..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.151, Viernes, 24 de noviembre del 2006

Libro de visitas

 

La era esta pariendo el ALBA
Por Manuel E. Yepe *

Este texto resultó la pasada semana Premio en el género Artículo del 10º concurso anual Dr. Guillermo Toriello Garrido, de la Asociación para la Unidad de Nuestra América (AUNA-Cuba):

“Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea.
Lo que quede de aldea en América ha de despertar.
Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”

José Martí, "Nuestra América",
La Revista Ilustrada de Nueva York, enero de l891.

“La era está pariendo un corazón”, proclamó Hugo Chávez ante la Asamblea General de las Naciones Unidas para definir el momento de esperanzas que vive la humanidad precisamente cuando se ciernen sobre ella las amenazas y peligros más siniestros de su historia.

La firma, el 14 de diciembre de 2004 de la Declaración Conjunta y el Acuerdo para la Aplicación de la Alternativa Bolivariana para las Américas por el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela y el Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba, Fidel Castro, inició una nueva época en la historia política de Nuestra América que es parte y expresión de ese parto de amor.

Con la Alternativa Bolivariana para las Américas, los sueños de Bolívar y Martí de una América Nuestra, solidaria y unida por la justicia social, la realización humana de sus pobladores, la defensa de su cultura y la conquista de una posición digna en el mundo, comenzaban a plasmarse en el nuevo siglo.

Pero estos sueños tendrían que hacerse realidades en el escenario económico y social de un conjunto de pueblos hermanados por sus historias, culturas y condiciones de subdesarrollo, pero sumamente vulnerables a los apetitos de su voraz vecino del norte, a causa de la desunión que les ha impedido una integración para la que están dadas un gran número de condiciones y circunstancias objetivas.

Los ideólogos del imperio han diseñado siempre las relaciones con sus vecinos del Sur a partir de ambiciones expansionistas.

El Destino Manifiesto, concepción desarrollada en las últimas décadas del siglo XVIII atribuía a a EEUU una supuesta misión especial: la de llevar su sistema de organización económica, social y política, primero, a toda la América del Norte y, posteriormente, a todo el Hemisferio Occidental.

La expansión al Oeste se completó a fines del siglo XIX: la población aborigen fue aniquilada y los vecinos mexicanos perdieron casi la mitad de su territorio (Texas, Nuevo México y California).

En 1823, el presidente James Monroe pronunció lo que sería conocido como la Doctrina Monroe o la doctrina de América para los Americanos que establecía que toda interferencia por cualquier potencia europea en las nacientes repúblicas latinoamericanas que emergían, sería considerada un acto inamistoso contra los propios Estados Unidos y, por tanto, EEUU se atribuía el deber y el derecho de “proteger a la región” en gesto de paternalismo defensivo hacia el resto del hemisferio que pronto derivó en axiomático expansionismo.

En los inicios del siglo XX, cuando Teodoro Roosevelt fue proclamado Presidente de los EEUU, elaboró el añadido a la Doctrina Monroe, conocido como el Corolario Roosevelt: “La maledicencia crónica o la impotencia que resulte en una descomposición del entramado de la sociedad civilizada podría requerir en América, al igual que en cualquier otro lugar, la intervención por parte de alguna nación civilizada; y en el hemisferio occidental, la adscripción de los Estados Unidos a la Doctrina Monroe podría forzarle, por muy renuente que resulte, en casos de maledicencia o impotencia, al ejercicio de una fuerza policial internacional.”

En 1912, el Presidente de EEUU William Howard Taft expresó: “No está lejos el día en que tres estrellas y barras en tres puntos equidistantes marcarán nuestro territorio: uno en el Polo Norte, otro en el Canal de Panamá y el tercero en el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro, como ya nos pertenece moralmente en virtud de nuestra superioridad racial.”

En la década de los años 60 del siglo XX, como parte de la estrategia de Estados Unidos para contrarrestar la influencia de las ideas liberadoras promovidas por la revolución cubana en Nuestra América, la Administración del Presidente John Kennedy lanzó la Alianza para el Progreso, un programa de ayuda al desarrollo limitado a financiar proyectos de infraestructura que no alteraran, sino que consolidaran, las bases del intercambio desigual y la “complementación” económica con Estados Unidos..

A partir de la década de los 80, una implacable orientación neoliberal fue impuesta a las naciones de Latinoamérica y el Caribe con el objetivo de modelar sus economías a los requerimientos del imperialismo estadounidense en su etapa actual.

El neoliberalismo, con sus características recetas de privatización, apertura de los mercados y liberalización, engendró estrategias de desarrollo supuestamente enderezadas a lograr la inserción de nuestros países en la economía mundial globalizada. El “libre” comercio —en verdad controlado por los países desarrollados y sus grandes corporaciones transnacionales—desplazaría a los mercados nacionales y al comercio regional latinoamericano, los que pronto acabarían totalmente subordinados a aquel.
Según el discurso neoliberal, el mercado —liberado de toda regulación oficial— sería capaz de garantizar a cada país, de manera automática, las ventajas comerciales que determinarían su acceso a los beneficios derivados de los intercambios.

Pero la realidad de los hechos en los años del reino neoliberal ha sido dura y cruel. El mercado, sin regulación y con la privatización como fórmula suprema, no generó desarrollo sino que trajo injusticia social, pobreza, exclusión, enriquecimiento ilícito, corrupción y humillante dominio imperialista sobre la región. Se requirieron brutales dictaduras militares para imponer sus reglas de juego y ni siquiera éstas pudieron acallar por mucho tiempo la rebeldía popular y los movimientos sociales.

Hoy, el panorama de América Latina y el Caribe —con sus más de 220 millones de pobres (de los cuales casi 100 millones clasifican como indigentes), con la más inicua distribución del ingreso en todo el mundo, con decenas de millones de analfabetos y desempleados, con una deuda externa de alrededor de 800 mil millones de dólares, y con el 90% de su población negra e indígena sumida en la extrema pobreza y la exclusión—, es la expresión más contundente del fracaso de la política neoliberal y de la necesidad de una verdadera integración inspirada en la solidaridad y la cooperación.

La crisis general del capitalismo, puesta de manifiesto en este hemisferio por infinidad de realidades como las antes citadas, precipitó una estrategia estadounidense de dominación que expresa, en los nuevos tiempos de la globalización, la vieja ambición imperial de la anexión de nuestros países.

El proyecto del ALCA, Acuerdo de Libre Comercio para las Américas, surgió como instrumento de absorción destinado a completar la asimilación de las economías de la región al proyecto económico neoliberal del imperio. Sus propósitos tienen más que ver con la salvación del proyecto neoliberal, en visible trance terminal, que con cualquier intención de asistir a la empobrecida región.

Durante los últimos 25 años, los gobiernos de América Latina emplearon políticas económicas diseñadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, dóciles instrumentos ambos del gobierno estadounidense. Después de 25 años de privatización de los servicios públicos esenciales, desregulación de la industria y la apertura de las fronteras para los inversionistas extranjeros, la mayoría de los latinoamericanos enfrenta una situación económica peor que hace un cuarto de siglo.

Ante este desastre económico, la fórmula aportada por Estados Unidos, que parece ser más de lo mismo, en realidad encierra el propósito de culminar sus designios estratégicos de anexión continental tal como fueron definidos en 2001 por su Secretario de Estado, el General Colin Powells: "Nuestro objetivo es garantizar para las empresas norteamericanas el control de un territorio que se extiende desde el Ártico hasta la Antártica y el libre acceso, sin ninguna clase de obstáculos, de nuestros productos, servicios, tecnologías y capitales por todo el hemisferio."

Por los mismos motivos que el imperio inglés defendía hace cinco siglos la “libertad de los mares” en el mundo, contando con una flota contra la que ninguna otra nación podía presentar competencia, el imperio estadounidense actual enarbola la bandera de la “libertad de comercio” a partir de la enorme ventaja que le brinda su nivel de desarrollo económico ampliamente superior en el continente.

Durante más de una década, Estados Unidos ha estado insistiendo en la creación de un Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) con 34 naciones de la región. Las negociaciones han fracasado principalmente debido a que muchas naciones sudamericanas, en especial Brasil, Venezuela y Argentina, han resistido las demandas, presiones y chantajes para obtener la apertura incondicional de sus economías, incluidos los servicios públicos, las inversiones y otros sectores claves a la inversión estadounidenses, mientras que Estados Unidos, con total asimetría, mantendría los subsidios a su agricultura que obstaculizan las exportaciones del Sur al Norte.

Desde un inicio, quizás por intuición más que por información – porque la gran prensa vendía el ALCA como una panacea para todos los males de la región- , los pueblos de Nuestra América rechazaron la integración económica con el imperio, se estructuraron de las más diversas formas movimientos sociales que fueron ganando fuerza, autoridad, prestigio y capacidad de movilización. A partir de que se fue haciendo notorio desastre económico y humanitario que representaba el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) para los mexicanos la lucha se hizo más conciente y más fuerte.

Cada una de las promesas sobre los supuestos beneficios que aportaría el NAFTA para México ha resultado falsa. Más de un millón y medio de granjeros mexicanos han tenido que abandonar sus tierras ante el torrente de maíz norteamericano barato que ha arruinado innumerables comunidades rurales del país. Por efecto del NAFTA, numerosas familias están divididas, porque su sostén ha debido emigrar a las ciudades o a los Estados Unidos en procura de empleo para poder garantizar su subsistencia y alimentar a sus hijos.

Aunque es en la agricultura donde se aprecian de manera más clara los efectos calamitosos para los pueblos de los engendros integracionistas entre desiguales promovidos por el imperio, en muchos otros sectores se han apreciado graves daños. Las políticas de privatización asociadas a tales acuerdos han generado grandes protestas.

Ante la perspectiva de una clara derrota del proyecto de imposición simultanea del ALCA de un solo golpe, Estados Unidos desarrolló la estrategia de dividir para vencer, tratando separadamente, uno a uno, con los países de nuestro continente. Se propuso asegurar primero los acuerdos con los países que consideró más débiles: los de América Central y las naciones andinas.

Aparecieron los “Alquitas”, el “ALCA Light” y nuevos Tratados de Libre Comercio (TLC) bilaterales o subregionales como alternativas para alcanzar el ALCA por otras vías.

Un rasgo del ALCA que es característica también de todos sus sucedáneos es que las “concesiones” de la parte estadounidense en los acuerdos se limitan a contribuciones para la creación de las infraestructuras que sirven para conectar las zonas donde se encuentran los recursos naturales (gas, agua, petróleo, biodiversidad) con las grandes ciudades y, a ambos, con los principales mercados controlados por Estados Unidos.

El acento en el desarrollo de la infraestructura deriva de la necesidad que tiene el mercado estadounidense de contar con un flujo continuado y creciente de materias primas y recursos naturales, y colocar a los exportadores de estos bienes en un plano competitivo, dependientes de la disminución de los costos.

Obviamente, ello generará más pobreza y desigualdades, acrecentará la concentración de la riqueza y repercutirá nocivamente en el medio ambiente. Crecerá el endeudamiento de los países de la región y el agotamiento de los recursos naturales por su sobreexplotación.

Pero el fracaso de la política neoliberal no solo han generado males y sufrimientos, también ha traído un amanecer de esperanzas. Hoy, cuando paradójicamente el discurso del imperio es más agresivo que en cualquier otro momento anterior, cuando su agresividad extrema le ha llevado a declarar guerras asímétricas contra varias naciones del tercer mundo y lanzar cruzadas contra el terrorismo, el narcotráfico, el armamentismo nuclear, la violación de derechos humanos y otros delitos internacionales en las que la superpotencia sobresale como principal transgresor a nivel global, el panorama político del continente cambia. Cuba, que debió resistir más de 40 años como el único bastión inexpugnable de los intereses de los pueblos de Nuestra América es hoy sencilla y humildemente, uno más en el conjunto de países cuyos gobiernos responden a los verdaderos intereses de sus pueblos y se unen, cada uno de acuerdo a sus condiciones y dentro de sus circunstancias, para afirmar su independencia.

Es en este marco que puede tomar cuerpo la iniciativa del líder de la revolución bolivariana y Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, de la Alternativa Bolivariana para las Américas, un proyecto de colaboración y complementación política, social y económica entre los países de Nuestra América. El ALBA contrasta con el ALCA porque pone acento en la lucha contra la pobreza y la exclusión social, porque crea un espacio para la cooperación y la solidaridad, no una plaza abierta a los negocios, para que gane el más fuerte.

Se fundamenta en la creación de mecanismos que aprovechen las ventajas de la cooperación y la colaboración entre iguales, aunque tomando en consideración las asimetrías para subsanarlas mediante fondos compensatorios destinados a la corrección de discapacidades específicas de los países asociados.

El ALBA prioriza los aspectos sociales en lo interno de cada uno de los países y, por ello, los objetivos de cooperación e intercambio que tienen que ver con la seguridad y autosuficiencia alimentaria, la salud, la vivienda, la educación, la cultura, el deporte y otros que forman parte de la espiritualidad de los ciudadanos, ocupan lugar principal en los vínculos entre los miembros. Estimula el diálogo subregional y los acuerdos y alianzas estratégicas entre las naciones latinoamericanas y caribeñas en píe de igualdad y por el beneficio mutuo.

En lo que respecta a los intercambios directamente económicos, el ALCA se complementa con el Tratado de Comercio de Pueblos que fuera promovido en el seno del ALBA por el Presidente de Bolivia, Evo Morales.

En el ALBA, la lucha contra las políticas proteccionistas y los ruinosos subsidios de los países industrializados no niega el derecho de los países pobres de brindar protección a sus campesinos y productores agrícolas, porque, para los países pobres, donde la actividad agrícola es fundamental, las condiciones de vida de millones de campesinos e indígenas se verían irreversiblemente afectados si ocurre una inundación de bienes agrícolas importados, aunque ello fuera resultante solo de la eficiencia del productor extranjero.

ALBA propicia encarar en común los obstáculos que enfrentan las naciones cuyos gobiernos escogen el camino de la afirmación de su independencia como son: el peso de una deuda externa impagable; la imposición de las políticas de ajuste estructural del FMI y el BM y las rígidas reglas de la OMC, que les socavan las bases internas de apoyo social y político; las trabas para acceder a la información, el conocimiento y la tecnología que imponen los acuerdos de propiedad intelectual vigentes; la necesidad imperiosa de reformas el Estado, convertido por efecto de los procesos de desregulación, privatización y desmontaje de las capacidades de gestión pública en aparatos inoperantes; y la monopolización de los medios masivos comunicación, en manos de grandes empresarios y testaferros de monopolios estadounidenses.

El ALBA propicia las condiciones de apoyo mutuo internacional para que los gobiernos nacionales resultantes de la voluntad popular puedan recuperar las riendas del Estado, luego de la brutal disolución experimentada durante más de una década de hegemonía neoliberal para poner los asuntos públicos en función de los intereses del gran capital nacional y el imperialismo. Se trata ahora de garantizar la participación del ciudadano en los asuntos públicos y el ejercicio de una auténtica democracia, así como respaldar la intervención del Estado dirigida a reducir las disparidades entre países y la libre competencia entre desiguales.

El ALBA, su razón de ser, sus principios y sus objetivos son los que ya han tomado vida y abren cauces por toda Nuestra América PETROSUR, TELESUR, la Operación Milagro, el Banco de Desarrollo del Sur, el Gran Gasoducto del Sur, los Juegos Deportivos del ALBA, el Festival Nuestroamericano de Música del ALBA y un sinnúmero de proyectos y realidades que son como células del corazón que nace a la nueva era a los acordes de la guitarra de Silvio Rodríguez.

Ciudad de La Habana, 26 de septiembre de 2006.

FUENTES:

• Achkar, Marcel y Dominguez, Ana “IIRSA: Otro paso hacia la des-soberanía de los pueblos sudamericanos”, Programa Uruguay Sustentable-Redes Amigos de la Tierra, Montevideo, 2005.
• ALBA: Portal de la Alternativa Bolivariana para las Américas. www.alternativabolivariana.org
• LCA: Sitio Oficial ddel proceso del Área de Libre Comercio de las Américas. www.ftaa-alca.org
• Barreda, Andrés “Geopolítica, recursos estratégicos y multinacionales”, 20 de diciembre de 2005, en www.alainet.org
• Bossi, Fernando Ramón, “Construyendo el Alba desde los Pueblos”, Exposición de, Secretario de Organización del Congreso Bolivariano de los Pueblos, en el Foro que se realizó en la III Cumbre de los Pueblos, Mar del Plata, 3 de noviembre de 2005.
www.alternativabolivariana.org / www.portalalba.org
• Fobomade “Las venas del ALCA”. IIRSA. Bolivia, un país de tránsito y de extracción de recursos”, La Paz, julio de 2003, en www.fobomade.org.bo
• Fobomade “El rol de Bolivia en la integración sudamericana” en www.fobomade.org.bo
• Herbas Camacho, Gabriel y Molina, Silvia “IIRSA y la integración regional”, en revista OSAL No. 17, Buenos Aires, Clacso, mayo-agosto de 2005.
• Molina, Patricia “Bolivia-Brasil: Relaciones energéticas, integración y medio ambiente”, en www.fobomade.org.bo
• Soldatelli, Elisangela “IIRSA. E esta a integraçao que nós queremos?”, Amigos da Terra, Porto Alegre, diciembre de 2003.
• Baltra, Mireya, el MERCOSUR: nuevo concepto de integracion , Santiago de Chile, 26 de julio de 2006
• Zibechi, Raúl “IIRSA: la integración a la medida de los mercados”

*Manuel E. Yepe Menéndez es Secretario del Movimiento Cubano por la Paz y la Soberanía de los Pueblos, O.N.G. constituida en 1949 que disfruta de status consultivo en el Consejo Económico y Social de la Organización de Naciones Unidas. Es abogado, economista y científico social, y se desempeña como Profesor Adjunto del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana. Fue Embajador de Cuba en Rumania, Director General de la Agencia Latinoamericana de Noticias Prensa Latina y Vicepresidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión, y Director fundador del Sistema de Información Tecnológica (TIPS) del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Cuba .
Nació en La Habana el 15 de noviembre de 1936. Se incorporó a la lucha insurreccional contra la dictadura de Fulgencio Batista en 1955 y combatió en las filas del Movimiento 26 de Julio en el que ocupó diversas responsabilidades de dirección en las provincias de La Habana y Matanzas. Es militante y fundador del Partido Comunista de Cuba y preside una organización de Base de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.

Enviado por su autor


© Biblioteca Nacional "José Martí" Ave. Independencia y 20 de Mayo. Plaza de la Revolución.
Apartado Postal 6881. La Habana. Cuba. Tel*fonos: (537) 555442 - 49 / Fax: 8812463 / 335938