..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.145, Viernes, 13 de octubre del 2006

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Los intelectuales y la Revolución: circunstancias y anticipaciones
Por Pedro de la Hoz

El primer día de 1959, un joven poeta escribió unos versos que con el tiempo serían antológicos:

“Nosotros, los sobrevivientes
a quiénes debemos la sobrevida
Quién murió por mí en la ergástula
Quién recibió la bala mía
La para mí en el corazón... “

Roberto Fernández Retamar tituló aquel poema “El otro”. ¿Eran otros, diferentes, acaso los escritores y artistas cubanos de los obreros, campesinos, empleados, estudiantes enrolados en el Ejército Rebelde, en el movimiento clandestino de las ciudades? ¿Podían estar ajenos al turbión revolucionario? ¿Cómo y bajo qué perspectivas asumían el tiempo de cambio en su momento inicial, con sus transformaciones estremecedoras y radicales?

La Biblioteca Nacional José Martí encargó a la profesora y ensayista Ana Cairo una investigación que rescatara la temprana percepción de los intelectuales cubanos acerca de la triunfante Revolución y su liderazgo. El resultado, aunque no exhaustivo pero indudablemente significativo, es el volumen Viaje a los frutos, que acaba de publicar Ediciones Bachiller de la mencionada institución. Se hace realidad lo que en su presentación queda expuesto: cómo “la dimensión épica del héroe, la maestría del orador, los valores de La Historia me absolverá, la excelencia del comunicador, el carisma del líder, entre otros motivos, conformarán otros tantos abordajes entre sus coetáneos”.

La mayoría de estos testimonios devienen, por una parte, fundamentadas anticipaciones de lo que representaría con el paso del tiempo, y sobre todo hoy, la vanguardia política, consolidada y experta, con muchos de los sueños de entonces cumplidos y otros nuevos por cumplir; mientras por otra, nos permite conocer cómo desde diversos sesgos ideológicos, algunos de ellos incluso enfrentados ya en aquel momento o luego a la Revolución, coincidieron en apreciar el carácter original, verdadero, popular e inédito del proceso.

De tal modo, junto a la exaltación lírica de valores poéticos extraordinarios de Nicolás Guillén, El Indio Naborí, Mirta Aguirre, Carilda Oliver y Ángel Augier, escritores que desde mucho antes de 1959 comprometieron su creación con los destinos de su pueblo, y los hermosos versos circunstanciales dedicados a Fidel por dos internacionalistas compañeros de lucha —el Che, con su profético canto escrito en México antes de la partida del Granma, y Alberto Bayo— hay juicios sumamente reveladores emitidos nada menos que por Jorge Mañach y Emma Pérez de Montenegro, es decir, por el típico representante del frustrado e inconsistente pensamiento vernáculo de derecha y una sagaz periodista cuyo entorno familiar y profesional le enturbió la mirada.

Mañach, en el reaccionario Diario de la Marina, expresó el 4 de abril de 1959, al margen de sus pruritos burgueses y su sempiterna suspicacia: “Una revolución democrática como ésta no es cosa que pueda hacerse sin desquiciamientos, sin desajustes, sin tanteos más o menos graves (...) Lo que importa es la visión global [las cursivas son del propio autor], no mirar las cosas desde el ángulo estrecho de los intereses personales, y la visión histórica: no contemplarlas en relación con el hoy, sino con el mañana. Lo accesorio siempre puede rectificarse. Hay que estar a lo esencial”. Emma Pérez suscribe en la Bohemia de febrero de 1959 una frase: “Fidel Castro tiene sus propios métodos... y le dan resultado”.

Sumo interés, por la profundidad conceptual y la agudeza de la prosa, depara la lectura del análisis de la Reforma Agraria por Alejo Carpentier, todavía en Caracas; el ensayo de Marcelo Pogolotti en torno a la dialéctica entre el líder y la clase; la lección moral y estilística que encuentra en La Historia me absolverá; y las palabras de José Lezama Lima dirigidas a Fidel en una carta donde propone reformas al servicio de Correos: “De todas las ‘increíbles’ cosas que su tenacidad y energía han conseguido, ninguna, tal vez, más trascendental para Cuba, que el haber ‘resucitado’ el espíritu de confianza de los cubanos”.

En cuanto a las relaciones y expectativas de los intelectuales ante el poder revolucionario, vale la pena confrontar la transcripción del panel televisado por CMQ el 14 de abril de 1959, Posición del escritor en Cuba, en el que intervinieron Virgilio Piñera, Severo Sarduy, Nivaria Tejera y José Rodríguez Feo, con la selección de la correspondencia de Alfredo Guevara con Fidel y el presidente Osvaldo Dorticós en la que alerta contra quienes intentaron socavar la unidad del movimiento intelectual y defiende el camino de la asimilación crítica del legado estético universal.

Viaje a los frutos se completa con una iconografía mínima de importantes realizaciones de la gráfica cubana de la época y un poema de reciente factura de Nancy Morejón, que resume la fortuna de tener vigente y actuante a la vanguardia revolucionaria.

Es un libro que sobre cumple la vocación de servicio de una edición, realizada bajo el siguiente presupuesto enunciado por Eliades Acosta, director de la Biblioteca Nacional:

“Nada nos da más placer que poner en manos del lector inteligente textos sobre Fidel y la propia Revolución, que la contrarrevolución y el imperio darían cualquier cantidad porque se hubieran perdido para siempre. [...] Nada nos regocija más que releer, y propiciar que otros descubran, textos casi olvidados, desconocidos, donde se demuestra qué era Cuba antes de 1959, en qué abismos encontró la Revolución sepultada a su literatura, a su cultura, a su pueblo: por qué, en fin, fue imprescindible la ráfaga flamígera que atravesó y atraviesa a esta Isla”.

Fuente: CUBARTE




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