..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.151, Viernes, 24 de noviembre del 2006

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El gigante aislado
Por Manuel E. Yepe *

Nada nuevo se dice cuando se afirma que el criterio de la comunidad internacional y la opinión pública mundial muy poco influyen en la política de los Estados Unidos de América.

Esta percepción se ha visto plenamente confirmada por la historia durante la segunda mitad del siglo XX y el lustro transcurrido del nuevo. Los cubanos tenemos pruebas de ello casi con asiduidad,

Una buena parte de los cubanos seguimos por televisión y radio, en vivo, las transmisiones de la sesión plenaria de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas que debatió y aprobó la resolución “Necesidad de poner fin al bloqueo económico comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba" en la mañana del ocho de noviembre último.

Pocos minutos después de concluida la sesión, Cuba entera festejaba “la nueva victoria contra el imperialismo” con tanto júbilo como si fuera esta la primera vez que el mundo expresa su condena al injusto bloqueo impuesto a nuestro país hace casi medio siglo.

Pero el hecho cierto es que esta era la decimoquinta ocasión en igual número de años consecutivos que la Asamblea General de Naciones Unidas aprobaba la misma resolución, que exige la suspensión del bloqueo mas largo que recuerda la historia de la humanidad y que ya ha causado a la isla más de 86 mil millones de dólares de perdidas.

Hubo algunas novedades respecto a las ocasiones precedentes. Por ejemplo, el número de países que la aprobaron batió el record de la anterior, 183 de los 192 países miembros de la ONU, cifra sin precedentes en documentos de este carácter aprobados por la Asamblea General.

Solo Israel, cuyo papel en la política global estadounidense le obliga a tan ridícula muestra de sumisión desde hace tres lustros, junto a dos protectorados virtuales de la superpotencia (Islas Marshall y Palau), acompañaron a Washington en la votación. Hubo apenas una abstención (Micronesia) y cuatro países ausentes a la votación, pese a que ésta tuvo lugar en una mañana muy lluviosa que hacía pensar que muchos se valdrían del pretexto para evitarse la confrontación y la consecuente ira de Washington.

Otra novedad de la votación de este año fue que la diplomacia estadounidense ensayó, como táctica para paliar el impacto de esta muestra de rechazo internacional, la introducción de una enmienda llamada a dar algún sostén al bloqueo. Como testaferro actuó la representación de Australia que presentó un proyecto redactado por el Departamento de Estado en Washington en el que se alegaba que el bloqueo había sido impuesto como respuesta a la falta de democracia y libertades políticas en Cuba.

La diplomacia estadounidense, para intentar la aprobación de la “enmienda”, contaba con el sufragio garantizado de sus aliados europeos y los de otras naciones industrializadas con quienes comparte la manipulación del tema de los derechos humanos en función del común enfrentamiento de sus intereses explotadores con los del Sur explotado.

Esperaban que, además, muchos países tercermundistas vieran en ello la oportunidad de compensar, ante Washington, el apoyo que darían a Cuba en el asunto del bloqueo.
Pero todos sus cálculos fracasaron y, no obstante el apoyo de casi todos los países desarrollados del Norte, la enmienda fue rechazada por amplia mayoría.

Nadie pone en duda, al menos en Cuba, que el gobierno estadounidense, una vez más, desconocerá esta exigencia de la comunidad internacional de que levante el bloqueo. O que la gran prensa que la élite del poder estadounidense controla a escala mundial ignorará el acuerdo o minimizará su importancia, y seguirá escribiendo acerca del aislamiento de Cuba y sobre apócrifas violaciones de los derechos humanos en la isla que en verdad solo son reales dentro del perímetro de la Base Naval de Guantánamo
Obviamente, como resultado de tal manipulación reiterada a lo largo de muchos años, la mayor parte de la población de los Estados Unidos seguirá sin saber que hace casi medio siglo su gobierno lleva a cabo un acto de genocidio contra el pueblo de esta pequeña nación vecina. Continuará asumiendo que Cuba ha constituido y sigue siendo un peligro para la seguridad de Estados Unidos, así como una amenaza para el orden regional y la paz del mundo.

Sin embargo, esta vez la nueva derrota de la diplomacia estadounidense ha coincidido con un conjunto de descalabros que involucran a los factores más recalcitrantes de la élite de la superpotencia, tanto en su política exterior hegemónica como en el plano interno.

La guerra perdida en Irak; el rechazo mundial a los desmanes de Israel en el Medio Oriente; los avances electorales de la izquierda y otras tendencias antiimperialistas en América Latina, y la práctica de una diplomacia extremadamente prepotente y arrogante, han conducido a un creciente aislamiento internacional de la superpotencia mucho mas allá que en las votaciones en la ONU.

En el interior, el resultado de las elecciones de medio término, que puso fin al control de ambas cámaras del Congreso por el Partido Republicano del Presidente Bush, constituyó también una muestra de arrinconamiento político en que se ha situado la corriente neo conservadora de extrema derecha. El fracaso de las políticas sociales caracterizadas por sistemáticas reducciones de los impuestos para las más ricos y recortes de los programas de bienestar social para los más pobres; la corrupción en las más altas esferas de la política oficial y empresarial, entre otras impopulares posiciones en temas sociales cruciales, se han unido a la exposición de la farsa que ha sido la guerra contra Irak y, en general, la guerra contra el terrorismo que tantas vidas y libertades ha costado a la ciudadanía estadounidense, para hacer descender los índices de aceptación y popularidad del Presidente Bush y su equipo gobernante de extrema derecha hasta concretarse en el voto de castigo que lo resume todo.

Es sabido que Estados Unidos está gobernado por un sistema político cerrado en el que participan dos partidos, el republicano y el demócrata, y que priman dos tendencias, la liberal y la conservadora. Dentro de estas reglas se desarrolla el juego político de ese país, siempre en función de los intereses de una oligarquía en cuyo seno, a su vez, se disputan la primacía diversos poderosísimos grupos.

Los resultados de las más recientes elecciones parciales en Estados Unidos han constituido una muestra del rechazo de la ciudadanía a una política neo conservadora que comenzó a delinearse bajo Richard Nixon, se hizo fuerte en el poder con Ronald Reagan, se consolidó con el demócrata William Clinton y solo ha hecho real crisis ahora, con George W. Bush.

Ahora con el liderazgo del Partido Demócrata en ambas cámaras del Congreso, la autoridad ejecutiva a cargo del Partido Republicano y el poder real aún en manos de los neoconservadores, se ha creado una situación distinta a la que hasta ahora había permitido al grupo político de extrema derecha con el presidente George W. Bush como cabeza visible una serie de “libertades” que, la lógica indica, se verán limitadas.

Esto no significa que se haya cerrado una era conservadora y que se regrese a una liberal en Estados Unidos pero incluso un cambio cualitativo de este tipo pudiera consolidarse a mediano plazo.

Por el momento, habrá que esperar que el aislamiento de la superpotencia a escala mundial sea interpretado como lo que es: un castigo por sus desmanes y altanería.

Es incuestionable que el actual aislamiento de la superpotencia beneficia y satisface a la humanidad, en especial a las potenciales víctimas de sus depredaciones, entre ellas a los cubanos y demás pueblos de naciones amenazadas por sus posiciones independientes en la arena internacional, porque la soledad desaconseja los alardes y el frenesí de sus ejercicios de violencia hegemónica.

El fracaso en Irak debía aconsejar la retirada de las fuerzas de ocupación en el más breve plazo posible y el reemplazo de la doctrina de las guerras preventivas “contra cualquier oscuro rincón del tercer mundo” por alguna otra línea de acción más compatible con las normas del derecho internacional y la convivencia pacífica entre las naciones.

Si la lógica funcionara, las victorias electorales populares en muchas naciones del continente y el alto costo político que han tenido sus intromisiones en algunos procesos electorales en los que han logrado pírricos triunfos de la derecha, obligarían a la superpotencia a reformular sus vínculos con América Latina sobre bases menos arrogantes.

Los reiterados fracasos, a lo largo de más de 47 años, de diez sucesivos presidentes de los Estados Unidos por derrocar el sistema de gobierno que los cubanos nos hemos dado en el ejercicio de un derecho soberano que nos está plenamente reconocido por la comunidad internacional, debían alentar la adopción de una política realista de relaciones con este vecino, en pie de absoluta igualdad y respeto recíproco.


*Manuel E. Yepe Menéndez es Secretario del Movimiento Cubano por la Paz y la Soberanía de los Pueblos, ONG constituida en 1949 que disfruta de status consultivo en el Consejo Económico y Social de la Organización de Naciones Unidas. Es abogado, economista y científico social, y se desempeña como Profesor Adjunto del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana. Fue Embajador de Cuba en Rumania, Director General de la Agencia Latinoamericana de Noticias Prensa Latina, Vicepresidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión y Director Nacional fundador del Sistema de Información Tecnológica (TIPS) del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Cuba .

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