..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.150, Viernes, 17 de noviembre del 2006

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Oviedo: la memoria bajo tierra
Por Eduardo González Viaña

Este primero de noviembre, en Oviedo, pregunté por Fernando Muñiz, pero nadie lo había visto.

Calle arriba por el barrio de San Lázaro, pregunté después por Manuel Fernández, por Joaquín Pérez, por José Álvarez García, por Jesús y José Mejido Gutiérrez, por Paco Llamas, y también por Raúl Domingo Toledano. Sin embargo, nadie me dio razón alguna de ellos.

Subí luego por la empinada colina que va al panteón de San Salvador, pero tomé alguna calle equivocada y me perdí. Tuve que recurrir a una pareja que venía tras de mí para saber si ese camino también me llevaba al cementerio.

-Todos vamos para allá- me respondió un anciano de boina ploma. Su mujer añadió:
-A veces, llegamos sin darnos cuenta.

Avancé y recordé que, desde el triunfo de Franco y durante muchos años de su dictadura criminal, hombres, mujeres, ancianos y niños, fueron obligados a caminar por esas rutas zigzagueantes hasta la parte trasera del cementerio. Allí los esperaba la boca abierta de la gigantesca fosa común.

Se calcula que hay enterrados allí mil seiscientos cuerpos. Cerca, los fascistas hacían el simulacro de un consejo de guerra y, después de ejecutar a sus víctimas, arrojaban los cadáveres a la fosa. Quienes tenían la desgracia de sobrevivir a los balazos del fusilamiento eran enterrados moribundos, sin tiro de gracia y cubiertos de cal viva. Los gritos de dolor de los desgraciados que aún no habían muerto podían ser escuchados por quienes vivían en los alrededores.

No todos eran fusilados. Muchos “desaparecían”. Al igual que mucho tiempo después en la Argentina, Chile o el Perú de las últimas décadas, los arrancaban de sus hogares, los secuestraban, los torturaban, los paseaban en un camión sanguinolento, y por fin, los asesinaban. Muchos dicen que hay más muertos fuera que dentro del cementerio.

Además, a muchos de los condenados se les ofreció una opción perversa. Si aceptaban confesar y comulgar, serían asesinados pero sus cuerpos no serían arrojados
a la fosa. A cambio, se les daría un nicho en el cementerio católico. E incluso para hacer interminable el dolor de sus parientes, se alzó un muro de piedra que separaba como al cielo del infierno, los dos lados del cementerio.

En medio de estos recuerdos, por fin llegué al cementerio de Oviedo. Atravesé la parte antigua y arribé al lugar que buscaba, la fosa común. Durante los años de la democracia, se ha derribado el muro infame que la separaba del cementerio católico y se ha erigido cuatro paredes. Ellas están cubiertas por placas que dan los nombres de Fernando Muñiz, Joaquín Pérez, José Álvarez García, Jesús y José Mejido Gutiérrez, y Paco Llamas junto a los de otros mil seiscientos españoles cuyo delito fue oponer resistencia a la invasión nazi-franquista y mantener hasta lo último sus ideales de izquierda y su apuesta por una humanidad solidaria.

Hay muros como el de Oviedo en toda España. Son monumentos levantados a la memoria. Esta generación y las que vengan deben recordar que el fascismo es intrínsecamente perverso. Los desaparecidos de Argentina, las masacres de Pinochet o las ejecuciones sin juicio del Perú no son casualidades ni un exceso lamentable de la guerra. Son la única expresión del fascismo, tan igual como lo son las tumbas de España, la destrucción de Guernica o los judíos, gitanos y comunistas incinerados en los hornos crematorios de Hitler. Los profesores de lenguas clásicas piensan que la enseñanza obligatoria del latín transformará a la humanidad. Los carniceros y los derechistas están seguros de que un baño de sangre cambiará al mundo y detendrá a los pueblos que irremediablemente caminan hacia la comunidad socialista.

Eso es normal porque el fascismo es un intento demencial de contener la historia y de aplastar la marcha de los seres humanos hacia el cambio social. Es, además, su único camino lógico porque se basa en la primacía de una nacionalidad, una religión, una raza y de un arcaico orden social constituido. En consecuencia de ello, todo y todos los que se opongan a cualquiera de estos principios serán, para el fascista, infrahumanos, paganos y terroristas, dignos tan sólo del suplicio, la prisión perpetua o la extirpación.

España y Alemania tienen monumentos a la memoria. Argentina ha convertido en museo la casa de torturas de la Escuela de Mecánica. Por su parte, en Chile, el anciano criminal finge demencia ante los jueces que le exigen recordar. En el Perú, por desgracia, el gobierno conservador de Alan García ha decidido abogar por los genocidas. Felizmente, la excepción no hace la regla.

Se necesitarán varios decenios para comprender que el genocidio no constituye únicamente una etapa pasada del fascismo, sino su única expresión. El fascismo es, solamente, una ruptura con la civilización humana.

Una auténtica cultura de la memoria sólo será posible una vez que los jóvenes exijan a la generación anterior la confrontación crítica y reflexiva con el pasado. Es decir, cuando les hagan ver que el pasado no es pasado ni es historia sino padecimiento y conciencia presentes. O sea, cuando entiendan que Hitler y Franco sobreviven a través de Pinochet y de los criminales que aún caminan impunes y condecorados en diversos países del planeta.

El siglo XX dejó tras de sí una pila alta e interminable de calaveras y un foso donde se entierra la memoria. Pero, en el siglo XXI, hay que desenterrarla.

.La memoria es un imperativo moral que nos obliga no sólo a recordar los crímenes del pasado, sino, fundamentalmente, a recordarlos en las desapariciones, las ejecuciones sin juicio, las cárceles perpetuas y demás bestialidades del presente.

La barbarie no es una excepción, sino la regla perpetua de los que quieren que se detenga la historia.

Por eso fue que el primero de noviembre, pregunté por Fernando Muñiz en Oviedo, y también por hermanos presentes como Raúl Domingo Toledano. Y por eso fue también que, al regresar del cementerio, volví a encontrar a la pareja de ancianos que me dio información de cómo llegar hasta allí. Y les pregunté:

-¿Saben ustedes dónde está Fernando Muñiz?

Marco Zerzen, 85 años, católico, panadero y comunista, nacido en Gijón, no me respondió. Le bastó con alzar la mano derecha. Se la puso sobre el corazón.

Para ver las fosas, hacer clic en:
http://humano.ya.com/fosaoviedo/placas.htm#up

El homenaje más deseado: Las placas y el frontal

El 14 de Abril de 2001, Día de la República, fue un día feliz: fue el momento culminante de un proceso muy largo, tan largo como la propia existencia de la Fosa: el proceso de la dignificación, del reconocimiento de los allí enterrados, de la denuncia pacífica pero clara de los crímenes cometidos: Fueron muchos lustros de clandestinidad, muchos momentos de sufrimiento en silencio por temor a la represión, muchos intentos censurados de que las víctimas de la Fosa tuviesen un nombre y apellidos. Ahora comienza otra historia, y todos estamos de enhorabuena.

En 1986 se instalaba el monumento que hoy día simboliza la lucha y la presencia de los caídos, al no poder poner nada más significativo por impedimentos políticos, pese a tantearse ya entonces la posibilidad de las placas. Desde entonces, y pasando por la legalización de la Asociación de la Fosa Común en 1996, en este año de 2001 hemos conseguido que nuestros familiares y amigos allí sepultados recuperen su identidad y su dignidad: Se han instalado en los muros que rodean la Fosa hasta 42 placas de casi dos metros de alto por más de un metro de ancho, serigrafiadas para su perfecta conservación.

En el día de su inauguración quedaba por acometer un encabezamiento en la frontal de la Fosa, que incluiría unas frases de homenaje y los dos motivos republicanos: el escudo y la bandera. Este frontal fue finalmente instalado antes de la celebración del Día de los Difuntos de 2001, terminando así una tarea encaminada a realzar esta Fosa Común, que es de todos los que nos sentimos vinculados a ella. Para ver fotografías de este frontal, haced click Aquí

Las placas nos dan el nombre, apellidos, edad y procedencia de todas las víctimas identificadas y asesinadas por motivos políticos. No cabían más datos con respecto a los que constan en los archivos oficiales (profesión, lugar de residencia ...etc) pero a todos nos da la sensación de que tampoco habrían hecho falta. Lo que hay es suficiente, y nos llena de alegría.

No fue facil, sin embargo, el proceso que llevó a este día. Hubo que armarse de paciencia y ponerse a trabajar duro: Así, por ejemplo, con motivo del Día de la República de 1998, ante tanto oído sordo y tanta burocracia, hubo gente de la Asociación que, con mucha voluntad e inquietud, decidió comprar tela de sábanas, hacer tiras, y con tinta indeleble poner los nombres, fechas y procedencias cuidadosamente escritos, colgándolas de los muros. La sorpresa que nos causó fue muy agradable. La iniciativa en sí, digna de mención, era todo un símbolo y una reivindicación de justicia.

Para conocer más sobre los problemas políticos y burocráticos planteados a la Asociación, pinchad Aquí. Por otra parte, la Asociación acudió a las distintas Corporaciones municipales con presencia de caídos en la Fosa, para solicitar aportaciones para la instalación de las placas. Unos ayuntamientos dieron más, otros menos, y otros ni un duro ni vergüenza para decirlo. Para ver la lista de aportaciones, pinchad Aquí.

Dejando atrás problemas y zancadillas, los más jóvenes solo podemos imaginar la emoción que sentirán aquéllos y aquéllas que vivieron los años más duros del franquismo, ahora que la victoria, al menos moral, les sonríe. Y es que el que escribe estas líneas, y más miembros de la Asociación, incluyendo parte de su junta directiva, solo recordamos los últimos años del dictador y los tiempos difíciles de la transición. Quienes han sufrido el dolor y el silencio, como viudas, viudos e hijos de las víctimas, han de sentirse ahora muy orgullosos, porque también lo estamos nosotros, sus descendientes, que seguimos al pie del cañón. Las fotos incluidas en esta sección corresponden al final del túnel del olvido.

Sólo el tiempo da y quita razones, y pone a cada uno en su sitio.


http://www.frutosdeltiempo.com/articulo.php?id=298

 




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