..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.150, Viernes, 17 de noviembre del 2006

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Imperio y Fidel
Por Eduardo González Viaña (•)

Fidel por la mañana

Toda la vida me he levantado antes de las 5 de la mañana. Cuando era adolescente, lo hacía para estudiar, para hacer gimnasia o para caminar en procesión por las calles de mi pueblo cantando el Rosario de la Aurora.

Universitario en Trujillo, me despertaba a las 4 para escuchar a Fidel. Desde diversos cuartos de estudiantes, nos desplazábamos hasta el departamento de nuestro amigo Walter Palacios Vinces, quien podía ubicar en una vieja RCA Víctor, los acordes musicales de la Marcha del 26 de Julio y luego la voz del locutor que anunciaba: “Radio Habana, Cuba. Desde Cuba, Territorio Libre de América.”

Sintonizar esa emisora estaba prohibido en mi patria. Podíamos ser apresados si la escuchábamos durante el día y en un tono audible para la policía. Tampoco era posible viajar legalmente a la isla rebelde. Un sello inmenso sobre la primera página de nuestro pasaporte lo condenaba de forma expresa. Estaban rotas las relaciones diplomáticas con el pequeño país que se había atrevido a desafiar el poder imperial de los Estados Unidos. Según lo afirmaba, el gobierno peruano había tomado esas medidas para proteger la libertad y la democracia.

No terminaba allí la defensa oficial de la libertad. No se podía ni siquiera tararear la canción francesa “Natalie” porque Gilbert Becaud relataba los amores de un parisino con su guía (¡horror!) rusa que le mostraba Moscú.

Para defender la libertad, los disciplinarios de un conocido partido político secuestraron a cuatro muchachos universitarios y les dieron una paliza por haberse dejado la barba como los guerrilleros de Sierra Maestra.

Por fin, en los años finales de mis estudios universitarios, la policía ingresó en mi casa, y, entre mis numerosos libros de literatura, decomisó un ejemplar de obras completas de William Shakespeare que ostentaba en la portada la imagen del escritor.

-¡Ah!... ¡Barbitas, no! – dijo el policía que se llevó preso al autor de “Romeo y Julieta”.

Sin embargo y a pesar de tanta defensa de la libertad, los jóvenes de entonces, de puro tercos, seguíamos madrugando para escuchar a Fidel. Su voz cálida era oída en todo el planeta, y explicaba las razones por las cuales el pueblo cubano había derrocado a Batista y, de inmediato, había emprendido la Reforma Agraria, la Reforma Urbana, la Alfabetización y la Nacionalización de las Industrias.

Cualquier persona de buena fe podía entender que se trataba de un proceso de independencia y de construcción de una nación parecido a aquellos que viviéramos al sacudir el yugo colonial en el siglo XVIII. Lamentablemente, no era ese el designio de los gobiernos norteamericanos. A su orden, miles de mercenarios invadieron Cuba y sufrieron una atroz derrota. Después, las naciones de América, excepto México, rompieron relaciones diplomáticas y comerciales con la isla caribeña. Un terrorista puso una bomba en un avión de pasajeros de Cubana de Aviación que volaba hacia Caracas, y causó una matanza. Decenas de asesinos ingresaron clandestinamente para matar a Fidel Castro. Al final, el Pentágono decidió matar de hambre a los cubanos e inició un bloqueo que ya va a durar medio siglo sin cumplir su objetivo.

Cuando escribo esta nota, Fidel Castro sufre un duro post operatorio, y sus enemigos salivan. El presidente de Estados Unidos ha dicho que apoyará a los cubanos que decidan cualquier acción para cambiar el gobierno de su patria (¡suena a Bahía de Cochinos!) y el opaco primer ministro peruano ha pedido que la OEA intervenga. Ambos padecen de una seria confusión.

Fidel Castro puede morir y equivocarse muchas veces como cualquier otro ser humano. Lo que no muere, ni se asesina, con bloqueos ni con criminales a sueldo es la conciencia de libertad. A partir de 1959, el ejemplo cubano nos ha hecho saber que la libertad es un bien que no se recibe por dádiva ni por cualquier otra transmisión gratuita, sino por dura y sacrificada rebelión permanente.

Cuba tiene 596 médicos por cada mil habitantes en tanto que su gran rival sólo dispone de 276. La ciencia médica ha descubierto allí el control del colesterol. Es el país más culto de América.

A partir de Cuba, sabemos que la liberación es una tarea posible. ¡Cómo no lo va a ser... cuando una pequeña isla cultivadora de azúcar ha sido capaz de hacer su revolución y de sostenerla contra la mayor potencia de la historia!

A mediados de los años 60, Lyndon Johnson dijo que no podía tolerar “un satélite de los rojos a sólo noventa millas de Miami”, y dejó entender que se proponía ocupar Cuba y eliminar el régimen socialista.

La respuesta de Fidel Castro al presidente de los Estados Unidos- no se hizo de esperar. “Si tanto le molesta- le dijo- un país socialista a sólo noventa millas del suyo, pues múdese usted de enfrente.”

Durante el último medio siglo, diversos mandatarios se han sucedido uno a uno en la Casa Blanca y han dirigido los esfuerzos de la mayor potencia militar del mundo contra la diminuta isla de enfrente, pero nada lograron.

La resistencia heroica de Cuba durante todos estos años ha liberado a América Latina de ser considerada como el patio trasero de los Estados Unidos y nos ha colocado en el primer plano del debate mundial.

Pero hay algo más. Frente a los norteamericanos, los latinoamericanos ya no estamos obligados a ser obedientes y “étnicos” negritos buenos. De igual a igual, somos seres nacidos para ser libres que es lo único que nos hace humanos. Por mi parte, son ya las 6 de la mañana y llevo media hora frente a la computadora. Debo salir a correr como todos los días.

Fidel Castro y la revolución cubana nos han enseñado a todos a levantarnos temprano.

(•) Se le puede escribir a Gonzale@wou.edu

Los lectores están invitados a entrar en su página web: www.geocities.com/egonzalezviana

Tomado de: http://www.frutosdeltiempo.com/articulo.php?id=298




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