..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.150, Viernes, 17 de noviembre del 2006

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¿Imperio?
Miguel Ángel Ballesteros

Resulta obvio que el imperio de, ésta, nuestra época es Norteamérica y que su consolidación como tal se produce desde su victoria en la Segunda Guerra Mundial contra la Alemania Nazi y sus aliados.

Como cualquier imperio histórico crea conflictos bélicos para mover su industria nacional y activar su economía recogiendo además el consiguiente botín; lo hacían los romanos para conseguir esclavos y oro, lo hacen los EE.UU. para conseguir petróleo.

No es nada nuevo, aunque en nuestro tiempo resulta menos ético debido a una evolución en los valores morales y al bombardeo constante en los medios de comunicación de las atrocidades de las guerras.

Cualquier estratega conoce uno de los principios básicos del “Arte de la guerra” escrito por Tzun Zu en el siglo IV a.C. : “cuando estés débil, muéstrate fuerte”, esto se traduce en “no muestres tus puntos débiles” y a nadie se le escapa cual es el talón de Aquiles de la economía occidental: el petróleo.

Países menos desarrollados y menos industrializados que los EE.UU. han encontrado la forma de hacer la guerra al gigante americano y sus aliados; no, no es el consabido terrorismo -esto simplemente es otra manifestación execrable de crimen no una forma de guerrear, en las contiendas hay don bandos beligerantes (o más), en la táctica del terror hay asesinos y asesinados- la guerra de estos países se desarrolla en el campo de batalla del petróleo y su estrategia es conseguir aumentar su precio hasta cotas imposibles de soportar por la economía norteamericana y por extensión del resto del occidente “romanizado”.

Un hecho que muestra fehacientemente la Historia es que las grandes guerras (grandes en cuanto a despliegue militar y consecuencias, los conflictos nunca son solemnes) se pierden precisamente por lo mismo por lo que se producen, por culpa de la megalomanía que caracteriza a los acicates políticos y militares que ostentan la autoridad para enfrascar a los pueblos en acontecimientos de catastróficos resultados, sus ansias de poder y de dinero les nublan el raciocinio y les crean una visión de túnel en cuya salida solo ven la alienada idea de un presto dominio sobre cuantos más pueblos mejor. Esta vesania que alimenta cualquier conflicto al final se convierte en su veneno; todas las guerras se pierden cuando los supuestos estadistas amplían el radio de acción de sus batallas aumentando el número de sus enemigos, todas las guerras se pierden cuando se forman dos frentes entre los que batallar. Es obvio que resulta imposible contener a enemigos que atacan desde vanguardia y retaguardia rodeando y ahogando al estado ante el cual han hecho una causa común, a menos que el estratega sea un genio militar como Julio César, pero este no es el caso precisamente.

En esta nueva forma de guerra económica, en la que los países productores de petróleo han encontrado el punto débil de las potencias occidentales, el imperio ha cometido el error de permitir la creación de dos frentes de batalla: uno al otro lado del mundo en Oriente Próximo, el otro situado en sus vecinos al Sur.

Es razonable pensar que Irán es consciente de su situación como frente de lucha petrolera de los EE.UU. y de la incisión que es capaz de causar en su economía.
Es razonable pensar que Venezuela y Bolivia (con la unión simbólica de Cuba como referente político contrario al capitalismo) son también conscientes de la idéntica situación en la cual se encuentran.

Es razonable pensar en la existencia real de dos frentes entre los cuales EE.UU. y aliados se encuentran rodeados en esta guerra del petróleo.

Las continuas declaraciones y actuaciones de un marcado carácter insultante y desafiante por parte de los dirigentes de esos países hacia el imperio, hacia el estado que ha establecido el orden económico mundial y del cual hacemos eco, hace pensar que esta insolencia se produce por la seguridad que otorga ser dueño del pilar de su economía, por ser sabedor de esta debilidad y por utilizarla como arma en esta nueva forma de guerra obteniendo resultados alentadores para continuar sitiando energéticamente al enemigo común hasta la consecución del objetivo que se persigue en cualquier contienda.

Es razonable pensar en “un gigante con pies de petróleo”.

http://www.frutosdeltiempo.com/articulo.php?id=298




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