..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.146, Viernes, 20 de octubre del 2006

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Computación: la nueva fortaleza
Por Heriberto Rosabal

“Vamos a ser fortísimos en computación”, dijo Fidel durante la celebración del aniversario 15 del Palacio Central de Computación el 7 de marzo pasado, día en que fueron oficialmente inaugurados 300 nuevos Joven Club de la especialidad con los cuales ya suman 600 en todo el país.

Fortísimos, como ya lo estamos siendo en la Medicina, para beneficio de los cubanos y de toda la humanidad, y para bien de nuestra lucha por desarrollarnos, añadió el Jefe de la Revolución, cuyas palabras hacen recordar aquellas otras dichas por él mismo años atrás: “El futuro de nuestro país será un futuro de hombres de ciencia”.

Cuba es hoy un país de hombres –y, por supuesto, también de mujeres- de ciencia. Y logrará, a no dudarlo, un gran desarrollo en la computación y en las demás vertientes de las nuevas tecnologías informáticas y de comunicaciones.

Compartir la afirmación no es voluntarismo. Tiene fundamentos objetivos. La fortaleza por venir se está decidiendo ahora mismo y es favorecida desde hace ya tiempo por una voluntad política y por estrategias y planes en los cuales los Joven Club, los tecnológicos de informática y la enseñanza de la computación y materias afines desde el círculo infantil hasta la Universidad, son importantes realizaciones.

Un centro de estudios de nuevo tipo como la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), donde además se investiga y se produce, es asomo del desarrollo que vendrá.

Igualmente lo son los casi 40 000 alumnos de informática en el nivel medio, hasta el año académico recién concluido.

Abrirle cauce a la inteligencia, aprovechando la experiencia acumulada en la obra educacional de la Revolución, es clave de ese plan, como también lo es el carácter masivo, social e incluyente del uso de las nuevas tecnologías en Cuba.

Pese al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto al país por el gobierno de los Estados Unidos hace ya más de 40 años, y a la imposibilidad de adquirir equipos de computación y otros por esa causa en el mercado de la nación vecina, avanzamos en la asimilación de las TIC, no para beneficio de unos pocos sino de todos.

Nuestro acceso a Internet es limitado y costoso porque nos está vetada la conexión a la red mundial de cables de fibra óptica que controla Estados Unidos, donde se originó y radica aún el centro mundial de la red de redes.

Pero más cubanos cada vez tienen la posibilidad de navegar por la Web, de aumentar y diversificar por esa vía sus conocimientos y contactos con el resto del mundo desde sus centros de estudio y de trabajo –investigadores, alumnos, maestros, médicos, artistas...- gracias a los esfuerzos financieros, materiales y organizativos de la Revolución, manifiestos en resultados como el incremento de los Joven Club.

Surgirán nuevas instituciones, todas las que hagan falta para que la nuestra sea una sociedad informatizada, en la que se le garantice cada vez más a la población el acceso a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, aseguró también el Comandante en Jefe Fidel Castro, quien al mismo tiempo convocó a lograr esos adelantos con racionalidad y sabiduría, a mantenerlos y preservarlos.

Con todo ello, con lo que ya existe y con lo que se prevé desarrollar y ampliar, a mediano plazo serán millones de compatriotas los que de una u otra forma tendrán acceso y disfrutarán de las ventajas y beneficios de la computación y de las TIC en general.

Y no será el único saldo positivo la comunicación más expedita y confiable entre nosotros y con el resto del mundo, o el acceso a un mayor caudal de conocimientos que favorezca el desarrollo nacional. Tanto, o más útil, será lo que el mayor dominio de todas esas nuevas tecnologías nos permita hacer para cumplir aún mejor nuestros deberes internacionalistas, el ejercicio de la solidaridad desinteresada con millones de seres humanos hoy excluidos no ya del acceso a la computación sino del disfrute de derechos tan elementales como el de aprender a leer y escribir, o a recibir atención médica.

Seremos fuertes en este ámbito nuevo del desarrollo humano; mejoraremos con ello nuestra vida y ayudaremos cuanto sea posible a mejorar la de otros, a reducir, con hechos y no con compasivas y lastimeras palabras, la llamada brecha digital.

http://www.mic.gov.cu//hnewdetails.aspx?229




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