..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.150, Viernes, 17 de noviembre del 2006

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El autonomismo en la confrontación ideológica actual
Dra. Mildred de la Torre Molina, Instituto de Historia de Cuba

Desde hace algunos años, aproximadamente desde los inicios de la década del 2000, algunos círculos historiográficos y publicistas, radicados fundamentalmente en los Estados Unidos y en España, en sus ataques a la revolución cubana y a su comunidad de historiadores, han expresado, confesa y abiertamente, que los caminos ideológicos y políticos trazados por José Martí y por la dirigencia política del mambisado carecen de vigencia en las actuales circunstancias que vive el mundo y particularmente Cuba.

Reconocen que los fundamentos políticos de la obra revolucionaria de Cuba están en la ideología martiana, solo que resulta inaplicable para la sociedad futura de nuestro país.
Por una parte son capaces de admitir la presencia activa, en el proceso revolucionario cubano, del liderazgo ideológico e intelectual del Héroe Nacional, y por la otra aceptan, tácitamente, que son anti martianos, anexionistas y anti independentistas.

Obviamente, a la altura de estos tiempos, la reacción contrarrevolucionaria contemporánea, está imposibilitada de aceptar el fracaso de sus pensamientos y proyectos contra nuestro país así como el triunfo de la obra social de la revolución. De hecho, aunque las palabras digan lo contrario, la sociedad civil cubana elocuentemente revela lo construido por el proceso revolucionario desde 1959 hasta nuestros días.

La decrepitud e inoperancia de la filosofía reaccionaria de nuestros días se ponen de manifiesto cuando sus promotores acuden al viejo esquema anti independentista de la segunda mitad del decimonono cubano, es decir, al autonomismo basado en la también obsoleta Carta de Canadá, como recurso desesperado para sustentar sus trasnochados proyectos.

La polarización actual de las fuerzas políticas contendientes se devela claramente a través de enfrentamientos que no ocultan sus esencias verdaderas y que raramente, cuando concierne a Cuba, no omiten sus propósitos anti nacionales. Se trata, por lo tanto, de la nítida expresión de un viejo anexionismo con matices autonomistas.
Las evidencias son elocuentes y para cualquier observador de la batalla ideológica actual resultan sumamente fáciles de dilucidar.

Lógicamente, la llamada transición pacífica, preconizada por el gobierno imperial y sus acólitos miamenses y europeos, no puede tener un basamento histórico mambí, nacional y martiano. De ahí que recurran a la fórmula autonomista.

Los pensamientos defendidos por ellos entrañan dos enfoques estrechamente relacionados entre sí: la incapacidad de los cubanos, como pueblo, para sostener la independencia nacional, y el evolucionismo pacifista, defendido por algunos viejos autonomistas, como los único capaz de crear la indefinida y futura república moderna o mejor, el nuevo estado asociado a los Estados Unidos.

Los fiscales actuales de la revolución Cubana, han condenado, sin rubor ni pena, a la guerra necesaria concebida por José Martí, a la casi totalidad del liderazgo mambí procedente del 68 y a la inmensa mayoría del campo independentista.

Al cuestionarse la opción de la lucha armada asumida por los revolucionarios independentistas se está condenado el camino por la independencia y la república soberana como régimen político jurídico. Lo que se condena es la insurrección armada, costosa y dolorosa, liderada por el militarismo y la incultura política en los momentos cruciales de la lucha por la implantación de un régimen transicional.

Se utiliza al autonomismo para condenar a la revolución cubana y a su historia oficial porque ambas reivindicaron las luchas del pueblo por su independencia y soberanía y porque ambas fundamentan, a través de realidades y grandes verdades, la equivocación burguesa de no creer en la capacidad y en la cultura política de las masas y sobre todo porque evidencia la ineptitud de la burguesía para regir los destinos republicanos del país.

El pacifismo frente a la rebeldía popular, el pacifismo contra Martí, el hombre más trascendente de la historia de Cuba y uno de los pensadores más universales de la época contemporánea. El pacifismo nacionalista contra las rebeldías de quienes no desean y ya no pueden soportar el salvajismo y la injusticia del capitalismo.

Si la revolución cubana se basa en las mejores tradiciones de lucha del pueblo cubano, sus enemigos se apoyan en la equivocación histórica de aquellos que no aceptaron el sacrificio de los campos de batalla a la vez que daban loas a los gobernantes de turno y a sus crímenes. Los enemigos de la nacionalidad cubana son los mismos, aunque cambien las circunstancias históricas.

Los nuevos anexionistas y autonomistas, patrocinan la idea de que el liderazgo liberal autonomista protagonizó la campaña por los derechos civiles en la colonia, tales como el matrimonio civil, el sufragio universal, la libertad religiosa y la separación de la iglesia del estado y condenó el despotismo, el militarismo y la corrupción político administrativa.

Es cierto que constituyó una fuerza opositora importante y trascendente contra la política tradicional de España en Cuba y que su buen decir permitió la apertura hacia nuevos entendimientos sobre la realidad social del país. No existen dudas que hubo una izquierda filantrópica, evolucionista y progresista que luchó contra la esclavitud y la discriminación racial y que su verbo trascendió el país para insertarse en el mundo intelectual europeo.

No se puede negar que los principales pensadores autonomistas contribuyeron al conocimiento y a la divulgación de las más conocidas e importantes corrientes filosóficas de la Europa de entonces y que sus obras conforman la cultura política del Cuba Pero no fueron los únicos. Juan Gualberto Gómez luchó por las reivindicaciones sociales de los negros y mulatos y por la igualdad social, Enrique José Varona desde las filas del autonomismo y del independentismo contribuyó a la comprensión, dentro de los círculos intelectuales, de la necesidad de transformar el orden social y jurídico implantado por España durante cuatro siglos de dominación colonial, Manuel Sanguily se refirió a la incoherencia de la política metropolitana y a los desmanes administrativos prevalecientes en las esferas del poder insular, los reformistas y los integristas alineados a las fuerzas conservadoras se pronunciaron contra la corrupción político administrativa y a favor de la abolición de la esclavitud, pero sobre todo pero sobre todo hubo un legado extraordinario, de defensa de los derechos civiles, protagonizado por Varela, Saco, Luz y Caballero, Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo y toda una pléyade de pensadores y hacedores de la nación cubana.

Por esas libertades civiles los cubanos protagonizaron numerosas protestas y acciones rebeldes y una gloriosa guerra que evidenció la capacidad de los criollos para dirigir su destino. Capacidad demostrada en la conformación del Partido Revolucionario Cubano y en la reanudación revolucionaria de 1895.

Además de la problemática insurreccional, existen grandes y notorias coincidencias entre los autonomistas de la segunda mitad del XIX y los anexionistas de ahora.

Debe recordarse que la nación que pudo existir en el pensamiento de los autonomistas no rebasó los límites de los de una colonia española de nuevo tipo, moderna, flexible en lo interno, capaz de dar y recibir del mundo capitalista, con derechos propios para determinar en su administración interna y para exigir de su metrópoli lo que realmente podía satisfacer las demandas y requerimientos de su desarrollo.

La nación que se defendió frente a la que ofertaba el independentismo radical y nacionalista era la que sustentaba el sostenimiento a ultranza de un protectorado hispano, bajo los auspicios de notables y sabios letrados, de poderosos y ricos propietarios, que debían, indefinidamente, educar a los pobres e incultos en la sabiduría de su propio destino.

La nación que manipuló el verbo autonomista acogía en su seno a una parte del país y no a su totalidad. Los hechos, hasta el presente, así lo revelan.

El autonomismo de entonces como los anexionistas de ahora se nutren , como regularidad, de los reformistas, escépticos, descreídos, vacilantes y oportunistas incapaces de ofrendar sus vidas por la supuesta causa que defienden.

¿Puede acaso, aceptarse como nación aquella en que se discrimina, segrega y enajena del derecho político a una parte importante de la población del país?

¿Existía y existe la nación y el patriotismo en los que apologetizaron y defienden la acción de los artífices del crimen, de la reconcentración y del terrorismo?

Los autonomistas de entonces al igual que los anexionistas de ahora, condenan, sin rubor, a los patriotas del mambisado y a los artífices de la nación cubana. En los momentos en que la patria decidía su suerte en los campos de batalla y cuando muchos de sus hijos fenecían por hambre y enfermedades como resultado de la concentración implantada por el gobierno español y en los instantes dolorosos de la pérdida de José Martí y Antonio Maceo y tantos otros que ofrendaron sus vidas por la libertad de Cuba, los exponentes del buen decir autonomista estrecharon lazos con los opresores de la nación cubana..

Hoy, al igual que entonces, intentan denigrar a los verdaderos cubanos de entonces y de ahora cuando afirman que los que defendemos la integridad de la nación cubana estamos transitando por el camino equivocado y que el futuro le pertenece a la colonia de nuevo tipo bajo la férula del poder norteamericano.

En efecto, son consecuentes con aquellos viejos autonomistas que no vacilaron en aliarse con los anexionistas cuando de atacar y enfrentar a la revolución independentista se trataba.

De ello hay muestras elocuentes en los documentos donde se aprecia que tantos unos como otros pretendieron hacer del régimen autonómico de 1898 un ensayo del futuro gobierno federal norteamericano en Cuba y un modelo transicional hacia la futura colonia estadounidense. También se evidencia en la presencia activa de los líderes autonomistas en el gobierno interventor de 1899 y en todo cuanto hicieron a favor de la república neocolonial.

Para los actuales acólitos del imperialismo el modelo de sociedad civil es la de sus amos imperialistas.

Para los únicos y verdaderos cubanos de ahora y de siempre la justicia social, principal basamento de la sociedad civil, es obra de una larga y continuada batalla emancipadora.
Los nuevos autonomistas y anexionistas lo saben y por eso nos condenan. El Héroe Nacional se ha hecho realidad en Cuba por las acciones de sus gobernantes y de su pueblo. Martí no es un mito en Cuba, es una obra concreta, no es un sueño perdido en la distancia de los tiempos históricos, no es el pretexto para sostener un proceso, él, junto a todos nosotros, es la revolución misma, y esta es la enemiga principal del llamado exilio cubano y del gobierno norteamericano.

Si la sociedad civil de ahora, pese a todas sus imperfecciones y requerimientos renovadores, es el resultado de la obra emancipadora de los patriotas cubanos, ¡bienvenida sea!

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