..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.145, Viernes, 13 de octubre del 2006

Libro de visitas

 

Novelista turco es Nobel de Literatura

El autor turco Orhan Pamuk, de 54 años, ganó hoy el premio Nobel de Literatura, anunció la Academia sueca.

El jurado dijo que Pamuk "en la búsqueda del alma melancólica de su ciudad natal descubrió nuevos símbolos para el combate y la mezcla de culturas".

Atacado por los nacionalistas a causa de su defensa de las causas armenias y kurdas, Pamuk es autor de una obra que describe el desgarramiento de la sociedad turca entre Oriente y Occidente.

Es autor de "Estambul: memorias y la ciudad" (Mondadori), "El libro negro" (Alfaguara), "La vida nueva" (Alfaguara), "Me llamo Rojo" (Alfaguara), "Nieve" (Alfaguara), entre otros libros.

El Nobel de Literatura está dotado como los otros premios Nobel con 10 millones de coronas suecas (1,1 millones de euros).

La entrega de los premios Nobel será el 10 de diciembre en una gran ceremonia en Estocolmo, pero el de la Paz tendrá lugar en la misma fecha en Oslo.

El año pasado el Nobel de Literatura fue ganado por el dramaturgo británico Harold Pinter.

AFP

http://www.elpais.com.uy/


**

El Nobel de Literatura fue para el turco Orhan Pamuk
Fue procesado por criticar la matanza de armenios en 1915

Considerado un puente intelectual entre Oriente y Occidente, el escritor turco Orhan Pamuk, de 54 años, obtuvo ayer el Premio Nobel de Literatura 2006, anunció la Academia Sueca de la Lengua.

En su veredicto, que confirmó todos los pronósticos, la Academia destacó la capacidad del escritor para encarnar en el papel el alma melancólica de su ciudad, Estambul, en una búsqueda literaria que le ha permitido descubrir “nuevos símbolos para las diferencias y mezclas de las culturas”. Pamuk fue procesado en su país por denunciar la matanza de armenios, llevada a cabo por los turcos en 1915.

Después de conocerse el fallo, el secretario de la Academia, Horace Engdahl, elogió la “fluida fantasía que teje el autor en sus novelas” y señaló que “apenas hay escritores en la literatura mundial capaces de ofrecer un retrato de la ciudad tan fascinante como el de Pamuk”.

“Esta vez les hemos dado una sorpresa”, añadió Engdahl con ironía, ya que si bien Pamuk sonaba como el más firme candidato, en círculos cercanos a la Academia se lo consideraba demasiado joven para recibir este año el mayor premio literario del mundo, dotado de 1,1 millones de euros.

Favorito en una danza de nombres en la que figuraban el sirio Adonis, el sueco Tomas Transtromer, el estadounidense Philip Roth y el polaco Ryszard Kapuscinski, Pamuk recibió la noticia en Nueva York. En un diálogo telefónico con miembros de la Academia Sueca, dijo que se siente “honrado” con la distinción. "Espero que este premio sirva además para dar a conocer la cultura turca en el mundo, especialmente en Occidente", dijo luego en una breve rueda de prensa en la Universidad de Columbia, en la que se desempeña como profesor visitante y donde estudió entre 1985 y 1988.

También consideró que el galardón representa un mensaje contra quienes defienden la teoría del "choque de civilizaciones" acuñada por el norteamericano Samuel Huntington.

"El mito de la contraposición entre Oriente y Occidente es una de las ideas más peligrosas de los últimos 25 años y contribuyó a provocar la muerte de muchas personas", afirmó Pamuk, cuya obra -en la que destacan las novelas La vida nueva , Mi nombre es Rojo y Nieve - ha sido traducida a más de treinta idiomas y publicada en más de cien países.

En la cosmovisión de Pamuk, primer escritor turco que recibe el premio Nobel, las culturas y las civilizaciones "se mezclan", y su ciudad natal, Estambul, puente entre Oriente y Occidente, es "el símbolo y el testimonio de esa mezcla".

"Yo exploro los dos mundos porque sobre ellos se ha construido mi país. Mi trabajo es encontrar nuevas metáforas para describirlo", dijo.

El premio Nobel, que el año pasado fue concedido al dramaturgo británico Harold Pinter, se suma a los muchos reconocimientos internacionales que ha recibido Pamuk, entre ellos el premio de la Paz de los libreros alemanes, en 2005.

"Así como yo no me puedo imaginar ninguna Turquía que no sueñe con Europa, tampoco creo en una Europa que se defina sin Turquía", dijo cuando recibió el premio de la Paz.

Según la crítica, Pamuk ha sabido plasmar los conflictos de identidad de una cultura que se mueve entre la tradición y la modernidad, en un país en que el islam está profundamente arraigado, pero que desde hace siglos mira a Europa. Esa tensión se registra hasta en su estilo, influido por las imágenes de la rica tradición oral islámico-oriental.

En una curiosa ironía, la Academia Sueca declaró a Pamuk ganador del Nobel de Literatura 2006 el mismo día en que, en un gesto que disgustó al gobierno turco, la Cámara baja del Parlamento francés aprobó un proyecto de ley que convierte en un crimen la negación del genocidio armenio.

Acusado y absuelto

El ahora Premio Nobel de Literatura había sido acusado en su país de "ofender la identidad turca", por haber declarado en una entrevista con un diario suizo, en febrero del año pasado, que nadie en Turquía se atrevía a debatir sobre la matanza de un millón de armenios hace 90 años y la matanza de 30.000 kurdos en las dos décadas pasadas.

Ese proceso judicial, en el que finalmente fue absuelto, dividió a Turquía, trascendió internacionalmente y marcó el debate sobre las garantías a la libertad de expresión en ese país, que aspira ingresar en la Unión Europea, un deseo que Pamuk comparte.

De cualquier modo, ayer el escritor evitó tratar estos temas: "Este es un momento para celebrar, para disfrutar, más que para hacer comentarios políticos -dijo a la prensa-. Tengo mucha energía crítica en mi interior, pero no voy a expresarla hoy".

También prometió fidelidad a sus lectores: "Esta gran distinción es un honor y la acepto con placer, pero no cambiará mi vida -afirmó-. Mantendré mis hábitos, mi devoción por sentarme a la mesa como un oficinista a hacer ficción y construir historias que sean creíbles para la imaginación del lector. Es en esto en lo que soy bueno. Mi vida entera es la escritura, escribir de una manera solitaria, rodeado de libros".

Desde hace cuatro años, Pamuk está inmerso en la escritura de una nueva novela, una historia de amor que transcurre en Estambul, aunque, según dijo, no podrá retomar su trabajo "hasta que pase todo esto".

Desde políticos hasta reconocidos escritores, entre ellos el español Juan Goytisolo y el mismo Pinter, celebraron ayer la elección de la Academia Sueca y elogiaron la obra del novelista turco.

Pamuk recibirá el Nobel de manos del rey de Suecia, Carlos Gustavo, en una ceremonia tradicional que se realiza cada 10 de diciembre, fecha en que murió Alfred Nobel, el creador de las distinciones que llevan su nombre.

Agencias ANSA, EFE, DPA Y Reuters

Palabras de escritores

• Harold Pinter
"No podría haber mejor elección. Es un escritor maravilloso. El año pasado habría apostado porque él hubiese recibido el premio, pero alguien se interpuso...", dijo el dramaturgo británico, ganador del Nobel en 2005.

• Juan Goytisolo
"Es una elección justísima. Creo que yo fui uno de sus primeros lectores occidentales. Leí cinco novelas de Pamuk y todas me parecieron magníficas. Figura entre los grandes escritores del presente."

• Jorge Volpi
"Es un mensaje literario pero también político. Pamuk ejemplifica esa ausencia del choque de culturas y es un magnífico exponente de la tradición literaria de un país extremadamente laico."


Link corto: http://www.lanacion.com.ar/848950

**

Para quién escribo, la duda de siempre
Por Orhan Pamuk

El flamante ganador del premio Nobel reflexionó recientemente en The New York Times sobre las sospechas que se suscitan en los países no occidentales cuando la obra de un escritor trasciende las fronteras nacionales y culturales.

NUEVA YORK.- Durante los últimos 30 años -desde que me convertí en escritor-, la pregunta que me han planteado con mayor frecuencia tanto lectores como periodistas es ésta: "¿Para quién escribe usted?". Sus motivos dependen de la época y el lugar, pero todos emplean el mismo tono de voz, suspicaz y desdeñoso.

A mediados de la década de 1970, cuando decidí convertirme en novelista, la pregunta reflejaba la difundida idea filistea de que el arte y la literatura eran lujos en un país no occidental pobre aquejado por problemas premodernos. También incluía la insinuación de que alguien "tan educado y cultivado como usted" podría ser más útil a la nación como médico dedicado a combatir las epidemias o como ingeniero abocado a la construcción de puentes.

En años posteriores, los que me preguntaban: "¿Para quién escribe usted?" estaban más interesados por descubrir qué parte de la sociedad era la que yo esperaba que leyera y disfrutara de mi trabajo. Sabía que esa pregunta era una trampa, porque si no contestaba: "Escribo para los miembros más pobres y oprimidos de la sociedad", me acusarían de proteger los intereses de los terratenientes turcos y de la burguesía. Y esto, a pesar del hecho de que cualquier escritor de buen corazón que fuera tan ingenuo como para afirmar que escribía para los obreros y los campesinos recibía rápidamente la respuesta de que era muy poco probable que sus libros fueran leídos por personas apenas alfabetizadas.

Treinta años más tarde, escucho más que nunca esa misma pregunta. Pero ahora tiene más que ver con el hecho de que mis novelas se traducen a más de cuarenta idiomas.

Durante los últimos diez años, mis cada vez más numerosos interrogadores parecen preocupados de que yo pueda malentender la pregunta, de manera que suelen agregar: "Usted escribe en turco. Entonces, ¿escribe para los turcos, o ahora también piensa en el público más amplio al que llega gracias a las traducciones?". Y la pregunta siempre está acompañada por la misma sonrisa suspicaz y desdeñosa, que me lleva a la conclusión de que, si quiero garantizar la autenticidad de mi obra, debo contestar: "Sólo escribo para los turcos".

Antes de ocuparnos de la pregunta en sí misma, debemos recordar que la aparición de la novela como forma de arte coincidió con la emergencia del Estado-nación. Cuando se escribían las grandes novelas del siglo XIX, el arte de la novela era en todos los sentidos un arte nacional. Balzac, Dickens, Dostoievski y Tolstoi escribían para las clases medias emergentes de sus naciones, que podían abrir los libros y reconocer cada ciudad, cada calle, cada casa, cada habitación y cada silla; podían compartir los mismos gustos y discutir las mismas ideas.

En el siglo XIX, las novelas de esos grandes autores aparecían primero en los suplementos culturales de los periódicos nacionales, pues los autores le estaban hablando a la nación. Para fines del siglo XIX, leer y escribir novelas era participar en una discusión nacional cerrada al exterior.

Pero hoy la escritura de novelas conlleva un significado diferente, al igual que la lectura de novelas literarias. Hoy, los lectores esperan un nuevo libro de García Márquez, Coetzee o Paul Auster de la misma manera que sus predecesores esperaban la nueva novela de Dickens... como si fueran las últimas noticias. El público lector de novelistas como éstos a nivel mundial es mucho más grande que el público al que llegan sus libros en sus países de origen.

Los escritores escriben para su lector ideal, para sus seres queridos, para ellos mismos o para nadie. Todo eso es cierto. Pero también es cierto que los escritores literarios de hoy también escriben para los que los leen. De modo que las preguntas incisivas y las sospechas sobre las verdaderas intenciones de estos escritores reflejan cierta inquietud sobre este nuevo orden cultural que ha logrado existencia durante los pasados treinta años.

La gente a la que este orden le resulta más perturbador son los representantes de las naciones no occidentales y de sus instituciones culturales. Los Estados no occidentales atormentados por las crisis, angustiados por su identidad nacional -y reticentes a enfrentar las zonas negras de su historia- se muestran suspicaces con los novelistas creativos que enfocan la historia y el nacionalismo desde una perspectiva no nacional. Según estos críticos, los novelistas que no escriben para su público nacional están exotizando su país para "consumo externo" e inventando problemas que no tienen una base en la realidad.

Existe una sospecha paralela en Occidente, donde muchos lectores creen que las literaturas locales deben seguir siendo locales, puras y fieles a sus raíces nacionales. Su secreto temor es que un escritor que se dirige a un público internacional y que hace uso de tradiciones externas a su propia cultura termine por perder su autenticidad.

Y porque todos los escritores sienten un profundo deseo de ser auténticos es que todavía me gusta que me pregunten para quién escribo. Pero aunque la autenticidad de un escritor depende de su capacidad de abrir su corazón al mundo en el que vive, también depende de su capacidad de entender su propia posición cambiante dentro de ese mundo.

Traducción: Mirta Rosenberg
Foto REUTERS

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/848952

 




© Biblioteca Nacional "José Martí" Ave. Independencia y 20 de Mayo. Plaza de la Revolución.
Apartado Postal 6881. La Habana. Cuba. Teléfonos: (537) 555442 - 49 / Fax: 8812463 / 335938