..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.151, Viernes, 24 de noviembre del 2006

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El drama contemporáneo de la sociedad humana y la subjetividad
A la luz del legado de Marx, Engels, Freud y José Martí

Por Armando Hart Dávalos

El drama del hombre sobre la Tierra y su desenlace han sido analizados por sabios de muy diversas culturas a lo largo de los siglos.

Recordemos lo que plantearon Marx y Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado: "(...) La civilización ha realizado cosas de las que distaba muchísimo de ser capaz la antigua sociedad gentilicia. Pero las ha llevado a cabo poniendo en movimiento los impulsos y pasiones más viles de los hombres y a costa de sus mejores disposiciones." Y agregaban: "Si a pesar de eso han correspondido a la civilización el desarrollo creciente de la ciencia y reiterados períodos del más opulento esplendor del arte, sólo ha acontecido así porque sin ello hubieran sido imposibles, en toda su plenitud, las actuales realizaciones en la acumulación de riquezas."

Luego, la cultura es imprescindible para el desarrollo de las civilizaciones.

Marx y Engels, en el Manifiesto comunista, proclaman la disyuntiva trágica: opresores y oprimidos SE ENFRENTARON SIEMPRE, MANTUVIERON una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes.

Segismundo Freud conoció al hombre por dentro y lo describió con rigor científico, pero lo hizo desde una posición pesimista. No pudo describir al que puede existir y que de hecho ha estado presente en millones y millones de seres humanos que a lo largo de la historia universal han constituido legiones de mártires, héroes o simplemente personas honestas, consagrados a las más nobles ideas.

El enfoque freudiano encaró el lado sombrío de la existencia al escribir: "A mi juicio, el destino de la especie humana será decidido por la circunstancia de si -y hasta que punto- el desarrollo cultural logrará hacer frente a las perturbaciones de la vida colectiva emanadas del instinto de agresión y de autodestrucción. En este sentido, la época actual quizá merezca nuestro particular interés. Nuestros contemporáneos han llegado a tal extremo en el dominio de las fuerzas elementales que con su ayuda les sería fácil exterminarse mutuamente hasta el último hombre. Bien lo saben, y de ahí buena parte de su presente agitación, de su infelicidad y su angustia. Sólo nos queda esperar que la otra de ambas "potencias celestes", el eterno Eros, despliegue sus fuerzas para vencer la lucha con su no menos inmortal adversario. Mas, ¿quién podría augurar el desenlace final?"

Efectivamente, se trata de una conclusión pesimista, pero evidentemente realista. Nadie puede poner en duda que estas líneas constituyen una seria advertencia al género humano, tanto más en los días que corren. La gran diferencia radica en que los revolucionarios somos realistas y luchamos por cambiar la realidad.

Veamos ahora cómo José Martí, desde la América Latina, enfrentó el drama de la humanidad que hoy alcanza una impresionante vigencia. Expresó su confianza en el porvenir y nos habló de la utilidad de la virtud, del equilibrio del mundo, de su fe en el mejoramiento humano y de las formas cultas de hacer política. Estudiar este crisol de ideas debe ser uno de los objetivos esenciales de cualquier encuentro sobre el drama del mundo actual.

Si hacemos una comparación entre la cultura que representa Martí y la simbolizada por Segismundo Freud, se harán evidentes las grandes diferencias entre la cultura europea y la latinoamericana y caribeña. Ambos tienen un concepto muy claro del peso de la cultura en la historia de la civilización, pero Freud revela escepticismo e impotencia en cuanto a poder evitar la catástrofe de la lucha entre lo que llamó el instinto de la muerte y el instinto de la vida.

Martí, sin pasar por alto la complejidad de ese problema, plantea una filosofía que destaca la importancia de la cultura en la transformación moral del hombre. Tenía una visión optimista con respecto a que mediante al cultura el hombre pudiera superar ten-dencias atávicas de origen ancestral. Iluminadoras e inagotables son estas palabras suyas al comentar en octubre de 1883 un libro de Rafael de Castro Palomino: "Todo hombre es una fiera dormida. Es necesario poner riendas a la fiera. Y el hombre es una fiera admirable: le es dado llevar las riendas de él mismo".

Sin el ascenso moral del hombre es prácticamente imposible la victoria plena de la justicia. Este supremo ideal martiano está muy bien expresado en el pensamiento de Ernesto Che Guevara y en las ideas y la práctica revolucionaria de Fidel Castro.


^ Imagen Cuadro de Martí realizado por Fabelo

http://www.bohemia.cu/2006/10/30/opinion/honda-martiana.html


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