..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.151, Viernes, 24 de noviembre del 2006

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Índice de desarrollo humano (IDH)
por andercismo

Continúa Andercismo tratando el tema Cuba y a su pesar tal vez, es tremendamente objetivo una vez más:

Finalmente y para terminar con el tema de Cuba, tema que me apasionó por un instante, (¿¿andaré en mi fase revolucionaria??) y esta vez es acerca de El Índice de Desarrollo Humano como alternativa al PIB a la hora de valorar el desarrollo.

Una de las ideas axiomáticas del dogma liberal, y cuyos profetas defienden cual dictamen divino, es la incesante actividad de perseguir el crecimiento económico. Se dice que nos corresponderá irremediablemente con desarrollo y, de un modo altruista, también capacitará al ser humano en el aprovechamiento de toda su potencialidad natural.

Cuando esa abstracta noción de crecimiento económico ha sido asumida socialmente, de una forma sutil e inconsciente, como necesaria y divina, se nos hace extraño preguntarnos por la función real que, con respecto de las personas, debería de realizar cualquier sistema económico.

El paradigma cartesiano, hegemónico en la sociedad moderna, sólo es capaz de analizar la realidad mediante variables cuantitativas, relegando a un segundo lugar todo aquello que no es susceptible de inmediata operación analítica. En este sentido el Producto Interior Bruto (PBI) se convierte en el principal instrumento para la medición de nuestro “progreso”.

El resultado es la exclusión -en el modelo- de todos los aspectos inmateriales, entre los que están el afecto y la salud. Desde ese momento la sociedad entiende a la persona en función de sus bienes y servicios, y no en función de lo que realmente es.

Posteriormente, y en aras de un cuestionable pragmatismo, la persona queda convertida en un sujeto pasivo, en una pieza más de un sistema implacable. Así, mientras los individuos se ven arrastrados a un trabajo cada vez más intensivo, en peores circunstancias y con menores remuneraciones, el único objetivo global es siempre el mismo: servir religiosamente al crecimiento económico.

Sin embargo, el crecimiento económico no resulta tan majestuoso en la práctica, y viene acompañado por una agudización de la pobreza (en términos absolutos) y de la desigualdad. El PIB, como indicador, es además incapaz de tener en cuenta la redistribución de la riqueza, y se muestra completamente inútil a la hora de controlar la sostenibilidad ecológica de una economía.

A pesar de que el individuo medio sigue identificando incorrectamente al crecimiento económico con desarrollo, investigadores y economistas crearon ya hace varias décadas una herramienta que refleja con más realismo el desarrollo humano.

Se trata del Índice del Desarrollo Humano (IDH), que resulta de la media aritmética de los indicadores de PIB, de la esperanza de vida (IEV) y de la educación (INE), y cuyo más reciente informe (2005) hace alusión a los datos del 2003.

Una observación atenta a los resultados que se obtienen con este instrumento de análisis –no exento de errores, en cualquier caso- no deja escapar que países con altas rentas per cápita y que en los informes tradicionales del Banco Mundial aparecen bien situados, pasan a ocupar posiciones humillantes a la luz del nuevo modelo.

Debe remarcarse que el crecimiento en una sociedad moderna como la nuestra está dedicado, en aspectos generales, en la satisfacción de seudo necesidades creadas por el propio sistema, sin apenas incidencia en las necesidades fisiológicas, que siempre son constantes. Es esta la razón por la que, comparando los modelos, las diferencias no son tan pronunciadas entre los países de la llamada sociedad occidental, mientras que en los países subdesarrollados alcanzan grados de variación asombrosos.

Espectacular es el caso cubano, que en comparación con el entorno geográfico y económico obtiene sorprendentes resultados. Cuba aparece en la posición 52 de 177, enmarcada en el primer bloque de países, que se corresponden con los de desarrollo humano alto; en séptima posición en cuanto a países latinoamericanos y caribeños. Cuba tiene un IDH de 0.817, superior a los de Rusia (0’795), Brasil (0’792), Perú (0’762), Ecuador (0.759), China (0.755) o Marruecos (0.631), entre muchos otros.

Mientras que los índices de educación y esperanza de vida en Cuba son muy altos (0’91 y 0’87 respectivamente), el índice del PIB es muy débil (0’67), en total contraste con los de un país como Arabia Saudita, con unos mismos índices sociales de 0’72 y 0’78 respectivamente y un indicador de PIB que alcanza el 0’82.

Entre otras muchas cosas el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) también puntúa a los países en función del resultado de restar la posición en la clasificación según IDH a la posición según el PIB per cápita (PPA en US$). Los resultados colocan a Cuba en la primera posición, muy por encima de modelos como el de EEUU, país que se sitúa entre los últimos del mismo bloque.

La conclusión salta a la vista. El IDH integra en su modelo características socio-económicas que reflejan más acertadamente la situación social del país, mientras que el simple análisis del PIB racionaliza a la sociedad e ignora a las personas como tales.

Los países con políticas sociales directas, en mayor o menor grado, se convierten, al evitar la deshumanización del individuo, en objetivos de los paladines del libre mercado.

Enlace al Informe Desarrollo Humano 2005 completo: http://hdr.undp.org/reports/global/2005/espanol/

FUENTE: http://www.socialdemocracia.org/content/view/125/2/

Tomado de http://andercismo.blogspot.com/search?q=INDICE+DE+DESARROLLO+HUMANO+




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