|
 El drama contemporáneo
de la sociedad humana y la subjetividad
A la luz del legado de Marx, Engels, Freud y José Martí
Por Armando Hart Dávalos
El drama del hombre sobre la Tierra y su desenlace han sido analizados
por sabios de muy diversas culturas a lo largo de los siglos.
Recordemos lo que plantearon Marx y Engels en El origen de la familia,
la propiedad privada y el Estado: "(...) La civilización
ha realizado cosas de las que distaba muchísimo de ser capaz
la antigua sociedad gentilicia. Pero las ha llevado a cabo poniendo
en movimiento los impulsos y pasiones más viles de los hombres
y a costa de sus mejores disposiciones." Y agregaban: "Si
a pesar de eso han correspondido a la civilización el desarrollo
creciente de la ciencia y reiterados períodos del más
opulento esplendor del arte, sólo ha acontecido así
porque sin ello hubieran sido imposibles, en toda su plenitud, las
actuales realizaciones en la acumulación de riquezas."
Luego, la cultura es imprescindible para el desarrollo de las civilizaciones.
Marx y Engels, en el Manifiesto comunista, proclaman la disyuntiva
trágica: opresores y oprimidos SE ENFRENTARON SIEMPRE, MANTUVIERON
una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta;
lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria
de toda la sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes.
Segismundo Freud conoció al hombre por dentro y lo describió
con rigor científico, pero lo hizo desde una posición
pesimista. No pudo describir al que puede existir y que de hecho
ha estado presente en millones y millones de seres humanos que a
lo largo de la historia universal han constituido legiones de mártires,
héroes o simplemente personas honestas, consagrados a las
más nobles ideas.
El enfoque freudiano encaró el lado sombrío de la
existencia al escribir: "A mi juicio, el destino de la especie
humana será decidido por la circunstancia de si -y hasta
que punto- el desarrollo cultural logrará hacer frente a
las perturbaciones de la vida colectiva emanadas del instinto de
agresión y de autodestrucción. En este sentido, la
época actual quizá merezca nuestro particular interés.
Nuestros contemporáneos han llegado a tal extremo en el dominio
de las fuerzas elementales que con su ayuda les sería fácil
exterminarse mutuamente hasta el último hombre. Bien lo saben,
y de ahí buena parte de su presente agitación, de
su infelicidad y su angustia. Sólo nos queda esperar que
la otra de ambas "potencias celestes", el eterno Eros,
despliegue sus fuerzas para vencer la lucha con su no menos inmortal
adversario. Mas, ¿quién podría augurar el desenlace
final?"
Efectivamente, se trata de una conclusión pesimista, pero
evidentemente realista. Nadie puede poner en duda que estas líneas
constituyen una seria advertencia al género humano, tanto
más en los días que corren. La gran diferencia radica
en que los revolucionarios somos realistas y luchamos por cambiar
la realidad.
Veamos ahora cómo José Martí, desde la América
Latina, enfrentó el drama de la humanidad que hoy alcanza
una impresionante vigencia. Expresó su confianza en el porvenir
y nos habló de la utilidad de la virtud, del equilibrio del
mundo, de su fe en el mejoramiento humano y de las formas cultas
de hacer política. Estudiar este crisol de ideas debe ser
uno de los objetivos esenciales de cualquier encuentro sobre el
drama del mundo actual.
Si hacemos una comparación entre la cultura que representa
Martí y la simbolizada por Segismundo Freud, se harán
evidentes las grandes diferencias entre la cultura europea y la
latinoamericana y caribeña. Ambos tienen un concepto muy
claro del peso de la cultura en la historia de la civilización,
pero Freud revela escepticismo e impotencia en cuanto a poder evitar
la catástrofe de la lucha entre lo que llamó el instinto
de la muerte y el instinto de la vida.
Martí, sin pasar por alto la complejidad de ese problema,
plantea una filosofía que destaca la importancia de la cultura
en la transformación moral del hombre. Tenía una visión
optimista con respecto a que mediante al cultura el hombre pudiera
superar ten-dencias atávicas de origen ancestral. Iluminadoras
e inagotables son estas palabras suyas al comentar en octubre de
1883 un libro de Rafael de Castro Palomino: "Todo hombre es
una fiera dormida. Es necesario poner riendas a la fiera. Y el hombre
es una fiera admirable: le es dado llevar las riendas de él
mismo".
Sin el ascenso moral del hombre es prácticamente imposible
la victoria plena de la justicia. Este supremo ideal martiano está
muy bien expresado en el pensamiento de Ernesto Che Guevara y en
las ideas y la práctica revolucionaria de Fidel Castro.
^ Imagen Cuadro de Martí realizado por Fabelo
http://www.bohemia.cu/2006/10/30/opinion/honda-martiana.html
|