..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.145, Viernes, 13 de octubre del 2006

 

Una batalla por el corazón y el alma del futuro de Miami
Por Alvaro F. Fernandez

En Progreso semanal hemos encontrado este artículo, que cuestiona de manera clara los sucesos alrededor de la corrupción periodística y las presiones mafiosas a los periodistas que con decoro defendieron su papel y fueron llevados a extremos de humillación:

Miami se encuentra en una encrucijada -otra vez. En esta oportunidad lo que está en juego probablemente sea la institución más importante de la ciudad, su único periódico diario. The Miami Herald y su bravucón hermanito en español, El Nuevo Herald. También se encuentra en juego el futuro de la ciudad.

Hay un dicho: se puede jugar con la cadena, pero no con el mono. El mono puede morderlo a uno. Lo que ha estado sucediendo durante las últimas semanas en One Herald
Plaza, donde residen The Miami Herald y El Nuevo Herald, tendrá consecuencias que pueden afectar a todos los miamenses en el futuro. Y si usted es un miamense que ama esta ciudad y desea verla crecer y prosperar, debe decidir a favor de quién está en esta discusión.

La actual batalla en The Herald puede parecer nueva, pero ha estado creciendo durante años. Parte de nuestro trabajo en Progreso Semanal ha sido el de monitorear a los dos Heralds una semana tras otra, y cuando ha sido necesario criticar la cobertura parcializada de ciertos temas, cuando a menudo se presenta una cosa en inglés mientras que, por arte de magia de la edición y eliminación de párrafos claves, aparece algo diferente en español --ambas versiones a veces escritas por el mismo reportero. Hace unos años, como resultado de esto, iniciamos nuestro “Detector de Tretas” para señalar esas discrepancias.

Unas semanas atrás el reportero Oscar Corral escribió un artículo para The Miami Herald donde reportaba que numerosos reporteros y columnistas de El Nuevo Herald recibían dinero de Radio y TV Martí para que hicieran trabajos para esas emisoras. Esos medios son la creación del gobierno norteamericano. Su trabajo es transmitir propaganda hacia Cuba.

Jesús Diaz Jr., el director de The Miami Herald, despidió a los empleados de El Nuevo por conflicto de interés. Y entonces se armó la gorda. Según informes del propio The Miami Herald, ahora resulta que hay más tela por donde cortar que lo que percibe la mayoría, incluido un intento por parte de Díaz de impedir la publicación de una columna “sarcástica” escrita por Carl Hiaasen para The Miami Herald, en relación con las secuelas del caso de Radio y TV Martí. Hiaasen ganó esa batalla en contra de la censura. Esta semana, Díaz renunció bajo presión.

Posteriormente se ha reportado que los editores ejecutivos de The Miami Herald y El Nuevo Herald difieren en materia de filosofía periodística. Tom Fiedler de The Miami Herald ha declarado que “El gobierno de EEUU está de un lado… Nosotros realmente nos suscribimos a la norma de que somos los que vigilamos al gobierno”. Pero Humberto Castelló, de El Nuevo Herald, respondió que los cubanos dependen de Radio y TV Martí para recibir información, al declarar: “Ellos no tienen una prensa libre”. Como tal, Castelló se adhiere a una filosofía periodística distinta a la practicada en EEUU.

Mientras tanto, las estaciones cubanas privadas de radio y TV en Miami, así como sus conductores de programas, a menudo demasiado propagandistas, han estado adjudicándose el crédito de haber presionado y por tanto se achacan a su labor el regreso a sus empleos de los reporteros despedidos por los nuevos propietarios de los Heralds, McClatchy Company.

Y por eso me referí al principio a la encrucijada. Esto se ha convertido en una batalla de voluntades y de filosofías periodísticas. Me atrevería a decir que el concepto de democracia en Miami --ya de por sí tambaleante-- también se encuentra en la línea de fuego. El resultado final de este asunto ayudaría a definir a Miami por muchos años.

Lamentablemente, hay muchos que desean convertir esto en una discusión entre los cubanos y el resto de ustedes. No lo es ni debiera serlo. Lo que debiera ser es una batalla por el corazón y el alma del futuro de Miami. Y si ese es el caso, no me cabe duda de que la filosofía de El Nuevo Herald de periodismo “sesgado” está equivocada.

Todas las grandes ciudades necesitan al menos un periódico que esté de guardia. Durante la última década los Heralds parecen haberse cubierto los ojos. Han dejado pasar muchas cosas. A menudo ellos también han cedido a la presión de una minoría de cubanos en esta ciudad cuya idea de la justicia se define en su diccionario de únicas definiciones. El resultado es la pudrición que a veces se reporta en el propio Miami Herald.

Soy cubano y me siento orgullos de serlo. Vivo en Miami desde 1960. Amo esta ciudad; es mi ciudad. Trabajo diariamente para verla crecer y prosperar. Quisiera que ofreciera oportunidades a todos los que viven aquí. Pero desprecio lo que le ha sucedido a la estructura de nuestra sociedad aquí --y culpo en parte a algunos de estos cubanos. A menudo me sorprendo de cuántos de mis hermanos y hermanas critican tanto lo que sucede en Cuba. Luego dan la vuelta y exigen que en Miami exista un control similar al que ellos critican en Cuba.

Estos y otros temas son parte de lo que hace tan importante la batalla de los Heralds. El buen periodismo puede hacer mucho bien. Cuando el objetivo de un periódico es el de ser un vigilante, la ciudad en la que trabajan parece funcionar mucho mejor.

The Miami Herald y El Nuevo Herald pueden hacer que eso suceda en Miami. Pero deben decidirse a crear en los propios periódicos una atmósfera donde la diversidad de opinión sea bienvenida y, como instituciones, deben comprender que la reforma es necesaria dentro y fuera del edificio de The Miami Herald.

Si esto es así, estoy dispuesto a ayudar. Es más, en un artículo en The Miami Herald, David Landsberg, el nuevo director de los dos periódicos, dice que él “escucha todas las opiniones”. Puede que le haga una llamada.

En las fotos el autor y la imagen de la bochornosa disculpa que fueran obligados a exponer.

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