..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.150, Viernes, 17 de noviembre del 2006

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Por unos cientos de dólares
Por Aleida Godínez Soler

La escisión del “Proyecto de Bibliotecas Independientes”, PBIC, tal como ocurre en todos los grupúsculos contrarrevolucionarios que operan dentro de Cuba, vino marcada por las crecientes pugnas por el dinero.

Por un lado los intereses de ciertos mercenarios que fundamentando un regionalismo exagerado e hipócrita, se auto titulaban “dueños” de aquel espantajo, por el sólo hecho de residir en la zona oriental donde fue fabricado.

De allí que se generara a espaldas de Colás y Mexidor un encuentro al que asistieron algunos de los más interesados en el negocio económico del “invento cultural” tomándose el acuerdo de dejarlos “fuera del negocio” incluso antes de su salida del país en el mes de diciembre.

La respuesta no se hizo esperar y el matrimonio “independiente”, asesorado esta vez por Gisela Delgado, otra destacada mercenaria que junto a su esposo Héctor Palacios, experto en este tipo de negocios fraudulentos, sancionado en Abril de 2003 por cometer Actos contra la independencia o la integridad territorial del Estado, e infracciones penales de la Ley número 88, servían de hospederos al matrimonio cuando acudía a La Habana a sus citas migratorias y a recibir órdenes de la Sección de Intereses de Norteamérica a la que se subordinaban.

Delgado y Palacios se dedicaban y de hecho tenían en su domicilio privado un “Centro de Estudios Sociales”, un “Partido político” dedicados a subvertir el orden social en el país, además de un librero privado con algunos ejemplares donados por funcionarios diplomáticos norteamericanos y otros comprados en el país, que en aras de su enriquecimiento personal bautizaron con el nombre de la insigne cubana Dulce María Loynaz.

La comunicación entre estos amigos íntimos forjada en el camino de la lucha por los dólares, con disfraz de defensores de los Derechos Humanos de común acuerdo no se hizo esperar, comenzando como es práctica entre este tipo de personas una grosera campaña de descrédito encaminada a desprestigiar más de lo que ya estaban a los “líderes” que encabezaron un micro movimiento que habían logrado a sus espaldas reunirse en la propia ciudad el 21 de septiembre de 2001 y tomar algunos “acuerdos”.

Enterados Colás y Mexidor de lo que acababa de ocurrir a más de 600 kilómetros de la capital emitieron un documento firmado por ambos que menciona enérgicamente el hecho de [”…Tomar medidas con aquellos bibliotecarios que violen los reglamentos establecidos para el funcionamiento de las bibliotecas independientes”].

Entre los asistentes a la sonada reunión estuvieron presentes “bibliotecarios” de cinco provincias.

También fueron convocados “opositores y miembros del “Partido Solidaridad Democrática”, del que curiosamente había sido expulsado Héctor Palacios, representantes de un desconocido “Movimiento Campesino Independiente”, que nunca se concibió, precisándose más tarde que se trataba de intermediarios dedicados a estafar a la población, adulterando los precios de los productos agrícolas que se venden en los mercados agropecuarios de la localidad. Es interesante que el lector sepa que el reglamento mencionado en el documento que responde al título de Resolución 2/ 2001 que circuló por vía fax el 10 de octubre del propio año nunca circuló ni se dio a conocer entre los denominados “profesionales de la bibliotecología”.

La cita fue convocada y minuciosamente preparada por dos individuos que residían en el lugar, hoy emigrados a Estados Unidos, Manuel Infante y Ramón Pimentel.

En su segundo Por Cuanto la Resolución menciona: “El señor Infante […] planteó que el Proyecto estaba en bancarrota y por ello era necesario realizar unas elecciones para sustituir a la Junta Directiva Nacional”.

El documento en cuestión no aclara ni se pudo conocer quienes integraban la Junta Nacional, porque la Resolución que recoge en su Resuelvo primero: ”Separar del Proyecto de Bibliotecas Independientes de Cuba, al Sr. Manuel Infante, Director de la Biblioteca Independiente “José María Heredia” y en el segundo: “Separar del Proyecto de Bibliotecas Independientes de Cuba al Sr. Ramón Pimentel, Director de la Biblioteca Independiente “Octavio Paz”. El documento “oficial” está firmado por: Bertha Mexidor Vázquez, Directora General y Autora del Proyecto y Ramón H. Colás Castillo, Director General y Autor del Proyecto y fechado en la Ciudad de La Habana a los 26 días de septiembre de 2001.

Su letra deja claro, en tono amenazador, en el Cuarto Por Cuanto: “Continuar el análisis de las demás personas implicadas en el intento divisionista y delimitar responsabilidades”.

Como parte de la campaña dirigida a preservar el negocio en que ya, gracias a la entrega a estos autodenominados bibliotecarios de grandes sumas de dólares enviados desde estados Unidos, se emitieron otros documentos que se convirtieron en una prueba irrefutable de los verdaderos intereses que distan muchísimo de ser eminentemente culturales”.

El primero, una Declaración suscrita a nombre del Proyecto, del que se suponía hubieran algunos integrantes para esa fecha, fue redactada y firmada por Bertha Mexidor, haciendo uso de su poder plenipotenciario para dirigir la cultura en lo que se suponía era un proyecto de masas.

El documento, grosero por naturaleza y carente del más elemental refinamiento intelectual hace saber […Después de más de tres años de trabajo se enfrenta a un desafío que intenta dividir a los participantes del mismo. En las últimas dos semanas algunos integrantes del PBIC, han sido víctimas de una campaña de descrédito, desestabilización y confusión, motivada por la acción represiva del régimen y de personas inescrupulosas que se han plegado a los propósitos del gobierno cubano para destruir la más importante iniciativa cultural libre que han tenido los cubanos en 42 años de totalitarismo] […Hoy más que nunca hace falta la unión de todas las personas que creen en el espíritu y en la necesidad de este proyecto cultural y la buena voluntad de nuestros compatriotas dentro y fuera de la isla de movilizarse para mantener la salud de una idea que va más allá de personas y organizaciones ]

A renglón seguido, en tono amenazador indica: […Los que ratifiquen su adhesión deben mantener claro que el principio fundamental del mismo es la promoción de la cultura, tal como se establece en su proyecto y en las bases de su funcionamiento]

El segundo de los escritos que salieron a la luz pública en la fecha, de apenas unos tres párrafos define: […Los miembros del PBIC deben acatar sólo las disposiciones de la Junta Directiva Nacional y General] […La junta directiva nacional esta integrada por Gisela Delgado, Directora Ejecutiva, Gustavo Colás Castillo, Director Adjunto y Fernando Mexidor Vázquez, Secretario General. Las decisiones de esta junta serán colegiadas y responderá a los intereses del Proyecto de Bibliotecas Independientes de Cuba].

Como es de suponer, la continuidad del envío de recursos materiales y los miles de dólares que llueven desde Miami no debía quedar en manos ajenas y para ello, “democráticamente” se eligió una junta, que coincidentemente quedó en manos de la mejor y más comprometida amiga, la activa miembro del “Partido”, la que les abrió las puertas en La Habana y de sus respectivos hermanos, para “que todo quede en casa”, como decimos los cubanos.

¡Con semejante “transparencia cultural” sobran los cometarios!


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