..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.146, Viernes, 20 de octubre del 2006

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Cuba, el bloqueo y la poliomielitis, un artículo de Manuel David Orrio

“[...] Por aquellos días de 1962 el programa fidelista para inmunizar contra la poliomielitis fue acompañado por intentos contrarrevolucionarios para obstaculizar la vacunación masiva, niño por niño, a la cual habían convocado las autoridades de salud. Me acuerdo como el primero en las filas de educandos de mi escuela, decidido a ofrecerme como prueba del carácter inofensivo de una vacuna cuestionada “porque venía de la Rusia comunista”, al tiempo que instaba a mis compañeritos de estudios a vacunarse, “para que no enfermaran como yo había enfermado”. Nadie me lo ordenó, nadie me lo sugirió. Pero nunca olvidaré que tras de mí, la escuela en pleno. Ni uno de mis condiscípulos quedó sin inmunizar, algunos en abierta desobediencia hacia sus padres. [...]”

Cuba, el bloqueo y la poliomielitis
por Manuel David Orrio

La Habana, octubre 16 (http://cubahora.co.cu ).- Una de las razones que me llevó a apoyar desde muy temprana edad al vigente proyecto socio-político cubano, estuvo en la decisión del entonces Gobierno Revolucionario de erradicar de una vez por todas a la poliomielitis, allá por el lejano 1962 de mis ocho años de vida.

Muy personal motivo tuve. Con apenas meses de edad contraje esa enfermedad, para ser uno de los 56 niños criollos que de acuerdo con cifras oficiales, fue víctima en 1954 de la también llamada parálisis infantil, la cual si no mata, paraliza o deja secuelas de minusvalía con las que se ha de vivir toda la vida, como es mi caso, más allá del éxito logrado por una rehabilitación donde una voluntad martiana y marxista hizo de mi persona un hombre útil a mi país.

Ese año, 1954, fue uno de los de menos incidencia de poliomielitis en la Isla prerrevolucionaria, pues los hubo con más de 300 infectados anuales, de ellos muchos infantes muertos. Mi madre, quizás, nunca se recuperó totalmente de ver morir a varios niños que junto a mí luchaban contra la epidemia, todos aislados como amenaza pública en un hospital habanero. Quede claro, además, que menciono estadísticas cuyo subregistro de la realidad fue harto conocido.

Por aquellos días de 1962 el programa fidelista para inmunizar contra la poliomielitis fue acompañado por intentos contrarrevolucionarios para obstaculizar la vacunación masiva, niño por niño, a la cual habían convocado las autoridades de salud. Me acuerdo como el primero en las filas de educandos de mi escuela, decidido a ofrecerme como prueba del carácter inofensivo de una vacuna cuestionada “porque venía de la Rusia comunista”, al tiempo que instaba a mis compañeritos de estudios a vacunarse, “para que no enfermaran como yo había enfermado”. Nadie me lo ordenó, nadie me lo sugirió. Pero nunca olvidaré que tras de mí, la escuela en pleno. Ni uno de mis condiscípulos quedó sin inmunizar, algunos en abierta desobediencia hacia sus padres.

Nada como la evidencia. Cuba, con su entonces estrenado sistema de salud pública y el apoyo de casi toda la población, debidamente organizada mediante métodos participativos, eliminó aquellas terribles epidemias de poliomielitis en ese mismo 1962 y erradicó absolutamente la enfermedad a mediados de los 70, para recordar los tercos hechos con criterio perfeccionista. Hubo, entre 1970 y 1973, 4 casos al parecer originados por deficiencias en las campañas de vacunación, lo cual condujo a las autoridades de salud a devenir implacables a la hora de inmunizar. Tómese nota: no vacunar a un niño, en Cuba, puede ser delito penado por la ley.

Numerosos países se han beneficiado desde entonces con la experiencia cubana, como se sabe al servicio desinteresado de la Humanidad. Puede decirse que el aporte isleño ha desempeñado un rol junto a otros de distintos Estados en la disminución de casos de poliomielitis en 99 %, desde que en los años ochenta se iniciaran esfuerzos mundiales para proteger a los niños contra la parálisis infantil, en virtud de los cuales se esperó pero no se ha logrado que para el 2005 pudiera declararse la extinción de la enfermedad.

Por lo pronto, se sabe de la presencia de la poliomielitis en forma natural en naciones como Afganistán, India, Nigeria y Pakistán, además de que otras 10 donde se daba por erradicada informan de casos habidos en lo que va del 2006, circunstancia que se atribuye a mala ejecución de los programas de vacunación, lo cual ha permitido la propagación del virus desde los países de ocurrencia endémica hacia lugares donde se creía haberla erradicado.

Bloqueo contra Cuba obstaculiza nobles intenciones

Poco importa ahora si en tal o más cual momento la política de bloqueo practicada hacia Cuba por los Estados Unidos de América, obstaculizó u obstaculiza programas de inmunización u otros de salud que benefician a los hijos de la tierra de José Martí. Sobre este particular, exhíbase a los efectos de estas líneas no sólo la magnanimidad de los vencedores, sino además la capacidad de honrar a quien honor merece, pese a todo. La elegancia es buena…la altivez mejor.

Cuba ofrece al mundo una probada experiencia en diseño y ejecución de programas de inmunización masiva, donde la extinción en su territorio de la poliomielitis es el paradigma de cómo actuar para eliminar un flagelo en condiciones de país pobre. Pero los Estados Unidos de América, hágase justicia, han mostrado un compromiso tan claro como el de la Isla en iniciativas para extinguir a la parálisis infantil.

La nación del Potomac, entre otras numerosas acciones, ha aportado cerca del 28% de los 5.000 millones de dólares donados hasta la fecha para llevar adelante la Iniciativa Mundial de Erradicación de la Poliomielitis, incluídos los 126 millones concedidos en lo que va del 2006, según datos oficiales estadounidenses.

Sin embargo, paradojas, curiosas paradojas: mientras la Subsecretaria de Estado norteamericana Paula Dobriansky pide un compromiso con la erradicación de la poliomielitis y afirma que “es un objetivo clave de política exterior y una de las máximas prioridades internacionales de la Administración Bush en materia de salud pública”, dicha administración no parece querer saber de Cuba respecto a la posibilidad de aunar esfuerzos que sin dudas beneficiarían a toda la Humanidad.

Enorme, gigantesca contradicción, muy especialmente si se parte de que la principal queja norteamericana respecto al fracaso en la erradicación de la polio -mala ejecución de programas de inmunización masiva – es un tema donde la capacidad cubana para HACERLO BIEN se considera proverbial.

Como de paso, sería interesante saber qué piensan los contribuyentes estadounidenses acerca del desprecio de semejante oportunidad para invertir más eficazmente el dinero que a fín de cuentas están tributando para tan noble causa, porque ya aquí no se trata del daño provocado a Cuba por la política de bloqueo de Estados Unidos, sino del malgasto de fondos públicos destinados a un loable objetivo, que incluye evitar la inmoralidad de que un niño enferme de poliomielitis ¿O acaso no es ya una inmoralidad?

Entretanto, poliomielitis en contraofensiva.

http://www.insurgente.org/modules.php?name=News&file=article&sid=7001




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