..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.151, Viernes, 24 de noviembre del 2006
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Un 22 de noviembre de 1963

El pasado miércoles se cumplieron 43 años del asesinato en Dallas, Texas, del Presidente norteamericano John F. Kennedy.

Revisando el Periódico Revolución de esa fecha, constatábamos el respeto con que tal triste hecho se reflejó en nuestra prensa. Sin alharacas, sin hipocresías, pero con toda la repulsa que el magnicidio provocó en la dirigencia de nuestra Revolución.

Las declaraciones del entonces representante permanente de Cuba en las Naciones Unidas, Carlos Lechuga, fueron las primeras que hacían pública la opinión de Cuba:

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“A pesar de los antagonismos existentes entre el Gobierno de los Estados Unidos y la Revolución Cubana, hemos recibido con profundo desagrado la noticia de la muerte trágica del Presidente Kennedy.

Todos los hombres civilizados se apenarán siempre ante sucesos como éste. Nuestra Delegación ante la Organización de las Naciones Unidas desea expresar que este es el sentimiento del pueblo y del Gobierno de Cuba.”

Días después, en comparecencia televisiva, Fidel expresaría:

“Hemos sido víctimas de una hostilidad constante por parte de los Estados Unidos. Y entre los gobernantes y los hombres dirigentes de los Estados Unidos, le cabía a Kennedy una importante responsabilidad en esos hechos.

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Y sin embargo, la noticia del asesinato del Presidente de los Estados Unidos es una noticia grave y mala. Esto debemos analizarlo bien para comprenderlo; sobre todo, analizarlo serenamente, desapasionadamente, que es como los revolucionarios debemos analizar estas cosas.
Mala noticia, dejando a un lado el problema humano, en que siempre la sensibilidad del hombre, de cualquier hombre, se siente afectada ante un acto de esa naturaleza, ante un crimen, ante un asesinato: digo que, dejando a un lado esas cuestiones, yo siempre reacciono –y estoy seguro que esa es la reacción de la inmensa mayoría de los seres humanos-, reaccionamos siempre con repudio frente al asesinato y frente al crimen.

[…] Y es que los cubanos, en primer lugar, debemos reaccionar como revolucionarios. En segundo lugar, los cubanos, como revolucionarios conscientes, no debemos confundir los sistemas con los hombres. Y tenemos que empezar por considerar que nosotros no odiamos a los hombres, odiamos los sistemas. […] Nos alegraríamos de la muerte de un sistema: la desaparición de ese sistema nos causaría júbilo. El triunfo de una revolución siempre nos causa júbilo. La muerte de un hombre, aunque este hombre sea nuestro enemigo, no tiene por qué causarnos júbilo”

Clara lección de ética que muy bien podrían aprender algunos por estos días.


* Carlos Lechuga Hevia, figura relevante de la diplomacia cubana, actor de primera línea en organismos internacionales en momentos cruciales de la Revolución.




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