados Americanos y el Centro Carter, certificaron la limpieza de los comicios.

El triunfo de Daniel representa una derrota para W. Bush y la extrema derecha norteamericana. Es de esperar que este segundo período de gobierno del FSLN no se caracterice por medidas revolucionarias, dados los compromisos que contrajo durante la campaña electoral. Pero sí significa la llegada al gobierno de una izquierda moderada, que ratifica la tendencia al cambio y contra el neoliberalismo que prevalecen en América Latina, el traspatio del imperio.

¡No! al Bloqueo a CUBA

W. Bush no tuvo que esperar muchas horas para recibir una segunda derrota, esta vez de Cuba y de la inmensa mayoría de los gobiernos del mundo, incluidos muchos de sus aliados. La Asamblea General de Naciones Unidas, aprobó por 183 votos a favor, 4 en contra y una abstención la resolución presentada por el gobierno cubano “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba”. La resolución fue aprobada por décima quinta vez consecutiva y con el voto favorable de más del 94% de sus miembros. La ONU está compuesta en la actualidad por 194 países.

Eso, a pesar de todas las presiones y chantajes a que nos tiene acostumbrado el gobierno imperial. A pesar de un proyecto de enmienda a la resolución cubana, presentado por uno de sus principales aliados (Australia), que pretendía justificar “por razones de derechos humanos”, el criminal bloqueo de los sucesivos gobiernos estadounidenses contra la Isla, desde el mismo triunfo de la Revolución, recrudecido ahora por las nuevas medidas tomadas desde mayo del 2004 por la Administración Bush y ampliadas el pasado 10 de julio.

En el transcurso del debate previo a la votación, se puso en evidencia que la enmienda presentada por Australia era de los propios Estados Unidos, pues la delegación norteamericana había circulado un documento el 6 de noviembre (talk point) en el que pedía se tuvieran en cuenta los mismos elementos presentados en la propuesta del gobierno australiano el 7 de noviembre. Es evidente que los dos salieron muy mal parados de este asunto. Actuaron como principiantes y eso se paga muy caro en Naciones Unidas. Creo que en todo esto hay mucho de desesperación e improvisación por parte del representante norteamericano, John Bolton, el artífice principal del desaguisado.

Elecciones de término medio

Pero, la derrota que más le duele a W. Bush fue la que le propinó el propio pueblo norteamericano en las elecciones de término medio, en las que se debía elegir a la totalidad de la Cámara de Representantes (435), un tercio del Senado (33) y 36 de las gobernaturas, la mayoría de ellas en manos republicanas. En los últimos días de la campaña electoral, W. Bush hizo un enorme esfuerzo para impedir un descalabro de grandes proporciones, como en definitiva le aconteció. Ni sus decenas de arengas triunfalistas en muchas ciudades, ni las acostumbradas amenazas con el terrorismo, ni las enormes sumas de dinero que se gastaron para impedir el desastre, funcionaron en esta ocasión.

El Partido Demócrata obtuvo la mayoría en la Cámara de Representantes (232 escaños), mientras los republicanos de Bush se quedaron con 203. En el Senado también ganaron la mayoría (51 a 49) y se hicieron de 28 de las 50 gobernaturas del país, lo que puede ser clave para las elecciones presidenciales del 2008. Son muchos los observadores que señalan, y con razón, que más que unos comicios para elegir a representantes, senadores y gobernadores, fue un referéndum sobre la política de W. Bush, cuyo índice de aprobación no sobrepasa el 40% en diferentes encuestas. Algunas lo sitúan con un 33% de apoyo popular, casi el mismo que tenía Richard Nixon cuando el escándalo Watergate que lo obligó a renunciar, so pena de ser sometido a juicio político.

A pesar de ser elecciones estaduales y distritales, los temas que más pesaron sobre los votantes fueron los nacionales como la impopular guerra en Irak, que los norteamericanos separan de la lucha contra el terrorismo, el propio W. Bush, la economía y los casos de corrupción que afectaron a varios legisladores republicanos. Y si ustedes piensan que los demócratas no ganaron sino que los republicanos perdieron, coincidimos totalmente en esa apreciación.

Por lo demás, si algo resulta deprimente en los comicios estadounidenses es la falta de escrúpulos que exhiben tanto republicanos como demócratas. Sus programas y los intereses que defienden son tan iguales que dedican más dinero a desprestigiar a sus contrincantes (160 millones de dólares) que a dar a conocer sus prioridades para el pueblo (17 millones de dólares). En total, demócratas y republicanos gastaron 2 600 millones de dólares, lo que da la medida de que los norteamericanos tienen “los mejores políticos que el dinero puede comprar”.

En un gesto poco usual, el presidente W. Bush reconoció en conferencia de prensa su responsabilidad en el descalabro republicano, felicitó a los demócratas y les pidió gobernar de forma bipartidista. En la práctica, muchos demócratas en el Congreso han votado a favor de la mayoría de las propuestas del presidente. Los congresistas demócratas, salvo excepciones, avalaron la agresión a Afganistán, aprobaron el Acta Patriótica en el 2001 y la ratificaron en el 2004, apoyaron la invasión a Irak --si bien ahora dicen que fueron engañados--, han votado a favor de los presupuestos de guerra, cada vez mayores. Recientemente, un grupo de ellos ayudó a que fuera aprobada la Ley de Comisiones Militares, que autoriza la tortura a prisioneros de guerra –según el criterio del presidente o del secretario de Defensa-- suspende el recurso de habeas corpus y permite mantener detenidas a personas, incluso norteamericanas, por tiempo indefinido o ser juzgadas por tribunales militares sin tener acceso a las pruebas que existen contra ellas. Es una ley con un notable olor a fascismo.

O sea, que entre demócratas y republicanos hay muy poca diferencia, salvo las excepciones antes mencionadas. Lo que sí el triunfo demócrata trastoca por completo los planes de la extrema derecha republicana, que pretendía convertirlos en un partido marioneta. Glover Norquist, uno de los más reconocidos teóricos republicanos lo dijo con toda tranquilidad en una entrevista que concedió a un periódico estadounidense. El objetivo era que Estados Unidos fuera gobernado por los republicanos y Estados Unidos gobernara al mundo. Es decir, los republicanos gobernarían al mundo.

Ahora deberán reconsiderar algunos de esos sueños imperiales y de grandeza neoconservadora. Los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 le dieron al gobierno de W. Bush un poder casi ilimitado para actuar. El triunfo en las elecciones presidenciales del 2004 llevó a decir al inquilino de la Casa Blanca que gastaría todo su prestigio en la guerra contra el terrorismo. Él y sus acólitos se emborracharon de poder. Ahora, el pueblo norteamericano le pasa la cuenta, pues en esta ocasión no funcionó el gastado miedo al terrorismo ni las medidas de intimidación con Osama bin Laden que tan buen resultado le habían dado en comicios anteriores.

Rodó la primera cabeza

Está por ver lo que ocurre en el gobierno norteamericano de ahora en lo adelante. Por lo pronto, ya rodó la primera cabeza. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, presentó su renuncia –es el procedimiento usual en Estados Unidos-- y será sustituido por Robert Gates, exdirector de la Agencia Central de Inteligencia, cercano colaborador de Bush padre. No es posible descartar que otros colaboradores cercanos a W. Bush sigan el mismo camino. Por lo demás –al menos no me parece que eso sea posible por el momento-- no esperen grandes cambios en la política agresiva de la actual Administración. Recuerden que demócratas y republicanos representan los mismos intereses, los de la elite de poder norteamericana. Están empantanados en Irak y Afganistán, y ambos partidos harán todo lo posible por buscar una salida airosa a cualquier precio.

En lo que respecta a la Cuba, no me parece que sea posible esperar algún tipo de cambio en la política de la Administración de W. Bush. Incluso, el lobby anticubano en el Congreso se vio fortalecido con el triunfo en Nueva Jersey del senador demócrata Robert Menéndez que se une ahora al republicano Mel Martínez, y en la Florida los hermanos Díaz-Balart e Ileana Ross retuvieron sus escaños en la Cámara de Representantes. Además, tengamos en cuenta que la política de los gobiernos norteamericanos hacia Cuba, sean demócratas o republicanos, siempre ha sido la misma: destruir la Revolución Cubana, aunque con diferentes matices, con diferentes grados de agresividad. Este gobierno, sin dudas, ha sido el más agresivo después de los de Ronnald Reagan y Richard Nixon.

Por último, hay algunos observadores estadounidenses que estiman que ahora W. Bush tendrá las manos atadas, pues ya no cuenta con una mayoría mecánica en el Congreso. Es posible que tengan razón. Pero, no olvidemos que este grupo neoconservador que se apoderó del gobierno en Estados Unidos y que sueña con el “siglo americano” ha demostrado ser capaz de todo. Hasta de construir campos de concentración en Estados Unidos, defender la tortura y vanagloriarse de cometer “eliminaciones” extrajudiciales. ¿Se quedarán tranquilos mientras el pueblo norteamericano les arrebata sus sueños de grandeza imperial en las elecciones del 2008? Como siempre, los invito a que mediten.
Fuente: Cubarte

Tomado de Boletín Entorno (Año 4 Número 92)




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